Entrevista con el entrenador. Relato breve.

Él se siente como si le faltara piel en el cuerpo. Está sentado frente a un individuo que en cualquier lugar del mundo pasaría desapercibido pero que aquí, en esta especie de corredor a medio iluminar, parece resplandecer con luz propia.

Faustino explicaba al señor de aspecto corriente su deseo de que la entrevista fuese corta porque debía atender varios compromisos en el centro de la ciudad durante esa mañana.

–Mi nombre es Pedro y te recibo por el aviso que me envió mi amiga Irene.

–Ah, ¿es que conoce usted a mi mujer? No recuerdo que ella le mencionara alguna vez.

–No debe extrañarte, Faustino, pues ella goza del afecto de muchos miembros del club de pintura.

–Vaya, he conocido a algunos, pero lo cierto es que el club cuenta con muchos seguidores. Bueno ¿y de qué asunto deseaba mi mujer que habláramos? Lo tenía guardado muy en secreto por lo que veo.

Entrevista-con-el-entrenador

A continuación, Pedro se desprendió del sombrero de ala corta con el que cubría su cabeza coronada por una abundante mata de pelo blanco. Este descendía hasta sus mejillas en mechones lacios que le daban un aspecto de hombre cultivado y confiable. El sombrero reducía en gran medida el destacable halo de su personalidad.

–Te he citado aquí porque es un lugar muy tranquilo donde las ideas fluyen al mismo tiempo que los recuerdos parecen llegar más nítidos a la memoria.

–¿Irene me ha metido en una sesión de coaching del sueño o algo así? Porque me da la sensación de estar en medio de un pasillo que parece acabar desvaneciéndose de lo largo que es y eso me suena a coaching… de impacto me parece. Ah, sí, de “Impacto emocional” ¿No es así, Pedro?

De repente Faustino es consciente de haber establecido un vínculo indefinible con ese hombre a cuya cita había acudido por un motivo absolutamente desconocido. No recordaba el cómo, el cuándo o el porqué. Pero allí estaba, sentado en mitad de un corredor a medio iluminar que parecía no tener fin.

–Bueno, no se trata de etiquetar nada –responde Pedro–. Quiero que me digas simplemente qué crees que ha influido de manera decisiva en tu vida. ¿A qué piensas que debes agradecer los momentos de tu vida que más cerca han estado de la felicidad?

–Hombre, soy consciente de haber alcanzado la felicidad muchas veces y se lo deberé siempre a Irene, mi mujer. Nunca le parece bastante su entrega hacia mí y nuestros hijos. Eso es muy reconfortante y me ayuda en los momentos más difíciles.

 

–¿Qué errores crees que has cometido con más frecuencia? ¿O aquellos que más relevantes hayan sido para ti, Faustino? Tómate tu tiempo porque precisamente aquí, disponemos de todo el que queramos.

El compañero de diálogo de Pedro sonríe ligeramente e inicia un proceso de repaso mental. Se ve a sí mismo envuelto en situaciones comprometidas, como cuando hubo de enfrentarse a su padre hacía una veintena de años porque a él no le gustaba para nada Irene como compañera de vida de su hijo. La lucha de este por preservar el cariño de un padre frente al amor incondicional que él sentía por Irene, acabó pasándole factura durante los primeros años de su matrimonio. Y le obligó a someterse a tratamiento a base de antidepresivos.

–Nunca entendí la actitud de mi padre hacia mi mujer por más que intentaba que me explicase el motivo de su irracional aversión. Se limitaba a criticar todo lo que ella hacía, se burlaba de su modo de vestir, del modo de vestir a los niños, del colegio público al que los llevábamos pese a que podíamos haberlos apuntado a los privados selectos que mi padre prefería.

–¿Y cuál fue tu error, Faustino?

– Mi error fue borrar a mi padre de mi vida y la de mi nueva familia para siempre. El murió hace un año y no asistí a su funeral.

Pedro asintió con un gesto de cabeza que hizo posarse uno de sus mechones blancos sobre su frente. A Faustino le pareció como una señal inesperada, algo que quedaba marcado por Pedro de algún modo.

–Otro de mis errores es ver en la gente a un enemigo, a personas que pretenden quedar por encima de mí imponiendo su voluntad y me obligan a someterme a sus intenciones. No soy muy bueno en cuanto a asertividad. Prefiero pasar por el aro y así creo que evito los conflictos, pero en el fondo eso me produce la ansiedad de ver a los demás como enemigos declarados.

