Controlar el ego

Controlar el ego

 

«Qué diferencia hay entre amar y gustar: si vemos una rosa y nos gusta la cortamos, si vemos una rosa y la amamos, la regamos cada día para que perdure».

Buda

 

La frase explica que el gusto es un deseo egoísta de poseer, como arrancar una flor para uno mismo, mientras que el amor es un acto desinteresado de cuidar y permitir que el otro crezca, como regar una flor para que viva. El significado profundo es que el amor no busca apropiarse, sino nutrir y ver al otro prosperar, entendiendo así el verdadero sentido de la vida.

 


 

CONTROLAR EL EGO

 

Ahora está muy de moda hablar sobre el ego como responsable básicamente de la infelicidad humana. A mi me ha parecido interesante sumarme a esa visión y os traigo hasta aquí unas cuantas reflexiones. Dime en los comentarios si estás de acuerdo.

Creo que como actuamos dominados por el ego, no salimos de la celda de castigo en la que nos tiene confinados. En la convivencia con los demás es donde se ve reflejado enseguida el brillante fulgor de los egos. He escogido centrarme en la relación de pareja para intentar explicar cómo lo veo. Es mi opinión sincera, nada más, no soy profesional de ninguna disciplina relacionada con el comportamiento humano.

Convivencia negativa

 

Ejemplos:

 

Primera fase

 

Hemos decidido romper la relación con la pareja porque ya no soportamos la convivencia. Hablo en general, porque motivos de separación hay tantos que no se pueden contabilizar. La convivencia parece abarcar más, sin embargo, ir más allá.

Si tan difícil se hace compartir tu vida con el otro es porque el ego invade tus decisiones y percepciones. Estás viendo actitudes en tu pareja que no te agradan, tal vez porque llega reventado/reventada del trabajo y solo quiere abandonarse al sofá, lo cual es muy lícito, o bien percibes que va demasiado al gimnasio, queda con amistades en más ocasiones de lo que a ti te parece razonable, se aísla en sus aficiones a puerta cerrada, te sientes ignorado, crees que el otro solo mira para él, te dedica atención pero con baja prioridad en sus intereses, en fin.

En esta primera fase de la falta de entendimiento mutuo, llegará el momento de plantearse la necesaria conversación sobre el porqué de esa actitud que no nos gusta. Pasamos pues a la segunda fase de la convivencia negativa.

 

Segunda fase

 

Llega el momento de hablar con el otro sobre la causa de tanta infelicidad. Entonces empiezan las discusiones ofuscadas, el querer llevar toda la razón de forma unilateral, y eso es lo que consigue el ego, enarbolar bien alto el hacha de guerra porque ese o aquel territorio de la convivencia es mío y solamente mío.

El ego manipula de forma magistral la conciencia de cada uno, erigiéndose como gran dictador sobre la voluntad individual. Sin embargo, si aparcamos el ego y lo abandonamos en un rincón oscuro, seremos dueños absolutos de nuestra voluntad, podremos pasar por encima de su control dominando las situaciones.

Claro que, dominar a tan fuerte enemigo no es nada fácil. A veces ganas, a veces pierdes en la batalla, pero lo que necesitas es conseguir enfrentarte a él, reflexionar un poco y decirle a tu pareja: “Pues me parece que no he sido justo contigo. También podemos hablar sobre el porqué te alejas de casa yéndote con tus amigos o aislándote en tu habitación, sería bueno para entendernos mejor”.

Esa sería una vía para escapar del dominio del ego que dejaría abierto un camino a la felicidad, a la paz interior.

Esto enlaza con lo que dice el ilustre Jacques Philippe, sacerdote y uno de los autores sobre espiritualidad más leídos de nuestro tiempo:

Se puede decir que el medio más seguro de perder la paz es precisamente tratar de asegurar la propia vida con la única ayuda de medios humanos, de proyectos y decisiones personales, o apoyándose en otro. Dada nuestra incapacidad, la limitación de nuestras fuerzas, la imposibilidad de preverlo todo o las decepciones que pueden procurarnos las personas con las que contamos, el que trata de «salvarse» así se debate entre tormentos e inquietudes.

 

El miedo lo puede todo

 

El miedo está detrás y delante del ego, es el fin último de este, el centro de la diana de la vida donde permanecemos dando vueltas sometidos a sus certeros dardos.

He aquí algunos efectos de ese miedo:

“Si no soy capaz de quedar por encima de alguien en una discusión, sentiré ese hecho como una derrota y mi ego me empujará a tomar venganza; viviré acosado por el miedo a perder cada vez que me enfrente a él”.

No digamos ya si se ha llegado a la violencia física. Ese territorio es propiedad del miedo más absoluto.

Por tanto, lo que se debería imponer en la conducta de cada uno es (siempre bajo mi limitado punto de vista):

“Si no reacciono dejando a un lado el sentimiento de culpabilidad no podré vencer al ego y el miedo se adueñará de mí.

