RADIOVIAJEROS EN PALENCIA: UN FIN DE SEMANA POR TIERRAS DE ENSUEÑO.

El arte románico, cuevas que hipnotizan y un Geoparque de orden mundial.

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Preliminares.

Con los 22 compañeros de @Radioviajera he tenido el privilegio de visitar Palencia, tierra de fenomenología geológica incomparable, de restos milagrosamente bien conservados del románico y lugar que guarda tesoros más o menos escondidos que hemos ido descubriendo con este grupo de magnífica gente amantes todos del arte de escribir y de la gozosa práctica de viajar.

Antes de nada un apunte, y es que hemos visto la Catedral de Palencia en restauración, sin poder visitarla. Las obras consistirán en la reconstrucción del cuerpo central de la fachada occidental, del sistema de bóvedas interiores y completar la remodelación de capillas de la girola junto con las de la Virgen Blanca y San Miguel.

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La “gárgola fotógrafa”, elaborada en los trabajos del arquitecto Jerónimo Arroyo, durante las obras de restauración de la Catedral tras el terremoto de Lisboa de 1755.

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El exterior de la catedral es sobrio y muestra fachadas desnudas, sólo rotas por la riqueza de algunas de las portadas y el atractivo volumen decorado del ábside.

Todo ha sido organizado por la gran cadena de radio @Radioviajera, #laradiodelosviajes, la primera radio temática de viajes en español. En nuestra programación podrás escuchar a más de 50 de los mejores bloggers de viajes del mundo. Y podrás deleitarte con las mejores recomendaciones sobre qué ver, que hacer y que sentir en cada rincón del mundo.

El románico en Frómista.

En este post me voy a centrar en la interesante ruta del románico que hicimos por el pueblo de Frómista y la visita al tesoro que es la reserva natural del Geoparque de Las Loras, una llanura amplísima que hace más de 200 millones de años estuvo cubierta por un océano del periodo prehistórico miocénico.

Emprendemos un paseo evocador por el románico palentino dentro de un área geográfica privilegiada como es Palencia, que ofrece la concentración de monumentos románicos más importante de Europa.20180915_091111

Visitamos en la localidad legendaria de Frómista una bella muestra: el templo de San Martín de Tours, fundado en el año 1100 (algunos afirman que fue en el 1066). Situado en pleno Camino Jacobeo, el pueblo de Frómista exhibe esta joya: la iglesia del monasterio benedictino que fundara doña Mayor, condesa de Castilla y viuda de Sancho III el Mayor rey de Navarra.

En el año 1118 Frómista pasó a depender del priorato benedictino de San Zoilo, en Carrión de los Condes. Los monjes lo abandonaron en el siglo XIII y lo cedieron al conde Don Juan Gómez de Manzanedo. Tras cambiar de mano en varias ocasiones durante la Edad Media, y tras su definitiva separación del monasterio, la iglesia sufrió diversos añadidos durante el siglo XV.

El templo fue deteriorándose de forma progresiva y esto motivó que a finales del siglo XIX fuese declarado inadecuado para el culto.

Portadas y ventanales con arquivoltas sobre columnas rematadas por emblemáticos capiteles de la mejor calidad ofrecen una enorme variedad de formas.

Cincuenta capiteles nos saludan con imágenes costumbristas y religiosas. El estilo de Frómista representa la plenitud del modelo Jaqués. Junto con Santiago de Compostela, San Isidoro de León y Jaca representa la cumbre del arte románico español del S XI. El modelo jaqués es un tipo de ornamentación de finales del siglo XI basado bien en cuadrados (llamados “tacos”) o bien en rectángulos (llamados “billetes”), unos hundidos y otros salientes dando lugar a sombras que simulan un tablero de ajedrez. Merece la pena detenerse a observar los capiteles dedicados a la historia de Adán y Eva, o a la fábula de “La zorra y el cuervo”.

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Maqueta que representa el estado de la iglesia de San Martín en el momento de acometer su restauración.

La iglesia de San Martín fue desmontada y reconstruida a finales del s. XIX por el arquitecto Manuel Aníbal Álvarez y Amoroso, transformando estructuras y rehaciendo las zonas derruidas por el paso del tiempo. En la actualidad da la sensación de ser una obra recién terminada.

A Frómista hay que volver las veces que sea necesario para saborear su belleza y admirar el resultado de esa restauración minuciosa. Es una grata experiencia dejarse llevar por el ligero frescor que encierran sus muros cargados de historia y el eco imaginario de las gentes de otros tiempos que rindieron aquí su culto.

Iglesia de San Pedro.

Sin salir de Frómista llegamos a la iglesia gótica de San Pedro, del siglo XV donde nos sorprende sin embargo una bella portada renacentista trazada por Juan de Escalante en 1560. En el interior, el templo se divide en cinco tramos y tres naves. Su retablo mayor fue diseñado en 1636. Destaca el llamado Grupo del Descendimiento, de la escuela castellana de Valmaseda y dos imágenes esculturales de San Pedro y San Pablo. Esta iglesia aloja el Museo Parroquial, que expone 29 tablas hispano-flamencas del S.XV las cuales fueron sustraidas de la Iglesia de Santa María del Castillo de Frómista como veremos después.

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La figura de San Telmo

En la iglesia de San Pedro fue bautizado Pedro González Telmo (1185-1246), más conocido hoy como San Telmo, uno de los patrones marineros cuyo origen parece estar en la Frómista del siglo XIII.

Fue sobrino del obispo de Palencia y orientado por este hacia la vida religiosa. Aparte de un gran orador, se dice de él que era un joven excesivamente orgulloso al que el destino sometió a una cura de humildad: sufrió la caída de un caballo en un acto público. Debido a esto, su vida cambió.

Telmo ingresó como monje dominico y tras haber sido confesor del rey Fernando III, predico su mensaje evangelizador por Galicia, donde muere a mediados del siglo XIII. Poco después empezaron a circular historias sobre los milagros ocurridos tras su invocación por marineros y pescadores, que decían ver su figura entre las ráfagas luminosas que aparecen durante las tormentas sobre los mástiles. Es patrono de Frómista y también de Tuy (Pontevedra). Ambas son ciudades hermanadas.

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Santa María del Castillo.

Este templo no es sede eclesiástica en la actualidad. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1944 pero ha estado años cerrado y para rehabilitarlo se creó la fundación homónima. En esta iglesia gótica se proyecta el montaje audiovisual “Vestigia, Leyenda del Camino” que nos muestra en tres dimensiones las leyendas más reseñables del Camino de Santiago y los tesoros que guardaba el templo. Este contaba con un magnífico retablo flamenco que en 1980 fue robado por Erick el Belga, “afamado” ladrón de arte en la Europa del siglo XX.

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Posteriormente se consiguió recuperar el retablo y en la actualidad se puede ver (desmontado) en el museo de la anteriormente comentada iglesia San Pedro. Del tal Erik, cabe decir también que fue pintor y restaurador. Sus memorias han sido publicadas en un libro llamado “Por amor al arte”.

Frómista es un lugar que reúne dos recursos de gran importancia, como son el Camino de Santiago y el Canal de Castilla. En las afueras del pueblo se encuentra una de las esclusas más importantes del Canal de Castilla, una red de canales del siglo XVIII de más de 200 kilómetros de longitud que se construyó para comunicar por vía fluvial los centros de producción de cereal castellanos y leoneses con el Mar Cantábrico.

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Por Frómista pasan los peregrinos que llegan de Boadilla del Camino en dirección a Carrión de los Condes como parte de la etapa 15 del Camino, la “Ruta de las estrellas”. Y es que el ser humano ha buscado siempre un sentido a su vida y en la Antigüedad, antes de conocerse la incuestionable forma esférica de La Tierra, la gran pregunta era sobre dónde se terminaba el Mundo, por dónde se entraba al Paraíso o cuál era el lugar que daba acceso al Cielo.

Es de todos conocido que el fin del Mundo admitido por entonces era Finisterre y estaba indicado por el Camino de las Estrellas: La Vía Láctea.

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El Camino de las Estrellas, es el “Mapa escrito en cielo” que guia a los peregrinos en la noche de manera infalible, hacia el “Finis Terrae”.

“Tierra de Campos”.

Estamos en Tierra de Campos, una comarca natural situada en la comunidad autónoma de Castilla y León, que se extiende por las provincias de Palencia, Valladolid, León y Zamora. Es zona de especial importancia para el Reino Visigodo debido a que el grueso de la población visigótica se asentó primeramente en esta comarca a fines del siglo V.

Estas tierras muestran bellos contrastes: grandes planicies sin montes ni valles, con elevaciones pequeñas y suaves. Enmarcando esta llana superficie se levanta una cadena de elevados montes de la época Miocénica del período Terciario, cubiertos por una capa de terreno nutritivo y laborable; y en el centro, encontramos la laguna de La Nava, un resto del mar miocénico que aquí existió hace más de 200 millones de años.

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EL GEOPARQUE DE LAS LORAS.

La  comarca de Alto Campoo (66 kilómetros desde Fròmista), es un altiplano que fusiona el norte de Palencia con Cantabria a través del Valle del Besaya. Es uno de los rincones más auténticos de la geografía española . Un lugar marcado por valles de perfiles suaves y montañas de perfiles rocosos que sirven de antesala a las alturas de la Cordillera Cantábrica. Estamos a un paso del Geoparque de las Loras. El primero de Castilla y León reconocido por la UNESCO.

También ofrece al viajero la posibilidad de visitar las iglesias rupestres de la zona como la de Santa María de Valverde, San Pantaleón en La Puente del Valle o la de Campo Ebro.

Ubicación del Geoparque

Ante todo, decir que un geoparque es un espacio natural que contiene varias áreas de interés geológico donde se pueden estudiar aspectos interesantes de la etnografía de la zona, la ecología o la cultura. El geoparque de Las Loras, ocupa más de 1000 km cuadrados del norte de las provincias de Burgos y Palencia, abarcando dieciséis municipios en unas tierras tan bellas como desconocidas donde la espectacular estructura geológica alberga un formidable patrimonio natural. Grandes páramos calizos formados a lo largo de 250 millones de años, a casi 1.000 metros de altitud, atravesados por llamativos cañones fluviales dominan un entorno de ensueño. Rodeadas de frondosos bosques y ríos se alzan las planicies o Loras, fortalezas naturales que esculpen grandes “mesas” o cerros elevados, fortalezas pétreas que se asoman a páramos calizos: el relieve residual de enormes sinclinales colgados  del Mesozoico. Es probable que el término “Lora” proceda del latín “lauris-laura” (laurel) o el árabe Lawra.

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La cueva de los franceses.

Recibe este nombre por los restos humanos encontrados en ella y que la tradición atribuye a  soldados franceses muertos en la batalla del Páramo de Lora durante la Guerra de la Independencia hacia el año 1808.

La cueva se encuentra en Revilla de Pomar, muy cerca de Aguilar de Campoo. Está incluida en el Geoparque en pleno espacio protegido de Covalagua con 2860 hectáreas de extensión. Covalagua es una surgencia que da origen al río Livia y toda el área es un excelente ejemplo de formación kárstica.

