Esta es mi participación en el reto literario que organizo para este jueves 2 de mayo: «Un jueves, un microrrelato».

El mar de los infiernos

 

Taras Boldas capitaneaba su nave de cuatro mástiles con espíritu decidido y combativo. Debía estar en alerta permanente frente a las acometidas de la fuerza naval del rey Jorge, esos desalmados que según su frase favorita “Así se los lleve el diablo a las profundidades del averno”.

Yo llevaba un año ejerciendo como cocinero de una tripulación de filibusteros, de los muchos que infestan las islas Antillas. No encontré mejor opción para desempeñar mi oficio pues necesitaba dinero rápido y el capitán Taras pagaba por adelantado.

En mi diario de a bordo apuntaba con detalle las peripecias de esta tripulación de piratas descarnados y desalmados de los cuales ninguno se salvará del infierno. Durante ese año en que conviví con ellos habían incendiado dos barcos del rey Jorge y pasado por las armas a sus soldados sin piedad alguna. Varios mercantes habían sido destruidos por los cañones de Taras Boldas y sus secuaces, quienes parecían muy complacidos con el cargamento de oros y joyas que iban llenando la sentina.

Era el único barco pirata donde no ondeaba la bandera del cráneo cruzado por dos huesos. En su lugar figuraba una enorme letra “X” dentro del mapa de un tesoro.

Y es que esos desarrapados piratas habían sacado más renta localizando tesoros que presentando batalla a barcos de guerra o a naves cargadas de mercaderías.

De hecho, nuestro presente destino es la Isla de Coca, un lugar que describen las negras lenguas de los bucaneros como refugio de unos afortunados nativos guardianes de mucho oro.

Pero ninguno de nosotros ha sabido predecir que se avecinaba un descomunal ciclón tropical que, por cierto, se da mucho por estas regiones del mar Caribe.

el-mar-de-los-infiernos

La embarcación se vio impulsada contra los arrecifes de la bien visible isla en cuestión de minutos. La espuma bañaba la cubierta de un manto blanco burbujeante que nos hacía resbalar con facilidad. El pobre grumete fue el primero en caer entre las fauces del mar, cuyas olas elevadas como dientes gigantescos amenazaban con voltear el barco. El crujido del bauprés y del trinquete quebrándose al embestir la nave contra las aristas del arrecife se quedó pequeño comparado con el estruendo del palo de mesana cayendo contra la cubierta y rasgando la vela mayor.

El capitán gritó aquello que a nadie gustaría escuchar:

-¡¡Sálvese el que pueda!!

Yo llevaba atado a la cintura mi zurrón de cuero con mis más preciadas pertenencias. No me lo pensé mucho y me arrojé por la borda sobre lo que parecían aguas algo más seguras.

Sentí como si una mano ciclópea me elevara sobre las olas y me lanzara a cien metros de aquel escenario de gritos inútiles entre la tempestad y los restos de un barco que jamás volvería a quedar a flote.

La Isla de Coca me acogió entre sus arenas doradas al cabo de un tiempo indefinido siendo zarandeado por olas de varios cuerpos de altura. Al final, unos nativos con cara de sorpresa arrastraron mi cuerpo hasta una primitiva camilla. No fue sino pasados dos días cuando me enteré de que me habían conducido a su poblado.

Uno de los indígenas me explicó en mi idioma que había sido la magia de su dios Coca-Mah lo que me había salvado. Nadie más había sobrevivido al naufragio.

Al instante comprendí que debía cambiar mi torcida vida con los filibusteros por otra que me redimiera de tanto mal como había compartido con aquellos piratas del infierno.

Comprobé que mi zurrón de cuero seguía atado a mi cintura. Lo abrí y descubrí con gozo las dos cosas que más valor tenían para mí: la sortija que me regaló mi amada antes de partir de tierra firme y este diario de a bordo, mi fiel compañero.

 

Este relato es mi aportación a la convocatoria del jueves 2 de mayo consistente en:

 

“UN RETO OCEÁNICO”

 

Dejaos llevar por la imaginación y trasladaos a entornos más o menos hostiles, más o menos oceánicos. Tenéis que escribir desde el punto de vista de cualquiera de los miembros de la tripulación de un barco pirata. Puedes ser el capitán, el contramaestre, oficial, marinero, grumete, artillero, carpintero, cirujano, cocinero…

El resto de condiciones están aquí. No olvidéis visitaros mutuamente y comentar.

