El Club de Jazz

Esta es mi participación en el Vadereto del mes de febrero convocado por nuestro querido amigo José Antonio.


El Club de Jazz

 

Ella aparecía sobre el escenario como una diosa de los mitos nórdicos, luciendo esa melena pelirroja tan propia, su marca personal. Sus dedos se deslizaban por el contrabajo como una madeja de lana, deshaciéndose y volviéndose a componer en movimientos precisos, generando vibraciones únicas, improvisadas con un talento fuera de lo común.

La ‘jam sesión’ había dado comienzo en la Sala Rosses hacía media hora y hasta el momento en que la diosa de nombre Gala subió al tablado, la atmósfera era más bien plana. Un hombre de aspecto tosco, ataviado con una chaqueta de paño demasiado gruesa y un sombrero tipo bombín demasiado pequeño, había desgranado monótonos acordes que aumentaron el jaleo del ambiente en la sala.

Rosses llevaba abierta toda una década y hoy en día era un referente nacional en poder de convocatoria para atraer a los mejores músicos de jazz:

El saxo tenor estadounidense Kamasi Washington, el bajista Thundercat, el guitarrista Jakob Bro, el experimental Jamal Moss o el pianista cubano Roberto Fonseca, habían pasado por la Sala Rosses.

La mujer ejecutaba ritmos que parecían salir de su contrabajo  como proyectados en una cadena sin fin, en una suerte de cascada de gozo interminable para los oídos.

Gala representaba un cambio, como el aire fresco de una mañana de abril, en el repertorio de músicos que participaban en la jam. El acompañamiento que la arropaba era de primera. Tuba, clarinete y batería acompasaban el ritmo marcado por un trompetista con pulmones de acero.

Entre los habituales del Rosses, Patricio o Patrick para los más cercanos, representaba un híbrido entre cliente-fan del jazz y baterista amateur que participaba en aquellas sesiones donde la improvisación era la clave. No era ningún virtuoso de la percusión, pero se afanaba y el público lo agradecía.

Los primeros meses después de conocerse, la contrabajista Gala le había parecido lejana en sus expectativas, casi inalcanzable, porque la actitud habitual en él de ocultar su timidez socialmente no le valía con ella. Y ella era una conocida figura del mundo del jazz.

En la Sala Rosses se daban cita ciudadanos de todo tipo y condición, de treinta años de edad para arriba. Acudían en parejas de ambos sexos o del mismo, rodeados de amigos o en solitario, todos hermanados por ese género musical derivado de ritmos y melodías afronorteamericanos y caribeños.

Gustavo regentaba con mano firme y experta el negocio del Rosses, habiendo conseguido la atracción del público y de las bandas más cosmopolitas, incluso las de allende los mares. Su Dj era uno de los pinchadiscos más solicitados a nivel nacional, quien se encargaba de prolongar la música hasta altas horas de la madrugada añadiendo una selección de piezas maestras del blues, pop o rock.

En sus salidas nocturnas a ese selecto club, Patricio había conocido a varias personas interesantes y a otras a las que no deseaba volver a ver, entre ellas un músico nacional cuya habilidad con el bajo eléctrico era discutible. Lo que menos gustaba a Patricio era ese afán del músico en quedar por encima de su interlocutor en todo momento.

–¿Sabes de dónde viene el término “jazz”, Patrick? –le preguntaba en ese momento, cuando Patricio degustaba una cerveza negra de factura exquisita. Las luces de neón adornaban el local con sus tonos violeta y amarillo limón iluminando las paredes.

–Pues, supongo que de la jerga particular de los deportistas de la costa oeste de los EE. UU. Según otros, tiene raíces en África occidental, donde lo refieren al acto sexual. También se considera un diminutivo de la palabra jazmín, por el perfume que usaban las prostitutas…

La cara del músico reflejaba una muda sorpresa, involucrado como estaba en una absurda lucha por la supremacía en el conocimiento.

–Vaya, sí, has acertado. Hablando de orígenes, te digo que si el rey Miles Davis no hubiera grabado ‘Porgy and Bess’, nos habríamos quedado sin el mejor álbum jazzístico de la historia ¿a que sí?

–No lo creo, porque todos los fans saben que el mejor álbum de Miles es ‘Kind of Blue’ sin duda –dijo Patricio con una sonrisa burlona.

La interpretación de la contrabajista estaba alcanzando el máximo nivel de expectación. La sala entera disfrutaba con la calidad musical de Gala, cuya melena pelirroja refulgía bajo el neón que palpitaba tras ella.