La cueva ofrece un recorrido iluminado que la hace visitable y está estudiado para no dañar nada del interior. Cuenta con más de 400 metros de pasarela instalada mediante fijaciones que respetan ese entorno. Se halla bajo el suelo del páramo de la conocida como Lora de Valdivia y se encuentra dotada de una iluminación artificial productora  de imágenes y sombras que parecen sacadas de sugerentes leyendas.

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Junto a la entrada a la gruta, desde el mirador de Valcabado se domina una vista impresionante sobre el Valle de Valderredible y la reserva de ciervos de Covalagua. Entre la vida vegetal que enriquece la zona nos sorprenden bosques de hayas, tejos y quejigos, que se extienden por todo un paraíso de microclima fresco y húmedo. Es el hogar de ciervos, zorros, jabalíes y lobos, vigilados desde el aire por el vuelo silencioso del águila real, halcones peregrinos, gavilanes o azores. También puede observarse parte de la Reserva Geológica de las Loras.

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Mirador de Valcabado

Desde el mirador de Valcabado parte una ruta corta señalizada que conduce hasta el pozo de los Lobos, una trampa que se utilizaba hace años  para atraer a estos depredadores.

A 1,5 kilómetros de la cueva, se encuentra el Menhir de Canto Hito, un monolito de piedra caliza de 3,25 m de altura puesto allí por el hombre hace 3.000 años con alguna función hoy desconocida. Es evocador perder la mirada en esta vista panorámica. Millones de años han dejado huella en unos parajes que fueron habitados por nuestros antepasados desde el Neolítico.

Y en el mismo camino de acceso a la gruta un desvío permite adentrarse en el valle de Covalagua, un paraíso de verdor que engalana y enriquece la aridez de las planicies que lo rodean.

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Cuevas, cortados calizos, fallas y abundantes cascadas comparten espacios con pequeños pueblos que transmiten la esencia del mundo rural castellano y que guardan grandes tesoros en forma de ermitas rupestres, iglesias románicas y una arquitectura popular conservada con mimo.

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Pero también se puede optar por el turismo literario, el más reposado de todos. Lo más sencillo: alquilar una casita rústica en uno de estos pueblos y dedicarse a la lectura acompañándola eso sí con alguna ruta por el valle.

De todos modos, no te olvides de pasar por Sedano. Allí está la casa de Miguel Delibes, que tanto amaba estas tierras y donde tan buenas obras escribió. En su memoria se hizo el Centro de Interpretación del Valle de Sedano Miguel Delibes.

Ver https://www.siempredepaso.es/que-ver-cueva-de-los-franceses-palencia/

Y esto es todo por ahora. En próximos reportajes seguiré hablando de estas tierras tocadas por la belleza de la naturaleza más benévola. Merece la pena acercarse, disfrutarlo y recordar hasta el último de sus rincones.

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VALLES EN EL FILO DEL MUNDO. NATURALEZA QUE PALPITA.

Las Merindades de Burgos: cinco maravillas.

Recorremos cinco de los veintisiete municipios de esta comarca que palpita. Bendecida por la montaña kárstica, el río Ebro y su profusa vegetación, las Merindades nos ofrecen rutas de ensueño como la de las Iglesias rupestres, ermitas excavadas en piedra que nos trasladan a otra era y otros mundos.

Las Merindades son una de las diez comarcas burgalesas de la comunidad autónoma de Castilla y León. Esta región recoge el origen del condado castellano.

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Extensiones geográficas únicas configuran la comarca: la meseta castellana, el valle del Ebro y la cordillera Cantábrica, situándose en esta última la elevación más alta: Castro Valnera (1718 m) en Espinosa de los Monteros, con neveros naturales encerrados en el fondo de cavernas hundidas. La zona nos revela abruptos relieves con casas aisladas de pasiegos.

Un coro celestial nos acompaña:

Avistar la entrada a Orbaneja es toda una experiencia para los sentidos: el sonido del viento en las copas de los nogales centenarios, las aguas del Ebro rumoreando a nuestra izquierda, con vitalidad cristalina que palpita, junto a robles y hayas cubiertos por el azul intenso del cielo castellano.

Por estos lares planean orgullosas las águilas perdiceras y las reales, los buitres leonados y el halcón peregrino, volando a 250 kilómetros por hora, un hecho que le otorga el mérito de ser una de las aves más veloces de la Tierra.

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Entrada a Orbaneja bajo la muralla natural de roca.

Hoces del Ebro y Rudrón.

Como ya apuntamos en un post anterior, Orbaneja del Castillo se sitúa dentro del Espacio Natural de Hoces del Alto Ebro y Rudrón, zona de tránsito de un antiguo camino de Santiago, por lo cual los Templarios alzaron el hospital y convento de San Albín.

Nos rodea un valle que palpita coronado por crestas de caliza kárstica que semejantes a almenas; algunos dicen que de ahí procede el nombre del pueblo.

Es curioso el parecido de uno de los arcos rocosos con la silueta de dos camellos que se estuvieran besando. Hay una especie de gigantesco ojo natural en una cresta que siguiendo su contorno nos traslada al mapa de África.

Esta extraordinaria pieza musical contribuye a crear un fondo épico que nos envuelve:

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“Beso de los camellos”

 

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Farallón de roca caliza del karst de Orbaneja.

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Profundos valles flanqueados por desfiladeros y cortados de pendiente pronunciada abren paso a los ríos Ebro y Rudrón, en contraste singular con los amplios páramos casi planos de niveles superiores, donde la panorámica nos transporta visualmente hacia diáfanos horizontes.

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El río Ebro a su paso por Pesquera. Hoces del Ebro y Rudrón.

El principal río subterráneo del complejo kárstico de Orbaneja es utilizado para el abastecimiento público de aguas y cubre con su pátina de irrealidad cualquier espacio que su fluir bendice.

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Cascada que mana de “la Cueva del Agua”, en Orbaneja.

La Cueva del Agua es el principal afloramiento de las profundidades de este acuífero subterráneo que palpita en forma de torrente superficial, depositando tobas calcáreas y sobre el que está construida gran parte de la localidad. Tras recorrer parte del pueblo y ser canalizada la corriente hacia un antiguo molino, se precipita formando una espléndida cascada que desciende rápidamente hacia el río Ebro.

Ojo Guareña: una cueva que palpita entre las rocas.

Seguimos trayecto hacia Sotoscueva, a 7 km. El complejo kárstico de Ojo Guareña, que contiene más de 110 km de galerías intercomunicadas, fue declarado Monumento Natural en el año 1996.

Qué bonitos acordes nos bendicen:

En Sotoscueva se encuentra La Cueva y Ermita de San Bernabé, muy conocida en las Merindades. La ermita está excavada en una de las entradas al complejo kárstico de Ojo Guareña aprovechando la existencia de la gigantesca cueva. Las visitas están organizadas en grupos limitados, un cómodo recorrido de 400 metros que finaliza en la Ermita de San Tirso y San Bernabé. También se puede visitar la llamada Cueva Palomera.

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Monumento Natural de Ojo Guareña. Ermita de San Tirso y San Bernabé.

Arropadas por una cadena montañosa donde se pueden contemplar desfiladeros, barrancos y los ríos Guareña y Trema, nos sorprende el llamativo aspecto de la entrada a la cueva de Ojo Guareña, por donde se accede a la ermita rupestre. Tras una centenaria erosión de las rocas calizas debida al avance de las aguas del río se han formado seis niveles de galerías por donde las corrientes han ido modelando el Complejo.

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La mágica Ermita rupestre.

A este complejo kárstico lo llaman Ojo Guareña por la perforación subterránea en forma de ojo gigantesco debida a la erosión del río Guareña al entrar con fuerza en las profundidades de la roca y discurrir durante siglos.

Es fácil imaginar la leyenda que arrastra y el misterio que palpita en estos lugares: reuniones de brujas, ritos relacionados con el agua y figuraciones sobre el bien y el mal o apariciones de santos. Todo ello le proporciona una simbología mágica a la que contribuye la portentosa pared de piedra horadada donde se asienta la Ermita de San Bernabé. Aquí parecen convivir devociones cristianas con los poderes grandiosos de la naturaleza.

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Interior de la ermita rupestre de San Tirso y San Bernabé, con pinturas del año 1705 que cuentan el martirio de San Tirso.

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Llama la atención un espacio rupestre como este, convertido en templo, donde el cerramiento artificial está integrado perfectamente con los techos y paredes de la gruta. Al final de la nave hay un altar con una estancia dotada con un balcón que permite oficiar misa al aire libre en la celebración de la Romería.

Últimas notas que nos acercan a los misterios de esta tierra sagrada:

Quedan aún muchos lugares que describir y descubrir de las Merindades y los reservamos para un futuro post sobre esta provincia de Burgos que posee un paisaje bañado por la magia que el padre Ebro va dejando tras sí.  En su curso bravío e imparable, este poderoso caudal ha excavado cañones imposibles entre paredes verticales de un gran impacto visual y que parecen transmitirnos mensajes sobre vivencias de las gentes de otros tiempos.

Rutas Turísticas próximas a Orbaneja.

SENDAS PROFUNDAS: PLASENCIA, VÍA DE LA PLATA.

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Sendas cautivadoras por la Lusitania romana.

Dijo Miguel de Unamuno:

–“Si en todas partes del mundo el hombre es hijo de la tierra, en Las Hurdes la tierra es hija de los hombres”.

Vamos a asistir recorriendo estas sendas únicas a un encuentro con la esencia de la madre naturaleza, una aventura que nos envolverá en su impredecible pero cálido manto, regalándonos imágenes incomparables, lo que en época romana un poeta desconocido apuntó como “Omnis tradiderunt arma dabo tutela matris natura”, Todos tienden los brazos para dar protección a la madre naturaleza.

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Plasencia, ciudad amurallada desde el año 1200 d.C.

Sendas de la Vía de la Plata.

Nos situamos a unos cinco kilómetros del centro de la ciudad de Plasencia (Cáceres, Extremadura, ESPAÑA), en la dehesa de Valcorchero, un conjunto de peñascales y alcornocales ungido desde las alturas por el aire puro que hasta allí baja desde el puerto montañoso. A éste conduce un centenario camino que unía la ciudad con la milenaria y romana Vía de la Plata. Abordamos la senda hacia el santuario de la Virgen del Puerto, que nos saluda desde su estructura de distintas épocas; sus cimientos más antiguos datan del siglo XV mientras que otros remates fueron obrados en pleno s. XVIII.

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Santuario de la Virgen del Puerto. Podemos contemplar el valle del Jerte al fondo, con la Dehesa circundante.

Plasencia es desde el siglo XIII una referencia para el comercio castellano, con su histórico mercado de ganaderos, agricultores y artesanos organizado en la plaza mayor, lugar de tradicional celebración el primer martes de agosto que nos trae voces de otro tiempo, cuando viajar a pie era propio de todo ciudadano, no sólo del peregrino, y los comerciantes atraían al placentino al mercadeo.

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Catedral “nueva” de Plasencia, comenzada en 1498 y continuada a lo largo del siglo XVI. Gótico-renacentista.

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Catedral Vieja o Iglesia de Santa María, ofrece dos edificios solapados de distintos estilos, transición del románico al gótico.

De la plaza parten rúas que conducen a las puertas de la ciudad. No cuesta imaginar a los vendedores y artesanos ocupando una rúa o parte de ella vendiendo miel de cerezo, castañas, artículos de piel curtida o artesanía de la madera.

