23 Feb El agente literario más famoso del mundo
El agente literario más famoso del mundo
Belindo Horcajadas Pruitt destacó desde recién nacido pues sobrevivió a un parto en un estercolero, donde los deshechos del barrio de Las Mantas cubrían una amplia zona de las afueras. Su madre hacía la calle durante una prolongada jornada laboral y no tuvo otra oportunidad de soltar al bebé que la de hacerlo en “El raso”, la conocidísima prolongación del polígono industrial.
La zona lindaba con la autovía del sur, desde la cual, los vecinos chabolistas podían ver los trasiegos que Rossana, la madre de Belindo, llevaba a cabo de un lado a otro recibiendo clientes recién llegados con quienes pactaba sus límites.
No menos de diez euros y no más de quince minutos por cada trabajo eran las normas a cumplir, llegando a acumularse a veces una larga clientela. El escenario del cumplimiento normativo residía en el propio vehículo de la meretriz, un Renault Laguna de los años ochenta con la pintura quemada, sin tapacubos ni ningún otro posible embellecedor que diera algo de lustre a la antigualla.
En pleno verano, los más osados de sus habituales se arriesgaban a padecer deshidratación aguda en el interior de un coche que cada vez acusaba más los efectos del sol chicharrero pues solo un árbol daba sombra cuando la hora del día resultaba propicia, consiguiendo bajar la temperatura interior del vehículo unos cinco grados, es decir, recibían los placeres de Rossana a treinta y cuatro grados centígrados. Todo un regalo para esas fechas en pleno secarral.
Belindo había soportado como un héroe de leyenda la soledad de una chabola levantada a medio kilómetro del solar donde habían instalado aquel cacharro de desguace. Su madre quiso mantener alejado el centro de operaciones de la barraca, su hogar y santuario donde su hijito recibía los cuidados de su tio, hermano de su padre, aquel que huyó despavorido cuando Rossana le confesó que la había dejado embarazada.
El cuidador y tío de Belindo por parte de padre se llamaba Tarsicio, apodado “El Tranquilo”, que había quedado en el paro tras diez años de haber trabajado en un puesto de carnicería en el mercado de la ciudad, donde había destacado especialmente por la experta elaboración de salchicha blanca con la que se deleitaban los clientes. “El tranquilo” había ejercido de niñero oficial hasta que Belindo cumplió los cinco años, labor que Rossana había reconocido con presteza cohabitando con él como si fueran pareja, situación que ni ellos mismos sabían si alcanzaban.
Lástima que el pobre no pudiera enseñar al niño a leer y escribir, el mínimo requerido dada su edad. Tras terminar el encomiable trabajo educando a Belindo, Rossana fue adueñándose poco a poco de su dinero hasta dejarlo en la ruina, lo que le condujo a un alcoholismo crónico. Tarsicio murió en el hospital Central sin la presencia de ella ni de ningún otro.
Desde luego, el momento y lugar de nacimiento de aquel bebé no le hizo justicia dado el gran futuro que le esperaba. El estercolero que fue testigo de los primeros berridos del nacido recibía toda clase de vertidos. Allí morían ratas de la peor composición genética, la que mejor aguanta los ambientes hostiles. Pero allá estaba Belindo, como un bebé guerrero preparado para afrontar cualquier contienda futura. Si tan bien le había ido con sus batallas diarias contra el tifus, la malaria, meningitis, tosferina, tuberculosis y otras enfermedades peligrosas sería porque estaba destinado a la supervivencia.
Belindo tuvo la fortuna, pues, de ser criado por alguien que le transmitió un carácter relajado que, sin saberlo nadie, aportaría unas cualidades muy útiles para el pequeño. A medida que se hiciera mayor iría adquiriendo un talante muy especial para los negocios que iba a acabar trayéndose entre manos.
Las librerías exponían en sus escaparates los best sellers de moda. Un tal Marck Cover encabezaba las listas de libros más vendidos en España y gozaba del mayor espacio en las estanterías. Le seguían una pléyade de libros repartidos por toda la tienda en expositores de todo tipo.
Lo único que interesaba a Belindo eran los nombres de los autores de aquellos libros. Él anotaba los nombres y una mínima frase del resumen que publicaba la editorial. En su libreta desgastada de hojas amarillentas acababa de añadir once títulos a su ya dilatada lista. Ninguno de ellos figuraba entre los más solicitados por el público, ni siquiera habían logrado posicionarse; auto-publicaciones en su mayoría. El resto de los que había apuntado pertenecían a sellos de mínima repercusión en el país.
