Cumbres del Cares. Ese Norte que fascina

En un artículo anterior os conté nuestra llegada a Caín de Valdeón, corazón del valle del mismo nombre salpicado por ocho pueblos.

Este valle al nordeste de la provincia de León es atípico pues se trata de una amplia depresión arropada por la Cordillera Cantábrica y los macizos Occidental y Central de los Picos de Europa.

Llegar a Caín desde Madrid nos llevó unas cinco horas y media, algo más de lo estipulado en el mapa de ruta, pero es porque paramos en los preciosos miradores que encuentras durante los últimos kilómetros de trayecto. También disfrutamos tranquilamente del paisaje y los poblados que hallábamos en el camino.

Nos detuvimos en el mirador de Pandetrave, a 1.562 metros de altitud, y nos fascinó la belleza extraordinaria de los Macizos de El Cornión y de Los Urrieles enclavados en los Picos de Europa.

El puerto de Pandetrave es un paso de montaña con 1562 m de cota máxima situado entre las comarcas de Tierra de la Reina y Valdeón (León), a través de la carretera LE-243, atravesando de S a N la cordillera Cantábrica.

Partiendo de Boca de Huérgano, para llegar a Pandetrave has de atravesar Villafrea de la Reina, Los Espejos de la Reina, Barniedo de la Reina y Portilla de la Reina, durante 21,4 km

Cumbres del Cares. Ese norte que fascina

 

En esta zona se fusionan las montañas del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre con la vertiente leonesa de los Picos de Europa.

Es aconsejable ir sin prisas y disfrutar de la belleza de uno de los entornos naturales más atractivos de España. En Pandetrave, junto a una explanada donde puedes aparcar sin problemas, existe un camino ancho que sube hasta Collado Jermoso. Recorrimos el primer kilómetro de subida para hacer fotos únicas y regresamos al mirador con la sensación de habitar un paraíso natural.

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A diez minutos de Pandetrave (unos 6,5 km) nos detuvimos para tomar un bocadillo en el pueblito de Santa Marina de Valdeón, un lugar donde parece haberse detenido el tiempo

 

Esta aldea está encajada entre montañas refulgentes de verdor y es ideal sentarse en el mirador de la entrada. Allí aparcas el coche con facilidad pues dispone de varias plazas para ello. Al final de una escalinata están los bancos para poder contemplar el paisaje llenando de paz tu mente.

En Santa Marina de Valdeón, durante la Baja Edad Media (siglo X) se fundó el Monasterio de “Santa Marina de Mades”, adscrito al influyente Monasterio de Sahagún de Campos. También deseaba su adscripción la vecina abadía de Liébana, debido a los privilegios de usufructo otorgados al Abad por el rey Alfonso VI.

El paisaje en torno a Santa Marina de Valdeón es espectacular, aunque en las fotos no puede apreciarse. No hay nada como el ojo humano para recrearse con la belleza

En Santa Marina existió un monasterio conocido como Santa Marina de Mates o Mades, que adoptó la Regla de San Benito en el año 1081. En el año 1093 habitaban en la abadía unos diez monjes bajo la autoridad del abad Pedro, entre los años 1081 y 1113

 

Según esta información:

“Santa Marina de Valdeón, con sus 1.156 metros de altitud, tiene el privilegio no sólo de ser el pueblo más alto del Valle de Valdeón sino también de todos los que se encuentran dentro de los límites del Parque Nacional de los Picos de Europa, por lo que presenta unas vistas inigualables tanto del Macizo Occidental como del Macizo Central. Es a su vez la localidad más antigua del Valle de Valdeón. En la Edad Media fue una importante población organizada en torno a su monasterio, el cual se había creado como parte de una política de repoblación en el reino de León”.

Veinte minutos (11 km) nos separan de Caín de Valdeón

 

El tramo final que te lleva hasta Caín es la carreterita LE-2703, estrecha y poblada de curvas, algunas sin visibilidad para advertir si viene un vehículo de frente. Es recomendable ir con cuidado y sin distraerse con el magnífico paisaje. Este entorno paradisíaco es una constante en todo el valle, y cuando haces la ruta del Cares comprobarás que aún puede aumentar la fascinación.

Alcanzamos Caín sobre las 15:30 de un día de junio en que tuvimos la suerte de no encontrar demasiados turistas en el pueblo. A Caín llegan personas procedentes de casi todo el planeta. La máxima prioridad de todo el que llega es hacer la ruta del Cares, por lo que imaginamos que la mayoría estaría en ello. Hacia las 16 horas iniciamos la senda que va de Caín a Poncebos para comprobar que apenas había senderistas, lo que contribuye indiscutiblemente al disfrute del recorrido. Puedes parar en cualquier sitio e hincharte a hacer fotos sin limitaciones y tampoco debes vigilar el cruce con los que vengan en sentido contrario desde el pueblito de Poncebos (parte asturiana), a 12,5 km de Caín (parte leonesa).

