La burla interminable. Relato breve

Guillermo Nuevasfuentes era un gran aficionado al jazz. A todo tipo de música jazz. Sobre todo al caer la noche, momento en que le inspiraba especialmente colocarse sus cascos de audio de escucha cerrada que le aislaban del mundo.

Desde jovencito disfrutaba durante horas con el ritmo trepidante que invadía sus oídos en la oscuridad de su habitación. Eran largos combates de jam sesión, durante los cuales los grandes especialistas del género como Eddie Condon, Henry Red Allen, Ben Webster, etc., peleaban con sus instrumentos musicales como si fueran gladiadores.

A los dieciocho años Guillermo era todo un especialista en el bebop y adoraba a Charlie Parker, Charles Mingus o Monk, sus favoritos de todos los tiempos. Le ensimismaban especialmente las frases rapidísimas, tiempos rápidos, el individualismo y la armonía.

Bueno, pero esto era solo una muestra del trastorno obsesivo compulsivo de Guillermo. Había en él un germen de creatividad incontrolada que, en lugar de hacerle crecer interiormente hacia alguna rama del arte, la arquitectura o la ingeniería, por ejemplo, le impulsaba a no terminar nunca ningún proyecto de los muchos que se le pasaban por la cabeza.

–Nunca te centras, Guille –le recriminaban sus padres, desesperados por la montaña rusa que eran las notas del adolescente.

–Cuando eras un crío sacabas buenas notas en todo, le repetía la madre con preocupación–. ¿Qué te ha pasado?

Él se limitaba a sonreír, felicísimo de sentirse tan bien a todas horas, sin drama alguno en su vida. Esta era del tipo que disfrutan los acomodados socialmente, encaramados a una familia de ingresos abultados por las diversas rentas de herencias percibidas desde hacía generaciones de Nuevasfuentes. Este apellido lo decía todo en la mayoría de los círculos sociales de alto copete que frecuentaban los padres de Guille.

En esos ambientes de cócteles bien servidos junto a platos ideados por expertos con estrellas Michelin, los asistentes intercambiaban propuestas de negocio como quien habla del tiempo en la cola del pan.

Regentes de cadenas de imperios de la alimentación, medios de comunicación, corporaciones farmacéuticas o financieras de cualquier tipo, se daban cita en los, por otro lado, restringidos eventos. Sólo acudían a ellos por invitación verbal y lo llamaban el Gran Crisol, en alusión evidente a su “multiversidad”.

Este era un término nuevo que circulaba por internet y que resultaba muy del gusto de Carlota y Claudio, padres de Guillermo y propietarios de la Fundación Nuevasfuentes. Nadie conocía el origen de los fondos de dicha institución, pero sospechaban que emanaba de las múltiples herencias millonarias que amasaba Claudio, el único descendiente vivo de la dinastía.

La preocupación de los padres de Guille por cómo se labraría el futuro de su hijo, alcanzó un máximo cuando el adolescente les dejó claro que se iba a vivir con una amiga a un ático del centro de la capital.

–Con una gran terraza donde podré dedicarme a practicar el yoga Kundalini. –manifestó por toda respuesta.

–¿El yoga qué? –preguntó el padre con visible disgusto.

–En el hinduismo, Kundalini representa la energía vital, que fluye como una serpiente enroscada en espiral y dormida en el Muladhara Chakra, el primero de los seis chakras básicos. Se ubica en la base de la columna vertebral, por si no lo sabíais –indicó Guille medio riéndose.

–Cuando la kundalini despierta, ¡la consciencia del mundo emerge! –añadió teatralizando el tono de sus palabras.

En aquel momento sus padres aún dudaban, pero un par de años más tarde tuvieron bien claro que nunca podrían hacer carrera de él.

El momento revelador tuvo lugar en medio de una reunión del Gran Crisol a la que habían acudido como “estrellas invitadas” seis de las diez fortunas más grandes de este mundo.

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–Mira, Guillermo, tienes veinte años y sé que no vas a terminar carrera alguna –advertía Claudio a su hijo en el tono más neutro que se podía permitir–. Así que dejémonos de monsergas. No voy a repetirte que debes comportarte, y no solo como esperan que lo hagas aquellos de los presentes que saben que eres mi hijo. Hoy están aquí dos de los hombres más ricos…

En ese momento Guille interrumpió a su padre imitando un tartamudeo que sabía disgustaba mucho a Claudio. Era el ritual de Guille para ridiculizar cualquier llamada paterna al orden y al consenso.

–Ssi, paapap, yaa lo pi-pillo. Debo ser bu-bueno y no haceer-te que-e-dar mal ¿ve-erdad?

Claudio estalló de ira, agarró del brazo a su hijo y lo llevó a una sala contigua asegurándose de que nadie los viera. Una vez en la habitación soltó una sonora bofetada a Guillermo que le dejó bien marcada la cara.

