El nuevo vecino

© 2025 Marcos Manuel Sánchez. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción sin autorización.

El nuevo vecino

 

Afirma tener un defecto físico de nacimiento: que le falta un ojo. Practica ejercicio físico con intensidad, sus músculos son de acero. Es un recién llegado al portal diecisiete de la Calle Albatros. Merovio va introduciéndose en las vidas de sus vecinos induciéndoles a comportarse de tal o cual manera, sin que ellos lo sepan. Es la persona más agradable, cordial y afable del mundo. Todos le adoran. La situación llega a traspasar todos los límites. Dependen de él, comulgan con él, van conformando algo mucho mayor y ambicioso que una simple secta.

Los que le siguen están prisioneros de sus demandas, de las reuniones que convoca, de cada frase que utiliza en sus múltiples parlamentos con efecto cuasi hipnótico, dotados con capas de magia cada vez más profundas.

Ese nuevo vecino copia ciertos detalles de los demás, como unos parterres a la entrada de su casa que son más frondosos que ningún otro, cuajados de flores exóticas. Las suyas tenían que ser las mejores, de eso no cabía la menor duda.

Solo uno de ellos, Arcadio, desde el primer día en que llegó el nuevo sospechó de él, más por envidia que por otra cosa. Por su empleo en un centro asesor de la Inteligencia Nacional, decidió investigarle y descubrió el oscuro origen del recién llegado, lo cual se reservó celosamente el investigador.

Sorprendentemente, en el chantaje al que somete al nuevo vecino objeto de la envidia, Arcadio solo le va pidiendo que poco a poco permita que las plantas, coche, decoración de la casa, y otros aspectos estéticos y de comportamiento, como ser gracioso, (Merovio era muy, pero que muy gracioso) vayan volviendo a ser “conquistados” por el envidioso, como las defensas de una legión romana. Era mucho el terreno a recuperar. Lo que desea Arcadio con fervor es volver a ser el más apreciado de la comunidad de vecinos y sustituir al otro como objeto de  prebendas y regalos.

Antes de la llegada de Don Perfecto, Arcadio había logrado entre sus convivientes un estatus de persona apreciada por sus cualidades como enólogo (aconsejaba sobre vinos a quien se lo pidiera), cocinero y viajero empedernido. Preparaba unos lenguados pintados con salsa de brandy y confitura de granadas con microesferas de batata y lima que quitaban el hipo. Sus postres eran proverbiales, al igual que sus itinerarios de viaje, que Merovio se había encargado de copiarle para ofrecerlos a los convecinos del agraviado,  y lo mismo con las rutas de viaje de este.

Objetivo final de ambos: largar al otro de aquel edificio para siempre.

 

Hecha esta presentación, la acción se desarrolla ahora en una reunión de degustación culinaria en la casa del celoso Arcadio. Este había dispuesto múltiples platitos de tapas para ir abriendo boca y dar paso al posterior ágape consistente, entre otras delicias, en contramuslos de pavita rehogada con salmuera de alcachofa violeta de Provenza o mouse de paté de oca con ron especiado y chocolate negro fundido. Un asado de pato con salsa de trufa blanca y aceite de Priego, con corteza pulverizada de mandarina satsuma, aderezada con mostaza de Dijon, destacaba como “el plato del día de Arcadio”. Los postres consiguieron mantener a los vecinos en un permanente río de elogios hacia su persona.

En esa misma reunión para sibaritas del buen comer, Merovio pasó al ataque anunciando su propia convocatoria para tres días más tarde. Por supuesto, procuró  superar a Arcadio en todos los puntos posibles, incluyendo un libro de recetas prácticas gourmet para los invitados, junto a una guía de viajes, también física, donde figuraban las mejores recomendaciones, muy detalladas y magníficamente bien ilustradas. De este modo, los puntos a favor de Arcadio empezaron a ceder ante el impulso arrollador de Merovio, tan solo unas semanas más tarde de su llegada a la comunidad de la calle Albatros.

El balance de cuentas no podía estar más a favor del nuevo vecino.

A eso de las siete de la tarde de cada día laborable, cuando Merovio les había dicho que ya se encontraría en casa después del trabajo, sus convecinos aprovechaban para entregarle regalos en forma de cajas de bombones, magdalenas, bizcochos, o bien panes caseros de la viuda del segundo “C”. También tenían cabida los embutidos del último viaje de alguien a su pueblo o recuerdos de tiendas típicas de aquella aldea con encanto que recomendó a la soltera del sexto “A”.

