Bailando en la sala de quimio

 

Aquella mañana Anselmo llegó a la sala de espera de oncología sintiéndose diferente. Llevaba unos cuantos meses asistiendo a las consultas con su doctora mientras recibía su tratamiento con quimioterapia. Cada vez que hablaba con la doctora Sanchidrián lo hacía provisto de una lista de preguntas que ella procuraba aclararle pues había muchos efectos secundarios como consecuencia del tratamiento.

Aquella mañana Anselmo no estaba dispuesto a caer en brazos de la rutina, se sentía más animado. Había decidido poner como música de llamadas de su móvil la pegadiza melodía de una canción que Tom Jones popularizó allá por los años sesenta. “It´s not unusual” llevaba unos minutos resonando rítmicamente en su cabeza, animándole a sentirse bien, a compartir sensaciones agradables con el resto del mundo.

Nada más entrar en la sala de espera los acordes se sucedieron en su mente como si un dedo invisible hubiese accionado algún interruptor en su interior. Eran las 11 de la mañana y podía decirse que el número de pacientes de la sala había alcanzado su máximo para lo que podía esperarse de un miércoles, unas veinte personas. Buen público para una fiesta. Pero nadie estaba allí para celebrar nada.

Anselmo solía fijarse en los rostros de sus compañeros de infortunio, unos más afectados que otros por ese mal que muchos quieren evitar llamar por su nombre. Él había tenido ocasión de comprobar cómo afloraban en su propio cuerpo los síntomas de la quimio: cansancio sobre todo, cambios en los sabores de las comidas o una extraña sensibilidad en manos y pies, como si estuvieran recorridos por terminaciones eléctricas.

Pero lo que le afectaba sobremanera cuando se hallaba en esa sala era comprobar el cansancio de otros manifestado en la expresión de sus caras. Y eso no lo toleraba bien. Por ello aquella mañana había decidido cambiar el “chip” y sintonizar otra onda, una frecuencia mental en la que todos pusieran disfrutar de al menos un ratito de emoción musical, sí, esa que sientes cuando se te van las piernas y el alma al ritmo de una melodía que atrapa tu corazón.

En la sala se hallaban presentes pacientes a partir de unos 50 años de edad, según apreciaba Anselmo, unos con mayor agilidad aparente que otros y pensó algo en tono jocoso.

– “Vaya equipo de baile que formamos aquí, para pretender que se anime la gente necesitaría algo muy especial”.

Anselmo escuchaba en ese momento una conversación entre una paciente y un acompañante en la que hablaban de la próxima intervención quirúrgica a la que ella sería sometida. Por la expresión de sus caras cualquiera diría que hablaban sobre un tema intrascendente, al menos para ellos lo parecía, seguramente por la familiaridad con la que algunos enfermos llevan sus tratamientos, muy prolongados y protagonistas de sus vidas en todo momento.

En otro rincón de aquel espacio de paciente espera, un abuelo recibía de su nieta la caricia de sus manos de adolescente infundiéndole cariño con una sonrisa.

–Abuelo, hoy tienes mejor cara, se nota el cambio en la quimio que te pusieron el mes pasado. Esta tarde me quedo contigo y merendamos en casa ¿vale?

–Pero tienes que estudiar para ese examen tan importante y no quiero que pierdas el tiempo, pequeña.

–Nada de eso, abuelo. Te llevaré la tarta de manzana que tanto te gusta.

La expresión del rostro del anciano era de puro agradecimiento. La cara de la nieta reflejaba una ternura infinita.

 

Desde su carrito ambulante con el logotipo de la Asociación española contra el cáncer, la persona encargada de repartir infusiones, café y refrescos preguntaba a los presentes por sus preferencias.

–¿Le apetece mejor un café? Lo hay descafeinado para quien quiera –preguntaba una mujer de aspecto jovial pese a haber pasado la cincuentena y un tumor de mama–. Un hombre con expresión bonachona pidió dos infusiones. Entregó una de ellas a su acompañante, una mujer que le sonreía bajo la sombra de sus ojos enrojecidos por el cansancio. Ella acababa de acomodar bajo la camisa lo que parecía una protección pectoral.

 

La auxiliar de enfermería encargada de atender las peticiones de los pacientes de la sala, entraba de vez en cuando en los despachos de los oncólogos con avisos de palabra o escritos. El proceso de las consultas exige un control de documentación exhaustivo para conseguir las citas médicas y tratamientos futuros.

“Sí, formaríamos un buen grupo de baile los aquí presentes” –bromeaba Anselmo consigo mismo–. ¿Cómo se llamaba la canción de Tom Jones que se repite en mi cabeza desde hace un rato? “La buscaré en internet. It´s not… ¡It´s not unusual!