El arrepentimiento deriva del sentimiento de culpabilidad

 

El ego hace que nos sintamos culpables por circunstancias de la vida que nos inducen al arrepentimiento:

–Creer que has causado dolor a los demás.

–Que deberías haber tratado mejor a alguien.

–Has tomado decisiones que calificas como erróneas y si no las hubieras tomado piensas que te habría ido mejor en la vida.

–En tu pasado has seguido conductas que ahora te abruman; el miedo te atenaza por tu mala conciencia.

 

En fin, hay ejemplos para dar y tomar, pero lo principal es saber que el poder del ego nos conduce al miedo y así no somos capaces de escapar de él.

Diréis: “Pues yo no siento miedo por arrepentirme de algo” y yo digo que (es mi simple opinión) el miedo adopta muchas formas y una de ellas es el arrepentimiento culpable.

La Renuncia

 

He leído sobre el ego y hay quien dice que es un arma de doble filo porque por un lado es bueno para superarte en la vida, sentirte orgulloso de tus logros, confiado, en fin, en tu propia capacidad de supervivencia. Pero debe haber un equilibrio, dicen, entre un exceso y un defecto de ego, que la balanza ha de estar equilibrada. Eso es difícil de conseguir, porque cada cual es distinto de los demás y por lo tanto la “dosis de ego” perfecta no existe.

Me da la impresión de que quien afirma esto confunde el esfuerzo personal y el espíritu luchador con el ego que nos ciega. Porque una cosa es intentar avanzar en una empresa mediante los recursos que Dios te dio a entender, es decir, usando tu inteligencia para una buena causa, y otra muy distinta es avasallar sin mirar si estás haciendo daño a la reputación o el honor de alguien. El ego es lo que tiene, que se manifiesta mediante la desconfianza, la ira, la envidia… No son precisamente virtudes teologales.

Reconocer nuestros puntos fuertes y destrezas no debe confundirse, según veo, con actitudes que dañan la convivencia. Buceando en el concepto de la convivencia, de compartir una vida, he llegado a la conclusión de que convivir en paz y armonía requiere algo que se llama “Renuncia”, que es definido en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua de esta manera:

«Hacer dejación voluntaria, dimisión o apartamiento de algo que se tiene, o se puede tener».

«Desistir de algún empeño o proyecto».

«Privarse o prescindir de algo o de alguien».

 

Eso significa que debemos renunciar al ego y aceptar a los demás tal y como son, pero claro, esto es muy complejo. Aceptar a los otros no significa dejarte humillar o someterte a su voluntad. Es por eso que la definición de ego, como todas las definiciones, acota mucho el concepto. La realidad está compuesta de multitud de variables que añaden aristas y valles a los conceptos. La Real Academia define así el ego:

«En el psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superego y la realidad del mundo exterior».

¡Toma ya! Digiere eso.

Pero la Academia da también otra acepción de ego y es:

 

«Exceso de autoestima».

 

Esto resume mucho el concepto pero da una idea más cercana al entendimiento mundano.

 

«Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás»

Erich Fromm

 

¿En qué creemos?

 

Independientemente de si eres creyente o no, lo que pienso es que uno se siente bien cuando da y no cuando quita, cuando ayuda, y no cuando pone la zancadilla. Es más gratificante hacer el bien que hacer el mal. Y respecto al debate de si hay o no un ser superior a quien parece que debemos rendir cuentas en la otra vida, quizá debamos conocer las experiencias de los vivos antes de enfrentarnos todos a la muerte.

Estoy refiriéndome a lo que cuentan personas como el prestigioso cirujano Manuel Sans Segarra, autor del libro de no ficción: “La Supraconciencia existe: Vida después de la vida”.

 

La editorial lo define como:

«El libro definitivo sobre el fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) y su poder para transformar nuestras vidas».

Las siguientes frases del doctor Segarra enlazan con el modo de controlar el ego con la Supraconciencia:

“Vivir siempre en el futuro, aunque sea el futuro más inmediato, trae asociado un sentimiento de insatisfacción continua, y acaba generando estrés.

Para controlar el ego y aprender a vivir en el presente, es fundamental descubrir nuestra Supraconciencia. En mi caso, es la meditación la herramienta que me ayuda en este camino”.

 

«Cuando te duchas, piensas en el desayuno.

Cuando desayunas, piensas en el trabajo.

En el trabajo, piensas en la salida.

Saliendo, piensas en llegar a casa.

Estando en casa, piensas en el día de mañana.

Hoy, no has estado presente.

Hoy, no has vivido el ‘AHORA’.

Te estás perdiendo de la vida misma…»

– – Eckhart Tolle – –

Escritor y guía espiritual

 

No pueden ser más acertadas estas frases.

