SENDAS PROFUNDAS: PLASENCIA, VÍA DE LA PLATA.

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Sendas cautivadoras por la Lusitania romana.

Dijo Miguel de Unamuno:

–“Si en todas partes del mundo el hombre es hijo de la tierra, en Las Hurdes la tierra es hija de los hombres”.

Vamos a asistir recorriendo estas sendas únicas a un encuentro con la esencia de la madre naturaleza, una aventura que nos envolverá en su impredecible pero cálido manto, regalándonos imágenes incomparables, lo que en época romana un poeta desconocido apuntó como “Omnis tradiderunt arma dabo tutela matris natura”, Todos tienden los brazos para dar protección a la madre naturaleza.

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Plasencia, ciudad amurallada desde el año 1200 d.C.

Sendas de la Vía de la Plata.

Nos situamos a unos cinco kilómetros del centro de la ciudad de Plasencia (Cáceres, Extremadura, ESPAÑA), en la dehesa de Valcorchero, un conjunto de peñascales y alcornocales ungido desde las alturas por el aire puro que hasta allí baja desde el puerto montañoso. A éste conduce un centenario camino que unía la ciudad con la milenaria y romana Vía de la Plata. Abordamos la senda hacia el santuario de la Virgen del Puerto, que nos saluda desde su estructura de distintas épocas; sus cimientos más antiguos datan del siglo XV mientras que otros remates fueron obrados en pleno s. XVIII.

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Santuario de la Virgen del Puerto. Podemos contemplar el valle del Jerte al fondo, con la Dehesa circundante.

Plasencia es desde el siglo XIII una referencia para el comercio castellano, con su histórico mercado de ganaderos, agricultores y artesanos organizado en la plaza mayor, lugar de tradicional celebración el primer martes de agosto que nos trae voces de otro tiempo, cuando viajar a pie era propio de todo ciudadano, no sólo del peregrino, y los comerciantes atraían al placentino al mercadeo.

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Catedral “nueva” de Plasencia, comenzada en 1498 y continuada a lo largo del siglo XVI. Gótico-renacentista.

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Catedral Vieja o Iglesia de Santa María, ofrece dos edificios solapados de distintos estilos, transición del románico al gótico.

De la plaza parten rúas que conducen a las puertas de la ciudad. No cuesta imaginar a los vendedores y artesanos ocupando una rúa o parte de ella vendiendo miel de cerezo, castañas, artículos de piel curtida o artesanía de la madera.

Una melodía evocadora nos acompaña:

En Plasencia encontramos calles empedradas, fachadas monumentales y estrechos rincones por donde parece que en cualquier momento nos saldrán al paso ciudadanos del antiguo Imperio romano, que estableció en Plasencia un campamento militar permanente.

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Una fachada singular en la plaza de Plasencia

Regada por siete ríos que bautizan con su nombre a sus valles, las sendas de esta comarca de Las Hurdes nos acercan a un magnífico ecosistema de hondonadas espesas por la profusa presencia de vida vegetal. Abundan pinos, madroñeras, castaños centenarios y olivos, especies que alimentaban con su extracto y fruto a los romanos. Fue en el año 74 d.C cuando tuvo a bien el emperador Vespasiano otorgar a Cáparra (antiguo asentamiento imperial en la zona) el estatus de Municipium.

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El origen del acueducto no es romano sino medieval y se construyó en el siglo XVI como sustituto de otro del siglo XII. Recogía aguas de manantiales serranos mediante tubos de barro que la conducían hasta la ciudad.

Lindando con  la muralla se yergue majestuoso el acueducto medieval, que abastecía la ciudad con el agua procedente de la sierras de Cabezabellosa y El Torno. Construido en el siglo XVI, hoy se halla integrado en el corazón placentino. Cuenta con 200 metros de longitud y más de 50 arcos de medio punto lo conforman.

El rio Jerte discurre engalanando la ciudad a su paso, recogiendo aguas de gargantas abiertas en cimas dominantes. Parten de la cabecera del conocido valle del mismo nombre como la garganta de San Martín, que se abre paso bajando por el puerto de Tornavacas hasta las inmediaciones de la propia ciudad.

Los pobladores  del imperio romano dejaron un legado monumental y cultural impresionante. Entre esas maravillas está la red de calzadas, que enlazaban con el resto de la Península, auténticas autovías del mundo antiguo:

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Nos despedimos de Plasencia admirando el lema de la ciudad grabado en el escudo otorgado por su fundador Alfonso VIII  «Ut placeat Deo et Hominibus» , “para agradar a Dios y a los hombres”.

Sendas cargadas de historia.

Esta arteria ancestral que es la Vía de la Plata que enlaza el sur con el norte ibérico, ya existía según algunos en el período de Tartessos,  a finales del siglo II A.C. nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de Occidente y que ubicaban en el suroeste de la península ibérica.

El historiador Eforos (Escimno, 162) escribe que la capital Tartessos estaba a dos días de viaje (1.000 estadios) de las columnas de Hércules (Gibraltar), no muy lejos de un punto de paso de las montañas del Sistema Central: el Valle del Jerte.

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Vamos camino de Zarza de Granadilla pasando antes  por Oliva de Plasencia, donde la calzada romana separa los municipios de Guijo de Granadilla y Oliva. Aquí su itinerario se cruza con el Camino de Santiago.

La imperial ciudad de Oliva se atribuye a la época de Augusto, quien estableció los cánones fundacionales de esta nueva urbe.

Notas musicales de otras épocas nos susurran:

Visitada y habitada por una pléyade de pueblos prerromanos como los celtas, vetones y vacceos, durante el imperio Romano las legiones enclavaron en Oliva otro campamento militar, ligado a la Vía de la Plata, transformando esta en calzada romana.