Cumbres del Cares. Ese Norte que fascina

Caín de Valdeón, o tan sólo Caín, es una aldea del municipio de Posada de Valdeón, provincia de León. En 2013 contaba con una población censada de 69 habitantes. Se encuentra ubicada en el Valle de Valdeón, a 460 metros de altura. El corazón de los Picos de Europa

 

Una explicación muy bien resumida del origen del paisaje kárstico en los Picos de Europa

Inicio de la senda del Cares. Comienza la fascinación

Mediante la construcción (años 1916 a 1921) de la presa de Caín se consigue la captación y embalse de las aguas del río Cares para conducirlas hacia el canal de 9,5 km de longitud, 5,8 entre túneles) que termina en la central hidroeléctrica de Poncebos (Asturias)

Para proporcionar un mantenimiento adecuado a esta compleja obra, tuvieron que desarrollar una senda contigua al canal, la conocida Senda del Cares. El anterior camino de mantenimiento resultaba extremadamente duro, por lo que encargan a Manuel Campillo Noriega, natural de Bulnes y encargado del Mantenimiento del Canal, la construcción de la actual ruta entre los años 1945-1950.

Hay que tener en cuenta que la máxima anchura de la senda es de unos dos metros hasta los Collados, donde el espacio disponible es mayor. Hay tramos donde no hay más de 1,5 metros…

 

Lo que esta senda ofrece es incomparable, una experiencia de disfrute completo para los sentidos; la expresión de la naturaleza en todo su esplendor. Puedes admirar a un lado del recorrido los picos más escarpados del macizo central (los Urrieles) o el lado occidental (el Cornión) cuajado de canales y collados inclinados que tapizan de verde intenso las laderas.

Descubrimos cuevas y oquedades con las formas más sorprendentes en este recorrido donde abundan las familias de rebecos que saltan de forma inverosímil entre las paredes verticales de caliza. Casi nunca tuvimos que apartarnos para continuar el camino pues estos rumiantes parecidos a las cabras son bastante “corteses”. De pelaje pardo grisáceo, lucen una franja negra a ambos lados de la cara y te miran con unos ojos verdes oceánicos que llaman la atención. En ellos se reflejan los Picos de Europa.

Los rebecos jalonan la senda, bien agrupados en familias, bien individualmente. Algunos descansan tranquilos en un rincón y otros se apartan del camino cuando pasas a su lado. Es increíble que no se deslicen hacia el abismo situado al otro lado. Mantienen un equilibrio perfecto en un palmo de terreno

Cumbres del Cares. Ese norte que fascina

 

Hicimos la ruta por segunda vez dos días más tarde. En esa ocasión partimos de Caín a las 8 h de la mañana. Lo normal sería llegar hacia las 11 h a Poncebos, pero nos entretuvimos bastante haciendo fotos y disfrutando del maravilloso recorrido.

Gracias a que apenas te cruzabas con nadie, hubo momentos en que respirabas tanta paz que te apetecía sentarte en cualquier roca y simplemente contemplar. Admirar ese entorno es un privilegio, sin prisa, sin pensar en otras cosas, tan sólo dedicándote a divisar cómo cambia el horizonte con cada recodo del camino.

Al fondo divisamos el Puente de los Rebecos

Llegamos al lugar conocido como «Encinas del Cares, La Cuevona»

El Puente de los Rebecos ha sufrido varias reparaciones durante años. Aún así, sigue necesitando mantenimiento

Los que escribimos sobre viajes damos mucha información para intentar facilitar a los demás sus propias excursiones. Me refiero a nombres, ubicaciones, historia, anécdotas, leyendas incluso; datos y más datos. Pero ahora me apetece escribir solamente de lo que siente el corazón del caminante en medio de estos gigantes calizos de roca blanca bajo la hierba esmeralda.

Las lluvias y el deshielo llenan de vida un entorno bendecido con la belleza

 

Las surgencias de agua en la falda de cada montaña, allá donde se vuelve plana la superficie para dar cauce al río, contribuyen al volumen y la fuerza del Cares surcando un desfiladero encantado.

Es bueno, muy relajante también, escuchar el sonido de las turbulencias acuosas que se deslizan por ese cauce, que animan a descender a la misma altura del río y refrescarse por dentro y por fuera. Estás en un entorno de hadas donde puedes imaginar cómo danzan junto al río en compañía de duendes y náyades. Resulta fácil descubrir rincones únicos, ya sea entre las rocas, a lo largo del praderío de montaña o en las orillas del río.

Hay momentos en que, parado frente al lado opuesto del camino, puedes observar oquedades que son la insinuación de cuevas o grutas de profundidad ignorada. Quién sabe las historias o leyendas que guarden sus oscuras paredes por donde a buen seguro discurre el agua filtrada desde las cumbres.

Desconocer la ruta del Cares tiene fácil remedio y este es muy placentero: organizarse uno de esos viajes que nunca se olvidan y del que darás buena cuenta con un reportaje gráfico único. Pero lo que conseguirá llenar tu espíritu de evocación al recordarlo será la experiencia de contemplar los Picos de Europa con mirada pausada, recreándote en los recovecos que quieras, sin forzar la marcha. Disfruta de los sentidos.