También me ha resultado útil leer un extracto del libro “Encantado de conocerme”, publicado por Borja Vilaseca en enero de 2008.

El autor se refiere en esta obra a que debemos intentar:

«Comprender las motivaciones profundas -muchas veces inconscientes- que hay detrás de nuestras conductas y actitudes. (…) (Se trata) de trascender nuestro ego y reconectar con nuestra verdadera esencia».

Es decir, pertenecemos a la esencia del ser humano, a lo que somos en el instante de nuestro nacimiento.

Encantado de conocerme recoge influencias de los 100 seminarios que el autor ha impartido en los últimos años, comprobando de forma empírica el efecto constructivo que tiene en la vida de las personas conocerse y comprenderse a través del autoconocimiento.

 

En el fondo, creo que hay que saber admitir los propios errores y dejarnos de anhelos de perfección. No se puede sacar siempre un diez en todo, ese objetivo es pura engañifa que el ego nos ha preparado una vez más para que no seamos capaces de encontrar la felicidad.

El objetivo sería entonces encontrar el camino hacia una vida con más luces que sombras. Quien quiera lo podrá buscar en un Creador universal o en sí mismo, pero cuidado con ceder terreno al exceso de amor propio o no sé cómo llamarlo. Podría convertirse en un obstáculo infranqueable en medio del camino.

 


Y hasta aquí hemos llegado. Deja tu comentario para decirme por favor qué te ha parecido esta reflexión.

Saludos y feliz vida.

 

Nota: las imágenes que aparecen en este post han sido creadas con ayuda de una IA.

 

14 Comentarios
  • Miguel Ángel Díaz Díaz
    Posted at 22:47h, 10 noviembre Responder

    Hola, Marcos.
    Me resulta muy interesante tu reflexión sobre el ego y cómo controlarlo, además del hecho de que le dediques una entrada en tu blog. Vivimos en un mundo donde el ego está en auge y miramos mucho más por lo que pretendemos recibir que por lo que queremos dar. La reflexión de Jacques Philippe me ha resultado también muy interesante y la veo muy acertada en esta publicación.
    Un fuerte abrazo 🙂

    • marcosplanet
      Posted at 23:50h, 10 noviembre Responder

      Muchas gracias por expresar tu opinión con tan interesante perspectiva, Miguel. En efecto, miramos mucho más por lo que pretendemos recibir que por lo que queremos dar.
      Un fuerte abrazo.

  • Federico Agüera Cañavate
    Posted at 17:14h, 05 noviembre Responder

    Me recuerda la canción de Mecano: Quise cortar la flor
    Mas tierna del rosal
    Pensando que de amor
    No me podría pinchar
    Y mientras me pinchaba
    Me enseñó una cosa
    Que una rosa es una rosa es una rosa.
    También me recuerda el trabajo que me mandó el profesor de filosofía sobre el libro El arte de amar de Eric Fromm. Saludos

    • marcosplanet
      Posted at 17:32h, 05 noviembre Responder

      Tengo el libro de From «Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Una referencia valiosa para intentar valorar más la autoestima y no confundirla con el ego.
      Muchas gracias por comentar y por la bella composición de Mecano.
      Saludos

  • Themis
    Posted at 19:28h, 30 octubre Responder

    Hola Marcos muy buena entrada esta del ego, esa parte esencial en nuestras vidas para poder tener comunicación con el afuera y sin embargo, tan ligada a los deseos y los afanes de querer ser, de tener la razón, de preponderar, de sentirnos que somos alguien y perdemos la vida luchando enfrentados al futuro, reviviendo el pasado y sin habitar en donde estamos: AQUI, el único instante que es nuestro, el único que podemos asegurar que viviremos, pues el próximo está tan lejos que podemos quedarnos en él. Al ego hay que domarlo, manejarlo con el látigo para que no se salga con vanas ilusiones, y pretensiones o no se quede en la retaguardia temiendo vivir, llevarlo por el camino de la felicidad que es nuestro camino, no hay otro, ni siquiera te lo pueden prestar y cuando se le toma se descubre que con o sin se es feliz, pues en él se encuentra la armonía y en ella el equilibrio y en él, pasa la felicidad fugaz pero intensa…. abrazo Themis

    • marcosplanet
      Posted at 19:59h, 30 octubre Responder

      Qué belleza expresas en tu comentario, Themis. Me llena de emociones el corazón. Es verdad que el camino de la felicidad es nuestro y solo nuestro y que hay que conducirse por el camino de la felicidad con el ego controlado, ni más… ni menos. Domarlo es lo difícil.
      Un fuerte abrazo, Themis.