Una melodía evocadora nos acompaña:

En Plasencia encontramos calles empedradas, fachadas monumentales y estrechos rincones por donde parece que en cualquier momento nos saldrán al paso ciudadanos del antiguo Imperio romano, que estableció en Plasencia un campamento militar permanente.

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Una fachada singular en la plaza de Plasencia

Regada por siete ríos que bautizan con su nombre a sus valles, las sendas de esta comarca de Las Hurdes nos acercan a un magnífico ecosistema de hondonadas espesas por la profusa presencia de vida vegetal. Abundan pinos, madroñeras, castaños centenarios y olivos, especies que alimentaban con su extracto y fruto a los romanos. Fue en el año 74 d.C cuando tuvo a bien el emperador Vespasiano otorgar a Cáparra (antiguo asentamiento imperial en la zona) el estatus de Municipium.

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El origen del acueducto no es romano sino medieval y se construyó en el siglo XVI como sustituto de otro del siglo XII. Recogía aguas de manantiales serranos mediante tubos de barro que la conducían hasta la ciudad.

Lindando con  la muralla se yergue majestuoso el acueducto medieval, que abastecía la ciudad con el agua procedente de la sierras de Cabezabellosa y El Torno. Construido en el siglo XVI, hoy se halla integrado en el corazón placentino. Cuenta con 200 metros de longitud y más de 50 arcos de medio punto lo conforman.

El rio Jerte discurre engalanando la ciudad a su paso, recogiendo aguas de gargantas abiertas en cimas dominantes. Parten de la cabecera del conocido valle del mismo nombre como la garganta de San Martín, que se abre paso bajando por el puerto de Tornavacas hasta las inmediaciones de la propia ciudad.

Los pobladores  del imperio romano dejaron un legado monumental y cultural impresionante. Entre esas maravillas está la red de calzadas, que enlazaban con el resto de la Península, auténticas autovías del mundo antiguo:

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Nos despedimos de Plasencia admirando el lema de la ciudad grabado en el escudo otorgado por su fundador Alfonso VIII  «Ut placeat Deo et Hominibus» , “para agradar a Dios y a los hombres”.

Sendas cargadas de historia.

Esta arteria ancestral que es la Vía de la Plata que enlaza el sur con el norte ibérico, ya existía según algunos en el período de Tartessos,  a finales del siglo II A.C. nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de Occidente y que ubicaban en el suroeste de la península ibérica.

El historiador Eforos (Escimno, 162) escribe que la capital Tartessos estaba a dos días de viaje (1.000 estadios) de las columnas de Hércules (Gibraltar), no muy lejos de un punto de paso de las montañas del Sistema Central: el Valle del Jerte.

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Vamos camino de Zarza de Granadilla pasando antes  por Oliva de Plasencia, donde la calzada romana separa los municipios de Guijo de Granadilla y Oliva. Aquí su itinerario se cruza con el Camino de Santiago.

La imperial ciudad de Oliva se atribuye a la época de Augusto, quien estableció los cánones fundacionales de esta nueva urbe.

Notas musicales de otras épocas nos susurran:

Visitada y habitada por una pléyade de pueblos prerromanos como los celtas, vetones y vacceos, durante el imperio Romano las legiones enclavaron en Oliva otro campamento militar, ligado a la Vía de la Plata, transformando esta en calzada romana.

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Las ruinas de Cáparra han mostrado su esplendor remoto durante siglos.

En estos parajes se hallan las ruinas de Cáparra, un tesoro arquitectónico romano de esta emblemática ciudad de los césares, el Municipum Flavium Caparense. Actualmente las excavaciones de las ruinas corresponden a espacios del término de Oliva de Plasencia, como las termas Flavias, el Barrio llamado Foro B, o la domus, excavada en 2010.

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Tetrapylon oTetrápilo, ligado al “dios de las puertas” romano.

Estos restos de Cáparra han mostrado su esplendor durante siglos, lo que ha convocado a multitud de curiosos y eruditos. Entre las ruinas despunta especialmente su elemento más atrayente por bien conservado: el Arco Tetrapylon, único en su género en la Península Ibérica.

Los Tetrápilos cuentan con una puerta en cada uno de los cuatro lados y solían construirse en la encrucijada de dos vías helenísticas perpendiculares. Estos arcos tienen un simbolismo relacionado con Jano, dios de las puertas (janua en latín), de las intersecciones o cortes, en general.

Es momento de escuchar melodías como esta:

Este hallazgo en Cáparra es particularmente frecuente en las ciudades capitales del oriente romano, donde veneraban las encrucijadas como fuentes de energía y cambio. Durante el período bizantino, algunos tetrápilos fueron considerados como símbolo de los cuatro evangelistas.

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Emblemas de los cuatro evangelistas. El ángel: Mateo. El león: Marcos. El buey: Lucas. El águila: Juan.

Según el poeta romano Ovidio, Jano abría o cerraba todo lo que había sobre la Tierra, controlaba tanto el cielo como el mar así como la rotación de la Tierra sobre sí misma. Dice que este dios mira a la vez a Oriente y Occidente consiguiendo equilibrar el cosmos. Jano miraba por una de sus dos caras hacia el solsticio de verano, que representaba la puerta de las almas que llegaban a la Tierra al nacer, y por la otra cara daba la bienvenida al solsticio de invierno, puerta por donde salían las almas de sus cuerpos físicos donde habían estado encarnadas, para transmutarse a otras dimensiones.

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Jano, el dios de las puertas, los comienzos, las transiciones y los finales.

Sendas por el valle del Ambroz.

Nos hemos trasladado a un excelente enclave: las proximidades del río Ambroz con la calzada de la Plata que atraviesa la ciudad abriéndose a un rico valle en tierras bajas. En estas hallamos productos de incomparable calidad agrícola (Valle del Ambroz), además de materiales como pizarra y granito, de uso diverso derivado de su pétrea naturaleza.

Por estas riquezas el lugar fue un punto suficientemente atractivo, no sólo para los intereses del Imperio en la zona sino también por los pueblos que aquí habitaron antes de la invasión de los romanos.

Lavandula

La lavándula florece con intensidad inusitada durante la temporada de primavera y cuando termina necesita de una buena poda. Así se obtiene un arbusto bello, fragante y con tonos de un verde grisáceo el resto del año.

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Tomillo blanco. Planta medicinal y culinaria abundante por estos valles.

Respiramos una atmósfera rica en la esencia de la lavándula, junto con la jara y el tomillo blanco. Qué versátil es esta planta de la familia de la menta o la salvia. Se utiliza como antiséptico, digestivo, para combatir los síntomas de la epilepsia o como cicatrizante y antibacteriano. El nombre se puede interpretar como derivado del latín “livere”, azulado.

Unos acordes épicos nos saludan:

Estamos adentrándonos en campos cubiertos por la Flor del Corpus, también llamada flor del Señor, galanita, hierba de San Juan, hierba sabia, lavanda o Nazareno de Jesús. Cualquiera de estas denominaciones son evocadoras de tiempos pretéritos.

Hacemos acto de presencia en Zarza de Granadilla, situado al norte de la provincia de Cáceres, entre los valles del río Ambroz y Alagón. Este municipio goza en las alturas circundantes de la presencia del roble y el castaño, y en el llano, de los alcornoques y las encinas.

Zarza de Granadilla posee una importante necrópolis visigoda con reliquias de piedra actualmente expuestas en el Museo de Cáceres. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es un edificio de mampostería con refuerzos de sillería en los ángulos, los estribos y la torre edificados en el siglo XVI. En él destacan unas bellas portadas adinteladas que nos acercan a los muros de la Epístola y el Evangelio.

En esta rica región que recorremos por sendas del valle del río Ambroz nos sorprenden deliciosos productos como el pimentón de Aldeanueva del Camino secado con humo, empleado en los productos derivados del cerdo ibérico. La ternera, los pimientos asados, también llamados ´zorongollo´y los platos acompañados de las setas gozan de gran fama. Vino de pitarra y aceite de oliva virgen son imprescindibles para maridar y tomar energía para continuar caminando por estas encantadoras sendas.

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La Red de Hospederías de Extremadura invita a descubrir los secretos gastronómicos que muestran la calidad y distinción de esta bella comarca.

Los fogones de Abadía, Aldeanueva del Camino, Baños de Montemayor, Casas del Monte, La Garganta, Gargantilla, Hervás y Segura de Toro aglutinan los secretos de una comarca radiante de vida en cualquier época del año.

Dejamos para un próximo post el trazado de otra senda que nos lleva a un lugar muy especial: el maravilloso pueblo de Guadalupe, condecorado con el título de “Primera Maravilla Rural 2017”.

¡Hasta la vista!

 

 

AGUAS QUE ALIMENTAN A GIGANTES

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Aguas salvajes en la cascada de la Cola de Caballo.

Nos adentramos de nuevo en aguas y tierras de hadas del pirineo aragonés para seguir disfrutando de senderos que nos hechizan y llevan nuestros pasos hacia las cadenas montañosas de más de 3.000 m de altitud llamadas Las Tres Sorores o Treserols. Son los Picos de Monte Perdido, Cilindro y Añisclo, llamado también Soum de Ramond.

El placer que supone para los sentidos caminar por cualquier ruta del pirineo aragonés nos anima a seguir sendas que entroncan con la esencia paisajística más pura que la naturaleza nos puede ofrecer: aguas espumosas en cascadas de ensueño, ríos caudalosos de transparencia azulada o bosques donde árboles gigantescos guardan el recorrido permitiendo que multitud de seres vivos enriquezcan el hábitat.

¿Qué buscamos?

Estamos buscando el Circo de montañas de Soaso en Ordesa, camino de la conocida cascada de la Cola de Caballo. Duración: 5 horas. Desnivel: 600 m. Longitud 17 km ida y vuelta. Ruta fácil.

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Ponemos rumbo a la cascada de la Cola de Caballo saliendo de Torla en autobús (20 minutos) hasta la Pradera de Ordesa, un entorno idílico que merece la pena disfrutar, tanto en familia como en grupo o en solitario. Aquí se muestran los horarios del bus, aunque la ruta se puede hacer a pie tras recorrer 8 km en unas dos horas y media. En Semana Santa, del 1 de julio al 11 de septiembre y algunos otros puentes festivos, está cerrado el acceso con vehículos al aparcamiento de la Pradera y hay que utilizar el autobús.

De cualquier manera esta exhibición de la naturaleza es la expresión de una poesía silenciosa que captura los sentidos. Discurre en su totalidad por el Cañón de Ordesa, de origen glaciar, cuyas paredes conforman murallas rocosas de 800 metros enseñoreándose de los caminos.

Siguiendo el curso del río Arazas se toma la senda señalada como <Cascadas del Estrecho, Gradas de Soaso, Cola de Caballo-Refugio de Goriz> donde el bosque de hayas, pinos y abetos nos envuelve para dar un paseo placentero.

Deleitamos los oídos en estos instantes de magia:

Si se prefieren emociones más fuertes se puede tomar la Senda de los Cazadores, que conduce hacia la parte más elevada del murallón rocoso, con una panorámica diferente que nos asombrará de igual forma. Es una senda más exigente, con un desnivel de 600 metros que se salva en hora y media subiendo sin tregua. El trayecto finaliza en la Cola de Caballo. Hay quien opta por ir por un lado y volver por el otro.