Cumbres del Cares. Ese norte que fascina

 

Hubo un momento especial al descubrir un panorama iluminado por el sol a las 9 de la mañana de un día de junio despejado como ninguno. Doblas una curva y atraviesas un húmedo túnel excavado en roca. Entonces lo ves. Ves cada rayo de ese sol puliendo con su brillo la superficie del agua verde aguamarina, arrancando del río un abanico de tonos allá donde oscilan las torrenteras y aminoran su marcha. Es un tramo que amansa el ímpetu de las aguas y las conduce con placidez para nuestro deleite, como un espejo líquido que plasma el entorno.

Lo curioso es que cuando crees que ya nada en el camino podrá sorprenderte más, compruebas que estabas equivocado. El sol juega con las cimas montañosas, se desliza entre rocas y pastos como una lengua creciente de luz diáfana enriqueciendo todo a su paso, bañando el Monte Vindio de los celtas desde tiempo inmemorial. Una ráfaga de asombro, ilusión y sensación de vivir un deseo concedido invade tu alma.

 

Si queréis descubrir lugares donde nunca hayáis estado, os recomiendo pensar primero en nuestra extraordinaria cordillera cantábrica o en cualquier otro entorno paisajístico de España, antes que intentar encontrar el viaje de tu vida en tierras foráneas.

Lo que guardan nuestras montañas, bosques y costas es un espacio privilegiado donde conviven la riqueza natural y la nobleza de las buenas gentes que encontrarás a tu paso.

Y aquí nos despedimos hasta la próxima ruta. No dejéis de visitar marcosplanet, descubriréis un entretenimiento… diferente.

Salud y suerte, amigos!!

13 Comentarios
  • A dónde viajar
    Posted at 09:44h, 07 febrero Responder

    Qué bonita ruta de montaña! La ruta del Cares siempre nos ha encantado!!!
    A los que no la habéis visitado os la recomendamos 100%, las fotos de Marcos son impresionantes, pero vivirlo en persona es una experiencia genial.

    Saludos!

    • marcosplanet
      Posted at 13:50h, 07 febrero Responder

      Muchas gracias por tu recomendación. Me alegra que te haya gustado.
      Saludos!

  • Quim
    Posted at 22:59h, 05 febrero Responder

    Nunca hemos estado en la ruta del Cares y después de leer el artículo nos han entrado muchas ganas de visitar ese maravilloso lugar, gracias por el artículo, saludos!!

  • jose
    Posted at 00:21h, 14 agosto Responder

    Impresionante el recorrido y preciosas las fotos!! Gracias por compartir toda esa belleza! Saludos!

  • Maty Marín
    Posted at 04:16h, 13 agosto Responder

    Este ha sido un viaje especialísimo, más que bello y maravilloso. A mí me toca de manera especial porque no tengo la oportunidad de ver de cerca estos lugares, no puedo viajar. Por eso me solazo increíblemente con regalos como este que tú, Marcos, nos has dado. Lo he vivido a plenitud.
    Pero si algo me atrapó AÚN MÁS es esta frase:

    «Pero ahora me apetece escribir solamente de lo que siente el corazón del caminante en medio de estos gigantes calizos de roca blanca bajo la hierba esmeralda.»

    «LO QUE SIENTE EL CORAZÓN DEL CAMINANTE » junto con las hadas, duendes y náyades.

    Me has dado un regalo hermoso. Muchas gracias

    Un gran saludo.

    • marcosplanet
      Posted at 21:01h, 13 agosto Responder

      Me han emocionado tus palabras. Me hace mucho bien saber que lo que escribo puede llegar al corazón.
      Muchísimas gracias por mostrar esa sensibilidad.
      Un abrazo.

  • Merche
    Posted at 19:45h, 12 agosto Responder

    Fascinantes imágenes, una maravilla de sitios y paisajes. Gracias por compartir.
    Un abrazo. ????

  • Laura López Román
    Posted at 11:08h, 12 agosto Responder

    ¡¡¡Que maravilla!!! Con tu relato casi podemos transportarnos y hacer el camino a vuestro lado. Un abrazo enorme.

  • Rosa Fernanda
    Posted at 08:57h, 11 agosto Responder

    Felicidades por este documento, que ya ha creado en mi la necesidad de conocer esos bellísimos parajes .Las fotografías bellísimas

    • marcosplanet
      Posted at 21:05h, 11 agosto Responder

      Muchas gracias por tus opiniones, tan constructivas siempre.
      Un fuerte abrazo.

  • TITO
    Posted at 22:48h, 10 agosto Responder

    Increíbles fotografías, que ganas de algún día realizar la ruta. Enhorabuena por el trabajo.

    • marcosplanet
      Posted at 21:05h, 11 agosto Responder

      Muchísimas gracias por tus aportaciones.
      Un fuerte abrazo.

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