El primer clon. Cap. 3 (continuación) Preparativos.

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(ver capítulo anterior)   El otoño había extendido su manto de hojas caídas sobre el suelo humedecido por las últimas lluvias. Algunos rayos de sol se filtraban ocasionalmente por entre la densa capa de nubes dibujando ráfagas de color en el paisaje grisáceo.

Desde el mirador de su casa, Solo observaba cómo los haces luminosos reflejados en
las ventanas salpicaban la zona de destellos que desaparecían al interponerse
de nuevo la masa nubosa. La casa de Hache se abría frente a la dehesa, barrera
natural declarada zona protegida por su vegetación abundante poblada de encinas,
aunque no se necesitaron más de dos años para que la nueva autovía del Norte
se enseñoreara de los terrenos, perdiendo estos su virginidad en manos de los
especuladores.
Al traspasar el ventanal rebasando las cortinas doradas, el sol producía el
efecto de teñir de amarillos y ocres el interior del salón, dando la impresión de
estar mirándolo a través de una lente de ámbar.

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Hache se sentía complacido consigo mismo por haber logrado dar lo que a su
juicio era un paso de gigante en su plan de conseguir un clon.
Desde que frecuentaba la biblioteca para consultar los libros del Dr. Cóndom,
Hache comenzó a desarrollar una serie de teorías sobre el contenido de
aquellos de manera que al cabo del tiempo descubrió en él una facilidad especial
para entender la ciencia genética. Si se hubiera dedicado a una carrera como la
Medicina o la Biología, habría podido cultivar un potencial que al parecer había
estado latente en él desde siempre. Tras varios meses de consultas periódicas
elaboró un dossier que contenía sus análisis y conclusiones respecto a la Teoría del
clon Activo de Cóndom. Su intención era entregárselo al doctor, desde su simple
condición de aficionado, como paso previo a lo que constituía su propósito.
«Lo más seguro es que Cóndom me considere un ingenuo sin mucho
seso –decía para sí–. Y eso sin tener en cuenta lo que vendrá después. Aunque
consiga superar la barrera de que me conceda una entrevista ¿cómo reaccionará
ante alguien que le pide un clon de sí mismo?».

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La ilusión que sentía Hache por conocer personalmente a Cóndom superaba
todo intento de enfrentarse con la lógica. Si hubiera reflexionado más
sensatamente habría pensado que lo más probable fuese no poder hablar siquiera
con la recepcionista de la Universidad de Maryland, donde el afamado científico
tenía su despacho.
Sin embargo, creyó que lo peor era estar cruzado de brazos así que
enseñó a Claudia el dossier que había confeccionado respecto a las teorías de
clonación de Cóndom, sabiendo que ella se interesaría por algo afín a lo que
había estudiado.
Un tanto sorprendida al principio por la inesperada propuesta, consiguió
empezar la lectura. En el dossier descubrió que su marido proponía una teoría:
la posibilidad de mejorar los resultados en clonación si se partía de células ya
clonadas, lo cual pensaba esgrimir ante el doctor como pretexto para concertar
la entrevista. Hache consiguió contagiar su entusiasmo a Claudia, quien parecía
dispuesta a ayudarle en tal empresa.

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Claro que ella aún no conocía sus verdaderas intenciones.
Claudia le había contado en una ocasión que su jefe Honorio Pedralbes
había cursado estudios durante varios años en la Universidad de Maryland, donde
había llegado a trabajar junto a Cóndom. Aquello hizo pensar a Hache que Honorio
podría intentar hablar con el doctor para conseguirle una cita.
Nada podía interponerse entre Solo y su proyecto y si aquel intento fallaba
recurriría a otra alternativa por complicada que resultase la aventura.
Lo cierto es que tuvo suerte.
Claudia recibió una rápida respuesta de Honorio, jefe del departamento
de Biología Celular.
El matrimonio acababa de plantearse tomar unos días de descanso en algún lugar
cálido de clima tropical. Ambos necesitaban hacer un paréntesis en su ajetreo diario
y respirar la fragancia salina del mar, olvidándose del forzado plan de vida que
llevaban y que giraba irremediablemente en torno a sus respectivos trabajos.
–Me apetece escapar a algún escondite a miles de kilómetros de aquí y
disfrutar de nosotros, que ya no sabemos lo que es eso –decía Claudia mientras
se arreglaba para salir a cenar.

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El primer clon / Marcos Manuel Sánchez

–Al menos nos apartaremos de este jaleo durante toda una semana –aseguró
Hache, ayudándola con la cremallera del vestido–. Ni un día menos.
–Mira lo de hoy. He llegado a casa pasadas las nueve y casi no hemos
tenido tiempo de charlar. Porque, ¿sabes una cosa? –inquirió ella–. Tengo
algo que decirte. Por fin mi jefe ha conseguido que el doctor Cóndom atienda
tu petición.
Hache mostró una sonrisa reluciente.
–Vaya… después de insistir más de cien veces casi lo había dado por perdido.
Estaba maquinando un plan para secuestrarle o algo así. Eres fantástica…
¿Cómo lo hiciste?
–Ejem, bueno, tuve que sacrificar mi buena reputación, ya sabes. Nos
reunimos en su apartamento y… –Hache le siguió la broma–. Claro, te sacrificaste
por tu maridito. Es conmovedor… –Ella rodeó su cuello con los brazos–. Honorio
desarrolló una buena amistad con el doctor en los años que colaboró con él en
los Estados Unidos. Es un hombre con una agenda repleta de compromisos, ya
lo has comprobado y aunque llevas casi un año intentándolo puedes considerarte
afortunado. Aprovéchalo…