Alcanzamos tras un recodo la onírica cascada de Arripas:

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Continuamos en ascenso y llegamos a una bifurcación que conduce por la derecha a la cascada de la Cueva a través de un pequeño sendero descendente que dejamos para visitar más tarde y nos encaminamos hacia las caídas de agua del Estrecho, un derroche del poder que acumulan los torrentes cristalinos.

Después de alcanzar estos espectaculares saltos de blancas espumas de agua pura hay que descender hasta la orilla misma del río Arazas y contemplar en primer plano la incomparable belleza.

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Cascada del Estrecho. Valle de Ordesa.

Desde el pequeño mirador arropado por los pinos observamos todo un espectáculo visual, mejor en vídeo:

Continuando el ascenso, poco más tarde nos situamos ante las gradas de Soaso, una prodigiosa serie de saltos de agua, imágenes que permanecerán para siempre en la retina:

Se trata de una sucesión de múltiples caídas de agua escalonadas que discurren hasta las cascadas antes mencionadas del Estrecho y la Cueva, esculpiendo toboganes serpenteantes sobre la roca caliza.

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Espectáculo visual.

Las aguas parecen recoger en su interior todos los tonos del intenso azul celeste sumados a la mezcla cromática propia de estos ríos al arrastrar en disolución minerales como la fluorita, la galena argentífera o la siderita. Es ahora cuando los siguientes acordes exaltan nuestros sentidos:

Tanto  el  recorrido  como  el  lugar  en  donde  ahora  estamos,  se  encuentran situados dentro del Sistema  Pirenaico y más concretamente en el Surpirineo Central, entre afloramientos de los materiales mesozoicos del período Cretácico.

Estos materiales forman parte del Manto de Gavarnie. El macizo calcáreo más alto de Europa. El Monte Perdido tiene 3.355 metros y su escarpado relieve ha inducido el crecimiento de una enorme diversidad de ecosistemas del territorio español, dando cobijo a muchas especies endémicas del Pirineo.

Subiendo entra peñascos y siguiendo un trazado en zig zag alcanzamos una panorámica extraordinaria, digna de figurar en cualquier película fantástica: el circo de Soaso, una formación de montañas de más de 3.000 metros de altura, formada por calizas, pizarras y cuarcitas de la era secundaria y  terciaria.

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Las poderosas laderas rocosas recogen las aguas del deshielo y podemos ver brillar el sol sobre la caída de numerosos torrentes que nos embelesan, desde estrechos hilos de agua hasta formaciones en cascadas interminables desde su nacimiento entre las cumbres:

Nos tomamos un momento de relax para el refrigerio junto a las aguas del río que discurre recibiendo caudal procedente del Monte Perdido, el Cilindro de Marboré y el Añisclo, las Tres Sorores.

Aguas de leyenda

Aunque hay varias versiones, resumo una leyenda más que improbable sobre tres hermanas cristianas que preparaban su matrimonio con tres mozos de su poblado en los valles de la provincia de Huesca: Los godos invadieron la aldea y tomaron a los hombres como prisioneros mientras que las mujeres huían a los bosques y no volvieron hasta que finalizó la escaramuza.

Allí no encontraron ni a sus padres ni a sus prometidos pero sí a un godo herido al que ayudaron a curarse haciéndole prometer que les ayudaría a rescatar a sus seres queridos apresados. El godo faltó a su palabra y al alcanzar su campamento les dijo que tanto el padre como los novios habían renunciado al cristianismo y se habían casado con mujeres godas, cuando en realidad habían sido asesinados. Pues también ellas decidieron permanecer con los godos y con tres de ellos se casaron. Esto hizo que se apareciera el espectro del padre para recriminarlas y avergonzadas se retiraron a las montañas para vivir en soledad.
Hasta allí las persiguió el espectro que provocó un enorme vendaval acabando con la vida de las hermanas cubriéndolas de nieve y piedra, dando origen a las tres montañas de Monte Perdido, el Cilindro de Marboré y el Soum de Ramond o Pico de Añisclo. Son las tres Sorores (hermanas, en latin).

Aguas que alimentan a gigantes

Sucumbiendo al hechizo de este enclave de otra era, observamos a nuestro alrededor abundantes cursos de agua enriqueciendo los pastos que sirven de alimento a las vacas:

Y alcanzamos el final del trayecto a 1755 m de altura, la espectacular cascada de Cola de caballo emergiendo entre la Punta Tobacor y el Macizo del Monte Perdido:20180703_14562720180703_14564720180703_14573320180703_14575120180703_15000820180703_15032120180703_150801Es un salto de aguas bravas que se abre en forma de abanico blanco que recuerda a una gigantesca cola de caballo acariciando la ladera y deslizándose rocas abajo. Sobre ella se adivina la presencia del refugio de Góriz, lugar donde se inician las ascensiones al Monte Perdido.20180703_145806

El vídeo muestra todo el esplendor de la naturaleza viva:

Sin salir del pirineo aragonés, los siguientes pasos nos llevarán por un recorrido de leyenda atravesando el cañón de Añisclo, el espléndido valle de Otal y los pueblos de Torla, Broto y Ainsa, un auténtico legado histórico.

VALLE DE ORDESA: UN MILAGRO DE LUZ Y COLOR

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El pico Mondarruego, (2847 m) dominando el valle. Vista desde Torla, provincia de Huesca.

Iniciamos un recorrido en plena naturaleza por los parajes incomparables de Torla en el valle de Ordesa, el mágico pirineo aragonés. Encontramos en Torla un pueblo de otro tiempo en plena comarca del Sobrarbe, instalado en la falda del macizo montañoso donde el pico Mondarruego es un espectacular ejemplo de belleza.

Torla ofrece un entramado de calles que parecen haber permanecido inalteradas al cabo de años en una zona privilegiada en cuanto a su biodiversidad, una ubicación que es referencia entre todos los municipios y mancomunidades del valle.

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Llama la atención por su perfil recortado en el horizonte la Iglesia del s. XVI, que otorga un tinte medieval muy particular al poblado. Junto a la iglesia, la abadía (que ocupa el espacio del antiguo castillo), hoy dedicada a Museo Etnográfico.

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Asomarse a cualquier ventana con vistas a la montaña es una experiencia digna de ser disfrutada. Pinares repletos de verdor, hayedos y humedales sin fin… nos rodean y saludan en este encuentro con uno de los ambientes más puros y sugestivos de la geografía nacional.20180702_21020920180702_160207

Merece la pena adentrarse en el sotobosque, en la ribera del río Ara, en la confluencia de este con el río Aza en el municipio de Torla y en su unión con el río Cinca en Ainsa, uno de los pueblos más bonitos de España. Es la ruta marcada por el sendero de gran recorrido GR-11 la que nos permite realizar gran cantidad de trayectos entre Torla y el valle de Bujaruelo.

Torla se encuentra en el valle glaciar del río Ara, junto a la confluencia de los valles de Bujaruelo y Ordesa. Bajamos desde Torla hacia el río Ara con intención de llegar a la Pradera de Ordesa por el camino de Turieto bajo. Lo primero que se ve es el puente de la Glera. De origen medieval, ha sido reconstruido para adaptarlo a las necesidades actuales pues da acceso a un camping próximo, incluso ha sido reforzado mediante una nueva arcada para resistir mejor el torrente desatado del río Ara.

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El camino de Turieto desde Torla hasta la pradera de Ordesa es una experiencia vivificante para los sentidos. Los helechos, hayas, abetos y bosques de ribera donde encontramos sauces, abedules, fresnos o avellanos, nos acompañan en este recorrido encantado donde respiramos pureza entre el frescor de la vegetación húmeda.

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En cualquier momento pueden aparecerse figuras mágicas entre piedras verdeantes de musgos y laderas que amarillean con los líquenes, una muestra más de la naturaleza feraz del entorno.

Nos rodean algunas masas de abedul (Betula pendula) y dos tipos de matorral bajo: rododendro junto al arándano en las zonas umbrías y húmedas conviviendo con el enebro yel  brezo. Por otro lado encontramos la uva de oso y la sabina rastrera en las zonas menos tocadas por el manto del agua y más bañadas por el sol. Sobre los 2.200 m. se extienden las tascas o praderas alpinas formadas por plantas herbáceas muy demandadas como pasto de verano.

Es buen momento para escuchar unos acordes de magia en las ondas:

En las elevaciones por encima de los 2.500 m. la roca desnuda se muestra esplendorosa, adornada por curiosas plantas propias de neveros y canchaleras, la mayoría procedentes de especies antecesoras como reliquias de otra era.

Entre las flores hay algunas protagonistas de leyendas como el edelweiss o flor de nieve, la azucena del Pirineo (Lilium pyrenaicum), las gencianas, jacintos, hepáticas (Hepatica nobilis), malvas (Malva moschata), nomeolvides (Myosotis alpestris), narcisos y otras muchas. Escuchemos sones de partituras que nos transportan al bosque y a la expresión viva de la naturaleza radiante:

En el Parque nacional de Ordesa encontramos varias especias exclusivas en el pirineo como la oreja de oso (Ramonda myconi) una reliquia de eras antiguas que sobrevivió a los hielos, la corona de rey (Saxífraga longifolia) que florece una sóla vez en su etapa vital en forma de un radiante ramillete de flores blancas y la grasilla (Pinguícula longifolia), planta carnívora que atrae a sus presas con el verde luminiscente de sus hojas. El Parque discurre en su totalidad por el Cañón de Ordesa, de origen glaciar, cuyas paredes se alzan a más de 800 metros desde el fondo del valle.

Esta melodía nos sumerge en el encantamiento seductor del paisaje que nos rodea:

Actualmente el Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido disfruta de diferentes figuras de protección aparte de ser Parque Nacional: en 1977 fue declarada Reserva de la Biosfera, en 1988 Zona de Especial Protección para las Aves y en 1997 se convirtió en Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Este Parque se reparte entre los términos municipales de Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla-Ordesa y Broto. Con una media de más de 600.000 visitantes al año, hay que destacar lo bien cuidado que está y la prevención con que lo guardan.

Una cascada de ensueño nos sorprende:

El río Ara nos regala una panorámica colorista plena de azules verdosos entre la turquesa y la esmeralda. A él podemos llegar desde Torla fácilmente bajando las rampas de acceso que son empedrados naturales por donde se camina bajo un túnel de hiedra.

Desde su nacimiento en los glaciares de alta montaña del Vignemale (3.298 m), hasta su desembocadura en Aínsa, el Ara es una de los pocas corrientes fluviales del Pirineo aragonés que no ha sido modificada por la actividad del hombre. Ninguna presa ha sido construida para interrumpir su curso.

El Ara dibuja un recorrido de norte a sur por el esplendoroso valle de Bujaruelo y la Garganta de los Navarros (donde se une al río Arazas procedente de Ordesa). Deja su bella huella a su paso por Torla , Broto , Sarvisé, Fiscal, el desfiladero de Jánovas, Boltaña y acaba  en Aínsa , donde entrega su caudal al Cinca.

Notas de una composición musical de ensueño jalonan el camino:

Cuenta la tradición que en Aínsa (comarca del Sobrarbe), en el año 724 d.C. tuvo lugar una batalla que se ve reflejada en el escudo de Aragón en forma de cruz luminosa que apareció milagrosamente sobre un árbol (sobr-arbe) y que facilitó la victoria de los cristianos montañeses contra los sarracenos en la época de la reconquista.