  • Cabrónidas
    Posted at 18:23h, 28 octubre Responder

    Hola, Marcos. El ego es inherente al ser humano. Y no hay ni habrá humano alguno que no lo tenga, ya sea en demasía o en déficit. Lo mismo que el mentir: todo humano miente. Solo que algunos a sus mentiras las llaman piadosas. Y al igual que amamos, también odiamos. Bueno, algunos humanos son tan perfectos que no, no odian. En fin, mi opinión es otro culo más, y resulta que todos hemos nacido con uno. 🙂

    • marcosplanet
      Posted at 20:48h, 28 octubre Responder

      Si te fijas, el título es «Controlar el ego». Eso ya de por si deja claro que lo tenemos todos.

  • Lume
    Posted at 12:19h, 13 febrero Responder

    Una persona egocéntrica deja ver constantemente a los demás que se cree más importante que ellos, solamente se preocupa por sí mismo y el interés que muestra por los demás mayoritariamente es falso. El ego por mi parte no lo considero nada positivo porque implica la necesidad de sentirse superior a los demás y puede venir de creerse inferior o tener que demostrar algo al mundo. Por otro lado la asertividad es una gran virtud que no entra en conflicto con el ego, así que la asertividad sería la mejor manera de canalizar el ‘ego’ de forma positiva.

    Si alguien siente que tiene que demostrar algo a los demás o estar justificándose constantemente, en vez de aumentar su ego creyendo que los demás no le comprenden y merece más, puede trabajar en distintos aspectos de su vida que le ayuden a no darle tanto peso a la opinión que los demás tengan de él y reforzar los hábitos y conocimientos en los que flojea para ser más feliz.

    En cuanto a relaciones no considero que el ego suponga un problema si una de las personas está muy ocupada todo el día fuera de casa y la otra está encerrada en su habitación. Ahí lo importante es la comunicación, querer llegar a un entendimiento mutuo y hablar de las acciones que perjudican a uno y otro. Si una persona se cree tan importante como para no cuidar la relación y dejar que la otra persona le sirva, esa otra persona tendrá que comunicarle que una relación es cosa de dos y hablar de todos los conflictos. En este caso si no hay ningún tipo de cambio puedes optar por finalizar esa relación ya que no te aporta prácticamente nada y habrás sacado algo positivo. No merece tu tiempo estar con alguien que tiene un ego desmedido y solamente piensa en sí mismo para todo.

    Un abrazo!

    • marcosplanet
      Posted at 13:43h, 13 febrero Responder

      Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión. Espero que no sea fácil llegar a la situación de no aguantar la relación de pareja debido a un ego desmedido. En fin, cada uno verá lo que tiene al lado. Muy buenos razonamientos los tuyos, Lume.
      Te invito a que pases más a menudo por este blog.
      Abrazos.

  • Rosa Fernanda Sánchez
    Posted at 08:12h, 08 febrero Responder

    En mi opinión, toda la competitividad salvaje, producto de la sociedad en que vivimos, conduce a una insatisfacción permanente en el individuo, creándole inseguridad, que intenta camuflar con una actitud de falsa superioridad.
    Una gran reflexión la tuya, Marcos

    • marcosplanet
      Posted at 13:20h, 08 febrero Responder

      Asi es, Rosita. Comparto al cien por cien tu valoración.

  • Io
    Posted at 14:26h, 05 febrero Responder

    Tema complicado este del ego….
    Venga me voy a tirar a la piscina y sin flotador !!!!jajaja
    Pese a todos los estudios y lo que se suele decir, yo creo que en las relaciones de pareja, laborales, sociales… el tener el ego alto aunque parezca paradójico, llamarme loca si queréis! Jajajaja, es síntoma de inseguridades y baja autoestima, en definitiva tener poco amor propio y pueden incluso sentirse inferiores a los demás. Por eso una persona con mucho ego necesita imponerse, llevar siempre la razón llegando incluso a menospreciar a los demás, para creerse mejor y superior.
    Creo que una persona egocéntrica siempre vive frustrada, porque en el fondo necesita que las cosas se hagan (como él/ella/elle quiera), bajo su criterio, y se descolocan cuando no sucede así, por lo que a estás personas les cuesta encontrar la felicidad en cosas del día a día y que escapen a su control.
    En mi humilde opinión las personas con exceso de ego, son sólo pura y fría fachada, con muchos conflictos interiores, miedos e inseguridades.
    Pero esto es simplemente mi opinion, acepto críticas y todo tipo de opiniones

    • marcosplanet
      Posted at 16:48h, 05 febrero Responder

      Estoy plenamente de acuerdo con lo que dices. El egocentrismo lleva a la gente a comportarse queriendo imponerse a los demás, quedar por encima en todo, ser quien lleva las riendas y ante quien los demás deben rendirse.
      Pienso que el exceso de ego procede, principalmente, de esa inseguridad que tú mencionas, de la falta de confianza en si mismo que se ven obligados/as/es a revertir sobre los demás imponiendo su voluntad.

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