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Había intentado por todos los medios que Cóndom hiciera caso a un don nadie
como él, que durante meses había estado enviando mensajes de correo electrónico
a la Universidad de Maryland desde cuentas de correo diferentes para que no le
identificaran como un rechazado habitual. Había llegado a dar varios nombres,
presentándose telefónicamente como investigador de tal o cual universidad o
redactor de alguna revista; en una ocasión intentó despistar haciéndose pasar por
un editor interesado en publicar una biografía. La cortesía con que le trataban
sus interlocutores llevaba aparejado un rechazo que se manifestaba en largos
períodos de espera sin respuesta. Pero su oportunidad llegó por fin.
Hache se veía a sí mismo sonreír complacido ante un Mark Cóndom a
quien recordaba con la bonachona y juvenil expresión de la foto publicada en su
libro Teoría del Clon Activo. Con su proyector virtual de imágenes desgranaba
secuencias que ilustraban el Plan Regenerador de su vida: escenas de un viaje
a un lugar exótico paseando con Claudia y Natham por la arena blanca de una
playa interminable…
Asió el teléfono con decisión y marco el nº que le había proporcionado
Claudia.
Ardid femenino
Al otro lado de la línea, una voz femenina de timbre cristalino le saludó
cortésmente:
–Good morning. University of Maryland, Biochemistry department.
May I help you?
–Hallo. This is Hache Solo speaking. I want to talk with Dr.Cóndom».
–Hallo. Dr.Cóndom is now attending a class. What do you will?
Hache expresó su intención de concertar una entrevista con el doctor y preguntó
cuándo estaría disponible para atender el teléfono.
Al parecer, las cuatro de la tarde, hora local de Maryland, era el momento
oportuno. Se despidió amablemente y colgó. «Eso supone que debo llamarle a
las 12 de la noche de aquí. Bien, esperaré».
La voz de Mark Cóndom resonaba grave y algo ronca a través del teléfono. Hache
hizo un breve resumen de su interés por dirigirse personalmente a él con relación
a su publicación y experimentaciones sobre la Teoría del Clon Activo, indicándole
que tenía una interesante aportación que hacer al desarrollo de la teoría para
generar embriones del tipo Libre Albedrío.
–Mi colega el señor Pedralbes me ha puesto en antecedentes… Mire, casualmente
el ocho de Noviembre he de dar una conferencia en Madrid en el Club Siglo XXI.
A las 13:00 h me retiraré al Hotel Europa. ¿Qué tal si nos vemos allí por la tarde
a las seis?

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Hache acepto entusiasmado. Se despidió con manifestaciones efusivas de
agradecimiento y tras colgar el teléfono se recostó en su cama, invadido por un
sentimiento de gozo que le hizo conciliar un sueño profundo.
A falta de tres semanas para la entrevista, Hache regresaba de la agencia
de viajes donde acababa de reservar los billetes de avión y el hotel en Santo Domingo
para cinco noches.
«No me merezco menos» –se gratificaba mentalmente. «Y Claudia me lo
agradecerá. Está sometida a tanto estrés con lo de la Ley de Reforma…»
La Ley de Reforma afectaba a los profesores que como ella contaban con
plaza en propiedad antes de Junio del año anterior, obligándoles a pasar un examen
de convalidación para conservar la plaza. Para la mayoría de candidatos, los
créditos acumulados por cursos de postgrado facilitaban la puntuación mínima
requerida. Este no era el caso de Claudia. Debido a su trabajo en la guardería
de su hermana Sara, a quien echaba una mano por las tardes, no encontraba
tiempo para preparar el examen.
Se trataba de una labor altruista y a la que daba total prioridad por sentirse
moralmente obligada con su hermana, quien no atravesaba una situación
financiera saludable desde hacía tiempo. Sara no quería cerrar el negocio, pero
ella sola no podía sacarlo adelante.
Claudia recordaba claramente la reciente conversación con ella. Aquel día sentía
más que nunca la necesidad de librarse de la carga soportada durante toda la
semana. El examen de convalidación tendría lugar dos meses más tarde, a primeros
de Febrero, pero debido a su trabajo, la casa y su hijo Natham, se le hacía
muy cuesta arriba aplicarse con método y constancia. Por otro lado su marido la
preocupaba, quizá en exceso. Debía encontrar otro trabajo. A ella no le importaba
cual con tal que a él le gustara.

casa bonita
Las hermanas hablaban en el jardín del pequeño chalet adosado de Sara,
situado en una Colonia de la zona Sur de Madrid.
–Hay que ver Claudia, el tiempo pasa sin que te des cuenta. Me parece
que todo se ha precipitado desde que Carlo y yo nos conocimos: el nacimiento
de tu hijo, la compra de esta casa, el accidente… Nuestra vida en La Puebla me
parece muy lejana.
–Lo que hay que hacer es vivir el presente, Sara. Es lo que importa. Para
Hache y para mí la vida no es ningún camino de rosas. Mírale a él cuando vuelve
del trabajo. No encuentra fuerzas para nada hasta que consigue desconectar. No
lo tiene fácil. A mi me pasa lo mismo, con la presión diaria de mis alumnos o
las disputas con los compañeros de claustro. Te juro que hay veces que desearía
mandarlo todo a freír espárragos y retirarnos a vivir a lo más alto de una montaña.
Vida sana y monacal… Sin votos –bromeó–. Y de vez en cuando… bajaríamos a la
urbe para mover un poco el esqueleto. Bueno, ¡Creo que acabaríamos echando
de menos todo este cenagal!
Sara rió con ganas, mostrando unos dientes perfectos que adornaban hermosamente
su bello rostro de facciones redondeadas. Hubo unos momentos de
silencio en los que solo se oía el sordo rumor del tráfico lejano que a esas horas
de la mañana circulaba con fluidez por la Ronda Sur.

(continuará)…

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