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Monumento a los fueros de Sobrabe en Aínsa

El Sobrarbe era uno de los antiguos condados pirenaicos surgidos en la Edad Media con la Reconquista. Se formó en torno a la parte alta del valle del Cinca y se extendió hasta el siglo XI, cuando se unió definitivamente al reino de Aragón. La comarca del Sobrarbe pertenece a la provincia de Huesca, limita al norte con Francia, al este con Ribagorza, al sur con el Somontano de Barbastro, y al oeste con la comarca del río Gállego. La parte norte es montañosa y recoge los valles de los ríos Ara, Cinca y Cinqueta.

El centro de la comarca está ocupado por varias depresiones, como la de Broto, Fiscal, Arcusa o La Fueva. Las sierras de Guara y Olsón embellecen la parte sur. Su capital administrativa es Boltaña, y su centro económico la Villa de Aínsa:

Click aquí para ver unos enclaves del camino de Santiago en Sobrarbe Se trata de los puertos, localidades, iglesias, puentes y parajes que pudieron haberse dedicado al refugio de peregrinos. En el enlace se recogen como más interesantes los del período comprendido entre el siglo IX y el siglo XVII.

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Mapa de la comarca, antiguo condado

A lo largo de la cuenca del río Ara proliferan ejemplares de trucha, la madrilla, la locha, el desmán o la nutria y se han censado 120 especies nidificantes.

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Hoy viven menos de 2.000 personas en esta cuenca, el 25% que hace un siglo y 40 pueblos están deshabitados. Pero son tiempos de adaptación y la principal actividad actual en el río Ara es la pesca deportiva, el rafting y el descenso en canoa.

Es digna de admirar la riqueza que este río crea en su trayecto de fuertes torrenteras: un corredor ecológico que conecta las altas montañas con las tierras bajas. El Ara salva un desnivel de 2.500 metros. Ahí es nada. https://pirineosordesa.com/rio-ara-ordesa/

Sus principales afluentes son el Otal, Arazas, Sorrosal, Chate, Forcos, y Guargas. Sobre el valle de Otal publicaré una nueva entrega, como se merece esa magnífica concentración de belleza.

Ordesa, un valle labrado por los hielos, que en verano sigue ofreciendo su magia:

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Caballos pastando a las afueras de Torla, valle de Ordesa. Huesca.

En un próximo artículo seguiremos conociendo esta maravilla natural del pirineo aragonés.

Nos vemos pronto.

 

 

CASCADAS DE PLATA Y CRISTAL en la Serranía de Cuenca.

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Nos encaminamos hacia Chillarón de Cuenca, desde donde parte una ruta paisajística muy interesante que nos acerca al nacimiento del Cuervo, afluente del río Guadiela que desemboca en el Tajo formando el conocido como Mar de Castilla. Este es un conjunto de embalses de cristal que acumula un inmenso volumen de agua. Se alcanzan las fuentes del río Cuervo atravesando el Parque Natural de la Serranía de Cuenca, donde se halla una de las más completas masas forestales del centro peninsular por los bosques mixtos y densos pinares que enriquecen la zona.

La ruta para llegar al nacimiento tiene 2 kilómetros de recorrido, un atractivo paseo apto para cualquier público.

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A unos trescientos metros caminando desde el primer parking se llega a un puente de madera que inicia oficialmente el recorrido hacia la primera cortina de cristal. En primavera se encuentra cargada de caudal y ofrece a la vista el mejor espectáculo de agua en movimiento. En invierno los chorros se suelen helar ofreciendo otro escenario que parece salido de una ensoñación. En el mes de Abril durante el trayecto encontramos verdes de todos los tonos en musgos y líquenes.

Hechizo en el bosque

Las orquídeas nos regalan un fulgor que cubre toda la gama del arco iris. Las hay blancas, amarillas, bronceadas y rojas, con variedades moteadas, veteadas o manchadas. También llaman la atención los arces, tilos, avellanos, acebos y tejos. Pinos laricios y albares, las especies arbóreas más abundantes en la Serranía de Cuenca, nos rodean enriqueciendo el escenario. Más adelante, el camino acaba en el propio nacimiento del río, una filtración en el muro calizo donde el agua aparece en la base de las rocas.

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Atravesamos pasarelas, puentes y escaleras que proporcionan acceso hasta las mismas fuentes del manantial. He de resaltar el efecto cautivador de este paisaje arbóreo extraordinariamente bello. Cuando llegamos a la zona de las cascadas nos introducimos en un mundo íntimo  y fascinante: el agua escurriéndose y precipitándose por las hendiduras de las tobas calcáreas, formando unas preciosas caídas de unos 20 metros de anchura, lo que se suma a la aportación ornamental del musgo emergente entre las tobas bañando de un colorido onírico el entorno.

Escuchemos esta fresca melodía que nos guiará por el bosque de plata y cristal:

Es fácil dejarse conquistar por este frescor natural y por el cristal líquido que brilla en las salpicaduras del poderoso manantial. Unos metros más arriba contemplamos una vista superior de los torrentes verticales desde un pequeño mirador donde el río se calma y forma una tabla acuosa rodeada de importantes bosques relícticos eurosiberianos (supervivientes de fenómenos naturales) con acebos, tilos y arces; comunidades rupícolas (que habitan zonas rocosas)  turberas y prados húmedos salpicados de musgo tiñen de color todo lo que vemos.

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Una ruta refrescante entre cortinas de cristal

Seguimos guiados por los puentes de madera para un poco más allá cruzar el río y acceder a una gran pradera y en poco tiempo nos encontramos en el remanso donde caen las aguas que brotan de las cumbres del cerro de San Felipe, el nacimiento de este río.

A continuación debemos dar media vuelta y retroceder sobre nuestros pasos hasta la pradera. Pero ahora no cruzamos por el puente sino que bordeamos la orilla derecha acompañando al cauce en su descenso. Mientras, observamos troncones desgajados de su raíz por la  fuerza del agua y oteamos desde un nuevo mirador rodeado de pinos. De este modo distinguimos por donde acceder a otros rincones cargados de sombras y misterio en medio del humedal. Nos asombran las tobas descubiertas y otras pobladas de musgo. Por estas discurren láminas del líquido elemento; su movimiento compone dulces armónicos envolventes. A poca distancia accedemos al llamado Sendero de la Turbera.

Invito a escuchar otra melodía con sones de cristal que acaricia pacíficamente nuestros  sentidos:

Finalmente, por otra pasarela de madera antigua que cruje a nuestro paso volvemos a cruzar el río Cuervo, para terminar en el punto de inicio junto al aparcamiento tras recorrer un tramo que nos trae aromas resinosos de pino.

Localizamos en plena pradera unas mesas improvisadas en los oscuros tocones de sabina y damos buena cuenta de unas viandas que anegan el olfato con efluvios atávicos.

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El relieve y los niveles climáticos de este Parque se ven reflejados en el tipo de vegetación y favorecen el desarrollo de microclimas locales. Vemos cristal en los cañones rocosos, cristal en las hoces y en los cortados, como el de Uña-Villalba de la Sierra (en la misma zona junto al río Júcar) donde se desarrollan bosques de tilos y bosques mixtos que demandan ambientes húmedos y frescos, creados gracias a la protección ofrecida por las paredes calizas jurásicas que los flanquean. Los arbustos aparecen rodeados de sabinares, tomillares o erizales, acompañados por un estrato herbáceo de mil tonos verdosos.

Son herbazales altos y vivaces de hojas duras y bastas que se ubican en zonas temporalmente húmedas debido al afloramiento de estratos impermeables, con abundantes limos y arcillas que aportan una importante capacidad de retención de agua. En consecuencia, estos pastizales mantienen la humedad durante casi todo el año. A partir de 1500 m la riqueza colorista de estos bosques se acrecienta por la presencia de acebos, tejos y robles.

¿Qué cascada de notas musicales podría ahora resfrecar nuestros sentidos? Algo así:

Desde que en 1973 se creó la reserva nacional de caza, la población de corzos, jabalíes y muflones aumenta sin parar. La cabra montés se deja ver entre los riscos igualmente.

La fauna troglodita (quirópteros cavernícolas) se conserva en zonas umbrías entre los muros de roca.

El río Cuervo nace junto a la localidad de Vega del Codorno (Cuenca, España), concretamente en la falda occidental de la Muela de San Felipe, a unos 1469 metros de altitud. La desembocadura está en el Guadiela, afluente del Tajo, junto a la localidad de Puente de Vadillos, una vez que sus aguas han enriquecido parte de la serranía.

Se accede desde la localidad de Tragacete, de la que le separan 12 kilómetros por carretera. Varias sendas señalizadas dirigen nuestros pasos a lo largo de un trazado evocador donde el aroma resina de los pinares impregna el aire refrescante que respiramos.

La sensación de vivir un tiempo pretérito nos acompaña de la mano de esta melodía:

El nacimiento del río Cuervo fue declarado Monumento Natural en 1991​ y ocupa una superficie de 1709 hectáreas. En el recorrido se pueden observar grutas tras las cascadas y simas parcialmente ocultas, siendo llamativos los relieves formados por derrumbamientos de los muros tobáceos.

Las cumbres que rodean el Monumento Natural sobre la muela de San Felipe alcanzan una media de 1.700 m de altitud. Asistimos sin duda a uno de los valores geomorfológicos y paisajísticos más destacados de España.

Aparte de las rapaces indicadas, a nuestro paso podemos avistar una importante comunidad de aves propias del ecosistema forestal: el gavilán, el azor o el águila culebrera. Por los márgenes del río merodean la lavandera cascadeña o el mirlo acuático, junto a numerosos mamíferos como la ardilla roja, el musgaño de cabrera y el gato montés que acecha entre los humedales. Se observa también un apreciable valor de conservación de la fauna troglodita (murciélagos) y de mariposas, pudiendo encontrarnos con varias especies protegidas. Por otro lado, las aguas del río abundan en especies propias de estos entornos ribereños: truchas, libélulas, moluscos de agua dulce…

Aromas del bosque profundo

Llegan a nuestros sentidos sensaciones únicas al respirar un aire aromatizado con un crisol de esencias al que contribuye la comunidad de orquídeas, de la que se han registrado al menos 19 especies.

La Muela de San Felipe es una gran planicie cubierta con materiales calcáreos del Cretácico Superior. Aquí llueve más que en ninguna otra parte de la provincia de Cuenca. El agua se infiltra y circula a través de oquedades y galerías de la roca hasta alcanzar diversos manantiales y fuentes de las cuales las que originan el Nacimiento del Río Cuervo son las más relevantes. Las aguas en este circuito subterráneo van concentrando energía y cuando brotan al exterior dan lugar a un inolvidable espectáculo visual.

Debido a la oxigenación que producen las caídas de agua, se originan los travertinos o rocas de toba. Tras aflorar el agua a la superficie, el bicarbonato cálcico que lleva disuelto se transforma en carbonato cálcico, que es insoluble y se acumula en forma de tobas.

Unas capas de toba se apilan sobre otras llegando un momento en que por su propio peso se rompen y desmoronan, cambiando así el perfil de las cascadas y del río dando paso a la formación de nuevas barreras de roca. En la subida al nacimiento se pueden observar varios derrumbes recientes. Por ello es importante, para evitar accidentes y por motivos de conservación, que se respeten las normas de seguridad a lo largo del recorrido y nunca se rebasen las barreras que protegen el camino.