Una docena de clientes tomaban cócteles o cerveza acodados en la barra en forma de letra “u”, donde Gustavo se afanaba haciendo malabares con la coctelera. Había ganado dos campeonatos de coctelería y a veces rivalizaba con alguno de los artistas atrayendo la atención del público. Él lo hacía de manera espontánea, sin pretender robar protagonismo, pero eso era inevitable. Su habilidad unida al magnetismo de su chaleco verde esmeralda con botones plateados y la camisa blanca con puños brocados, resultaba todo un emblema en el Rosses.

 

–Bueno amigo –dijo Patricio dirigiéndose al músico preguntón–. Hay alguien que me está haciendo señas allá al fondo. Debo reunirme con él.

–Espera, tengo otra pregunta…

El interpelado se alejó como si no lo hubiese oído y se dispuso a atravesar la maraña de personas, unas sentadas, otras de pie sobre la pista de baile, siguiendo el swing con un balanceo particular.

El suelo plateado de la sala aportaba un efecto de espejo que devolvía las imágenes invertidas de quienes lo pisaban.

Roqueros peinados con tupés de patillas largas, poperos luciendo ropa colorida y otros sin especiales señas de identidad musical, compartían mesas y pista, un conjunto de almas entregadas al disfrute en la calidez de una noche de mayo.

Patricio saludó a quien le había hecho señas desde el fondo de la pista.

–¿Qué pasa, Pedro? No esperaba verte hoy, es tu jornada de reuniones de empresa ¿no?

–Han suprimido las de la tarde, Patrick, ¡y eso tengo que celebrarlo!

Pedro le ofreció un “Manhattan” en una copa que reflejaba las luces esféricas del techo como un caleidoscopio.

–Este ambiente me recuerda a mis primeros tiempos –comentó Pedro–, cuando escuchaba con mis cascos las jam sessions en mi habitación. Esos largos combates donde Eddie Condon, Henry Red Allen, Ben Webster, etc., peleaban con sus instrumentos musicales como si fueran gladiadores.

–Sí, Pedro. A los dieciocho años eras todo un especialista en el ‘bebop’ y adorabas a Charlie Parker y a Monk. Te iba mucho ese rollo de frases rapidísimas, ritmos vertiginosos, el individualismo, la armonía…

–Bueno, eran otros tiempos. Venga, confiésate, parece que hoy tenemos a tu musa en el escenario –comentó Pedro con una sonrisa cómplice– ¿Para cuándo te declararás?

–Oye, tío, ¿te crees que ella y yo mantenemos una relación?

–… ¿relación? Pero si nunca habéis salido del Rosses. Nada de eso, lo que quiero es que des de una vez el paso grande, que empecéis a salir. Eso te cambiará la vida.

–Ella es una figura del jazz que empieza a ser conocida. Dentro de no mucho será una celebridad ¿Qué pinto yo intentando ir más allá de una simple amistad?

–Bueno, pues hoy será el día en que estos ojitos verán a Patrick saliendo por esa puerta del brazo de su amada, la diosa nórdica.

Patricio sacudió la cabeza indicando que su amigo no tenía remedio.

Acto seguido, Pedro levantó la copa y los dos amigos brindaron. En ese momento, la contrabajista había acabado la actuación y recibía un clamoroso aplauso de todo el público. La exhibición de Gustavo preparando cócteles tras la barra había quedado relegada al olvido.

–Es suprema, divina –comentaba el barman aplaudiendo a rabiar tras servir el último daiquiri.

–Esta mujer es una artista consagrada –apuntó Pedro–. La sala está a reventar de gente. Gustavo estará feliz.

–Voy a sugerirle un concierto donde nuestra amiga Gala sea la invitada estelar –anunció Patricio–. No podrá negarse.

Patricio se despidió de Pedro con un gesto de la mano y se acercó al backstage. Tras el escenario había un espacio más amplio de lo habitual destinado a los camerinos. Gala se encaminaba hacia el suyo.

–Hola Gala –saludó él con un gesto simpático– ¿Tienes un minuto para mí?

–Para ti lo que haga falta, Patrick –A continuación le ofreció entrar en el camerino. Una vez allí, él descubrió la botella de champán André Clouet que conservaba dentro de una cubitera y la descorchó en un instante.

–Vaya, esto no me lo esperaba –exclamó ella mientras se cambiaba de ropa.

Brindaron, se besaron y terminaron fundidos en un abrazo íntimo prolongado. Permanecieron en silencio unos instantes en los que las palabras querían aflorar en las bocas de ambos sin éxito. Un poco más tarde, ella se separó unos centímetros de él.

–Hemos logrado que los demás no sepan que estamos saliendo juntos –dijo la artista–. Buscar la discreción no ha sido fácil pero aquí nos tienes, con espías como tu amigo Pedro deseando que me pidas ir en serio.