–Búsqueme usted los libros menos vendidos de esta tienda dentro de cualquier género de ficción, por favor.
La voz de Belindo resonaba con unos timbres melosos pero para nada afectados. Era como si un tarrito de miel emanara de sus cuerdas vocales.
Al principio, el dueño de la tienda reaccionó con sorpresa, pero diligentemente acabó cumpliendo con el encargo, sin rechistar.
–Sí, sí señor. En seguida…
Al cabo de unos diez minutos de subidas y bajadas de la escalera portátil, trasiegos diversos entre estanterías y gestos momentáneos de duda, el buen librero había acumulado sobre la mesa principal unos veinte ejemplares.
–¿Conoce usted bien el contenido de esos libros o algunas otras obras de sus autores? –preguntó la voz de miel.
–Bueno, yo… a ver, no todos. Pero sí que le recomendaría algunos, si eso es lo que usted realmente quiere, amigo.
Al momento Belindo decidió fichar al librero Simón Lobera como su primer ayudante de campo.
–Está bien, clasifíqueme por favor aquellos que mejor conozca en una lista por géneros y, digamos, confianza que usted pone en el autor. Puntúe de uno a cinco si es tan amable.
La lista resultante sirvió a Belindo para contactar a cinco autores señalados por el experto Simón como preferidos. De ahí surgieron contratos con editoriales seleccionadas por él en otra lista de su agenda amarillenta.
El agente logró que los cinco autores casi desconocidos publicaran con Basic Libros, empresa familiar donde tres personas llevaban el peso de todas las ediciones. Basic Libros se convirtió en una empresa de cinco trabajadores al primer año de colaborar con Belindo y la plantilla aumentó a diez en el segundo año.
Lo mismo sucedió con otras cinco editoriales de la lista inicial elaborada por el fiel Simón Lobera, que ya se había convertido en un asiduo asesor del agente literario quien, a pesar de todo, aún no era conocido en el mundillo, pero eso lo estaba arreglando.
Desde hacía tiempo, el agente frecuentaba fiestas, presentaciones de libros, cócteles de editoriales grandes que convocaban a los grandes medios de comunicación, así como conferencias de autores consagrados y otros que empezaban a destacar pero sin asomar mucho la cabeza. Estos constituían el objetivo principal de Belindo. Lograr que quienes estaban representados por un agente que aún no les había hecho despuntar, tuvieran a bien depositar en él su confianza como una alternativa.
–Vamos a mover el mundo para que gire como mejor nos convenga, Alonso –dijo a uno de sus autores en una reunión de editoriales VIP. Ambos sostenían una copa de vino espumoso Veuve Clicquot Rich, un blanco dulce francés de la bodega Veuve Clicquot Ponsardin.

El catering del Círculo de Bellas Letras, que acogía el evento, no defraudó a nadie. Salmón confitado con salsa de lima, salsa de ostras en revuelto de brotes de soja para añadir a langostinos de buen tamaño y variedades de patés con quesos asturianos que resucitarían a un muerto, constituían el acompañamiento alimenticio del ágape.
La reunión era importante porque suponía la presentación oficial del último best seller de Marck Cover para una campaña a nivel nacional. Marck tenía vínculos con la tierra española porque desde su adolescencia veraneaba en Matalascañas y su madre nació en la granadina Pampaneira.
–Vamos, Alonso Quijano, arrímate a mí y aprende técnicas de socialización en un cóctel lleno de peces gordos. –animaba Belindo a su último autor contratado. Este se llamaba igual que el ingenioso Hidalgo D. Quijote de La Mancha, dato que el agente literario gustaba de utilizar cada vez que se dirigía a su escritor favorito. Alonso había sido el primer pupilo de Belindo que había alcanzado doscientos ejemplares vendidos en el primer mes de promoción.
–¡Hola Claudia! –soltó Belindo sosteniendo y besando con confianza una mano de la treintañera agente de marketing de Orbis Vita, la editorial neoyorquina que había pagado a Marck Cover ese año quinientos mil dólares por ventas en los Estados Unidos.
–¡Hola Belin! –exclamó alegremente la chica. Lucía un pelo castaño ensortijado con dos rizos que le caían sobre la frente haciéndola parecer una patricia romana–. ¿Estás aquí desde hace mucho?