Paz para los oídos:

Toda la Muela de San Felipe presenta un sugestivo paisaje kárstico (aquel que ha sido originado por la desintegración y descomposición de ciertas rocas cuyos componentes son solubles en agua) conformado con magníficas muestras de lapiaces (surco u oquedad), dolinas (depresiones geológicas), “ciudades encantadas” y simas, fruto de esta interactiva infiltración del agua en la roca caliza. A lo largo del llamado Sendero del Pinar accederemos a La Muela, para disfrutar del espectacular Cuervo desde un mirador sorprendente.

El Cuervo sigue fielmente el régimen de caudales propio de un río Mediterráneo, con crecidas típicas en primavera y períodos de estiaje en verano, según lo que haya llovido. Así, durante el verano o en años especialmente secos es frecuente encontrar gran parte de las cascadas sin agua. Este fenómeno se repite desde hace miles de años y forma parte del ciclo vital del río. No obedece a ninguna razón alarmista.

Con cada estación disfrutaremos de una peculiaridad sin igual en este entorno embrujado. Depende de nuestra imaginación que liberemos nuestros sentidos y permitamos al  espacio vital que nos envuelva con su sin par belleza y  encanto.

ACCESOS

La  entrada se hace desde la carretera CM-2106 que viene de Cuenca pasando por Uña, Huélamo y Tragacete, dirección a Masegosa, a 12 km de Tragacete. Se puede hacer con menores y con toda la familia. Hasta Las Cascadas (Tobas o Travertinos), la senda está adaptada para carros de bebe y sillas de ruedas.

TIPO DE CAMINO:  Camino, pasarelas y senda.

Recomendamos esta ruta en días no festivos, porque de lo contrario habrá demasiada afluencia de visitantes y esto impedirá disfrutar del arrullo de las aguas, el trino de las avecillas y el deslizar del viento entre las copas de los abetos.

Salud y buena ruta.

INDICACIONES SOBRE EL ITINERARIO. Para ver datos sobre el tipo de recorrido: http://areasprotegidas.castillalamancha.es/rap/espacios-naturales-protegidos/enp-monumento-natural/monumento-natural-nacimiento-del-rio-6

 

ANTEQUERA, UNA FORTALEZA SURGIDA EN LA NOCHE DE LOS TIEMPOS.

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Por su situación privilegiada en la inmensidad de una reserva natural antiquísima,  la fortaleza de Antequera es llamada “el corazón de Andalucía”. Asentada en un corredor del paisaje que discurre entre el litoral mediterráneo y el Valle del Guadalquivir, enclave estratégico que ha influido en su historia milenaria, Antequera guarda en su regazo valiosos restos históricos de culturas muy diversas. Y cuenta con espacios naturales protegidos trascendentes, junto con espléndidos olivares y viñedos.

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Arco de los gigantes. Data del siglo dieciséis y fue añadido a una antigua puerta nazarí. Incorpora figuras e inscripciones romanas que atestiguan sus orígenes ancestrales, junto a inscripciones latinas en recuerdo a los asentamientos próximos a la Anticaria romana, como Osqua, Arastipi o Nescaria.

Para acceder al recinto de la Alcazaba entramos bajo el Arco de los Gigantes o Puerta de Hércules, que se levanta en 1585 en sustitución de la puerta musulmana conocida como de Estepa o de La Villa.  Disponía de una gran hornacina flanqueada por dos aletones, y hasta el s. XIX estuvo presidido por una enorme estatua romana de Hércules. La jarra de azucenas junto al castillo y el león de la cornisa, conforman el escudo de esta ciudad fortaleza.

Esta construcción es muestra del interés de la ciudad por legitimar sus orígenes en la época renacentista, recuperando su esplendor clásico a través de los vestigios de la civilización romana. Aunque el legado árabe la hace única e irrepetible.

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El Recinto Monumental de la Alcazaba de Antequera se construyó en un pequeño monte integrado en la medina islámica, sobre antiguas edificaciones de lo que fue la Anticaria romana y visigoda, un preludio de los asentamientos de musulmanes a mediados del siglo VIII. Los árabes la llamaron Antaqira, “la Antigua”. Son testigos del paso de los siglos por la fortaleza de Anticaria los importantes yacimientos prehistóricos, de la Edad del Bronce, como los dólmenes de Menga, Viera y el Romeral, considerados el conjunto dolménico más importante de Europa.

La Alcazaba de Antequera fue iniciada en el siglo XI aunque gran parte de las murallas y las torres conservadas datan de la primera mitad del siglo XIV.20180418_141031

Es la torre del Homenaje, de planta angular, la más importante de todo el recinto. Está considerada como la de mayor anchura de las torres musulmanas andaluzas. Sobre ella se construyó, en 1582, un templete campanario para alojar  la campana mayor de la ciudad cuyo sonido regulaba los riegos de la vega.  Es conocida popularmente como la Torre de Papabellotas, por haber tenido que vender la ciudad un alcornocal para sufragar los gastos ocasionados al construirla. En el siglo XVI se instaló un reloj cuyo mecanismo se puede observar desde el interior.

La historia de la Alcazaba se remonta a la época romana, pero fue durante la ocupación árabe cuando adquirió una gran relevancia en el reino andalusí.

Desde este templete se puede disfrutar de impresionantes vistas tanto de la localidad y sus destacados monumentos como del paisaje donde se halla enclavada, una cordillera constituida por una cadena de sierras calizas del Jurásico agrupadas en tres sectores separados por el Valle de Abdalajís y el Puerto de las Pedrizas.

Unida a la Torre del Homenaje por una cortina de muralla encontramos la Torre Blanca. Reforzada por dos contrafuertes, sorprende por la perfecta alineación de sus muros.

Desde la Torre Blanca partía una segunda muralla hacia el sur, donde se construyó la Puerta de Málaga. Tras la conquista cristiana esta torre fue utilizada como ermita y la llamaron “Virgen de la Espera”.

Unas notas musicales nos trasladan a esos tiempos pretéritos, donde la grandeza de las culturas se expresaba a través del  arte y construcciones casi imperecederas:

Subimos las dos plantas de la Torre Blanca y admiramos las estancias cuyos techos terminan en bóvedas de ladrillo iluminadas con troneras y ventanas de herradura. Estaban destinadas al uso de armamento neurobalístico (anterior al descubrimiento de la pólvora). La planta baja se dedicaba a la defensa de la torre pero la segunda se utilizaba como residencia.

En este recinto amurallado de la Alcazaba de Antequera también descubrimos otras torres y vestigios importantes como la Torre de Albarrana de la Estrella, la Torre Torcida, Puerta del Agua, la Puerta Cristiana o el Algibe.

La Torre de la Bisagra, descubierta en el año 2000 y restaurada, se denomina así por ser el lugar donde se unen por un lado las murallas que protegían a la población de la ciudad y por otro las murallas del primer recinto fortificado.

Al pie de la demolida Torre del Quiebro está la tumba romana del Siglo I d.C., una estructura funeraria colectiva donde se albergaban las cenizas de los difuntos.

El Patio de Armas, destinado al acuartelamiento y adiestramiento de las tropas nazaríes, contaba con un aljibe de almacenamiento de agua para abastecer a los usuarios. En él se halla una mazmorra subterránea musulmana donde se abandonaba a los prisioneros.

En el paisaje encontramos encinas, quejigos, serbales o arces. Las formaciones de espinares y zarzales suelen cubrir gran parte de la sierra, con madreselvas, arbustos y plantas de la orla forestal: espino, sauco, zarzamora, rosal silvestre… Por la belleza de las formas que origina en combinación con la roca llama la atención la hiedra, muy abundante en el Torcal Alto.

Dejamos para otro post el Torcal, un paraje natural con gran riqueza de flora y fauna y unas formaciones rocosas kársticas espectaculares.

Las Barbacanas: son una estructura defensiva medieval que servía como soporte al muro que rodeaba cualquier fortificación, construidas como parapeto o antemuro exterior y se situaban sobre una puerta o un puente.

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Pertenecen a la época nazarí (1232-1410), cuando se realzaron las torres con mampostería para adaptarse a la nueva maquinaria de asedio. Constituyen un muro de más de 700 metros, que se antepone a la línea defensiva de la muralla en los puntos más débiles para mejorar su defensa.

Las murallas de levante eran el cierre oriental del primer recinto defensivo, en época almohade (siglo XII).

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La Alcazaba de Antequera fue declarada el 22 de Junio de 1993 Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico de España.

La fortaleza forma parte del casco histórico de la ciudad, junto a la Real Colegiata de Santa María y las Termas Romanas.

Durante la visita a La Alcazaba también se visita la Colegiata.

Visitas y horarios: Andalucia Turismo

SOBRE ANTEQUERA.

En el año 1410 Antequera fue reconquistada a los musulmanes por el infante Don Fernando, que fue rebautizado por ello como “el de Antequera”. Curiosamente, en las dependencias de la Alcazaba se celebraban las Cortes de Aragón, donde el rey Alfonso V trataba los asuntos de mayor importancia que afectaban al Estado. Será con la proclamación del Califato de Córdoba (912-1016 d.C) cuando Antequera se convertiría en un núcleo de carácter pacificador y ámbito estatal.

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La Peña de los enamorados

Según la leyenda, un cristiano cautivo en Granada de nombre Tello, se enamoró de la mora Tagzona, decidiendo escapar hacia los parajes cristianos de Antequera. En su huida, fueron descubiertos por el padre de la joven quien ordenó a sus saeteros que los detuviesen. Treparon los amantes por la Peña que hay a medio andar entre Archidona y Antequera y, viendo que iban a ser capturados, decidieron que preferían morir unidos a vivir separados, por lo que engarzados en un último abrazo se lanzaron al vacío desde lo alto de aquella roca, bautizada desde entonces con ese nombre. “De la tajada peña se arrojaron y en el aire las almas dejaron” (Carvajal y Robles).

LA COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR.

Esta iglesia es un excepcional alarde de proporciones donde admiramos ejemplos de estilo gótico y elementos decorativos del renacimiento italiano emergente en esa época. La construcción se estima que data de los años 1514 – 1550.

Los bloques de piedra arenisca calcárea con los que se edificó procedían de la ciudad romana de Singilia, en el noroeste de Antequera.

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La fachada exterior es grandiosa. Cuenta con tres magníficas puertas y una ornamentación que se va separando del gótico tardío.

El templo no se dedica al culto, sino a acoger conciertos y exposiciones itinerantes. Se nos presenta como un bello salón de imponentes columnas de estilo jónico sobre las que se disponen cinco arcos de medio punto decorados con perlas.

La Capilla Mayor está cubierta con bóvedas de estilo gótico-mudéjar dibujando dos grandes estrellas, de seis y ocho puntas. Es muy luminosa gracias a las elegantes ventanas de tipo florentino, tan sólo una muestra más de la influencia italiana presente en otras zonas del interior.

El resto de las capillas de esta Colegiata comunicadas con las naves laterales reflejan tipos y épocas diferentes.

