El vengador y la tórtola. Microrrelato de los jueves

 

Un hombre de mediana edad intenta relajarse observando el paisaje que se ofrece a sus ojos. Está dejando vagar su mirada por el enorme parque ajardinado que rodea su ático de las afueras.

Cuando menos se lo espera, una tórtola de pico azul y plumas moteadas de naranja con bordes como un ópalo azul se posa en la barandilla.

–Hola amiguita ¿cómo te llamas? –le comenta en un tono amigable.

–¿Hoy hay lentejas para cenar? –pregunta al hombre sin más. Este, haciendo alarde de una tranquilidad proverbial, le contesta esbozando una sonrisa sarcástica.

–Pues mira, eso no va a ser posible. Voy a darme un homenaje y voy a prepararme un tartar de salmón marinado con salsa de soja, hojas de espinaca Savoy de hojas rizadas y encurtidos de la región. Lo acompañaré con un segundo plato consistente en un trozo de ternera envuelto en hojaldre cocinado al horno. Lo rellenaré de una duxelle, una mezcla de champiñones, nata y chalotas. Algunas recetas añaden trufa negra laminada. No sé si estarás de acuerdo con los ingredientes.

Por toda respuesta, la tórtola repitió su alocución.

–¿Hoy hay lentejas para cenar?

–Mira, te repites tanto como mis amiguitos los que llevan armando jaleo en el parque de ahí abajo desde el año 2012. He intentado todo tipo de argucias para disuadirles de acampar ahí con su música a tope desde que anochece hasta el amanecer del día siguiente.

Ante mis reclamaciones dirigidas al ayuntamiento, una noche la Policía formó patrullas para grabar lo que hacían y terminaron por pedirles la identificación. Ahí quedó todo. Nada impidió a los simpáticos moradores de las arenas del jardín que volvieran al día siguiente para someter la paciencia de los vecinos a sus costumbres de adoradores del ruido. Carcajadas, gritos y desmanes incomprensibles como pegar patadas a un balón durante horas a altas horas de la madrugada se mantuvieron en lo más alto de las prioridades de esa gente.

La tórtola parecía escuchar palabra por palabra lo que argumentaba aquel hombre, pero sin dar muestras de entender nada en absoluto. Ante el silencio del propietario del ático, producido al hacer una pausa mientras echaba un trago a su jugo de tamarindo, la avecilla volvió a la carga.

–¿Hoy hay lentejas para cenar?

El narrador retomó impasible su historia. Quería desahogar sus cuitas.

–Han sido doce años de pasividad de mis vecinos sin que ninguno moviese un dedo para echar de allí a los enemigos de la tranquilidad nocturna. Años de dormir poco excepto en contadas ocasiones. Años de inacción por parte de la alcaldía, a quien no preocupan los ciudadanos más allá del engaño al que les somete con promesas incumplidas cada vez que hay elecciones municipales.

La tórtola aleteó como si quisiera con ello alejar el pesar reflejado en los comentarios de su “interlocutor” y preguntó una vez más:

–¿Hoy hay lentejas para cenar?

–Pues no, ni aquí ni en las casas de esos energúmenos. Es más, de sus casas no encontrarán más que cenizas. Esta tarde las he quemado todas.

¿Compartirás conmigo mi cena de homenaje?

 


 

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Esta es mi aportación al reto semanal “Cada jueves un relato”, que en esta ocasión organiza El Vici solitari.

En la terraza de un ático

Hay que escribir sobre una tórtola que se posa en la barandilla del ático de una persona que contempla el paisaje. La tórtola le hace una pregunta: ¿Hoy hay lentejas para cenar?

 

Las reglas se encuentran aquí.

 

Nota: todas las imágenes de este post incluida la portada las he configurado con la ayuda de la página  bing.com/images/create/ .