–Lo justo más bien. Mira, este es Alonso Quijano, mi última y mejor apuesta –Belin se dirigió en seguida hacia el escritor con su agraciada voz–, si me permites que lo diga así, amigo mío.
El autor de Un millón de burbujas no se molestó y saludó a la recién encontrada.
–Esta es Claudia Romera, una aguda profesional del sector y además amiga. Está interesada en tu obra. Bien, ahora os dejo a vuestro aire. He de saludar a más gente.
–Vaya, veo que Belindo ha hecho presa en ti –indicó la enviada de la gran editorial.
–Depende de cómo lo veas. Puedo ser yo quien haya hecho presa en él atrapándolo para que me lleve hasta el final del arco iris. –repuso Alonso Quijano mientras soltaba un beso en cada mejilla de ella por aquello de los formalismos.

La cara de aquella mujer tenía la virtud de crear casi de modo automático en los hombres una corriente magnética que reducía el número de sus neuronas en varios millones por segundo. En las mujeres el efecto era de una frialdad mal contenida.
–He leído Un millón de burbujas. Tu libro no me dejó indiferente –espetó la especialista en marketing–. Parece bien dirigido a quienes pretende seducir.
–¿Y a quienes crees que pretende seducir? –interpeló el escritor apurando de un trago su gin tonic.
–Pues a los neoliberales con conciencia de que debe haber un cambio.
–No me preocupan los nichos políticos. Creo que mi obra no es para encasillarla bajo etiquetas. Precisamente huyo del encasillamiento. Lo detesto –admitió el escritor mientras hacía un gesto a un camarero próximo para que les acercase una bandeja de cócteles.
–Gracias, pero no voy a beber más –atajó ella haciendo el gesto de stop con la palma de una mano ensortijada.
Alonso escuchaba mientras tanto las expresiones de muchos de los presentes que exhibían los modos habituales de aquellos que llevaban varias copas de más. Un sentimiento de frustración pareció apoderarse rápidamente del quijotesco Quijano, quizá por su peregrina idea de atrapar a esa tal Claudia entre sus irresistibles zarpas.
El moderno hidalgo se arrimó a la dama todo lo que le permitió su ya notorio aliento a alcohol y pronunció a su oído unas palabras con mal disimulada intención de vocalizar correctamente.
–Así, con sinceridad de recién llegados ¿crees que Belindo podría conseguir algo bueno para mi en Orbis Vita?
Acto seguido, una de las manazas de Alonso acarició el costado de la ejecutiva, quien no tardó ni dos segundos en derramar su copa sobre la cara del donjuán.
–Uy, qué torpe… voy a buscar una servilleta al fin del mundo –dijo ella airada, pero exhibiendo una abierta sonrisa.

Belindo Horcajadas había logrado departir con un par de tipos del equipo publicitario de Orbis. Los tres habían entablado una animada conversación. Un camarero de bandejas volantes les había servido su tercera o cuarta copa, eso sí, acompañadas de paté de hígado de oca oloroso, untuoso y causante de que el vómito posterior, cuando ya no queda capacidad al hígado de filtrar tanto alcohol, adquiera un sabor metálico característico.
–Atención a la campaña que estamos montando en medios, te aseguro que va a ser algo inesperado –decía con expresión de exagerada celebración Donato Siglas, jefe de relaciones con los medios de Orbis, intentando combatir el dolor de sus rodillas. El fin de semana esquiando en Candanchú y un sobrepeso palpable le habían pasado factura.
–“El hobbit, un viaje inesperado”, qué buen título eligió Peter Jackson para su segunda recreación de la obra de Tolkien. Me gusta la palabra “inesperado” –declamó Dorian Vigo, compañero de campañas de Donato y mucho mejor dotado para el esquí que él–. Quiero incorporar esa idea al anuncio en televisión del best seller de Marck. Nuestro autor estrella estará de acuerdo, seguro.
–Yo no me anticiparía –dijo Belindo mientras pinchaba un canapé de paté de ciervo con mermelada de granadas–. Los autores son mundos aparte, llenos de matices inesperados. Probad con un buen video promocional en redes sociales. Aún no he visto ninguno.