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A los pies de la Real Colegiata de Santa María La Mayor, se pueden contemplar unas excavaciones arqueológicas que corresponden al primer yacimiento urbano descubierto en el casco histórico de Antequera. Son las Termas Romanas descubiertas en 1988 y que sirvieron para demostrar la existencia del asentamiento romano de Antikaria.

Por último decir que la visita a Antequera, altamente recomendable, necesita más de un día para ver todos sus monumentos y lugares de interés: Iglesias, conventos, ermitas y palacios civiles construidos entre los siglos XVII y XVIII enaltecen su barrio viejo, situado a los pies de una elevación natural del terreno coronada por la sin par Alcazaba.

En la imagen, un paisano posa junto al homenaje en bronce a dos de los hijos más ilustres que tuvo Antequera durante el siglo XX: el célebre poeta José Antonio Muñoz Rojas, Premio Nacional de Poesía en 1998 por la obra “Objetos Perdidos”, y el polifacético José María Fernández, intelectual responsable de algunas de las investigaciones más destacadas sobre el Patrimonio Histórico y Artístico de la ciudad.

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GASTRONOMIA ANTEQUERANA.

Uno de los platos más conocidos de la gastronomía antequerana es la porra, que se elabora fundamentalmente con pan, aceite, ajos, tomates y pimientos. Otros primeros platos típicos son: el ajoblanco, el pimentón, el gazpachuelo, las migas y algunas ensaladas, como la de cardos.

Mención de honor tienen en este espacio los MOLLETES DE ANTEQUERA, incomparables, tiernos, recién horneados, para saborear tranquilos, sin apreturas de tiempo ni espacio:

Para empezar el día con buen pie, lo mejor es degustar un buen mollete con aceite y jamón ibérico. El mollete es un pan de origen árabe, blanco, blandito y riquísimo. Lo puedes tomar con muchas cosas: jamón, tomate, pringá, zurrapa, chicharrones…

Composición de la pringá: picadillo de las carnes de los cocidos y las berzas de la tierra, con magro, falda, tocino, pollo, morcilla, panceta y lo que ese día hubiera caído en el puchero. Tropezones que se desmenuzan para untar medias tostadas calientes y crear la peor de las adicciones, la más duradera. Es indiferente que se unte en molletes, bollitos, o medios panecillos candeales por ejemplo. Delicia de dioses.

El bienmesabe: un postre con base de almendras, bizcocho y canela. Y está para no dejar ni una miga.  Aquí unas notas para preparar un excelso bienmesabe.

Dónde comer en Antequera: http://turismo.antequera.es/donde-comer/restaurantes/

En un próximo post hablaremos de El Caminito del rey, una vivencia absolutamente única en lo que se conoce como turismo experiencial.

RONDA, LA SERRANÍA EMBRUJADA DE MÁLAGA.

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En la llanura elevada y en los valles del norte, la esencia de Ronda son el encinar y la dehesa, son vegas sembradas de campos amplios y cordones de montañas; en los valles sureños es tierra de castañar, encinares, pinares y de frutales que se extienden en las riberas de ríos como el Guadalhorce. Desde Ronda y su atalaya privilegiada se contemplan las lindes de Málaga. Cien kilómetros las separan.

Cuando los árabes dominaban la península, contaban en Ronda con una muralla natural por la excelente posición de la ciudad elevada sobre “el Tajo” de Ronda, una garganta excavada por el río Guadalevín que nos asombra con 500 m de longitud y 100 m de profundidad. Los límites de la medina musulmana los completaban las murallas de la ciudad: las situadas al Sur, Levante y Poniente.

Ronda refleja un completo cruce de culturas. El historiador Plinio ubica ya a Ronda en la historia cuando en uno de sus escritos se refiere a la Arunda del siglo VI a.C., habitada por los celtas bástulos, mientras que apunta a los íberos como fundadores de la cercana Acinipo. Después la conquistaron sucesivamente y con distinta extensión en el tiempo los fenicios, los griegos, los cartagineses y la imperial Roma. Los romanos la denominaron Laurus y levantaron el hoy desaparecido Castillo del Laurel, desde donde podían observar los movimientos de las tribus celtíberas, enemigos asiduos. Pero el más relevante fue el municipio de Acinipo y no Arunda, como lo demuestra el hecho de que Acinipo llegó a acuñar moneda.

Y es que entre los siglos IX y VIII a.C se asentaron los fenicios en la urbe pero con la presencia romana en Acinipo a partir del año  206  a.C.  llegaron  grandes  cambios,  tales  como  la  construcción  de  edificios monumentales  y  la  acuñación  de  moneda  propia con imágenes de  espigas  y  racimos  de uvas,  símbolos  de  la  prosperidad  de  la  ciudad donde, más tarde, a mediados del siglo I d.C. se construyó el teatro que es lo que hoy se encuentra en mejor estado de conservación.

Las ruinas de Acinipo se encuentran a 20 kilómetros de la actual Ronda, en el Partido rural de Peñacerrada, Carretera MA-7402, km 11,8. y son visitables todo el año.

El título de ciudad le fue otorgado por el emperador Julio César en el siglo I a.C. sobre las ruinas del mencionado asentamiento celta de Arunda.

A partir del siglo III d.C. Acinipo entró en decadencia y donde se ejercieron las funciones administrativas fue en la cercana Arunda (la actual Ronda). Tras la desintegración del Imperio Romano, Ronda y Acinipo sufrieron las invasiones germánicas, y esta última urbe estuvo ocupada también por los bizantinos, que la abandonaron definitivamente en el siglo VII, cuando en Ronda entran los visigodos ¡Un auténtico crisol de pueblos!

El lugar invita a escuchar una melodía acorde con esta ciudad y su pasado:

Los visigodos dieron continuidad a la actividad de Ronda como urbe hasta la llegada de los musulmanes, quienes la afianzaron como capital de la comarca y le dieron entidad como ciudad: Arunda se convierte así en Izna Rand Onda (“la ciudad del castillo”). En el año 711 el jefe bereber Zaide Ben Kesadi El Sebseki ocupa la ciudad sin encontrar resistencia, motivo por el cual esta fue una plaza entregada pero no conquistada, nombrándose los jefes y administradores entre sus ciudadanos, quienes sólo debían pagar un impuesto llamado capitación.

Desde mediados del siglo VIII hasta la primera parte del s.XI hubo disputas entre los propios musulmanes, lo que condujo a que el jefe bereber Abu Nur Hilal entrara en la ciudad y fundara el Reino de la Taifa de Ronda (reino independiente). Así, Abu Nur  fue el primero en ocupar el trono entre 1015-1053. En esta época se edifica la mayor parte del patrimonio monumental del casco antiguo de Ronda.

Desde el siglo VIII al XV Ronda fue una de las fortalezas más importantes de Andalucía. En esa época Ronda es la capital de una de las Kuras (Provincias) en las que se dividió al-Andalus (la de Takurunna). Su emplazamiento facilitó la defensa de la ciudad y le permitieron el dominio de los pasos y caminos hacia la Baja Andalucía. Si se suma esto a la diversidad de tierras para la labranza se entenderá la importancia histórica de este enclave.

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El origen de El Tajo o garganta del río Guadalevín, que separa en dos zonas el municipio, se remonta a cinco millones de años. El río discurre encajonado en un desfiladero cuando atraviesa la ciudad y el valle se ha abierto formando la conocida Hoya del Tajo, que se puede contemplar desde los balcones de la Alameda o el Puente Nuevo.

Hay pocos accidentes geológicos tan llamativos como el Tajo de Ronda. Según Vicente Pimentel y Miguel Montes, ambos profesores de Biología y Geología del I.E.S Pérez de Guzmán en Ronda: ”… Hay relieves en España que se pueden parecer, como los cortados en Cuenca, los Mallos de Riglos en el Prepirineo de Huesca, y los conglomerados de Montserrat. En Málaga, las formaciones de Setenil de las Bodegas son de la misma naturaleza que el Tajo de Ronda y en el Cañón del Colorado ha ocurrido lo mismo, aunque con otra entidad y otras peculiaridades”.

En este artículo se resume la formación del Tajo de Ronda.

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El Parador nacional de Turismo de Ronda asomado a “La Caldera”, una hondonada circular de la garganta excavada por el río Guadalevín.

 

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Tres puentes fueron levantados en distintos momentos de la historia para cruzar la garganta del río Guadalevín: el Puente Nuevo, el Puente Viejo o de Santa Cecilia y el Puente Árabe o de las Curtidurías, obras que marcan con carácter la idiosincrasia de Ronda. El Puente Árabe de Ronda o puente Romano se encuentra a pocos metros de los famosos Baños Árabes de la ciudad. Se accede bajando desde el Puente Viejo.

Escuchemos una melodía que nos acompaña con los acordes épicos de un coro celestial:

La construcción del Puente Nuevo se llevó a cabo en treinta y cuatro años, entre 1759 y 1793.

Después de no haberlo conseguido los árabes, los cristianos intentarían construir un puente que salvara el acantilado que forma El Tajo. El aumento rápido de la población por la prosperidad de Ronda requería un puente nuevo que complementara al antiguo.

Se intentó construir un puente en el s. XVI  pero la dificultad técnica era tal que no resultó posible.

En 1735 durante el reinado de Felipe V, se edificó un arco de 35 m de anchura pero se vino abajo cinco años después acabando con la vida de casi 50 personas.

No fue sino en el s. XVIII cuando el genial arquitecto José Martín de Aldehuela consiguió llevar a cabo esta monumental y magistral obra que es el Puente Nuevo.

José Martín de Aldehuela (Teruel, 1729 – Málaga, 1802) llegó a Málaga requerido por el obispo (Molina Larios) para construir los cimientos de la catedral de la ciudad pues le precedía la fama por sus excelentes trabajos en la catedral de Cuenca.

Haciendo una comparación con el protagonista de Los pilares de la Tierra, la novela de Ken Follet, José Martín ejerce su labor desplazándose de una catedral a otra. En Málaga proyectó, además del Puente Nuevo, el Acueducto de San Telmo, para asegurar el suministro de agua a la ciudad, y la Casa del Consulado de Málaga, declarada hoy Monumento Histórico Nacional.

Y ahora llegamos al Puente Viejo  en nuestra ruta por estas calles de Ronda tan bellas, empinadas y cargadas de historia. El Puente Viejo se hizo para comunicar la antigua medina islámica con el nuevo barrio que surgió tras la conquista de la ciudad en la zona del Mercadillo, y que hoy es el Barrio de Padre Jesús. Está situado entre la Iglesia de Nuestro Padre Jesús y la Fuente de los Ocho Caños.

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Los jardines de Cuenca o Jardines de la Mina se encuentran situados junto al Puente Viejo en la cornisa del “Tajo”  y se crearon en 1975 con motivo del hermanamiento de la ciudad de Ronda con la ciudad de Cuenca. Es curioso el gran parecido con el corte kárstico de la Serranía de Cuenca:20180408_104856 modified

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Imágenes de Cuenca. Un karst es una forma de relieve originada por la disgregación de rocas como la caliza o el yeso, compuestas por minerales que se van disolviendo en el agua por la acción de los ríos o las lluvias.

Otra imagen del Puente Viejo:

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Ronda es una de las ciudades más antiguas de España. Sus orígenes datan del período Neolítico, según los descubrimientos arqueológicos efectuados en su casco antiguo. Pero hay pruebas de presencia humana en una serie de yacimientos localizados en cuevas, entre los que destaca la Cueva de la Pileta, una de las mejores muestras de arte rupestre procedentes del Paleolítico andaluz.