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31 respuestas

  1. Marcos, este microcuento te ha quedado lindo. Mucho. Pero -formas.de ver las cosas, o estaré en un estado anímico especial- que me parece que ni la tórtola hace caso ni el otro tampoco. Y eso que a veces con los animalitos es más fácil la comunicación. Disculpa, que sé que no iba por ahí el asunto pero se me ocurrió. Esa tórtola me ha encantado, y ese final también. Todo,. cómo lo desarrollas. Y otra cosa.que me intriga mucho es la literatura que debes haber desparramado para que te salieran esas imágenes de IA. Quizá más larga que el propio relato, otro arte..
    Me ha dado gusto estar aquí y salir con buen sabor de boca.
    Te dejo un abrazo 🤗

  2. Buen microcuento, del que resalto: Las preguntas reiteradas de la tórtola, similar al principito, que nunca respondía, sino repetía sus preguntas. Final adecuado y atractivo, impensado. ¿Las recetas? Nunca las había oído, pues parecen comidas locales, no vistas en Chile, mi país. Nuevamente, las lentejas son utilizadas (ya las había visto en otro cuento de Nuria, si no me equivoco), lo que me está diciendo algo. En mi país, se almuerzan legumbres los lunes, pues así nunca te faltará comida. Y ya hemos comido porotos (con riendas son extraordinarios, receta chilena) y garbanzos, por lo que el lunes habrá lentejas, y los recordaré a ambos.

    Saludos, te sigo y emito voto.

    1. Muchísimas gracias, Héctor, por tu detallado comentario. Pues sí, la receta es de factura propia, me la he inventado.
      Por cierto, desearía saber a qué llamáis vosotros «riendas». Los porotos creo que son habichuelas o judías.
      Saludos cordiales.

        1. Me resulta muy simpática tu afirmación sobre el texto de Cortázar, que solo deseabas degustar y deleitarte con lo que sugerían culinariamente sus palabras. Yo voto también por los placeres de la cocina doméstica, que tanta satisfacción proporcionan al paladar siempre.
          Las vienesas creo que son lo que aquí llamamos salchichas frescas, de carnicería, no las procesadas.
          El queso de cabeza de huaso aquí lo llamamos «chicharrones» y se sirven cortándolos del trozo grande en lonchas como embutido.
          He leído el enlace que me has enviado y me ha parecido una excelente alabanza a la buena mesa y a las costumbres culinarias locales. He dejado un comentario en tu blog sobre dicho artículo.
          Saludos cordiales.

  3. Encuentro entrañable y adorable el papel de la tórtola, paciente e insistente jajajajaja me encanta!!.
    Menuda desesperación la del dueño del ático, dicen que la venganza se sirve en frío, pero el homenaje que se va a meter entre pecho y espalda, ese si que mejor caliente jajaja
    Marcos últimamente tus relatos me despiertan el apetito…..voy a tener que apuntarme todas estas recetas, que según lo describes y con cada ingrediente que añades, voy notando como la boca se me hace agua.
    Un besazo

  4. Dicen que la venganza se sirve en plato frío y este hombre la estuvo preparando durante 12 años, como para hacerle cambiar el menú de su homenaje.

  5. Miedo debería tener la paloma de repetirse mas que el ajo…con las dotes culinarias del personaje, creo que la tortola no pasaba del día sin quedar a las brasas..un cuento especialmente ocurrente que deleita los sentidos…bsss

  6. Si la tórtola no acepta la invitación, voy yo en su lugar, con esos platos tan sabrosos quien puede resistirse. Te cuento que el tartar de salmón es uno de mis preferidos.
    Muy buen relato, el final totalmente inesperado, pero excelente.
    Un abrazo.
    PATRICIA F.

  7. Ostras Marcos! Vaya un tandem el que forman la tórtola parlante y el cocinero pirómano! Ja, ja! Parece ser que el protagonista está
    hecho todo un gourmet, demasiado delicado para el mundano y repetitivo gusto de la tórtola! Ja, ja! Sin duda un final inesperado! Un abrazote y gracias por participar en nuestra propuesta! Marifelita.

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Marcos

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