El mapa inesperado

A Rodolfo Mayo le motivaban mucho los viajes por los perfiles de crestas montañosas, valles y praderías porque le permitían acercarse a otros mundos, aquellos que poblaban su imaginación y le transmitían nueva energía.

Él necesitaba ese impulso para sentirse vivo en plenitud, respirar el aire serrano de los montes y escuchar el discurrir de cada arroyo que pasaba por su lado.

Sí, Rodolfo amaba y respetaba desde lo más hondo de su ser a la madre naturaleza, pero no solo porque comulgaba con los principios de un explorador de sendas, sino que sabía que en ella se escondía la solución a su enfermedad.

Rodolfo era muy ducho en el conocimiento de las plantas y sus aplicaciones. Llevaba muchos años estudiando los aceites esenciales presentes en muchas de ellas. Esas sustancias se hayan presentes en las hojas, como en la albahaca, eucalipto, hierbabuena o mejorana; en flores, frutos y raíces, caso del jengibre, el sándalo y el sasafrás o en las semillas, como en el anís y el comino.

Del tallo de la canela había conseguido extraer un preparado increíblemente eficaz contra la gastritis que le había valido para sanar a muchos miembros de su familia.

Como viajero que conocía muchos rincones de su amada España, estudiaba con atención los mapas de recorrido que encontraba en los tracks de internet y las diversas aplicaciones habituales.

 

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Había reunido una colección de mapas que formaban huellas precisas de los lugares más inhóspitos de la España profunda. Además, guardaba en su memoria recuerdos exactos de cada rincón, tal era su manera de asimilar el entorno. Rodolfo bebía en las fuentes de manantial que le salían al paso en los caminos, disfrutaba sentado junto a las aguas calmadas o torrenciales de cualquier curso de agua y realizaba reportajes en foto y vídeo de plantas, paisajes y pueblos.

El encanto y la magia de los pueblos cautivaba su imaginación con escenas de tiempos antiguos, perdidos en los rincones de la Historia, tan solo recuperados en el interior de su mente.

En ocasiones, sus recuerdos de viaje le asaltaban de forma repentina para hacerle ver que debía adentrarse en tal o cual región porque era temporada de floración de ciertas plantas o de dispersión de semillas que para él suponían una materia prima de indudable valor.

Él preparaba destilados en el cobertizo de su casa situada en las afueras de la zona centro, cerca de un bosque de eucaliptus muy rico en flora esencial.

Su mujer y sus hijos participaban a veces en las labores de extracción de las sustancias medicinales y las envasaban en frascos y vitrinas de color ámbar para protegerlas del sol.

 

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En un día de otoño especialmente soleado, su mujer Marcia le preguntó cómo se encontraba de su dolor abdominal.

–Pues más o menos igual que siempre, ya sabes. Esa bola que noto aquí en medio de este cuerpo serrano se manifiesta solo durante la comida, tiene ese don la pobre.

–Bueno, pero ¿te ha calmado algo el aceite de menta? –preguntaba ella acariciándole la tripa con ternura.

–Esta vez parece que sí, cariño, parece que sí –. Esa era una respuesta del todo conocida para Marcia pues él echaba mano de la misma cuando nada había cambiado. La evolución del mal parecía no dar tregua.

–Sí, claro, no me digas más. Mira, si quieres estudiamos los componentes de la menta y los de su familia, como la Betónica y la Ajuga.

–Pero hay más de diez especies en ese grupo y muchas sufren cambios por hibridación natural. Es difícil… –en ese momento aparecen en el cobertizo Elena y Gabriel, los hijos del matrimonio.

–¿Qué decíais de la familia difícil? –bromeó Elena mientras se sentaba al borde de una mesa.

–Ojito, que los más jóvenes también tenemos voz y voto por aquí –comentó Gabriel. Guardaba un parecido a su padre que no pasaba desapercibido. Al igual que Elena era el reflejo de su madre.

–Está bien, chicos. Hablábamos de investigar los derivados de la menta para papá. Por si le habían mejorado los síntomas durante ese tratamiento.

–¿Y qué dice el maestro? –preguntó Elena con esa sonrisa que le marcaba un hoyuelo en la mejilla.

–Que sin novedad en el frente –contestó el padre.

–Por cierto, –intervino Gabriel–, ¿sabíais que el nombre Mentha procede de una ninfa de la mitología griega? Era amada por el dios del Inframundo Hades y fue transformada en planta por Perséfone, la esposa de aquél.

–A ver, hermano, dime de una sola planta que no lleve detrás una leyenda –indicó Elena.

Rodolfo permaneció callado y se le veía pensativo.

–¿Qué te revoletea por esa cabecita, cariño? Conocemos ese gesto que haces con los labios.

