MEDINA AZAHARA. LA CIUDAD BRILLANTE.

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CÓRDOBA MILENARIA, EPISODIO II.

Medina Azahara, la fastuosa ciudad cargada de misterio que Abd-al Rahman III ordenó edificar a los pies de Sierra Morena, se asienta a ocho kilómetros de la capital, Córdoba. Según el historiador Al Maqqari, eran tan blancos los palacios de Medina que el contraste con el verde oscuro de la vegetación circundante molestaba a Abd al-Rahman, por lo que hizo talar los árboles plantando en su lugar almendros e higueras, especies ensalzadas en los escritos de los poetas y que aportaban tonos más suaves al entorno. Al florecer los almendros en primavera, tapizaban la ciudad como rosadas nubes de algodón.

La urbe se dividía en tres terrazas protegidas por una muralla, con el Alcázar real en la zona superior. Debajo se encontraban las viviendas y la mezquita.

Aparte de la zona alta Dar al-mulk o “morada del poderdotada de lujosísimas habitaciones privadas, las construcciones más destacables eran: la Casa Real, la Casa de los Visires, las dependencias del Ejército, la Casa de Yafar, la mansión del Príncipe, el Pórtico Oriental, el Salón de Abd al-Rahman III y el Salón Rico.

Madinat al-Zahra, la “ciudad brillante”, levantada en el siglo X para oficiar como capital del Califato, constituye por méritos propios un incomparable enclave palaciego envuelto por las faldas de la sierra cordobesa, el llamado “Monte de la novia”.

Medina, la ciudad bella, destaca en medio del valle como la perla de Bizancio que lucía en el Salón Rico rodeada por el destello de metales nobles, de marfil y ébano. Capas de oro grueso y mármol recubrían los techos de estancias principescas, como el salón llamado Alcázar de los califas.

El enorme edificio basilical de la foto constaba de cinco naves longitudinales y una transversal, separadas por arquerías. Se cree que aquí esperaban las embajadas antes de ser recibidas por el califa.

Diez mil personas trabajaban a diario en la construcción, rematada con acabados en mármoles violáceos y rojos, oro y piedras preciosas, acompañados de muestras de arte bizantino.

Sobre los arcos de las bóvedas, las piedras mostraban un contraste en blanco y rojo que aún se aprecia, y las columnas eran decoradas con placas de mármol labradas con filigranas imitando árboles de la vida en relieve, con motivos en la parte superior que representan las estrellas en el firmamento.

El recinto albergaba baños públicos y estaba abierto al precioso Jardín Alto. La alberca del Salón Rico ha dejado una huella de leyenda porque su contenido no era agua sino mercurio, cuyos destellos de arco iris inundaban todo el recinto. En un lateral de los jardines de “La casa de la alberca” se alzan tres arcos de herradura con alfiz sobre columnas y alrededor de los jardines se disponen las casas de los nobles. Todo ello siguiendo la fastuosidad de un recinto diseñado para que los visitantes quedaran deslumbrados por el poder y autoridad del califa.

En algunas superficies de los edificios más nobles se empleó un tipo de caliza violácea,  que conseguía un magnífico efecto visual junto a los muros estucados en blanco y decorados con motivos en color rojo almagra. La ciudad llegó a albergar más de 4.000 columnas de mármoles de la Sierra cordobesa, rosados y azulados.

El suelo del alcázar del Califa estaba cubierto con baldosas de rico mármol coloreado que aún se pueden apreciar, y sus fastuosas dependencias albergaron los mayores tesoros de la época, como la gran perla del emperador León III de Bizancio que el califa dispuso en el techo de su Salón Dorado.

La urbe terminaba en huertos abiertos a la dehesa. Junto a las palmeras e higueras se enriquecían los sentidos con la presencia de jazmines, azucenas, rosas y naranjos. Conjuntos de nenúfares embellecían charcas y albercas. Los parterres se sembraban con anémonas, que por la variedad de especies ofrecen su flor en todas las estaciones.

Los miembros más importantes de la ciudad aparte del califa eran su primogénito y sucesor, el futuro al-Hakam II, y el personaje más poderoso de la administración, Yafar al-Siqlabi, eunuco que orquestaba una complicada red de colaboradores que controlaba los engranajes del califato.

Habían transcurrido unos 75 años desde su edificación cuando tuvo lugar la Guerra Civil en Al-Andalus que supuso el colapso del Califato de Córdoba y la aparición de los primeros reinos de taifas. La lucha dejó sólo escombros en Medina.

La reconstrucción completa de Medina Azahara es un imposible. Diseminadas por todo el orbe se encuentran joyas que la adornaron, como la arqueta de plata de la catedral de Gerona, el pequeño león hallado en tierras de Palencia que hoy se encuentra en el museo de El Louvre, o el pavo real que le hace compañía. También el grifo de Pisa, y la estatuilla del Museo del Barguello en Florencia. Labores y filigranas perdidas en la Historia.