–¡No vuelvas a hacerlo!¡No vuelvas a burlarte de mí! –¿Me oyes? Eres un bicho despreciable, consentido y que no ha hecho un esfuerzo en toda su vida que el de defecar. Te desheredaré, sí, y eso será cuanto antes, puedes estar seguro.

–No debes hacerlo, papi –dijo Guille con expresión indolente–. Por dos motivos.

–¿Ah, ¿sí?, pues ilumíname –vociferó el padre, sabiendo de sobra cuál iba a ser la primera respuesta.

–Por un lado, soy el único descendiente que quedará vivo tras tu muerte ¿verdad? Por lo que no te interesa que el legado de la fortuna familiar se pierda en las arcas del Estado.

El silencio imperaba en la cabeza de Claudio, pero su corazón deseaba volver a cruzarle la cara ante tal insolencia.

–¿Y el segundo motivo?

–Mamá jamás consentirá que me expulses de la familia. Caería en una de sus múltiples depresiones, ya la conoces…

Si en aquel momento no se encontraran en medio de un evento en el interior de un palacete de lujo profusamente iluminado, colmado de las personas más influyentes del momento y si el escenario hubiera sido un bosque neblinoso donde la penumbra le permitiera enterrar a su hijo en las profundidades de un subsuelo lleno de raíces, no dudaría en llevarlo a cabo.

–¿Quién eres? ¿Qué extraña herencia genética ha engangrenado tu cerebro? –inquirió el padre profundamente decepcionado–. No te pareces a ningún miembro de esta saga familiar, ni por mi sangre ni por la de tu madre. Maldigo la hora en que la providencia decidió armar tu código genético.

Guillermo sonreía todo el tiempo. Era como si un velo de invisibilidad cubriera a su padre por completo. Había dejado de escucharle hacía rato. En ese instante pensaba tan solo en qué nueva pifia idear para cabrear aún más a Claudio.

–¿Puedo retirarme ya, señor padre? –preguntó con el mismo talante burlón.

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La gran sala Vip del palacete estaba ocupada por multitud de mesas abarrotadas con todo tipo de manjares sólidos, líquidos y gaseosos. Los expertos chefs Michelin aún desarrollaban su valioso trabajo componiendo fuentes de frutas exóticas y todo tipo de platos en una fantasía de colores, sabores y aromas que excitaban las hambres de unos comensales muy exigentes.

Cuatro presidentes de corporaciones financieras, dos hombres y dos mujeres, charlaban alegremente con una delegación no oficial de un gobierno oriental muy interesado en explotaciones mineras.

Los propietarios de un imperio mediático norteamericano reían abiertamente en compañía del más poderoso miembro de la sociedad masona. Un magnate del metaverso de internet.

–¿Qué es la multiversidad? –preguntaba el cabeza visible del imperio mediático Andros Media. Su presencia era crucial para el padre de Guillermo pues Claudio estaba involucrado en una campaña de propaganda para promocionar su ONG “Protege la Tierra”.

–Muy sencillo –indicó el magnate metavérsico–. A la Universidad se le otorga el carácter de “Alma mater” por engendrar y trasformar al hombre con un conocimiento único, universal. Frente a este concepto, la “Multiversidad” surge para que, desprendiéndonos del conocimiento único, podamos incorporar otros saberes.

La cara del presidente mediático dejó en evidencia que no lo había entendido a la primera, pero no le dio tiempo a decir nada pues Guillermo apareció entre los contertulios como si fuese un payaso de esos que contratan en los cumpleaños de los niños y que surgen de la nada cuando menos se les espera.

–No se preocupe, ricachón, lo de la multiversidad es un cuento chino. Por cierto, no he visto ningún chino en esta reunión, al menos todavía. Bueno, al grano, que usted no tiene por qué saber más allá de lo que va a ganar con “Protege la Tierra”, la ONG de mi padre. Es lo único que le ha traído a usted aquí, así que…

Los dos magnates intercambiaban miradas de sorpresa sin poder dar crédito a semejante interrupción. Pero Guille había decidido sabotear en toda regla la charla.

–“Protege la Tierra” –continuó– se dedica a cosechar dinero de donantes ricos para crear los “parques de salvación”, que debían ser vastas extensiones de terreno afectadas por incendios para someterlas a reforestación.

–Oye, jovencito, será mejor que avise a tu padre ¿Dónde está? –comentó entre aspavientos el ricachón metavérsico. Para entonces, la mitad de los invitados estaba pendiente de aquella intervención que Guillermo estaba interpretando con voz chillona, ávido de protagonismo.