Con ambas llegó a mantener relaciones de mucha confianza intercambiando favores de todo tipo. Esto no se le escapó a Arcadio, pues ese era un terreno en el que deseaba inmiscuirse para ver cómo podría perjudicar a su enemigo.

Tras cinco reuniones culinarias en casa de Arcadio, con cesta de postres incluida, más unas cuantas recomendaciones de buenos vinos de la extremeña Tierra de Barros, Somontano y Toro, así como media docena de rutas por los pueblos blancos andaluces, el envidioso había conseguido equilibrar bastante el pulso entre ambos combatientes.

Lo que Arcadio pensaba acerca del rápido “éxito” vecinal de Merovio era que sus convecinos le debían una sumisión adicional por el hecho de que al otro le faltara un ojo. Pero tenía bien claro que jamás sería capaz de llevar a cabo un sacrificio de esa índole.

Había pensado en simular una caída por las escaleras o un accidente de trabajo, pero todos daban por seguro que su labor tenía lugar en un despachito anónimo con mucho ordenador y reuniones sin fin. ¿Quizá un brazo quemado por su actividad de chef? No, esas eran soluciones pasajeras. Nada comparable al ojo enucleado de Merovio. Pero había más, y es que este daba muestras de una fantástica memoria ¿Cómo podía acordarse con tanto nivel de detalle de lo que gustaba a unos y otros?

Un total de cuarenta vecinos no era moco de pavo. Merovio había sido capaz de recordar todos los matices, manías, fobias, gustos y regustos de ellos y ellas. En tan solo cuatro meses desde que apareció por allí.

Pero Arcadio llevaba conviviendo en esa comunidad ¡siete años! Imposible igualar el nivel de conocimiento que tenía de aquellas personas. Era una guerra abierta y haría lo posible porque aquel advenedizo del ojo tapado no pudiera desplazarle del trono de vecino del año.

Aquel día en que Merovio regresaba de la oficina sobre las siete de la tarde, Arcadio se hallaba al acecho en el rellano de la escalera. Disimulaba que estaba hojeando un folleto del hipermercado. Cuando su repelente vecino acababa de abrir la puerta de su domicilio, los parterres con las flores más sorprendentes que nadie había visto, lucían más bellos que nunca.

—Hola, Merovio —saludó Arcadio en un tono bajo que no sonaba siquiera a exclamación—. Vas a alucinar con este vino tan extraordinario ¿lo probamos?

La cara del otro reflejó extrañeza, pero no le cerró la puerta. Un ligero gesto de “puedes entrar” quedó reflejado en su rostro.

 

Cuando hubieron descorchado la botella y tomado un par de copas hablando de temas que a ninguno de los dos ponían en un compromiso, Arcadio se dirigió al otro con un tono contundente.

—A ver, señor recién llegado que se gana a todo el mundo ¿Te crees que no lo sé?

—¿Qué? ¿Qué pasa contigo, vecino de las envidias y los rencores?

—Sé que viniste aquí con un propósito que no es el de ganarte a estos vecinos tan fieles y volubles. Finges estar tuerto, pero en realidad lo que llevas ahí es una cámara donde grabas en audio y video a tus vecinos. Hasta lo haces cuando te acuestas con esas dos desgraciadas que nada saben de ti ¿verdad?

—¿Cómo?… —una sonrisita de desprecio se dibujó en la cara de Merovio—. A ver cómo demuestras eso, lengua de serpiente.

Con un rápido movimiento de la mano, Arcadio despegó el parche del ojo de su oponente para descubrir algo insospechado por ningún otro: el ojo estaba en su sitio.

—Siempre ha estado ahí, lo he sabido desde que en una de las reuniones vecinales me fijé en que tu parche tiene textura de microfibra óptica, esos tejidos inteligentes a base de nanotubos de carbono que graban lo que quieras sin que nadie…

—¡Bah! Todos saben que intentas joderme con tus artimañas de agasajos culinarios, recomendaciones de viajes estupendos y todo eso, pero escucha, ¡no puedo evitar que la gente me quiera!

Merovio agarró por el cuello a su oponente y le practicó una llave de jiu-jitsu que en pocos segundos inmovilizó el cuerpo de Arcadio. Este optó por dejarse llevar por una risa repentina.