En la crónica antigua se comentaba que Medina Azahara contaba con más de tres mil cuatrocientas columnas, en marfil y ébano, poseyendo los arcos riquísimas inserciones de oro y piedras preciosas que los cubrían como un estrellado manto. Más de quinientas puertas protegidas por planchas de bronce bruñido daban paso a sus estancias. Los muros que revestían el Salón del Trono estaban tapizados de mármoles azúreos y jaspes transparentes como el cristal, filigranas de mosaicos engarzadas en paramentos brillantes embellecían los techos, cubiertos con tejas de oro y plata y un espejeante conjunto de perlas pendían de las hermosas bóvedas.
Igualmente podía disfrutarse de un ambiente tranquilizador para el espíritu gracias a una suerte de fuentes y acequias que multiplicaban el tintineo de las aguas de treinta y ocho modos diferentes, según se quisiera enaltecer o sosegar el ánimo y el califa dedicó una estancia especial del palacio a la exhibición, en una gigantesca jaula, de los pájaros más exóticos.

La urbe terminaba en huertos abiertos a la dehesa. Junto a las palmeras e higueras se enriquecían los sentidos con la presencia de jazmines, azucenas, rosas y naranjos. Conjuntos de nenúfares embellecían charcas y albercas. Los parterres se sembraban con anémonas, que por la variedad de especies ofrecen su flor en todas las estaciones.

La ciudad brillante  fue una urbe de referencia en el siglo X, concebida como sede del gobierno del califato y como palacio residencial, dotada de una organización civil y militar compleja, pero ante todo, constituyó el símbolo de la independencia de los Omeya frente a los otros califatos islámicos, el de Damasco y el de Egipto. Una muestra de poder en la que Abd al Rahman, primer califa Omeya de Córdoba, se proclama máximo dirigente político y religioso del islám, príncipe de los creyentes.

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Mapa: Té y kriptonita
Abd al Rahman III reinó durante cincuenta años de los sesenta que duró su vida y dio esplendor al desarrollo cultural y social​, reparando las heridas que arrastraba el emirato cordobés debidas a numerosas rebeliones de tiempos anteriores. El califato se estableció en 929 en plena Edad Media, terminando con el estallido de la guerra civil en el 1009. En él convivieron islamismo, cristianismo y judaísmo, en una extensión de 505.000 km cuadrados.

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GASTRONOMÍA EN CÓRDOBA.

Para primer plato en los crudos inviernos es muy conveniente alimentarse con cocinados un poco más contundentes de lo habitual, como estos que siguen:

Un jugoso cocido muy propio de tierras cordobesas es la olla cordobesa, próxima a los cocidos andaluz y castellano. El potaje de habichuelas “Amonás” o Los garbanzos de Cañete de las Torres son muy famosos. Entre las frutas se tienen las preparaciones con naranjas como el remojón (una especie de fantasía de gazpacho), igualmente las denominadas “naranjas picás en tierra”.

Olla cordobesa

OLLA CORDOBESA

https://www.directoalpaladar.com

Habichuelas Amonás

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https://www.lasrecetasfacilesdemaria.com

Receta sencilla para las habichuelas Amonás (dos comensales):

– 1 vaso de habichuelas amonás o jamonás, es decir, judias pintas o rojas
– 1 trozo de pimiento verde
– Media cebolla
– 1 tomate
– 1 diente de ajo
– 2 hojas de laurel
– 2 patatas pequeñas
– 1 trozo de chorizo
– 1 trozo de morcilla

La elaboración la tenéis en  Olor anadaluz potaje

Las Naranjas “picás en tierra” llevan estos ingredientes (4 comensales):

– 4 naranjas de mesa grandes – 2 ó 3 ajos – 2 cebolletas tiernas – 4 latitas de atún en aceite bien escurridas – Aceite de oliva virgen extra.

La elaboración está en: Naranjas picás

El Rabo de toro estofado no es un plato graso sino muy proteico, y lleva estos ingredientes:

–   1 Kg de rabo de toro troceado
–   1 cebolla mediana
–   1 tomate mediano
–   1-2 zanahorias
–   una ramita de perejil
–   unas hebras de azafrán
–   1 vaso de vino blanco oloroso o vino tinto
–   1 cucharadita de pimienta en grano
–   2 clavos de olor
–   1 cucharadita de pimentón dulce…
Y más cosas que no incluyo para no extenderme. Lo tenéis en: Rabo de toro estofado

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Rin ran de bacalao. Se prepara con: Tomates, Pimientos asados, Aceite de oliva, Ajos, huevos cocidos y Bacalao asado. Según la región, unos añaden ajo machacado, cominos o ñoras. La preparación se encuentra en: Bacalao Rin-Ran

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https://www.carminaenlacocina.com

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