Haz click en el corazoncito de más abajo si te ha gustado y deja tu comentario que para mi es muy valioso.

¡Saludos!

 

 

 

 

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31 respuestas

  1. Querido Marcos
    Me ha gustado mucho tu relato, llegué hasta a marearme ya que tú narración te invita, al menos a mí, a meterte en el personaje.
    Si algo tengo claro, es que yo donde me siento mejor y «más segura,» es en tierra firme, con los pies en la tierra jajaja
    Me encanta porque con tu relato, me has hecho recordar una frase de justicia, que por desgracia no siempre pasa en la vida real….. «a todo cerdo le llega su San Martín». Está claro que el cocinero no estaba hecho de la misma pasta que el resto de la tripulación. Ojalá en la vida real la justicia se impartiera de la misma forma.
    Gran aportación y como siempre reflexion.
    Un fuerte abrazo

    1. Muchas gracias Io. La justicia, en efecto, guarda lados oscuros y así no es tolerable. Lo bueno es cuando se vuelve clara como el manantial, lo que ocurre con no mucha frecuencia.
      Un abrazo fuerte paras ti.

  2. Hola, Marcos! Al final, el destino de este hombre no era acabar como pirata. Me ha gustado especialmente lo bien que has creado ese entorno pirateril. Te ha quedado súper logrado.Se nota que te gusta el tema y que eres conocedor de él.. La verdad es que la piratería siempre ha tenido un halo de romanticismo que en la vida real no era tal. Existían piratas de todos los pelajes, los que trabajaban para sí mismos, pero también, los que le daban un tanto por ciento a los reyes de turno por atacar a los barcos de sus enemigos —los llamados corsarios que tenían la conocida ‘patente de corso’— y, la verdad, es que embarcarse como pasajero en aquellos tiempos debía tener un plus de peligrosidad que ni lo imaginamos hoy en día. Lo que podía ocurrir dentro de un barco en medio del mar era inimaginable. Tormentas, ataques, enfermedades y un larguísimo etcétera de posibles sucesos a los que se exponían. Es fascinante, la verdad, aunque los piratas reales no lo pasaran tan bien ni acabaran tan bien como hoy podemos ver en las películas.
    Ha sido un reto muy interesante y con resultados muy buenos y sorprendentes. ¡Enhorabuena, Marcos!

  3. Excelente tu relato, Marcos. Super difícil asumirlo como reto, especialmente después de leerte. Es que es perfecto. Me preguntaba además lo que debes decirle a la IA que te hace las imágenes para que salgan soberbias. Me ha gustado mucho, pero tuve miedito al final. Qué bueno que tuvo final feliz.
    Cuando me has llevado a tus viajes, nunca imaginé tus dotes de escritor.
    Un abrazo Marcos!

    1. Muchas gracias Maty. Me encanta leer tus comentarios sobre mis escritos porque siempre me aportan un optimismo y una ilusión que es como si me recargara por dentro con energía positiva.
      Un fuerte abrazo!

  4. Las malas compañías no son buenas, eso es indudable. Al final, fue salvado por ser el único que lo merecía de toda la tripulación.
    Muy buen relato.

  5. Me ha gustado mucho tu relato, no sólo sobreviviste a los bucaneros sino a la tempestad y a final, terminó todo felizmente con tu sortija y tu diario, los que escribimos sabemos lo que es eso.
    Un abrazo

  6. Me gustó. Tiene todos los ingredientes piratas. Ese diario de abordo es muy bueno e identificativo.
    No le faltaron ni esas tormentas que vemos que hacen mella en los galeones. Un abrazo, feliz día.

  7. Implacable la tripulación de Taras Boldas aunque no pudieron con las revueltas y traicioneras aguas del Caribe! Aunque parece que esas mismas junto con la mano del dios Coca-Mah le regalaron al protagonista un nuevo comienzo!
    Me ha encantado la bandera pirata de Taras Boldas y tu relato con ese excelente vocabulario marinero! Un abrazote Marcos!

  8. Un reto muy difícil, ya veremos qué hago.
    Tú como anfitrión lo has bordado, se nota que te gusta el tema y conoces sus entresijos.
    Felicitaciones.

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Marcos

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