El Sutra del diamante | MARCOSPLANET | Descubre la magia de viajar |
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El Sutra del diamante

¿Sabes dónde se imprimió el primer libro que aún se conserva? El 11 de mayo del año 868, hace “solamente” 1.145 años, el ciudadano chino Wang Jie autorizó la impresión y distribución de El Sutra del diamante, el libro impreso más antiguo que todavía se conserva, y que se publicó unos 600 años antes que la Biblia de Gutenberg.

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El Sutra del diamante no es el primer texto impreso como tal de la historia, pero sí el más antiguo  conservado a día de hoy. Imagen

La fecha figura al final del rollo en una nota que dice «reverencia hecha para la distribución universal por Wang Jie en nombre de sus dos padres» y a continuación aparece una fecha del calendario chino: 11 de mayo de 868.

En el siglo XX, el arqueólogo y linguista Aurel Stein (1862-1943) descubrió una copia de El Sutra del diamante entre los manuscritos de Dunhuang (en China)

Se trataba del texto impreso más antiguo conocido.

Este pergamino de unos cinco metros de largo, había permanecido oculto junto a otros 40.000 libros y manuscritos en las cuevas de Mogao –“las de los Mil Budas”- cercanas a Dunhuang, una ciudad importante en la antigua Ruta de la Seda. Hasta la Edad Moderna y desde la prehistoria, esta ruta formó una red comercial que llegó a comunicar en aquel tiempo el gran Imperio chino con el Imperio romano.

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Aurel Stein. Arqueólogo, geógrafo y lingüista. Imagen

Y hubo más protagonistas de descubrimientos. El discípulo de Sylvain Lévi (un orientalista e indólogo) de nombre Paul Pelliot (buscador de libros chinos para la biblioteca de la École Française d’Extrême Orient en Hanói), condujo una única expedición arqueológica al Turquestán, que consiguió regresar con numerosos manuscritos, obras de arte, antigüedades y especímenes naturales, así como cientos de mapas y fotografías.

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El Sutra del Diamante. Un manuscrito revelador. El texto impreso más antiguo, conservado, que se conoce.

Pero Pelliot, como experto en cultura china de reconocido prestigio, identifica en las cuevas documentos de importancia descartados por el británico Stein y los envía a París

El francés Pelliot no llega a Dunhuang hasta un año después de Stein. Para entonces, Aurel Stein ya había desembarcado en Londres la mayoría de los fondos de la biblioteca. Parte de estos fueron a parar a la India, cuyo gobierno colonial había financiado varias expediciones de Stein.

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Las Cuevas de Mogao, son un grupo de 492 templos situados en la provincia de Gansu en China

Stein se llevó un total de veinticuatro cajas, cargadas de manuscritos, y cinco cajas de pinturas, bordados y reliquias de arte, pagando por ello sólo 130 libras. El Sutra del Diamante es uno de los 40.000 libros y manuscritos hallados en una de las cuevas de Mogao, cerca de la ciudad de Dunhuang, sellada en torno al año 1000. Aurel Stein realizó cuatro expediciones a Asia Central entre los años 1900 y 1931, durante las cuales reunió una gran cantidad de material.

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Paul Pelliot. Arqueólogo y lingüista francés, explorador del Asia Central

Wang YuanLu, el descubridor de los manuscritos

Wuang Yuan Lu fue una especie de ermitaño taoísta cuyo nombre ha pasado a la leyenda de la arqueología por haber sido quien descubrió, para desperdiciarlos después, los manuscritos de Dunhuang.

Huyendo de la miseria de su ciudad natal, (Macheng en la provincia de Hubei), Wang Yuanlu llevó una vida nómada, hasta que se alistó en la infantería del ejército de la dinastía Qing.

Después de abandonar el ejército, se inició en el taoísmo, con el nombre taoísta de Fazhen.

Continuó entonces su vida errante, que lo condujo finalmente hasta las cuevas de Mogao, donde decidió establecerse.

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Fotografía de Wuang Yuanlu, descubridor de la biblioteca de las cuevas de Mogao. Imagen

Pelliot fue discípulo de Sylvain Lévi y dirigió una expedición arqueológica al Turquestán

Cuando el sinólogo francés Paul Pelliot regresó de su aventura en el Turquestán lo hizo con una buena colección de manuscritos, obras de arte, antigüedades y cientos de mapas y fotografías. Primero el explorador inglés Sir Aurel Stein y después  Paul Pelliot acudieron a Dunhuang y negociaron con Wang Yuanlu la compra de varias decenas de millares de manuscritos, documentos, pinturas sobre seda, y otros objetos preciosos, por un pequeño montante económico. Entre los objetos adquiridos por Sir Aurel Stein se encontraba el Sutra del diamante. Como dijimos, fue impreso en el año 868, lo que le otorga la cualidad de ser una de las obras impresas más antiguas conservadas del planeta.