—Jajaja ¡My God! Tienes unos músculos envidiables y conoces las artes marciales, pero no tienes ni idea… de cómo empatizar de forma natural… con nadie ¿verdad? —consiguió decir el atacado entre jadeos—. No te soporto, enemigo mío. Jaja, eres patético. O te largas de aquí cuanto antes o digo a todos lo que acabo de descubrir. Sé que les grabas con tu ojo mágico, nadie escapa a tu control. Así llegas a conocer cada detalle que te aventaja sobre mi, cada palabra e imagen que has grabado a esa pobre gente ¿verdad? Las usas para lograr que te adoren.

—¡Demuéstralo!, ¡demuéstralo!, mamón indeseable!

—No querrás que lo haga, desde luego que no. Mira, te tengo pillado. He tenido acceso a tu ficha policial y he sabido lo que hiciste con aquellas mujeres ¿Te suena? ¿Quieres que siga?

La cara de Merovio adquirió un tono cetrino, como si le hubieran despojado del alma en ese momento.

—Mañana va a aparecer un aviso importante que requerirá la atención de toda la comunidad y se convocará reunión para la tarde, justo cuando vuelvas de la oficina. Anunciarás que te vas de aquí por motivos de trabajo. Te trasladan a otra ciudad o donde quieras, invéntate algo ingenioso si no.

Su interlocutor montó en cólera y apunto estuvo de arrearle un mamporro severo a su enemigo cuando este le lanzó una advertencia.

—Insisto, no querrás que revele en público tus actividades delictivas, tengo pruebas, canalla. Si quieres que las saque a relucir en la reunión de mañana, allá tú.

Arcadio se dio media vuelta y desapareció de allí con una sonrisa en los labios. Antes de subir las escaleras hacia su piso, dirigió una mirada a los espléndidos parterres y su exotismo tan particular.

—Pretencioso y maldito petulante…

 

Al día siguiente, al mediodía, un aviso con letras de gran tamaño presidía el interior del ascensor:

Por una avería en el suministro de agua del Canal, queda convocada con carácter de urgencia una reunión de la comunidad para esta tarde a las 19:00 h en primera convocatoria y a las 19:30 h en segunda convocatoria. Tendrá lugar en el vestíbulo del portal”.

A las 19:00 h ya había un nutrido grupo de asistentes. Justo en el momento en que llegaba Merovio.

Este puso cara de sorpresa pero se prestó enseguida a participar.

—Apreciamos tu buena disposición al incorporarte de inmediato —dijo el presidente de la comunidad con cara de gratitud auténtica—. Pero si deseas pasarte por casa primero no hay inconveniente.

El recién llegado hizo unos aspavientos animándole a que continuara.

—Bien, hemos recibido aviso de la compañía del agua y nos dicen que esta noche de 21 h a 24 h, van a cortar el suministro, pero que igual mañana es necesario volver a hacerlo, así que, debemos hacer buen aprovisionamiento.

 

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Tras finalizar las discusiones lógicas generadas, fue Arcadio quien tomó la palabra.

—Bueno, aprovecho que estáis todos aquí para comunicaros algo de interés general y es que nuestro querido vecino Merovio tiene algo que anunciaros.

Arcadio se acercó al oído del mencionado y susurró unas palabras en tono suave.

—Recuerda, vas a decir que te vas, que cambias de ciudad por motivos de trabajo ineludibles ¿has entendido?

Arcadio le puso una mano en el hombro y se apartó de él.

—Esto… sí, es que me… trasladan. Están haciendo cambios en la empresa y debo trasladarme antes de que acabe la semana.

—Pero eso exige una comida de despedida por lo menos ¿a que sí? —exclamó Arcadio dirigiéndose a los asistentes con los brazos abiertos—. Ay que darle a esto un tono festivo. Las despedidas son para celebrarlas.

—Y no para lamentarlas, es verdad —confirmó el vecino del tercero B que nunca había faltado a las comilonas vecinales.

Un murmullo de aceptación recorrió a los presentes, dejando casi olvidado el tema del abastecimiento de agua.

Arcadio, Merovio y un par de vecinos más subieron a pie a sus casas, cada uno quedándose en el apartamento que le correspondía. Cuando los dos rivales estaban solos, frente al piso de Merovio, su oponente observó las plantas que decoraban la puerta de entrada.