–Y ello aumentará tu adicción a los fármacos ¿no es verdad, Faustino?

–Que haya tomado antidepresivos no significa que… –Faustino para ahí, sorprendido una vez más por la cada vez más patente clarividencia de Pedro–. Yo no te he dicho nada de mi adicción ¿Cómo sabes eso?

–No importa, amigo mío, no es más que experiencia acumulada debido a mi trabajo.

–Lo admito, de los antidepresivos pasé a los psicotrópicos, y de ahí a una espiral que no me conducía a nada bueno. He tenido dos accidentes por conducir con alteración de la conciencia, uno de ellos casi le cuesta la vida a una mujer que quedó sepultada entre los restos de su coche. Tuve la suerte de poder rescatarla y practicarle las maniobras de reanimación que aprendí en los cursos de mi empresa. Milagrosamente, salió ilesa.

–¿Y el otro accidente cómo terminó, Faustino?

–El otro fue más leve, aunque el chaval no debía tener más de dieciocho años y conseguí calmarle de su ataque de nervios tras un buen rato de charla. Me declaré culpable en el parte del seguro y todo quedó arreglado.

Pedro volvió a asentir, momento en que otro mechón de pelo se deslizó sobre su frente.

Faustino lo observó con curiosidad y señaló con el dedo.

–Ha vuelto a… pasar –murmuró.

La conversación se prolongó durante un período de tiempo que Faustino no supo cuantificar, pero que le pareció muy prolongado. En un instante preciso, Pedro se levantó de su invisible asiento y habló con un tono de voz que produjo un eco en el corredor iluminado a media luz.

–Faustino, ha sido un placer tenerte ante mí en esta charla informal. Me ha complacido mucho escucharte. Encontrarás la salida al final de este pasillo.

 

Poco antes de la entrevista de Faustino con el entrenador, Irene ha sentido en el corazón y en el núcleo de su alma una sacudida repentina que la ha despertado junto al cuerpo sin vida de Faustino. El grito que pugnaba por salir de su garganta era desgarrador pero mudo, y quedó interrumpido antes de poder manifestarse al mundo.

Ella notó un estremecimiento en el espacio que la rodeaba, un vertido de energía que se proyectaba hacia las alturas y parecía encaminarse a otra dimensión.

En la frontera de dicha dimensión, un hombre de lacia melena blanca cubierta por un sombrero de ala corta emitió un pensamiento diáfano como el agua acristalada en las fuentes de un manantial.

–No te preocupes, Irene, yo atenderé tu mensaje. Su cuerpo ha dejado tu mundo terrenal, pero ahora le tengo ante mí para preparar su entrada en el lugar que le corresponda. Tendrá que recorrer un largo camino que no será del todo de su agrado.  Pero tranquilízate, bien sabes que él es de los buenos.


 

Y eso es todo por ahora en esta nueva sección de relatos breves. Dale «like» al corazoncito de más abajo si te ha gustado y por favor deja tu comentario. Es muy valioso para mi.

¡Salud y suerte en la vida!

Las imágenes que aparecen en este post  han sido generadas por la IA  Leonardo

16 Comentarios
  • Mila Gomez
    Posted at 03:58h, 30 noviembre Responder

    Hola Marcos, he leído tu relato con un gran entusiasmo, la historia es tan hermosa y tu narración tan pulcra que la lectura ha sido amena e interesante. Muy bien diseñada toda la escena donde vemos a Pedro, en esa creencia de que está a las puertas del cielo para recibir al que llega, esa charla, esa intuición, o mejor dicho saber todo sobre Faustino, el contar lo que pesaba más a este, una confesión del alma por la que el camino nuevo a transitar no será del todo de su agrado pero al ser bueno lo superará sin mucha dificultad. El pensamiento en forma de telepatía que envía Pedro a Irene.
    En fin, que me ha encantado como has estructurado el relato, sus mensajes, y hasta el poder visionar las escenas.

    Te felicito sinceramente, un placer haberte leído.
    Un abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 09:43h, 30 noviembre Responder

      Muchísimas gracias, Mila. Es un honor para mi que te haya agradado tanto esta lectura. Cuando escribo lo hago pensando en un tema de fondo que se va desarrollando poco a poco en mi cabeza y que en ocasiones desconozco cómo va a evolucionar o terminar..
      En fin, gracias de nuevo por la amabilidad de tus palabras.
      Un abrazo.

