PASAJES DE SAN JUAN, DONIBANE DE LOS PESCADORES.

A los pies del monte Jaizkibel, un entramado de casas asentadas en la parte oriental de la bahía de Pasaia conforman lo que se conoce como Pasai Donibane (Pasajes San Juan en castellano). Situado en la zona nororiental de la comarca de San Sebastián, Donibane nos recrea con su bahía natural inalterada por el paso de los siglos.

El municipio de Pasajes lo conforman cuatro distritos: San Pedro, San Juan, Pasai Antxo y Trincherpe enclavados en el curso del cauce fluvial del río Oyarzun, que se ha fundido con las aguas del Cantábrico dando lugar a la preciosa ría.

IMG_20160720_120916IMG_20160720_121530IMG_20160720_121553IMG_20160720_121921Hay que olvidarse del coche y dejarlo en el aparcamiento situado a pocos minutos de la entrada a la parte antigua del pueblo. Es la mejor opción para respetar la tranquilidad de sus calles cargadas de historia. Enseguida vemos un vestigio de la chimenea de la antigua fábrica de cerámica del siglo XIX, muy cerca del Palacio Arizabalo, relacionado con una de las primeras familias que habitaron el lugar.  La entrada a  Pasai Donibane discurre por una única vía que embelesa, a la que se unen entrañables calles adoquinadas donde hay tramos que no dan cabida a un paisano y un coche al mismo tiempo.

Los distritos de Pasajes Trincherpe y  Pasajes Ancho son realmente una prolongación de los barrios orientales de la ciudad de San Sebastián. Estamos en el casco antiguo de Donibane, que se inicia en el barrio Bizkaia y se extiende hasta la cala de Alabortza.

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Encontramos casas que lucen fachadas en piedra donde los geranios se asoman y refulgen por las ventanas. La iglesia de San Juan Bautista, un templo del siglo XVII con fachada herreriana y planta de cruz latina, nos muestra una hornacina con una escultura del santo y patrón. Sobre ella un llamativo rosetón y el campanario coronando todo.

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Frente al templo se alza el ya mencionado palacio Arizabalo, actual ayuntamiento, edificio barroco del siglo XVII. Una vez pasado este templo nos recibe la Casa Platain, un edificio atribuido al siglo XVI que forma parte de un conjunto de edificios históricos adosados. Nos sorprenden arcos en piedra y pasadizos bajo las casas dibujando el mapa del pueblo.

Es un buen momento para escuchar la evocadora música de Celtic Women:

Resulta encantador sumergirse en las entrañas de Donibane y su variedad de construcciones de origen perdido en el tiempo. El casco antiguo contiene edificios como la Casa Miranda, de estilo renacentista, que exhibe dos escudos de linajes nobles. Junto a ella, la conocida Casa Victor Hugo, con acceso directo a la Bahía, fue construida en el siglo XVII y en ella se alojó el poeta y novelista Victor Hugo durante su estancia en Pasaia en 1843.

A modo de homenaje permanente, ofrece la exposición “Victor Hugo, viaje a la memoria”, con un valioso legado entre dibujos y escritos. El dramaturgo dejó testimonio de las impresiones que le conmovieron por su incomparable paisaje y costumbres en la obra “Los Pirineos” publicada en 1890.

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Uno de los muros lleva grabado este escrito: “Cuando dormitamos a la orilla del mar, todo mece y acaricia el oído, el ruido del viento sobre las olas, el ruido de las olas sobre las rocas. Oímos, a través de nuestros sueños, los lejanos cantos de los marinos”.

Podemos imaginar la inspiración que para este amante de la literatura pudo suponer la contemplación de las bellas aguas de la bahía de Pasajes, reflejada en sus magistrales textos y grabados allá por el verano de 1843. Él lo describió así: “un pequeño edén resplandeciente…, más célebre si estuviera en Italia”.

IMG_20160720_143348IMG_20160720_143746Se dice que Orson Welles también cruzó la bahía en ocasiones, siempre en otoño, para comer y estar un rato leyendo en paz en el restaurante Casa Cámara.

En el embarcadero vemos el Humilladero de la Piedad, que guarda un altar y la Imagen de Nuestra Señora de la Piedad. Y al lado, el Palacio Villaviciosa, que cuenta con una placa conmemorativa en su fachada, la salida del Marques de Lafayette, en 1777, hacia la guerra de la independencia americana.

La ermita de Santa Ana domina desde un cerro la bocana del puerto y la bahía. En su interior da cobijo a la imagen de Santa Ana (1573) transportada desde Flandes por mar hasta Pasaia.

Bajando las escaleras pasamos bajo otro arco que nos abre el paso a la plaza de Santiago. Aquí contemplamos casas tradicionales que guardan historias de mar. La decoración de las fachadas nos pinta imágenes coloridas con un encanto sinigual, creando un ambiente que invita a la relajación y al optimismo. Cuando el sol ilumina en su totalidad la plaza de Santiago parece que nos hayamos en un pueblo de cuento, rodeados de un monte irisado de luz que dibuja el entorno con trazos de ensueño.