—¿Qué especie es esta? ¿Son comestibles esas manzanitas verdes?

—Mira, sinvergüenza, no me toques más los cojones. En el fondo disfrutaré como un guarro en una charca cuando te haya perdido de vista.

Un par de días más tarde, una vez sobrepasado el inexistente problema con el agua, una argucia muy bien hilada por Arcadio para justificar una reunión de vecinos, otro cartel sustituyó al del agua en el ascensor.

De Arcadio Dorantes a la comunidad: Os convoco a todos en mi casa para asistir mañana sábado a una comida de despedida en honor de Merovio. Ruego que cada cual aporte su granito de arena en forma de comida, bebida o sillas ¡Necesitamos sillas, como siempre!”.

El ágape era digno de admiración. Cada cual aportó lo que pudo, pero la mano maestra de Arcadio en calidad de chef se dejaba notar. Había preparado un postre especial con un letrerito que decía: “Para Merovio”. Y este, a su vez, dispuso otro para Arcadio, pero sin cartelito.

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Llegado el momento de los postres, ambos degustaron el de cada uno. El plato de Arcadio incluía una filloa bañada con mermelada de mandarina y nata montada con un buen chorro de leche de magnesia, un magnífico laxante.

Merovio le entregó una milhoja de fresa batida con trozos de fruta verde de la planta exótica que adornaba la puerta de su casa. El Manzanillo puede provocar vómitos severos, diarrea y, en casos graves, la muerte por deshidratación.

Pero ese no iba a ser el caso, pues Merovio había calculado bien la dosis para que los síntomas se redujeran a los dos primeros.

Tras la suerte que sufrieron los eternos rivales a las pocas horas de la comida vecinal, ninguno de los dos quedó con ganas de plantar batalla. Pero una cosa fue cierta, y es que Merovio abandonó aquella comunidad con un pensamiento en la cabeza: “Volveré, vaya si volveré. Cuando menos se lo espere ese desgraciado”.

Y Arcadio, una vez recuperado de sus problemas intestinales, se frotó las manos en señal de victoria, pensando que había vuelto a recuperar el trono.

Y ahora es cuando te pregunto: ¿Tú cómo terminarías la historia?

 


© 2025 Marcos Manuel Sánchez. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción, distribución o modificación sin el permiso expreso del titular.
19 Comentarios
  • Idalia H. Payano T.
    Posted at 04:04h, 29 mayo Responder

    Marcos, este relato es más bien sobre dos personalidades idénticas, ambas carentes de autoestima que necesitan de aplausos y admiración ajena para sentirse valorados y amados, ya que ellos mismos no se valoran ni se aman.

    Pero tomando notas sobre los dos personajes, también son idénticos en su manera de gestionarse la vida, en base al espionaje (ambos espían a los demás), al arte culinario (ambos saben que por la boca muere el pez, la comida atrae), ambos son exhibicionistas (las fachadas de sus portales), y ambos son unos pobres diablos sin su público…

    Tu eres el creador de los dos vecinos y como tal el que tiene todo el derecho de concluir la historia o hacer de ella toda una serie de relatos mensuales intentando diferentes batallas entre ellos.
    Ahora si deseas un final, te diría que como Arcadio sabía de la planta venenosa y sospechó que Merovio lo quería matar lo denuncia ante toda la comunidad y ésta enardecida y sintiéndose burlada sale en busca de Merovio y toma venganza acabando con su vida, empezando por sacarle el supuesto ojo que le faltaba, y ya puestos a librarse de semejante basura, también se lanzan sobre Arcadio en reclamo por su silencio, porque en lugar de denunciarlo cuando lo supo (Merovio lo desenmascaró antes de morir) se lo guardó hasta el último momento y lo dijo porque temía por su vida, así que entre todos también matan a Arcadio.
    Dicen que cada persona tiene al menos un igual, y así como vivieron, así murieron, ja, ja.
    En un pueblo con tal mansedumbre y disposición de amabilidad, el engaño puede ser un detonante de la mayor agresividad.

    Un relato ingenioso y lleno de detalles que al más cauteloso detective se le pueden escapar..