A los pocos segundos de su hallazgo, Anselmo colocó los auriculares en sus oídos dispuesto a confirmar que esa era la canción elegida, pero no pudo evitar un efecto revitalizador inmediato que surgió en su interior. La música envolvía su alma y se enredaba en su cuerpo como una tela de araña que lo mantuvo atrapado siguiendo el ritmo de aquel cantante británico hijo de un minero que obtuvo reconocimiento internacional durante décadas.

Era inútil pensar siquiera en resistirse a mover el esqueleto ante aquel derroche de ritmo. Poco a poco, Anselmo iba describiendo movimientos circulares entre los pacientes de la sala, quienes cada vez en mayor número miraban un tanto desconcertados a aquel individuo que bailaba y bailaba de un modo contagioso.

Cuando Anselmo se dio cuenta de la reacción de la gente no se sorprendió ni un ápice y decidió desconectar los auriculares de su móvil para subir el volumen de este al máximo.

Tom Jones invadió toda la sala como si se tratara de un concierto en directo. Las notas sumergieron en un mar de armonías todo el entorno, circulando entre los presentes como un nuevo tratamiento que les animaba a seguir aquellas notas de alegría y esperanza marcadas en el fluir de las ondas.

La nieta tiraba de la mano del abuelo para empujarle a la improvisada pista que se abría ante ellos, antes tan solo un simple suelo blanco de hospital. El anciano no se resistió, demostrando que no era la primera vez que disfrutaba de los efectos benéficos de la música.

El hombre de expresión bonachona dejó su infusión sobre la mesa y agarró a su mujer de las manos para unirse a la improvisada sesión. Ambos giraban siguiendo el empuje de una energía inexistente en ellos hasta ese instante.

La mujer de la Asociación contra el cáncer se llevaba una mano a la boca en gesto de sorpresa por la inesperada exhibición, pero no tardó más que unos segundos en sumarse al pequeño grupo de entusiastas.

Un empleado de la limpieza se unió al festín enarbolando un cepillo de barrer como si se tratara de su pareja de baile. La forma en que se movía delataba cualidades escondidas de alguien con buen sentido del ritmo.

La auxiliar de enfermería acababa de salir de uno de los despachos médicos para comprobar lo que sucedía. Permaneció unos segundos evaluando la situación y acto seguido comenzó a abrir las puertas de los seis despachos contiguos. Se escucharon algunas voces procedentes del interior intentando manifestar su protesta. Al minuto siguiente sus propietarios hicieron acto de presencia en los umbrales y comenzaron a animar con palmadas la danza que se había impuesto graciosamente en aquel lugar de desdicha.

Tímidamente al principio y con firme entusiasmo después, doctores, pacientes y empleados participaban del feliz mensaje de una de las piezas musicales más optimistas de todos los tiempos.

 

 


 

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Os deseo salud y mucha suerte en la vida.

 

 

22 Comentarios
  • Miguelángel Díaz
    Posted at 16:46h, 11 abril Responder

    Hola, Marcos.
    Seguro que la música que puso Anselmo no curó a ninguno de los enfermos, pero el ánimo y la energía que les dio durante unos minutos les sirvió para mucho tiempo. Un relato muy positivo.
    Un fuerte abrazo 🙂

    • marcosplanet
      Posted at 10:21h, 13 abril Responder

      Así lo veo yo, Miguel Angel.
      Muchas gracias por comentar.
      Un fuerte abrazo.

  • Federico
    Posted at 21:07h, 22 marzo Responder

    La música no cura el cuerpo pero si puede curar el alma. Saludos y buen finde.

    • marcosplanet
      Posted at 20:07h, 25 marzo Responder

      Eso es, Federico. Muchas gracias por tu aportación a los comentarios.

  • AMAIA LARRREA
    Posted at 10:02h, 21 marzo Responder

    En esos momentos tan duros, muchas veces, no hay música que levante el ánimo.
    Pero en esta sala se han animado todos y eso es maravilloso. Bien elegida la canción, Tom Jones me gusta mucho.
    Y esa nieta con el abuelo, qué preciosidad.
    Me he emocionado pues también he sentido las amarguras de esa sala…
    Bonito relato Marcos. Abrazo grande

    • marcosplanet
      Posted at 15:44h, 21 marzo Responder

      Pues ya somos dos, Amaia.
      Un abrazo grande y sincero.

  • Maty Marín
    Posted at 15:34h, 20 marzo Responder

    Muy bonita situación la que nos presentas Marcos, que por supuesto que pudiera darse. Un poco de alegría (o mucha) enmedio de un dolor que sólo ellos conocen. Me gustó ????

    • marcosplanet
      Posted at 15:58h, 21 marzo Responder

      Muchas gracias por tus palabras, Maty.
      Un fuerte abrazo.