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Pelliot examinando los manuscritos en las grutas de Mogao en 1908. Imagen

Las cuevas de Mogao

Se encuentran a 25 km al sureste de Dunhuang, un oasis situado en una encrucijada muy importante tanto en el aspecto religioso como cultural pues estaba en plena Ruta de la Seda. En el oasis se cruzaban las vías norte y sur de esta ruta comercial de primer orden. Ambas vías rodeaban la extensísima superficie arenosa del desierto de Taklamakan. Las frecuentes caravanas procedentes de esos dos caminos aportaban al lugar un valor intrínseco.

Dunhuang significa “faro en llamas”, debido a que los guardianes de su frontera utilizaban balizas para advertir de ataques de tribus nómadas.

Ubicadas en la provincia de Gansu (China) las cuevas son conocidas también como Cuevas de Dunhuang pero este término incluye otras cuevas budistas que no están relacionadas.

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Vista exterior de las cuevas de Mogao. Imagen. Autor

Transcribo un párrafo de un interesante artículo:

“Al poner un pie en las cuevas de Mogao, el visitante viaja a través del tiempo: miles de coloridos budas decoran las paredes de las grutas, junto a numerosas apsarás, ninfas acuáticas de la mitología hindú, que vuelan por los techos”. Fuente.

Esta biblioteca secreta

fue sellada alrededor del año 1000, en una época en que esta región sufrió la amenaza del Imperio Tangut, un estado que existió entre los años 982 y 1227 en el noroeste del territorio actual de la República Popular China.

Interior de cueva de Mogao, China. Buda durmiente. Imagen

En 1900, el monje taoísta mencionado al principio Wang Yuanlu, descubrió la entrada sellada de la cueva, en cuyo interior se habían conservado perfectamente los pergaminos de papel y seda gracias al aire seco del desierto.

Sin embargo, el discurrir del tiempo ha dejado huella en estas galerías y su conservación es uno de los grandes trabajos que hay que preservar ante el imparable incremento del número de turistas -en 2017 las visitaron 9,1 millones de personas-. Suponemos que con la pandemia Covid-19 este número se habrá reducido.

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Pintura de los murales de Dunhuang. Imagen

Wang Yuanlu llega al complejo de Mogao

y decide encargarse de organizarlo. Wang intentó reunir financiación por parte de las autoridades locales y provinciales para la restauración y conservación de las cuevas y estatuas. Los textos y pinturas que descubrió estaban fechados entre los siglos IV y XI. Son miles de ejemplares. Es posible que el hecho de encontrarlos sellados en la cueva se debiera a un intento de proteger esos documentos de la agresión de los tibetanos. Aquella actitud desesperada los mantendría escondidos durante casi mil años.

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Interior de una cueva de Mogao. La biblioteca oculta de Dunhuang. Imagen

El contenido de la biblioteca se extendió después por todo el mundo, localizándose las colecciones más grandes en Beijing, Londres, París y Berlín. Existe el llamado “Proyecto Internacional Dunhuang” para agrupar y organizar el trabajo académico sobre los manuscritos de Dunhuang. Las cuevas en sí son ahora un destino turístico muy conocido abierto al público.

A continuación, un fragmento de El Sutra del diamante:

Tal como entiendo la enseñanza, la Iluminación Perfecta que Trasciende las Comparaciones no puede ser alcanzada ni atrapada, como tampoco puede ser enseñada. ¿Por qué? Porque el Tathagata –(término atribuido al propio Buda Gautama para referirse a sí mismo)– ha dicho que la Verdad no es una cosa que pueda ser diferenciada o contenida, y por lo tanto, la Verdad no puede ser atrapada ni expresada. La Verdad ni es ni no es”.

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Buda-Nagarjuna Mahasiddha  (Reino de Andhra, 150-250). Fue un filósofo indio y monje budista, cofundador junto con su alumno Aryadeva, de la escuela Madhyamaka (camino medio) de gran influencia en el crecimiento del budismo Mahayana, uno de los pilares del budismo. Imagen

La tradición budista atribuye al buda Nagarjuna Mahasiddha la autoría o descubrimiento del Prajñápáramitá-sútra, así como otros grandes tratados sobre la doctrina budista donde se acentúa el criterio filosófico del vacío esencial de lo existente.

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Localización de las Cuevas de Mogao, China. Imagen

El texto original de El sutra del diamante,

redactado en sánscrito, fue traducido al chino por un monje erudito indio llamado Kumarajiva hacia el año 400.

Transcurridos varios siglos tras la muerte de Buda y para que sus enseñanzas no se perdieran en la transmisión oral, sus seguidores las transcribieron en forma de Sutras.

Los Sutras son textos que recogen discursos pronunciados por Buda o alguno de sus allegados. También se asocia el Sutra no solo al budismo, sino que designa escritos de otras tradiciones orientales, como el hinduismo. El Sutra trata de la sabiduría y pretende combatir la ignorancia. También designa en el budismo los textos escritos en los que se exponen enseñanzas y experiencias relativas a diferentes vías de conocimiento. El objetivo es alcanzar la “iluminación”, es decir, la plena realización espiritual del ser humano.