    • marcosplanet
      Posted at 09:01h, 29 mayo Responder

      Extraordinaria reflexión y excelente propuesta de final, Idalia. Me dejas impresionado. En efecto, podría ser el que has propuesto un final definitivo, por la secuencia de sucesos y el desencadenante: Merovio, momentos antes de morir a manos de la horda vecinal (genial el detalle de extraerle el ojo/cámara) revela que Arcadio intentó envenenarle, y la horda culpa a este de haberse guardado esa información hasta el último momento.
      Habría algún problema para hacer una saga mensual como también propones, porque no nos podríamos haber cargado entonces a los dos protagonistas. Pero reitero mi enhorabuena por tu genial propuesta, Idalia.
      Un fuerte abrazo.

  • Themis
    Posted at 16:41h, 25 mayo Responder

    Hola Marcos, vaya relatito que no termina, largo, largo, y te atrapa y no te suelta y te hace por momentos que el estómago se cierre por el suspenso por esa guerra fría y también en otros que se te antoje esas delicias de comidas y que estés con los ojos abiertos esperando el final de cómo terminaría y ¡oh! sorpresa, tú tienes que darle el fin a esa historia, hacer sugerencias, jajajajajaaj, muy bueno, tal vez nunca termina sino que se vuelve como la noria, donde se da vuelta y vuelta y siempre se repite lo mismo, algo muy humano, aferrado a no cambiar ni su forma de pensar, ni de acercarse a sí mismo y competir y creerse el gran campeón….abrazo grande

  • Héctor García / Islas Viajeras
    Posted at 10:25h, 21 mayo Responder

    Querido Marcos, necesito que me expliques una cosa.

    ¿Cómo es posible que un relato sobre la guerra pasivo-agresiva entre dos vecinos —uno de ellos con ojo biónico y habilidades sociales de supervillano de manual— me haya tenido más atrapado que la última temporada de cualquier serie con presupuesto millonario y reparto de estrellas?

    El nuevo vecino es, con perdón, una joya. Una delicia narrada con la precisión de un cirujano loco y la ironía de alguien que ha pasado mucho tiempo observando a los vecinos desde la mirilla. Es como si Patricia Highsmith hubiera tomado té con Stephen Fry y decidieran escribir juntos una telenovela distópica de espionaje doméstico con croquetas gourmet.

    La batalla entre Arcadio y Merovio es tan absurda y tan humana que resulta profundamente real. Quiero decir, ¿quién no ha sentido alguna vez una hostilidad silenciosa hacia ese vecino que recuerda tu cumpleaños, riega las plantas mejor que tú, y encima huele bien? Y encima cocina. Y encima recuerda los vinos. ¡Y encima es encantador! Es detestable. Como debe ser.

    La tensión creciente entre el espionaje de microfibra, los dulces envenenados y los duelos de recetas de alta cocina es sencillamente genial. Todo envuelto en una estética de convivencia vecinal que cualquier habitante de un edificio con más de dos pisos entenderá al instante. Es como si Desperate Housewives se mudara a un bloque de pisos en la calle Albatros y decidiera volverse ligeramente más psicótica.

    Tu forma de escribir tiene ese equilibrio perfecto entre lo hilarante y lo inquietante. Uno se ríe con ganas, pero a la vez se pregunta si Merovio no estará, en efecto, grabándonos a todos con un ojo postizo que viene directo del MIT. O peor aún: si no seremos nosotros Arcadio, preparando cenas delirantes para recuperar nuestro trono invisible.

    Gracias por regalarnos esta historia deliciosamente turbia y maravillosamente escrita. Es tan sabrosa como un lenguado con microesferas de batata, pero con más puñaladas (y sin tener que limpiar el horno después).

    Marcos, El nuevo vecino no es solo un relato. Es una advertencia. Y una carcajada. Y un postre con sorpresa.

    Espero con ansia tu próxima invención.

    • marcosplanet
      Posted at 11:04h, 21 mayo Responder

      Me has dejado impresionado con tus palabras, Héctor, hipnotizado por tu optimismo al describir el relato y con el regusto de paté de foie al brandy con pasas, jajajajj.
      La siguiente parte no creo que se haga de esperar.
      Un abrazo.

  • Miguel Ángel Díaz Díaz
    Posted at 23:06h, 19 mayo Responder

    ¡Qué relato, Marcos!
    La gastronomía convertida en campo de batalla donde luchan dos egos descomunales y sibilinos. Además de un posible final entre los dos luchadores tenedores y cuchillos en ristre, con las diversas variedades que pueden surgir, me pregunto qué será de esos vecinos ahora. ¿Quién los invitará a las degustaciones? ¿Por quién se habrían decantado si no hubieran entablado batalla a mesa y mantel? ¿O Habrían seguido disfrutando de uno y otro sin preocuparse de más?
    Un fuerte abrazo 🙂

    • marcosplanet
      Posted at 08:56h, 20 mayo Responder

      Yo creo que los vecinos habrían continuado el disfrute y ya está, jajajajj. Vaya panda de tragones.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un fuerte abrazo.