Otros ejemplos son restos prehistóricos como las necrópolis megalíticas: Dolmen de El Chopo o el dolmen de Encinas Borrachas, entre otros.

El palacio de Mondragón alberga el Museo Municipal de Ronda. Es un antiguo palacio árabe del siglo XIV ubicado en el casco antiguo, decorado con mosaicos de filigranas y cuidados jardines. Contiene tres patios: a la entrada vemos el patio del pozo, que es del siglo XVIII y presenta una galería con arcos de medio punto. El segundo es el patio Mudéjar del siglo XVI, aunque mezcla los estilos gótico, renacentista y mudéjar. Desde el tercer patio nos asomamos a una balconada con vistas a las sierras embrujadas de Ronda:

La Parroquia Santa María la Mayor, construida sobre las ruinas de una mezquita, muestra estilos de arquitectura que van del gótico al renacentista. Esta Iglesia se encuentra en la Plaza Duquesa de Parcent. Construida por orden de los Reyes Católicos donde antes estuvo la mezquita principal, es de estilo gótico aunque las naves y el altar mayor son renacentistas. Dentro esconde una joya: la Biblia de San Luís, un libro que encargó Doña Blanca de Castilla al Obispo de París para transmitirle la enseñanza del Evangelio a su hijo, el futuro rey Luís IV de Francia.

“Un hombre no es de donde nace sino de donde elige morir”
Orson Welles

Las cenizas del director de cine descansan en Ronda por su expreso deseo.

Los restaurados Baños Árabes del siglo XIII son una adaptación musulmana de las antiguas termas romanas y constan de las mismas partes (sala fría, templada y caliente, hipocausto y caldera y sala de recepción), pero a diferencia de los romanos, en los que los baños se realizan por inmersión en grandes piscinas, los musulmanes los dedicaban a baños de vapor y desde ellos podían contemplar amplias bóvedas con tragaluces en forma de estrellas.

Ya hemos visto que la Serranía de Ronda, formada por 23 pueblos, cuenta con un sorprendente legado histórico, pero su patrimonio natural es igualmente impactante: ricos ecosistemas e impresionantes formaciones geológicas. Es una comarca dotada de  un gran número de espacios naturales protegidos, como los tres Parques Naturales: Sierra de Grazalema, Sierra de las Nieves y Los Alcornocales. Aquí coexisten auténticas joyas del la fauna y flora peninsular como el pinsapo (un tipo de abeto), el águila real o el buitre leonado, en un entorno que invita a practicar el senderismo, la escalada, la espeleología o que incita a la sana e inspiradora observación de la naturaleza.

En la Sierra de Grazalema, las lluvias aparecen con frecuencia elevada regando de esplendor y vida todo cuanto tocan. Mágicos acordes nos inspiran:

Otro espacio protegido de extraordinaria diversidad es el Paraje Natural de los Reales de Sierra Bermeja, allá en el suroeste de las Sierras, donde abundan los pinos marítimos, enebros, alcornoques y arbustos como las coscojas, cuyas bellotas alimentan al ganado porcino. Entre la fauna, la presencia de la cabra montesa y el corzo es habitual, mientras que aves rapaces como el águila calzada, el halcón común y el búho real se enseñorean de los cielos.

En las cumbres de la Sierra de las Nieves hace años se conservaba en pozos la nieve durante el invierno para distribuirla en el verano por los pueblos de la provincia. En la crónica de una cacería celebrada en el Coto de Doñana, en la primavera de 1624, ofrecida por el Duque de Medina Sidonia a Felipe IV, a la que asistieron 1.200 invitados, se dice textualmente.”Tráiganse cada día seis cargas de nieve de Ronda en cuarenta y seis acémilas”.

Las tropas francesas al mando del propio José Bonaparte, invaden Ronda en 1810 generando un inesperado movimiento guerrillero en toda la serranía, rebelión que permaneció viva incluso después de que el ejército napoleónico abandonara la ciudad en 1812; esto condujo a la aparición de los grupos de bandoleros más conocidos de toda la España del XIX.

Durante este siglo y el siguiente se oirán con frecuencia nombres tan famosos como Juan José Mingolla Gallardo “Pasos Largos” o José Ulloa “Tragabuches”. Alguno acabó reintegrándose en la sociedad de la época, como Joaquín Camargo Gómez “El Vivillo”, quien dada su pericia montando a caballo adquirida en tareas de contrabando por la Serranía, terminó sus días como picador de toros en la cuadrilla de Morenito de Alcalá.

En el siglo XVIII Ronda afianza su presencia en la región de Andalucía: se construyen la Plaza de Toros y el Puente Nuevo, lo que aporta a la comunidad rondeña una imagen romántica de la mano de sus Sierras, donde el universo creado por las leyendas de bandoleros y la tauromaquia atraen a buen seguro a los viajeros. Los dibujos de artistas como Lewis, Roberts, Blanchard, Charles Davillier o Gustav Doré compañeros de viaje por tierras andaluzas, dedicados a retratar las costumbres, paisajes y ciudades de la región convierten a Andalucía y a Ronda en una maravillosa ilustración, en la que comparten artes y destrezas el bandolero, la maja serrana y el valiente torero.

LUGARES DE RONDA QUE NO SE OLVIDAN:

El conjunto denominado murallas de Levante es el más importante de las murallas de Ronda y se compone de una doble línea defensiva: la muralla de la Cijara y en el exterior la Primera Línea defensiva. En esa doble línea se extendían los arrabales, donde se hallaban los Baños Árabes. En el extremo norte de su trazado destaca la impresionante puerta de la Cijara.

De los vestigios de las antiguas murallas de Ronda, la muralla y la puerta de la Cijara son unos de los que mejor se conservan.

La muralla de Ronda ofrece tres frentes: la Muralla Sur, las Murallas de Levante y las Murallas de Poniente o de la Albacara.

De la Muralla Sur llaman la atención sus Puertas, de aspecto imponente y que en su día permitían controlar y fiscalizar el acceso a la ciudad.

Hay que destacar la Puerta de Almocábar:

Es una de las entradas principales de la ciudad, construida en el siglo XIII y reestructurada en el XVI, durante el reinado de Carlos I. Almocábar deriva de <Al-maqabir>, cementerio, pues la puerta era colindante con la necrópolis principal. Esta majestuosa entrada permitía acceder al Barrio Alto y a la medina musulmana. A mediados del siglo XVI se añadió otro cuerpo de acceso, consistente en un arco de medio punto con portada renacentista terminada en el escudo del rey Carlos I enmarcado por el águila imperial.

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Otro lugar digno de ver es el Palacio del Rey Moro, donde encontramos el jardín de Forestier y la Mina de agua. La planta de la casa es irregular y laberíntica, con abundantes escaleras y pasillos que sirven para salvar los desniveles.

La mina de captación de agua es una compleja obra islámica que desciende al fondo del Tajo donde discurre el Río Guadalevín. Se construyó aprovechando una grieta natural vertical donde se desarrolla una escalera tallada en la roca con más de 200 peldaños y que desciende en vertical unos cien metros. En su interior se localizan una serie de estancias, desde aljibes a habitaciones, que fueron utilizadas como polvorín y depósito de grano.

Tras bajar la interminable escalera por la galería interior excavada en la montaña, se llega a una plataforma al aire libre donde nos espera este paisaje:

GASTRONOMÍA EN RONDA:

En cuanto al aceite de oliva virgen, en Ronda se combinan elaboradas técnicas de extracción de la oliva, obteniéndose un aceite puro, de muy baja acidez, con un matiz dorado que espejea con ligeras tonalidades verdosas, de entrada al paladar plena de sabor y de gran fragancia. Un fruto de la comarca que se obtiene con mucho mimo.

Los vinos de Ronda se hallan bajo la denominación de origen Sierra de Málaga. En la etiqueta figura el nombre Serranía de Ronda. Es mucho el trabajo y el estudio que hay detrás de este tesoro líquido de Ronda. A finales del siglo XX, una plaga del insecto filoxera atacó el viñedo y este quedó prácticamente extinguido, tardando casi 100 años los viñedos en regenerarse. Desde el año 2004 se producen magníficos vinos blancos, rosados y tintos.

La tradición en esta cocina nos ofrece delicias como las calabazas rondeñas, las migas con chorizo; las gachas elaboradas con pan moreno, harina candeal, anís verde y rematadas con un toque de miel de caña;  las habas con tomate hechas con rebanada de pan cateto, comino y pimentón, las judías con morcilla o magro de cerdo y las sopas de almendras y de alcachofas o el queso de cabra de raza malagueña, con notas lácticas a leche fresca. El gazpacho a la serrana, la tortilla rondeña y  la caldereta de chivo lechal no nos dejarán indiferentes jamás.

Y cómo no mencionar la excelente miel de esta sierra embrujada, procedente de colmenares alejados de  la actividad humana, cuyas abejas liban por los parajes de la Cueva del Gato, los Molinos del Tajo, el Llano de la Cruz y los Frontones, en la Serranía de Ronda.

Esta Serranía nos conmueve al permitirnos experimentar sugestivos reencuentros con el pasado. Restos de anfiteatros romanos, señoriales castillos, atalayas y palacios, junto al legado de los baños árabes, o  cuevas primitivas que permitieron alojarse a los bandoleros, se ofrecen a la mirada cautivada del visitante para transportarle a un viaje en el tiempo.

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En próximos posts hablaremos del extraordinario espectáculo visual que es el Caminito del Rey, unas pasarelas construidas sobre el abismo en las paredes del desfiladero de los Gaitanes, en Málaga. Y os enseñaremos un precioso recorrido por la luminosa Antequera, donde el recinto monumental de la Alcazaba y la Real Colegiata de Santa María la Mayor nos sorprenderán con velados secretos.

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Rutas de senderismo en la Serranía de Ronda.

 

 

 

 

PASAJES DE SAN JUAN, DONIBANE DE LOS PESCADORES.

A los pies del monte Jaizkibel, un entramado de casas asentadas en la parte oriental de la bahía de Pasaia conforman lo que se conoce como Pasai Donibane (Pasajes San Juan en castellano). Situado en la zona nororiental de la comarca de San Sebastián, Donibane nos recrea con su bahía natural inalterada por el paso de los siglos.

El municipio de Pasajes lo conforman cuatro distritos: San Pedro, San Juan, Pasai Antxo y Trincherpe enclavados en el curso del cauce fluvial del río Oyarzun, que se ha fundido con las aguas del Cantábrico dando lugar a la preciosa ría.

IMG_20160720_120916IMG_20160720_121530IMG_20160720_121553IMG_20160720_121921Hay que olvidarse del coche y dejarlo en el aparcamiento situado a pocos minutos de la entrada a la parte antigua del pueblo. Es la mejor opción para respetar la tranquilidad de sus calles cargadas de historia. Enseguida vemos un vestigio de la chimenea de la antigua fábrica de cerámica del siglo XIX, muy cerca del Palacio Arizabalo, relacionado con una de las primeras familias que habitaron el lugar.  La entrada a  Pasai Donibane discurre por una única vía que embelesa, a la que se unen entrañables calles adoquinadas donde hay tramos que no dan cabida a un paisano y un coche al mismo tiempo.