El primer clon. Cap. 6. En la villa de Fabio Rocco.

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Ver Capítulo anterior… El comercio de paneles de embriones humanos había centrado la atención de Eric Van Möeller un año atrás, cuando siendo ya presidente de la Marzens International mantenía una entrevista con su mano derecha Fabio Rocco, el influyente capo de la Cosa Nostra. Fabio invitó a Eric a Villa Giulia, su magnífica casa de las afueras de Padua, rodeada de colinas y campos de olivos.
Hablaban tranquilamente en la amplísima terraza donde todo era mármol
de tonalidades verde azuladas. Las históricas canteras de Carrara, aún en activo, seguían proporcionando un material exquisito.
–Amigo Eric, te conozco desde hace años y sé que no te paras ante
ningún obstáculo –indicaba el siciliano sirviéndole un cóctel Ambassador, su preferido.
Eric bebió un trago.
– ¿Qué le has echado a esto? No sabe mal.
–Es una mezcla de ginebra y ginger-ale, con un leve toque de canela
–aclaró Fabio.
–Bien ¿Qué decías sobre los obstáculos?
–Quisiera que estudiaras la posibilidad de alejarnos del comercio de órganos para centrarnos en actividades más rentables, de menor riesgo. Ya sabes lo cerca que estuvo la Interpol de descubrir a nuestro enlace dominicano.
–Todo por culpa de aquel mendigo. Consiguió zafarse de sus cancerberos.
Yo creía que esos perros de presa dominicanos eran profesionales. Me decepcionaron, Fabio.
–No volverán a hacerlo.

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El primer clon / Marcos Manuel Sánchez

–El mendigo acudió a la policía, lo que estuvo a punto de dar al traste con
el eslabón del Caribe–. Eric hizo una pausa y reflexionó durante un momento–.
Obtuvimos cuatro millones de dólares el año pasado por el suministro de órganos en Sudamérica ¿Sabes cuantos enfermos de países ricos alimentan su deseo de prolongar su preciosa existencia con la posibilidad de un transplante?
–Seguramente miles, pero…
–Sí, y no entiendo cómo es que piensas renunciar a esos ingresos, signore
Rocco… –. Su mirada se clavó en los ojos del siciliano con el efecto de una súbita ráfaga de aire helado, que inmovilizó a Fabio haciéndole perder la sonrisa. Este carraspeó ligeramente:
–Eric, es… es mejor mirar al futuro y considerar otras perspectivas para
hacer negocio.
– ¿Como cuales? –inquirió Eric sin parpadear aún.
Fabio encendió un pequeño cigarro puro marca Tilde, de hoja cubana,
importada por una de las empresas del grupo Marzens. El siciliano saboreaba el humo aspirado en una intensa calada antes de contestar, ya con voz firme.

–Podemos cuadruplicar lo que ganamos con los órganos abasteciendo a universidades, empresas e instituciones científicas con partidas de embriones humanos. La clonación terapéutica está en boga y aunque aún no la han aprobado con fines reproductivos
podríamos ir abonando el terreno. El embrión se implanta en el útero de una mujer dispuesta a «incubarlo» en su seno y a los nueve meses nace el bebé-clon.
–Fabio, me enternece oírte hablar de bebés ¿Por qué no montas una
clínica de Maternidad?
–Estaba pensando en el Instituto Marzens de estudios oncológicos.
– ¿Para transformarlo en clínica maternal? –la carcajada de Eric resonó
por toda la terraza y se oyó desde el interior del salón de verano, con el que
comunicaba.

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Capítulo 6 – En la villa de Fabio Rocco

Allí, la figura menuda de una mujer de piel aceitunada disponía meticulosamente una bandeja con bebidas. Anita Gómez, la criada filipina que ofrecía displicente a Fabio todo tipo de servicios, preparaba dos nuevos cócteles Ambassador sin haber distraído un momento la atención con que escuchaba la conversación entre los socios. Atravesó el umbral bajo la puerta corredera acristalada y caminó por las baldosas de resplandeciente mármol aguamarina, veteado de franjas lechosas.
El siciliano celebró la llegada del cóctel:
–Anita sabe cuidarme. Grazie cara –dijo dirigiéndole una amplia sonrisa–.
¿Qué haría yo sin ti?
La filipina devolvió la sonrisa y se retiró en silencio, moviendo con gracia
las caderas.
–La ragazza vale un imperio. Lleva un año escaso conmigo y es como si
me conociera de toda la vida.
–Lo he notado –exclamó Eric un tanto inexpresivo–. Así que piensas que
el Instituto Marzens puede contribuir a tus planes de ¿cómo diría? … enriquecimiento
rápido con el comercio de clones. Creía que tus negocios de bebidas ya
te habían hecho de oro.

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Socio de la embotelladora Calissa, con una tercera parte del capital suscrita a su nombre, Fabio también era dueño de una distribuidora de bebidas situada en Messina, gracias a lo cual extendía sus influencias como traficante de estupefacientes a todos los rincones del Sur de la nación, desde su Siracusa natal hasta Toscana. Controlaba el tráfico a través del Estrecho de Messina en virtud de sus buenas relaciones con los carabinieri, tanto en zona siciliana como en Reggio Di Calabria. Las embarcaciones que cruzaban el mar Jónico entre Messina y Villa San Giovanni trasladaban la mercancía oculta en briks de zumo o leche. Estos eran
preparados en el almacén de la embotelladora trabajando a tres turnos.
–Eric, la biomedicina ha avanzado mucho más deprisa que las leyes
impuestas por los gobiernos. En éstos momentos sólo se permite la clonación humana con fines terapéuticos, pero estoy seguro de que pronto se hará con fines reproductivos.
Eric rió a placer. Esta vez resonó con más fuerza que antes. El eco retumbó
entre los frondosos cedros del bosque colindante.
–Claro, Rocco. No hay más que pagar el precio adecuado y la Humanidad
entera se beneficiará de seres hechos a medida de las necesidades de gobiernos o de intereses particulares.
–Exactamente Eric.
–Okay Fabio, yo quiero una docena. Así no tendré que mover un dedo para
dirigir mis negocios. Bueno, miento, usaría uno para apretar alguna que otra tecla del ordenador o del teléfono móvil. Organizaré todo desde el salón de mi casa… –Van Möeller
bebió un largo trago de su cóctel. Se llevó tres aceitunas de golpe a la boca.
–No veo garantía alguna en emprender la aventura clónica, Fabio –masculló a continuación–. No sabemos nada acerca del comercio de embriones ni de quién o quienes están ahora detrás de esa trama…

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