–Bah, a nuestro autor estrella le gustará la analogía con el Hobbit, estoy más que…
En ese instante, alguien tuvo la torpeza de tropezar con una bandeja volante, más bien con el camarero que ejercía de portador de la misma. Una bandada de canapés, tapas y copas a medio vaciar viajó por los aires del selecto club, impactando sobre la vestimenta de alguien que parecía muy sulfurado. Allí se habían dado cita decenas de agentes, ejecutivos de diverso fuste, publicistas y representantes de los medios de comunicación más diversos.
Dos señores de cuidada barba entrecana aparecieron en medio de la tangana formada alrededor del camarero. Uno de ellos, de unos cincuenta años, resultaba para Belindo vagamente familiar. Sí, sí, lo recordaba de haberlo visto en algún noticiario patrocinando algún premio literario. ¡Claro!, era Florindo Contreras, dios absoluto de Orbis Vita. El otro individuo parecía estar buscando desesperadamente un hueco en el suelo donde meterse.

–Eh, mirad eso. ¿Es Contreras ¿verdad? –inquirió Belindo con vivo interés–. Menuda leche le han dado. ¿Quién será el que le ha estropeado el look?
–Es… es un agente literario, lo conozco bien –aseguró Dorian Vigo frunciendo su poblado entrecejo–. Bobby es quien nos trajo de la mano a Marck Cover. ¡No puedo creer que haya embarrado así a nuestro presidente!
–Quien haya chocado contra el camarero puede dar por extinguido su contrato con Orbis –sentenció Donato Siglas engullendo un dulce de leche–. ¿Cómo ha podido nadie ser tan torpe?
–De torpe nada, ¡mirad eso! –advirtió Belindo señalando con su copa de cava hacia el lugar del suceso. Ese tío se ha desmayado…
En cuestión de segundos, no menos de diez personas observaban cómo el fornido cuerpo de Bobby, el agente del famoso Marck Cover convulsionaba sin pausa junto a sus dos testigos más próximos, el camarero colisionado y el dueño de Orbis, un sudoroso Florindo con cara de pocos amigos que intentaba secar las manchas de su traje de Brunello Cucinelli sin conseguir nada práctico.
–Pero ¿Qué le pasa a este? ¿Me ha puesto perdido y ahora le da un ataque? –inquirió burlonamente el preboste con las manos manchadas de la salsa de arándanos que, en su totalidad, había cambiado el recipiente de un cuarto de litro sobre el que se hallaba por la pechera de la camisa de Armani que estrenaba el editor ese mismo día.
–¡Retiren de aquí a este individuo! –gritó desesperado. A los empleados les parecía mentira tanta frialdad teniendo en cuenta que Bobby había entregado diez años de su vida a gestionar más de una decena de best sellers para Florindo.
–¡Busquen a un médico, por favor! ¿Hay uno entre el público? –solicitó Donato.
Al cabo de unos segundos apareció un hombre que dijo que lo era, se acercó a Bobby, le practicó unas maniobras de reanimación y fue el primero en observar cómo el rostro del agente literario se teñía de un azul Prusia que indicó al facultativo que había sido envenenado por sales de plata.
–Este hombre está muerto –afirmó el médico–. Avisen a la policía y que un forense decida el diagnóstico.
Y eso es todo por el momento. Ya veremos cómo continúa la historia ¿Cómo creéis que ha llegado el veneno hasta el pobre Bobby?
Deja tu opinión en comentarios ¡Gracias!


Federico Agüera Cañavate
Posted at 04:04h, 04 abrilMuy buena idea situar una novela policíaca en el entorno literario. Tendrá relación el pasado de Belindo con el asesinato? Espero ansioso la continuación del relato. Saludos
marcosplanet
Posted at 11:35h, 04 abrilMuchas gracias, Federico. Intentaré tener lista otra entrega pronto.
Saludos.
Maty Marín
Posted at 10:20h, 20 marzoOhhh ya casi terminaba mi comentario cuando no sé qué hice que me salí de la página.
Bueno Marcos, decía algo así como que vaya historia! Belindo, yo preguntándome qué habrá sido de Rossana, apenada por el fallecimiento de Tarsicio. Y bueno, entrando en materia pensaba en que ese mundo al que accedió Belindo de esa forma que tiene la vida para dar sorpresas, ya que son mundos opuestos haber salido de un estercolero para luego esa vida. Y pensaba también en el paralelismo con los escritores que sufren penurias para publicar sus obras y en todo un mundo de intereses creados alrededor de esto. Todo el ambiente es algo así como «snob» y caray, qué pena por los verdaderos escritores. Y terminar con la super extraña muerte por envenenamiento de Bobby, de la cual la verdad es que no me explico la razón, hasta pienso, ¿No habrá sido que padecía alguna extraña enfermedad? Va a ser interesante ver cómo continúas la historia.