  • finil
    Posted at 17:29h, 19 mayo Responder

    Buenas Marcos,
    Me ha recordado tu historia a una canción de un portero super amable y atento con todos los vecinos de una urbanización ..que al final a lo que se dedica es a vigilarlos a todos jajaja
    Mira como a mi no me gustan los vecinos porculeros, te diré que yo me los cargaba a los dos. A Merovio, se lo encuentran en el coche dos días despues. Se quedó en el sitio cuando se iba. Arcadio no calculó bien el veneno de la manzana.
    Arcadio empieza a ver espíritus y cosas raras y al final se lo carga el espíritu de Merovio..que le prometió que volvería no? pues hala
    Y el resto de los vecinos también. Merovio los espiaba para algo ..no? pues por ese algo se los va cargando uno a uno.
    jajaja que sangrienta estoy yo hoy.
    Te parece bién?
    Un saludo!!

    • marcosplanet
      Posted at 08:57h, 20 mayo Responder

      Me encantan tus propuestas, Finil. Tomo buena nota para la siguiente edición, jajajj
      Un abrazo.

  • Raquel Del Valle Peña Peinado
    Posted at 18:21h, 18 mayo Responder

    ¡Este relato tiene una energía casi teatral y una tensión subyacente que lo hace fascinante! Marcos logra construir una historia en la que el poder, la rivalidad y la manipulación se entrelazan con una elegancia casi irónica.Lo que hace que el relato brille es el uso de la gastronomía como campo de batalla. Desde la competencia de recetas hasta el siniestro intercambio de postres envenenados, cada elemento culinario sirve no solo como símbolo de poder, sino también como herramienta de manipulación. Arcadio y Merovio no solo cocinan: conspiran con sabores y texturas. El desenlace mantiene la tensión abierta, sugiriendo que el conflicto no ha terminado, y el último pensamiento de Merovio deja entrever que este juego de influencias y envidias tendrá una segunda parte. ¿Regresará con otra identidad? ¿Arcadio logrará conservar su recién recuperado dominio? Abrazos virtuales desde Venezuela

    • marcosplanet
      Posted at 13:28h, 20 mayo Responder

      Hola Raquel, gracias por tus palabras. Eso sí , debo señalar que me resulta raro que digas: «Marcos logra construir una historia en la que el poder, la rivalidad y la manipulación se entrelazan con una elegancia casi irónica». Es como si no estuvieras escribiendolo tu sino una tercera «persona». En fin muchas gracias y un abrazo desde Madrid.

  • Dakota
    Posted at 16:34h, 18 mayo Responder

    Hola Marcos, vaya rivalidad entre vecinos, casi me plantearía salir corriendo por si llega a haber fuego cruzado, que no me pille entendió, jajaja.

    Un abrazo 🤗

  • sLuis
    Posted at 16:41h, 17 mayo Responder

    ¡Esto es una ópera vecinal con tintes de thriller gastronómico y espionaje doméstico! Qué maravilla de personajes, Marcos. Merovio y Arcadio son como Hannibal Lecter y un Mortadelo vengativo jugando al ajedrez con mermelada venenosa y cámaras ocultas. Me he reído y escandalizado a partes iguales.

    La rivalidad es tan exagerada y bien llevada que uno casi espera que en el siguiente episodio aparezca un notario, un médium o un inspector de Sanidad. Y ese final con «intercambio de postres mortales»… exquisito. Me dejaste con la cucharilla en alto.

    ¿Mi final ideal? Merovio vuelve, claro, pero con una nueva identidad, una barba postiza y un food truck vegano que empieza a conquistar a los vecinos. Arcadio, por supuesto, se apunta a un curso de cocina molecular para contraatacar. Guerra fría 2.0. ¡Bravo!