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Las ruinas de Cáparra han mostrado su esplendor remoto durante siglos.

En estos parajes se hallan las ruinas de Cáparra, un tesoro arquitectónico romano de esta emblemática ciudad de los césares, el Municipum Flavium Caparense. Actualmente las excavaciones de las ruinas corresponden a espacios del término de Oliva de Plasencia, como las termas Flavias, el Barrio llamado Foro B, o la domus, excavada en 2010.

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Tetrapylon oTetrápilo, ligado al “dios de las puertas” romano.

Estos restos de Cáparra han mostrado su esplendor durante siglos, lo que ha convocado a multitud de curiosos y eruditos. Entre las ruinas despunta especialmente su elemento más atrayente por bien conservado: el Arco Tetrapylon, único en su género en la Península Ibérica.

Los Tetrápilos cuentan con una puerta en cada uno de los cuatro lados y solían construirse en la encrucijada de dos vías helenísticas perpendiculares. Estos arcos tienen un simbolismo relacionado con Jano, dios de las puertas (janua en latín), de las intersecciones o cortes, en general.

Es momento de escuchar melodías como esta:

Este hallazgo en Cáparra es particularmente frecuente en las ciudades capitales del oriente romano, donde veneraban las encrucijadas como fuentes de energía y cambio. Durante el período bizantino, algunos tetrápilos fueron considerados como símbolo de los cuatro evangelistas.

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Emblemas de los cuatro evangelistas. El ángel: Mateo. El león: Marcos. El buey: Lucas. El águila: Juan.

Según el poeta romano Ovidio, Jano abría o cerraba todo lo que había sobre la Tierra, controlaba tanto el cielo como el mar así como la rotación de la Tierra sobre sí misma. Dice que este dios mira a la vez a Oriente y Occidente consiguiendo equilibrar el cosmos. Jano miraba por una de sus dos caras hacia el solsticio de verano, que representaba la puerta de las almas que llegaban a la Tierra al nacer, y por la otra cara daba la bienvenida al solsticio de invierno, puerta por donde salían las almas de sus cuerpos físicos donde habían estado encarnadas, para transmutarse a otras dimensiones.

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El Dios Jano, que protegía las encrucijadas de los caminos.

Sendas por el valle del Ambroz.

Nos hemos trasladado a un excelente enclave: las proximidades del río Ambroz con la calzada de la Plata que atraviesa la ciudad abriéndose a un rico valle en tierras bajas. En estas hallamos productos de incomparable calidad agrícola (Valle del Ambroz), además de materiales como pizarra y granito, de uso diverso derivado de su pétrea naturaleza.

Por estas riquezas el lugar fue un punto suficientemente atractivo, no sólo para los intereses del Imperio en la zona sino también por los pueblos que aquí habitaron antes de la invasión de los romanos.

Lavandula

La lavándula florece con intensidad inusitada durante la temporada de primavera y cuando termina necesita de una buena poda. Así se obtiene un arbusto bello, fragante y con tonos de un verde grisáceo el resto del año.

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Tomillo blanco. Planta medicinal y culinaria abundante por estos valles.

Respiramos una atmósfera rica en la esencia de la lavándula, junto con la jara y el tomillo blanco. Qué versátil es esta planta de la familia de la menta o la salvia. Se utiliza como antiséptico, digestivo, para combatir los síntomas de la epilepsia o como cicatrizante y antibacteriano. El nombre se puede interpretar como derivado del latín “livere”, azulado.

Unos acordes épicos nos saludan:

Estamos adentrándonos en campos cubiertos por la Flor del Corpus, también llamada flor del Señor, galanita, hierba de San Juan, hierba sabia, lavanda o Nazareno de Jesús. Cualquiera de estas denominaciones son evocadoras de tiempos pretéritos.

Hacemos acto de presencia en Zarza de Granadilla, situado al norte de la provincia de Cáceres, entre los valles del río Ambroz y Alagón. Este municipio goza en las alturas circundantes de la presencia del roble y el castaño, y en el llano, de los alcornoques y las encinas.

Zarza de Granadilla posee una importante necrópolis visigoda con reliquias de piedra actualmente expuestas en el Museo de Cáceres. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es un edificio de mampostería con refuerzos de sillería en los ángulos, los estribos y la torre edificados en el siglo XVI. En él destacan unas bellas portadas adinteladas que nos acercan a los muros de la Epístola y el Evangelio.

En esta rica región que recorremos por sendas del valle del río Ambroz nos sorprenden deliciosos productos como el pimentón de Aldeanueva del Camino secado con humo, empleado en los productos derivados del cerdo ibérico. La ternera, los pimientos asados, también llamados ´zorongollo´y los platos acompañados de las setas gozan de gran fama. Vino de pitarra y aceite de oliva virgen son imprescindibles para maridar y tomar energía para continuar caminando por estas encantadoras sendas.

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La Red de Hospederías de Extremadura invita a descubrir los secretos gastronómicos que muestran la calidad y distinción de esta bella comarca.

Los fogones de Abadía, Aldeanueva del Camino, Baños de Montemayor, Casas del Monte, La Garganta, Gargantilla, Hervás y Segura de Toro aglutinan los secretos de una comarca radiante de vida en cualquier época del año.

Dejamos para un próximo post el trazado de otra senda que nos lleva a un lugar muy especial: el maravilloso pueblo de Guadalupe, condecorado con el título de “Primera Maravilla Rural 2017”.

¡Hasta la vista!

 

Un comentario en “SENDAS PROFUNDAS: PLASENCIA, VÍA DE LA PLATA.

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