–¡Está ideando algo nuevo, estoy seguro! –comentó Gabriel con exagerado entusiasmo.

Rodolfo se limitó a sonreír y les dijo que necesitaba unos momentos para pensar.

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El tratamiento médico que seguía Rodolfo le obligaba a estar anti coagulado, para lo cual se inyectaba heparina a diario. Llevaba tiempo con las inyecciones y estas le producían en el abdomen un cuadro de manchas amoratadas.

El aspecto no le agradaba demasiado y procuraba no prestar demasiada atención al panorama de su barriga.

Esa noche, él tuvo una revelación. Se veía a sí mismo recogiendo pétalos de azucena y tallos de albahaca en plena montaña.

El entorno le resultaba muy familiar pues le recordaba a sus queridos Picos de Europa, en concreto a la Vega de Orandi junto al río Mestas, allá en lo alto de la cascada que baña la asturiana cueva de Covadonga.

Era un prado cruzado por el río que terminaba vertiendo su caudal en una cascada que descolgaba un haz de espuma de hadas a lo largo de la una pared brillante de roca húmeda.

En las orillas del río crecían las plantas soñadas con las que elaboraría sus preparados medicinales. El remedio para su mal empezaba a tomar forma. Tendría que mezclar varios destilados y en diferentes proporciones hasta encontrar la fórmula, pero eso no sería nada en comparación con la labor titánica que le esperaba.

No sabía qué motivo le había inducido a soñar con la Vega de Orandi, pero sospechaba que estaba muy cerca de averiguarlo.

Y eso sucedió cuando se estaba vistiendo ante el espejo del dormitorio. Entonces lo vio.

Allí estaba, nítido como el reflejo de un rayo de sol. Las inyecciones de heparina que se inoculaba en el abdomen habían configurado todo un mapa. Aunque son inyecciones subcutáneas, cada pinchazo deja una marca muy particular alrededor, como manchas de color pardo. Esto se produce por haberse extravasado sangre cuando la aguja ha perforado una vena.

El resultado es un auténtico mapa de marcas que empieza a cobrar sentido para él. Los contornos le recuerdan fielmente a los de sus parques nacionales y reservas de la biosfera que tanto frecuentaba en sus expediciones en medio de una naturaleza feraz llena de vida.

Él sabía perfectamente qué plantas crecían en el área señalada por su premonición. El arduo trabajo de selección posterior no era inconveniente alguno pues Rodolfo Mayo poseía un vastísimo conocimiento sobre todo tipo de efectos benéficos para la salud producidos por los principios activos que extraería de cada vegetal.

Al cabo de un momento se encontraba en medio del salón llamando a Marcia.

–Cariño, he tenido un sueño –anunció a los cuatro vientos.

Marcia acudió a la llamada.

–¡Vaya novedad! Tus sueños son una constante en mi vida.

Él quiso decir algo, pero su intento quedó interrumpido por el efecto cautivador de las palabras de Marcia.

–Te ha quedado poético –consiguió decir mientras la observaba con ojos de admiración.

Marcia representaba todo para él. Sin su compañía y sus cuidados Rodolfo habría sucumbido al desaliento. Ella era capaz de ayudarle con la preparación de ungüentos, bálsamos y resinas; estaba atenta a la alimentación especial que requería su enfermedad y por supuesto al control de la atención médica. Nada había más valioso en su vida que su compañera en ese viaje que es la vida.

–Bueno ¿y cuál ha sido tu sueño de hoy?

–Él le contó en detalle todo sobre las marcas que formaban un mapa que creía haber identificado a la perfección.

–Son los perfiles de mis regiones favoritas de España. Esas por las que hemos recorrido tantos kilómetros recogiendo pétalos y tallos, cortezas y hojas. Conozco al dedillo esos planos, Marcia.

–¿Planos? –exclamó ella sorprendida–. ¿Es que tienes el don de ver un plano en una mancha de la tripa?

–Te lo digo claramente, sé qué regiones son y además tengo la seguridad de que el punto exacto de búsqueda lo marca el poro del pinchazo.

–¿Estás sugiriendo que tu sueño te ha revelado ese mínimo detalle?

–Pues sí, sea como sea debo ponerme en marcha para explorar cada zona y recolectar. Ya sabes cómo va eso.

Marcia permaneció callada unos instantes. Miraba a su marido con ternura y sentía devoción por esa afición suya tan arraigada en lo más profundo de su ser. Sí, estaba convencida de que él haría lo imposible por encontrar una solución a su mal.

 

La gaulteria florece en verano mostrándonos sus flores blancas, sus hojas son rojizas durante el otoño y sus frutos rojos nos acompañan durante el invierno, por lo que muchos la plantan en el exterior de sus casas para alegrar la fachada.