    • marcosplanet
      Posted at 17:09h, 18 mayo Responder

      Tomo muy buena nota de tu propuesta de final, Luis, ¡me encanta!. Lo del food truck es brillante. Sin duda marcaría un antes y un después en el regreso de Merovio. Guerra fría 2.0 podría incluso ser el título de esa continuación.
      Notario, médium o inspector de sanidad… unas novedades geniales en la nueva historia.
      Muchas gracias por haber leído con tanta atención esta historia.

  • Tarkion
    Posted at 14:50h, 17 mayo Responder

    ¡Marcos!

    Este relato tiene una energía casi teatral, como si lo hubieras escrito mientras una orquesta invisible marcaba los compases entre plato y plato. Me ha recordado a esas obras donde el decorado es minucioso y burgués, pero en el fondo lo que vibra es la tensión soterrada entre los personajes, con silencios que gritan y postres que conspiran.

    Has creado una fábula contemporánea que huele a rellano recién fregado y a rencor disfrazado de cortesía. Arcadio y Merovio no son solo dos vecinos: son dos formas de habitar el mundo. Uno quiere gustar; el otro, ser imprescindible. Y entre platos con nombres imposibles, regalos tramposos y parterres ornamentales, nos invitas a observar cómo el poder se cuela por las costuras del afecto.

    Me ha encantado cómo dos hombres, en apariencia civilizados, acaban usando el protocolo gastronómico como campo de batalla, como si la mousse de oca y las guías de viaje fueran escudos y espadas. Esa escena final, con los laxantes y el veneno botánico, tiene un humor negro delicioso. No se cruzan el Rubicón: lo sazonan con mandarina satsuma.

    Y en medio de todo esto, hay una pregunta que me queda resonando: ¿hasta qué punto necesitamos ser el centro para sentir que somos alguien? Lo de Arcadio y Merovio es una danza de egos, sí, pero también una radiografía fina de los mecanismos del afecto, la influencia y la rivalidad. Y eso le da al relato una profundidad que no necesita ser solemne para ser incisiva.

    Como lector, me lo he pasado en grande. Como compañero de letras, te aplaudo ese equilibrio entre ironía, tensión narrativa y construcción de personajes. Y como vecino hipotético… te confirmo que mejor que no se muden ni Arcadio ni Merovio al portal de mi calle.

    Y sobre cómo seguiría la historia… quizás Merovio no regrese como Merovio. Tal vez se reinvente, cambie de identidad y vuelva con otra máscara aún más sofisticada. O tal vez Arcadio, en su aparente victoria, empiece a percibir sombras familiares en el nuevo vecino que acaba de llegar. Porque en el fondo, esto no es solo una historia de dos: es un ciclo. Y mientras haya necesidad de admiración, habrá alguien dispuesto a servirse de ella.

    ¡Un abrazo fuerte, Marcos! Este sí que es un relato con regusto duradero.

    • marcosplanet
      Posted at 17:16h, 18 mayo Responder

      La descripción de la que haces gala es preciosa y muy rica en matices. Has profundizado en todas tus observaciones haciendo un análisis impresionante de lo que a ti te ha transmitido el texto. Vamos, algo que no me extraña por otra parte viniendo de ti. La sugerencia de que Merovio vuelva con otra identidad o reconvertido de algún modo, para que un Arcadio lleno de sospechas le vaya identificando poco a poco, es una propuesta fantástica.
      A ver qué se me ocurre para la continuación.
      Un fuerte abrazo, amigo de las palabras certeras y los juicios sensatos.

    • marcosplanet
      Posted at 13:32h, 20 mayo Responder

      Por cierto, Raquel del Valle Peña y tu habéis iniciado vuestro comentario con la misma frase: «Este relato tiene una energía casi teatral (…)». Es muy curioso. No sé cómo se puede coincidir en una frase así, nada corriente.
      Abrazo.

  • campirela_
    Posted at 14:02h, 17 mayo Responder

    Estupendo micro.
    Tal vez, esa rivalidad sea buena para la comunidad.
    Los dos en su ambición de líderes benefician a los demás vecinos.
    En realidad ambos son sirvientes de la comunidad aunque ellos crean lo contrario
    Mí aplauso, muy bien.
    Abrazos.

    • marcosplanet
      Posted at 17:18h, 18 mayo Responder

      Qué buen punto de vista, Campirela. Ver a los dos contendientes con ese enfoque es en realidad una ventana a la esperanza de que ambos actuaban por una causa más bien noble, pero la envidia y los celos son muy malos consejeros.
      Muchas gracias y un fuerte abrazo.

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