  • Io
    Posted at 02:38h, 20 marzo Responder

    Querido Marcos,
    Que emotivo tú relato, me imagino a Anselmo, incluso hasta le puedo poner cara, bailando desenfadadamente, contagiando esa alegría y ganas de luchar a los demás pacientes, dejándose llevar por esta maravillosa canción, que levanta el ánimo y te recarga de energía tan positiva.
    Me encanta la actitud de Anselmo, que sin ninguna duda ha vivido tiempos mejores, pero la enfermedad no le achanta, pese a los efectos secundarios de la quimio, sabe que el mejor tratamiento para sobrellevar las enfermedades y dificultades está en su interior, en rodearse y disfrutar de sus seres queridos y entre sus hobbys…. la música.
    A mí, ciertas canciones y olores me trasladan en el tiempo y en momentos grises me hacen recuperar la ilusión y ver de nuevo la luz.
    Un fuerte abrazo

    • marcosplanet
      Posted at 16:11h, 21 marzo Responder

      Tus palabras son siempre una recarga de energía positiva, Rocío. Me alegra tanto que haya despertado en ti ese recuerdo de sensaciones que te acercan de nuevo a la ilusión. No la pierdas nunca.
      Un abrazo muy grande también para tí.

  • ARENAS
    Posted at 13:31h, 19 marzo Responder

    Los efectos benéficos de la música pueden con todo.
    A Anselmo fue Tom Jones.
    Al Moro quizás Engelbert Humperdinck.
    Casi se pega con nosotros aquella vez, ¿recuerdas?
    Relato extremadamente sensible y mágico el que nos has regalado.
    En cualquier lugar, sin nadie esperarlo, puede nacer una flor.

    • marcosplanet
      Posted at 16:15h, 21 marzo Responder

      Así es, Antonio, como bien dices: «En cualquier lugar, sin nadie esperarlo, puede nacer una flor».

  • Ric
    Posted at 09:41h, 19 marzo Responder

    Buen relato Marcos, demostrando lo importante que es la actitud para cualquier cosa en la vida, más, que duda cabe, cuando se trata de una enfermedad que requiere que estés preparado mentalmente para ello.

    No sabemos lo importante que es la salud hasta que la perdemos y así pasa con múltiples cosas de la vida: hasta que no las perdemos, no las valoramos,

    ¡Saludos compañero!

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 02:28h, 19 marzo Responder

    Anselmo fue como un bálsamo de agua para todos animándoles y contagiándoles a bailar. Con tu relato le das un punto de felicidad y esperanza a tantas historias que están pasando por estos tratamientos tan duros.
    Me gustó mucho.
    Te aplaudo.
    Un abrazo

    • marcosplanet
      Posted at 16:16h, 21 marzo Responder

      Muchas gracias por tus palabras, Nuria. Así es, much@s son los afectados y un poco de música y alegría siempre vienen bien y todos lo valoran.
      Un abrazo.

  • Fernando
    Posted at 18:25h, 18 marzo Responder

    Muy bueno primo, un gran relato multimedia cautivador, motivador y esperanzador. La música elegida, por supuesto genial.

    Un fuerte abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 16:20h, 21 marzo Responder

      Qué sorpresa tan agradable el verte por mi blog, Fernando. Vuelve en más ocasiones. Estoy seguro de que si sacas unos minutos de tiempo podrás entretenerte también con otras historias.
      Me alegra que te haya gustado.
      Otro abrazo fuerte para ti.

  • Anabel Roldán
    Posted at 23:24h, 17 marzo Responder

    La música envolvía su alma y se enredaba en su cuerpo como una tela de araña…
    Muy buen relato, Marcos.
    Gracias por compartirlo y por incluir este temazo. La música es una excelente medicina para el cuerpo y la mente.

    • marcosplanet
      Posted at 15:19h, 18 marzo Responder

      Así es, Anabel, la música vista como mejor terapia contra los males que puedan salirnos al paso.
      Un abrazo.

  • eliom
    Posted at 19:25h, 17 marzo Responder

    Lo mismo que Rosa, mientras escribo escucho a Tom Jones, excelente todo, música y relato.

  • Rosa Fernanda
    Posted at 17:44h, 17 marzo Responder

    Maravilloso, hermano!!! Estoy escuchando a Ton Jones mientras escribo estas palabras, y mis pies se mueven, a punto de bailar…!!
    Qué bonito relato!!. Cómo logras meter al lector en la sala de espera, inundada de un ambiente desinhibido y esperanzador !!.

    • marcosplanet
      Posted at 16:36h, 18 marzo Responder

      Muchas gracias, me encanta que te haya gustado y que te invite a moverte al ritmo de la canción… y del relato.
      Un abrazo grande.

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