–Si solo tuviera que vigilar a Pedro –comentó él con gesto de resignación–. Los medios de comunicación están locos por conseguir noticias del corazón y todo ese rollo fanático.

–Bueno, tendremos que resignarnos a que eso suceda en cualquier momento ¿no te parece? –apuntó ella mientras rellenaba las copas–. Tener que seguir quedando por separado es un incordio y tarde o temprano nos pasará factura.

 

Si hay algo que une a los clientes del Rosses es una música que abre el corazón y la mente de par en par, una corriente de color intenso, sea cual sea este. Cada una de las almas presentes en el Rosses es un escalón hacia un escenario diferente, más grande, épico, donde todos participan de un mismo afán, un espíritu común que los convierte en un todo. Ese mar de personas entusiastas, cada una con su vida a rastras, danzan, siguen el ritmo que marca sus almas, comparten un espacio común. Son los asiduos de la sala Rosses, un rincón del paraíso que recoge sentimientos nacidos de una sola fuente: la pasión por el jazz.

 


 

Y esto es todo amig@s. Dadle click al corazoncito de más abajo si os ha gustado y por favor dejad un comentario. Eso es muy valioso.

Salud y suerte en la vida.

 

Nota: todas las imágenes de este post incluida la portada pertenecen a la página Deviantart.com

27 Comentarios
  • Anónimo
    Posted at 10:09h, 25 febrero Responder

    Bien descrito el lugar, el ambiente, las personas Una historia de amor que gira en torno a un club de jazz que suena como música de fondo. Saludos.
    lady_p

  • Lola Romero
    Posted at 10:33h, 19 febrero Responder

    Me encantan tanto la descripción del lugar y los personajes como del ambiente ¡parecía estar paseando dentro del club! y con una relación secreta que no esperábamos. Muy buen relato, enhorabuena, Marcos, un abrazo!

    • marcosplanet
      Posted at 12:16h, 19 febrero Responder

      Muchas gracias por tu tiempo y tu opinión.
      Un abrazo.

  • Merche
    Posted at 11:44h, 17 febrero Responder

    Hola Marcos, has creado un gran relato en torno a un club de jazz, has sabido dibujar su clima, dar voz a los personajes y hacerlo interesante. Buen aporte para el Vadereto.
    Un abrazo. 🙂

  • María Elena Larrayoz Aristeguieta
    Posted at 22:34h, 10 febrero Responder

    Hola Marcos.
    ¡Hermosa pintura de la sala Rosses!, un club donde sus asiduos bailan, siguen el ritmo que marca sus almas, comparten un espacio común entre notas y nombres. La descripción de cada uno de los personajes (y no me refiero únicamente a la parte física) nos convierte en uno más de ellos. Especialmente Gala y Patrick, dos seres interesantes, empeñados en no quedar por encima de su interlocutor en todo momento, que logran compenetrarse a ritmo de jazz. ¡Me encantó!
    Un abrazo grande.
    Marlen

    • marcosplanet
      Posted at 09:42h, 11 febrero Responder

      Muchísimas gracias María Elena, por tu opinión y por tu tiempo.
      Otro abrazo grande para ti.

  • Rosa Fernanda
    Posted at 08:27h, 09 febrero Responder

    Qué puedo decir…?Coincido plenamete con el resto….Magnifico relato !!!

    • marcosplanet
      Posted at 13:15h, 09 febrero Responder

      Muchas gracias Rosita. Me alegra mucho que te haya gustado.
      Muchos besos.

  • Federico
    Posted at 20:40h, 08 febrero Responder

    Aparte de los que citan, Me gustan los álbumes de Miles Davis, Skeches from Spain, In a Silente Way. Y Bitched Brew. Saludos

  • AMAIA LARRREA
    Posted at 19:51h, 07 febrero Responder

    Hola Marcos.
    Me he deleitado con este fantástico relato.
    Yo también estaba en esa barra con forma de «u»
    ojiplática por los malabares de Gustavo con la coctelera
    y deseando probar su contenido mientras sonaba la interpretación de la genial contrabajista.
    ¡Txin-txin!
    Genial. Abrazo grande

    • marcosplanet
      Posted at 10:32h, 08 febrero Responder

      Me encanta la forma en que lo comentas, Amaia. Eres una fuente de optimismo y buen humor.
      Muchas gracias por tu tiempo!
      Abrazos.