  • Federico
    Posted at 14:21h, 29 noviembre Responder

    Una magnífica alegoría del momento de la muerte. Espero que sea algo parecido. Saludos

  • ARENAS
    Posted at 15:14h, 28 noviembre Responder

    ¡A este Pedro tuyo lo vamos a librar de por vida del zurrón de Juan Soldado!
    Da gusto estar con él.
    ¡Yo quiero!… pero sin prisa.

    Excelente microrrelato, tan bien construido y escrito como es habitual en ti.

    • marcosplanet
      Posted at 20:10h, 28 noviembre Responder

      Muchas gracias de nuevo Antonio. Sin tu ánimo no sería lo mismo.
      Un abrazo.

  • Estrella Pisa
    Posted at 14:44h, 28 noviembre Responder

    Magnífico relato, Marcos.
    Me ha encantado. He intuido el final, pero lo has narrado con una maestría sanamente envidiable.
    Para mí siempre es un lujo leerte.

    Un fuerte abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 20:11h, 28 noviembre Responder

      ¿Qué puedo decir? Muchísimas gracias por el regalo que me haces con tu comentario.
      otro fuerte abrazo para ti.

  • Ana Piera
    Posted at 14:05h, 28 noviembre Responder

    Hola Marcos, un relato interesante y enigmático donde al final nos revelas lo que realmente ha sucedido con Faustino. Me ha gustado. Quizás así sea al final para todos, con un entrevistador que nos mandará por diferentes caminos. Enhorabuena. Saludos.

    • marcosplanet
      Posted at 20:12h, 28 noviembre Responder

      Muchísimas gracias por tu valiosa opinión, Ana. Es probable que esa sea la interpretación del final, quién lo sabe.
      Saludos.

  • Maty Marín H.
    Posted at 12:35h, 28 noviembre Responder

    Ese pasillo sin fin y el «vínculo indefinible» me hicieron pensar que estaba ante algo de lo que tanto me gusta: el mundo del misterio, lo que pasa después de aquí. Pero, la verdad, sobrepasó mis expectativas este texto. Es que Marcos, tienes una sensibilidad única además de tu capacidad estilística que ya he mencionado. Además, ponernos a reflexionar. Y quien no lo haya hecho, ¡Qué lo haga ya! que estas cosas no tienen palabra de honor

    Ha sido un gusto leerte Marcos, amigo, compañero de sentimientos. Un fuerte abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 12:47h, 28 noviembre Responder

      Me encanta tu comentario, Maty. Es refrescante y me anima mucho a continuar con mis historias.
      Muchas gracias!
      Otro abrazo fuerte para ti.

  • Rosa Fernanda
    Posted at 15:25h, 27 noviembre Responder

    Sorprendente historia, querido Marcos, sobretodo por el final.
    Me encanta!

    • marcosplanet
      Posted at 17:34h, 27 noviembre Responder

      Muchas gracias y disculpa las molestias por el problema con publicar comentarios. Lo estoy intentando arreglar pero llevará algo de tiempo.
      Un abrazo muy fuerte.

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 10:22h, 27 noviembre Responder

    Gracias Marcos. Así lo haré. Porque ayer te hice un extenso comentario en la nueva sección de blogs recomendados y otra vez, sale comentario duplicado, pero inexplicablemente el comentario no sale. Un abrazo.
    Faustino había pasado a mejor vida. Supongo que la entrevista según dice era con San Pedro.
    Su adicción le ha pasado factura y ahora Irene compungida muro su cuerpo sin vida.
    Aunque con las palabras tranquilizadoras de que es de los buenos.
    Un relato que me impactó con un final que no esperaba, pero bien desarrollado.
    Sinceramente me ha encantado.
    Un fuerte abrazo
    Doy por tercera vez a ver si sale este comentario.

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 10:21h, 27 noviembre Responder

    Gracias Marcos. Así lo haré. Porque ayer te hice un extenso comentario en la nueva sección de blogs recomendados y otra vez, sale comentario duplicado, pero inexplicablemente el comentario no sale. Un abrazo.
    Faustino había pasado a mejor vida. Supongo que la entrevista según dice era con San Pedro.
    Su adicción le ha pasado factura y ahora Irene compungida muro su cuerpo sin vida.
    Aunque con las palabras tranquilizadoras de que es de los buenos.
    Un relato que me impactó con un final que no esperaba, pero bien desarrollado.
    Sinceramente me ha encantado.
    Un fuerte abrazo

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