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Libro manuscrito encontrado en las cavernas de Mogao en China a principios del siglo XX. Imagen

Desde el siglo IV hasta el siglo XIV, los monjes budistas de Dunhuang coleccionaron escrituras traídas del oeste.

Las primeras cuevas las excavaron en el año 366. Su número fue aumentando sin cesar durante varias dinastías feudales y en el siglo 7, es decir, durante el mandato de la dinastía Tang, superaban las mil. De ahí que las grutas de Mogao se conozcan también como “Las Mil Cuevas Budistas”.

Paralelamente a la apertura de cuevas, el interior iba acumulando pinturas murales y estatuas de Buda. Las grutas de Mogao están situadas como dijimos antes en una ubicación crucial de la Ruta de la Seda. También señalamos que esta fue una importante vía de comunicación y comercio entre Oriente y Occidente. En aquella ruta confluían personas de distintas ramas religiosas, culturales, eruditos y científicos. Así, aquel lugar se convirtió en un crisol donde confluyeron de manera muy productiva formas y estilos artísticos chinos y extranjeros, dando lugar a un auténtico tesoro del arte.

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Mándala del Buda Sakyamuni, pintura tibetana. Imagen

Como muchos Sutras, El Sutra del diamante comienza con la famosa frase “Así he oído“.

En este relato, el Buda ha terminado su paseo diario con los monjes recogiendo alimentos como ofrendas y se sienta a descansar.  Uno de los monjes más veteranos, Subhuti, se adelanta y le plantea una pregunta al Buda.

Del mismo modo, El Sutra del diamante termina con Subhuti, el discípulo, preguntándole cómo debería titularse el sermón, a lo que el Buda le responde que deberá ser conocido como:

 «El Diamante Cortador de Sabiduría Trascendental»

porque «la enseñanza es fuerte y afilada como un diamante que corta a través de los malos enjuiciamientos y la ilusión».

Subhuti preguntó a su vez:

“Señor, ¿habrá siempre gente que entienda tu mensaje?”

Buda respondió:

“¡No lo dudes, Subhuti! Siempre habrá gente que, habiendo escuchado el

mensaje, aceptará sus preceptos y practicará nuestro camino. ¡Nuestro mensaje llegará a la

gente simplemente porque es verdadero! Llegará un momento en que la mayoría ni siquiera

necesitarán las palabras, sino que estarán más allá de ellas. Todos debemos esforzarnos en ir

más allá de las palabras, porque uno puede sentir apego por ellas, y no debemos sentir

apego por nada. Debes comprender que mis palabras son como una balsa que se emplea para

cruzar un río. Cuando su utilidad ha sido satisfecha, debe ser dejada atrás si queremos llegar

más lejos”.

Sermón en el parque de los ciervos representado en el templo budista Wat Chedi Liem-Kay, en Tailandia. Imagen

El árbol Bodhi

(Ficus religiosa)

Según la historia budista, el sabio Siddhartha Gautama se sentó a meditar debajo de este árbol durante semanas. Como se desató una terrible tormenta, bajo las raíces del árbol surgió Muchilinda, el rey de los nagas (serpientes), que se enroscó alrededor de Gautama y lo cubrió con su caperuza. Gautama acabó alcanzando la iluminación espiritual y se convirtió en un buda, un “iluminado”, dando origen al budismo.

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Templo junto al árbol de Bodhi, dibujo de 1810. Imagen

El culto a este árbol fue motivo de peregrinación aún en vida de Buda. El rey Asoka (304-232 a. C.) visitaba cada año el árbol de Bodhi para presentarle sus respetos. Cada año pagaba un festival en su honor en el mes de kattika (unión de octubre y noviembre en el calendario hindú). Pero sucedía que su esposa Tissarakkha sentía celos del árbol.

En el año 16 del reinado de Asoka (253 a. C.) la proclamaron reina y tres años después (en el 250 a. C.), ella destruyó el árbol haciéndolo envenenar mediante espinas de mandu. En el mismo lugar plantaron un vástago del árbol original o de otro de la misma especie (Ficus religiosa). A su lado construyeron un monasterio, que se llamó Bodhi-Manda Vijara.

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Rueda del Dharma. Imagen. Autor

El dharma chakra (o “rueda del darma”) es un símbolo que representa al dharma (‘ley’ o ‘religión’), en el hinduismo, el budismo y el jainismo. A veces lo traducen como “rueda de doctrina” o “rueda de ley”.

Y terminamos con una especie de admonición contenida en “El Sutra del Diamante”:

<<“Ciertamente, en el futuro, en el último tiempo, en la última época, en los últimos quinientos años, cuando la buena enseñanza se haya derrumbado, habrán siempre bodhisattva, grandes seres, dotados de buenas cualidades, de conducta moral y conocimiento que sabrán generar una verdadera percepción de las palabras de un sutra como este ahora enunciado”>>.

En fin, espero que os haya distraído al menos durante unos momentos la lectura de este artículo.

¡Saludos y hasta nuestro próximo encuentro!

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