Y siempre, siempre llamándome la atención tus imágenes: oportunamente bien creadas y deben haber sido también una proeza lograrás con detalles muy exactos. Repito esto mucho, pero es que de verdad te quedan muy bien.
Espero no poner un dedo de manera inadecuada y que me suceda lo de hace un ratito. Te dejo un abrazo y mi felicitación no sólo por el relato, sino por tu afán y perseverancia, tu facilidad para la creación de situaciones y, especialmente, tu estupenda escritura.
marcosplanet
Posted at 22:12h, 20 marzoEl envenenamiento de Bobby lo he pensado para dar pie a la continuación de la historia. Me parece que las opciones son varias y con posibilidad de crear una historia amplia. Sobre las imágenes pues, ¿Qué decirte? son el resultado de mucho tiempo de intentos fallidos para que la IA te entienda bien.
Muchas gracias por tus palabras, Maty. Son oro para mí.
Tarkion
Posted at 05:29h, 08 marzo¡Marcos!
Vaya historia la de Belindo Horcajadas Pruitt, desde luego ha tenido un origen digno de un personaje que solo podía acabar en el mundo de los negocios con una mentalidad de supervivencia. Me ha llamado la atención cómo pasamos de ese ambiente casi de novela picaresca a los círculos más elitistas del mundo editorial, con copas de Veuve Clicquot y reuniones donde se decide el destino de los próximos best sellers.
La escena final en el evento es un giro interesante, con la tensión creciente en ese ambiente de lujo hasta desembocar en un envenenamiento inesperado. Lo de las sales de plata me ha parecido un detalle curioso, un veneno poco convencional en la literatura actual, lo que añade un punto de intriga.
Sobre cómo pudo llegar el veneno hasta Bobby, hay varias posibilidades. En un evento así, con comida y bebida circulando sin descanso, envenenar una copa o un canapé sería lo más obvio, pero quizá demasiado fácil. ¿Y si el veneno ya estaba en su organismo antes de llegar? ¿O si alguien se aseguró de que lo ingiriera en el momento justo? Aunque viendo lo fríos que son algunos personajes, no descartaría que el propio Bobby fuera un blanco previsto desde hace tiempo.
¡Veremos cómo sigue la historia! Un abrazo.
marcosplanet
Posted at 12:41h, 09 marzoEstás bastante cerca de la solución a lo del envenenamiento, Miguel. Le daré fin a esta historia (aunque no sé si lo mejor sería continuarla) en el siguiente episodio.
Un abrazo, colega bloguero.
Rosa Fernanda Sánchez Sánchez
Posted at 15:59h, 04 marzoMagnífico relato, como siempre, hermano. Es verdad que la vida se ensaña con algunas personas y a veces las mismas dificultades hacen que saquen la fuerza hasta la extenuación, consiguiendo llegar alto en la vida. Muchas veces estas mismas personas ,no necesariamente, empatizan con las que, como ellos, están atravesando por circunstancias muy difíciles.
En este caso, Belindo no es así, por suerte
marcosplanet
Posted at 16:06h, 04 marzoPor supuesto que si, Rosita. Lo que no sabemos es a qué carta se quedará finalmente Belindo, si del lado de los sorprendidos por la fama que se sientan en un sillón de oro a ver la vida pasar o quienes quieren de verdad hacer algo por los demás.
Un montón de besos.
Io
Posted at 00:35h, 26 febreroQue vida tan difícil tienen algunas personas y lo complicado que tiene que ser en esas circunstancias sacar un hijo adelante…..
Está claro que si Belindo consiguió salir adelante era porque le esperaba algo mucho mejor de lo que fue su llegada al mundo e infancia.
Me ha gustado que Belindo brinde una segunda oportunidad a los escritores que no lograron el éxito que todos desean. Debería haber muchas más personas como él, no sólo en el ámbito literario, sino en todos los campos, para apostar por la valía de las personas
Yo no creo que él sea el culpable del envenenamiento, pero seguro que este trágico suceso le abrirá las puertas.
Un fuerte abrazo Marcos