  • Ana Piera
    Posted at 14:16h, 07 febrero Responder

    Hola Marcos, muy buena propuesta para el VadeReto, me gusta mucho la ambientación de tu relato, los diálogos interesantes, y bueno al final esa pequeña sorpresa. A mí la verdad que me está costando este reto pues no me gusta nada el jazz jajaja. Te quedó super bien, felicitaciones.

    • marcosplanet
      Posted at 10:34h, 08 febrero Responder

      Me alegra mucho que te haya gustado. Lo de saber de jazz es relativo. Quise aportar algunos detalles concretos y para eso me documenté lo justo. >Muchas gracias por tu tiempo.

  • eliom
    Posted at 13:33h, 07 febrero Responder

    ¡Qué relato tan fascinante! Me encanta la atmósfera que describes en el Club de Jazz, llena de pasión, música y conexiones entre los personajes. La forma en que Gala deslumbra en el escenario y cómo se desenvuelve la trama entre Patricio y Pedro añade profundidad al relato. Es como si estuviera viendo la escena en vivo. La descripción de los personajes, el ambiente del club y las conversaciones entre ellos son muy vívidas. ¡Gracias por compartir este maravilloso relato! ¡Me encantaría leer más historias como esta!

  • Marifelita
    Posted at 07:34h, 07 febrero Responder

    Has creado toda una atmósfera de club, con su ambiente especial! Un abrazote!

  • delaFlor
    Posted at 19:38h, 06 febrero Responder

    Las mujeres en el jazz siempre desprenden sensualidad que enamora.
    Muy buen relato, Marcos!! Enhoranuena.

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 16:19h, 06 febrero Responder

    Excelente relato. Toda una atmósfera creada para recordar esos clubs de jazz y su música. Gran elección. Me encantó. Un abrazo

  • ARENAS
    Posted at 15:21h, 06 febrero Responder

    ¡Qué exquisitez de relato!
    Se siente todo como si estuviéramos dentro del Club de Jazz, se perciben los sonidos procedentes del escenario, la magia del contrabajo…
    Lo que ya he dicho en otras ocasiones: eres capaz de escribir sobre cualquier cosa y hacerlo de manera magistral y única
    Enhorabuena una vez más.

    • marcosplanet
      Posted at 22:26h, 06 febrero Responder

      Muchísimas gracias, amigo Arenas. ya sabes que tus opiniones, no porque me favorezcan, las valoro mucho, ya conoces el por qué.
      Abrazotes!

    • marcosplanet
      Posted at 22:33h, 06 febrero Responder

      Agradezco mucho tus palabras como bien sabes, gran amigo, y las guardo como un tesoro.
      Un abrazo fuerte y grande.

  • Jose A. Sánchez
    Posted at 14:09h, 06 febrero Responder

    Hola, Marcos.
    ¡Qué maravilla!
    Por un lado, has conseguido crear esa atmósfera tan profunda, nebulosa, acogedora que todos tenemos en mente de un Club de Jazz. Has definido un buen montón de detalles que nos permite, fácilmente, situarnos dentro de él y disfrutar como un espectador más de la Jam Session.
    Además, al usar este tipo de exhibición, en lugar de un concierto o música «enlatada», has creado un ambiente distinto, más profundo e íntimo musicalmente. Ideal para mostrar a unos personajes habituales y conocidos que sienten de otra manera la música.
    También has sido muy original con la artista protagonista, Gala. No has cogido a una cantante o una pianista, sino a una intérprete del contrabajo; uno de los elementos más «invisibles» del grupo. Su sonido es fundamental para la cadencia rítmica, pero suele pasar desapercibido para los no expertos; escondido tras los artistas solistas y, generalmente, estrellas en el escenario. Lo mismo pasa con Patrick. El baterista comparte condición con la bajista. Ambos imperceptibles, pero fundamentales; una intimidad que se traslada del escenario a su relación en dónde no quieren público.
    Y por último, que no es poco, nos has regalado un montón de notas, nombres y términos propios del Jazz. ¡Fantástico!
    Mis más sinceras felicitaciones.
    Muchísimas gracias por este precioso regalo. Estoy seguro de que les encantará a todos aquellos amantes de esta música y a los que hayan estado alguna vez en un Club de Jazz.
    Un Abrazo grande.

    • marcosplanet
      Posted at 22:29h, 06 febrero Responder

      Qué decir de tu valoración José Antonio. Me llenas de alegría y motivación con tus palabras.
      Agradezco mucho tu descripción de mi relato que me guardo con gran celo y mucho interés.
      Un fuerte abrazo.

  • Ariel Puga Riquelme
    Posted at 11:47h, 06 febrero Responder

    Magnífico relato para los que nos encanta el Jazz. Click al corazoncito, al de más arriba y al mío 😉

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