La vigorosa atracción de esta música, nos envuelve al contemplar la bahía:

Nada más abandonar esta plaza tenemos la Basílica del Santo Cristo de la Bonanza, primera parroquia de Pasai Donibane, construida en el siglo XVII, que sigue la advocación de San Juan de la Ribera. En su fachada Oeste, la puerta denominada “Lintxua” constituía un lugar idóneo para guarecerse en los días de mal tiempo, mientras las familias esperaban el regreso de los pesqueros o embarcaciones mercantes.

IMG_20160720_120921IMG_20160619_102745IMG_20160720_120829En el interior, la figura del Santo Cristo de la Bonanza, encontrada en el mar por pescadores, preside el altar mayor del siglo XVII.

Tomamos el  Paseo de Puntas, un sendero perfectamente cuidado que nos conduce siempre mirando al mar hasta la misma bocana del puerto. Encaminamos los pasos hacia las ruinas del Castillo de Santa Isabel, fortaleza construida en 1621 por orden del emperador Carlos I para proteger el puerto de Pasaia.

Los toques con embrujo de unos acordes de sirenas nos acompañan:

Desde cualquier parte que miras ves embarcaciones de remeros entrenando para las regatas de traineras famosas en el municipio. La del remo es una tradición que se conserva en Pasajes desde que los vecinos de San Pedro y San Juan entraban en competición por descargar antes el pescado. Los clubes de remo de San Pedro (Sanpedrotarra A.E.) y San Juan (Koxtape A.E.) celebran la rivalidad cada año en el mes de septiembre, coincidiendo con las Regatas de la Bahía de la Concha en San Sebastián, y es cuando las calles de Pasajes se cubren de morado y rosa, colores representativos de los seguidores de San Pedro y San Juan.

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El magnífico Paseo de Puntas se ve embellecido en todo el recorrido por los montes Ulia y Jaizkibel que protegen el pueblo con sus laderas poderosas. El Cantábrico espera imperturbable al fondo.

Paramos en la maravillosa Kantina Alabortza, donde tomamos pinchos y bolas de queso mirando a las aguas de la bahía. Aunque el calendario puede cambiar, la cantina permanece abierta todos los días entre el 1 de junio al 30 de septiembre, así como las dos semanas de la Semana Santa.

El final del paseo es el Cresterío de Punta Artxina, pero nos quedamos en un mirador semicircular que se asoma a un calita arropada por los montes.

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Nada más indicado ahora que estos sones de música inspiradora:

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En este tramo de la ruta Talaia, caminamos entre oropeles de rododendros violáceos sembrados en el piedemonte y que jalonan un sendero estrecho al que se accede en paralelo desde el camino principal del paseo de Puntas. Entre la ladera y el litoral, transcurre un trazado envolvente mientras percibimos el aroma de los pétalos y de cuando en cuando atisbamos entre la floresta escenas de la bahía que antes permanecían ocultas a la mirada.

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Pasamos a Pasajes de San Pedro, mediante el buen hacer de los barqueros de la motora y cruzamos desde San Juan (en otro tiempo esto se hacía con bateleras a remo) con idea de visitar las instalaciones de Albaola, la factoría marítima Vasca. Aparte de construir embarcaciones históricas, llevan a cabo exposiciones sobre el pasado marítimo de Euskadi y se dan clases de navegación, representaciones teatrales, y diversas actividades de ocio.

Pasado el astillero nos dirigimos por una ruta trazada hacia el faro-fortaleza de la Plata. Merece la pena subir a lo más alto del promontorio para admirar las vistas sobre el inmenso acantilado. Desde aquí se puede tomar el sendero GR-121 rumbo a San Sebastian. A lo largo de este trayecto el tipo de vegetación que acompaña es la landa, flora compuesta por argoma (Ulex) entreverada por ejemplares de pino marítimo (Pinus pinaster) y algunos rebrotes de marojo, planta muy parecida al muérdago pero con los frutos de color carmesí.

Una referencia muy recomendable de este tramo es  el Faro de Senokozulua, un lugar encantado, donde hay que parar y contemplar, dos verbos de poco uso en los tiempos que corren. El océano y la vegetación de ladera comparten espacio en este rincón único de la costa vasca. La bahía de Pasaia se enseñorea ante nosotros, exhibiendo su magnífica bocana natural que invita a volver a entrar en el puerto del municipio.

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GASTRONOMÍA:

Pasai Donibane es el distrito más antiguo del municipio, estrechamente unido a la bahía de Pasajes que ofrece al visitante una tradición gastronómica enraizada con la actividad pesquera.

A la hora de comer se pueden degustar las mejores merluzas, rapes, anchoas, besugos, rodaballos o bogavantes, fresquísimos todos, cogidos en la bahía.

Cómo no, haciendo honores a esa gran cocina vasca encontramos magníficos chuletones o solomillos a la brasa. Las setitas de temporada, recolectadas con mimo de la misma falda de los montes adyacentes enriquecen muchos de los guisos tradicionales. El codillo asado con salsa de manzana o la merluza rellena de Txangurro (centollo) no pueden faltar. Mejor aún si se remata con una buena botella de sidra artesanal o de Txakoli de Getaria, el famoso vino blanco de la región.

Casa Cámara es un referente extraordinario cuya visita agradecerá el paladar más exigente.

Restaurantes:

http://www.ziabogapasaia.com/es/menu,la-carta/

http://ontziolajatetxea.com/

http://www.restauranteizkina.com/es/

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2 comentarios en “PASAJES DE SAN JUAN, DONIBANE DE LOS PESCADORES.

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