Sin embargo, para Rodolfo la gaulteria es un remedio para aliviar el dolor reumático, un arbusto americano que también se conoce como té de Canadá. El aceite esencial que se obtiene de ella posee un alto valor antiinflamatorio, lo que vendrá bien a la composición final de la fórmula magistral que Rodolfo anhela encontrar.

El viaje iniciático que emprende en compañía de Marcia los lleva a contemplar una vez más la belleza de los Picos de Europa despuntando como gigantes sobre el horizonte puro y celeste de Asturias y Cantabria.

Allí encuentran el punto equivalente señalado en la visión de Rodolfo, justo donde pinchó la aguja. Resultó ser un área de muy amplia cruzada por un bosquecito de nogales repleto de Gaulteria y Artemisa china, conocida por sus propiedades contra la malaria y el cáncer, aunque se prodiga más por el área mediterránea que por la cantábrica. De ahí lo singular del bosquecillo soñado por el investigador de esencias medicinales.

Marcia y Rodolfo visitaron otras regiones reconocidas por él en su ensoñación y de todas extrajeron muestras valiosas que transportaron al fin, al cabo de dos meses de intensa búsqueda, hasta el pequeño laboratorio del cobertizo.

El equipo familiar se puso manos a la obra. Elena y Gabriel participaban en todo el proceso de fabricación junto a sus padres y después de unas semanas de tensa espera, la fórmula final vio la luz.

–Ahora queda comprobar qué efecto tiene este combinado de fantasía –comentó Rodolfo ilusionado–. Mira que si consigo encontrar una cura para alguna enfermedad difícil de tratar como la mía. Lo proclamaría a viento y marea para que el mundo supiera que en la Naturaleza se hayan los mayores secretos, pero que está en nuestra mano descubrirlos para que pueden facilitarnos una vida mejor.


 

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Os deseo mucha salud y mucha suerte en la vida.

Las imágenes que aparecen en este post  han sido generadas por la IA  Leonardo

9 Comentarios
  • Nelson Mochilero
    Posted at 15:15h, 15 diciembre Responder

    Tremenda historia. Realmente eres un gran e inspirado escritor Marcos.
    Me siento un Rodolfo.
    Mi amor por las montañas y la naturaleza me hace ver cosas similares a mi alrededor.
    Espero que sigas compartiendo este tipo de valiosos relatos, Un saludo colega.

    • marcosplanet
      Posted at 16:05h, 15 diciembre Responder

      Muchas gracias por tus alentadoras palabras Nelson. Me animan mucho a esto de juntar palabras y expresar sentimientos.
      Saludos!

  • Federico
    Posted at 22:12h, 08 diciembre Responder

    Este es un relato de los que te gustan con mucha naturaleza. Saludos

  • Luis Alberto Serrano
    Posted at 20:34h, 07 diciembre Responder

    Jejeje… que bueno… a veces, es verdad que las manchas cutáneas paracen figuras… y, en esta vida, a veces recibimos señales que no sabemos de dónde vienen…

    Hay que seguir estas señales… abrazo, amigooo

  • Arenas
    Posted at 21:44h, 05 diciembre Responder

    Si bien lo pensamos, el combinado de fantasía de Rodolfo no es muy diferente del resto de fórmulas magistrales y descubrimientos de la Ciencia que en el Mundo han sido. Todos ellos fueron en su inicio «combinados de fantasía”. Algunos «descubridores” incluso acabaron en la hoguera.
    Tal vez a todos ellos les apareció en el vientre en algún momento de sus vidas un «mapa de marcas” similar al del protagonista de tu historia, y siguiéndolo, interpretándolo, les permitió encontrar las maravillas ocultas en la Madre Naturaleza. Esas que siempre estuvieron ahí, y que sólo había que combinar adecuadamente.
    En cualquier caso tu relato constituye para mí una preciosa metáfora de la magia que desde siempre ha acompañado a los pequeños y grandes avances científicos de la Humanidad.

    • marcosplanet
      Posted at 22:36h, 05 diciembre Responder

      Agradezco mucho tu comentario tan ilustrado y dedicando especial atención a aquellas fórmulas magistrales que han evolucionado a los tratamientos actuales pero que en su momento llegaron a la mente de los descubridores de forma fortuita.
      Un abrazo muy fuerte, amigo mio!

  • Ric
    Posted at 10:17h, 05 diciembre Responder

    Muy buen artículo Marcos, se nota que conoces España y la naturaleza. Esto es una enciclopedia de remedios naturales que a todo el mundo le vendrían bien, en lugar de los afamados químicos, que destrozan más que arreglar el cuerpo, ¡saludos y gracias por tu contenido!

    • marcosplanet
      Posted at 11:33h, 05 diciembre Responder

      Me alegra mucho que te haya gustado Ric. Sabes que aprecio mucho tu opinión.
      Un cordial saludo.

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