–Mi padre no importa, pero atienda a lo que digo. La realidad demuestra que él no ha adquirido más que unos jardines abandonados a las afueras de la sudafricana ciudad de Pretoria. Esto justificaba los diez millones facturados a Andros Media por una de las empresas-tapadera de mi padre. Y Andros Media espera obtener un retorno de la inversión multiplicado por diez una vez acabado el evento organizado en este palacete.

–¿Y qué si es así, mocoso? –intervino a voz en grito el presidente mediático–. Aquí todos estamos involucrados en grandes operaciones, como venimos haciendo desde hace años. Me pregunto qué sacas tú con esa actitud desafiante y prepotente.

Antes de poder contestarle, la figura de Claudio apareció al fondo de la sala. Se aproximaba tambaleándose hacia el lugar que ocupaba su hijo en el punto donde toda la audiencia estaba fijándose en ese instante. Tal era la expectación ante el curso de la conversación que Guillermo había arruinado con destreza.

–Disculpen, siento mucho la actitud de mi hijo –consiguió balbucear Claudio, que parecía afectado por una especie de ictus. Sabía que su retoño le había traicionado de algún modo, pero desconocía lo que su hijo acababa de estropear pues Claudio había recibido tal disgusto tras abofetear a Guillermo que su tensión arterial había subido por las nubes y eso le había mantenido aislado en la habitación contigua. Esta vez, además, el subidón venía acompañado por otra cosa. Claudio notaba cómo se le aflojaban las piernas y su cabeza no conseguía articular correctamente las palabras.

–Hagan algo por este hombre –se oía decir a alguien.

–Llamen a una ambulancia –exclamaban otros.

El clima imperante en aquellos momentos era de desconcierto, confusión y alarma. Guillermo Nuevasfuentes había triunfado.

 

Pasaron unos cuantos años tras la muerte de Claudio en aquel evento palaciego. Guillermo había avanzado en la escala social por su propia cuenta, ignorando los eventos del Gran Crisol, en los que había sido vetado. No solo no los necesitaba, sino que había creado una red de contactos muy inclinada hacia la política, militando en un partido creado por él a base de restos perdidos procedentes de muchas tendencias huérfanas de patrocinio. La fortuna heredada de su padre había convertido a Guillermo en la persona más influyente recién llegada a los estrados parlamentarios.

Recién cumplidos los cuarenta, aquel Guille adolescente que plantaba cara a sus padres sin motivo aparente era nombrado en un acto oficial a nivel nacional, donde una mayoría de parlamentarios aplaudía su presencia en el Hemiciclo.

Los gritos de ¡presidente! ¡presidente! llenaban la gran sala institucional abarrotada de cargos muy bien tratados por la persuasión financiera de la Fundación.

Sí, Guillermo Nuevasfuentes había triunfado.


 

Bueno, y hasta aquí todo por ahora, amigos, espero vuestros comentarios pues vuestra opinión es muy valiosa para mí. Y si os ha gustado, es muy sencillo hacer click en el corazoncito de más abajo.

Las imágenes que aparecen en este post  han sido generadas por la IA  Leonardo

13 Comentarios
  • Federico
    Posted at 21:24h, 17 diciembre Responder

    Hay que dejar a los hijos que desarrollen las habilidades que más les gusten. Pueden llegar a presidentes. Un abrazo

  • Pascual Herrera
    Posted at 17:52h, 15 diciembre Responder

    Los ricos y poderosos no tienen hijos, tienen herederos. Si es niña, pues, mercancía de cambio para unir fortunas. Y cuando el heredero es un inútil… «Presidente, presidente». Me ha gustado. Gracias por comentar. Te sigo.

    • marcosplanet
      Posted at 01:58h, 16 diciembre Responder

      Gracias a ti por dar tu opinión y por tu tiempo.
      ¡Saludos, Pascual!

  • Sckyw_712
    Posted at 12:53h, 15 diciembre Responder

    Muy buen relato, fluido y un tanto exasperante, leyendo tantas burlas de este Guillermo. Super entretenido, sinceramente, ha sido un placer leer tu escrito. Muy bueno! Un abrazo

    • marcosplanet
      Posted at 16:07h, 15 diciembre Responder

      Gracias por dar tu opinión. Me animas a seguir adelante con la escritura de historias que tanto me gusta compartir.
      Un abrazo!

  • Ric
    Posted at 12:42h, 15 diciembre Responder

    Un día sucede, algunas personas que han vivido en una sociedad totalmente manipulada, les llega la rebeldía y decides enfrentarte a los poderes establecidos.
    Me resulta conocido el caso, ahora bien, ¿realmente ocurre así o podemos estar ante alguien al que consideran prescindible con respecto de lo que se considera normal en esta sociedad?

    Suena bonito y a mi me parecería estupendo encontrar personas rebeldes pero eso no es lo que hemos cosechado en los últimos años, ni las nuevas generaciones, se han perdido valores, solo importa el negocio y el dinero, el verdadero causante del retroceso ignorante de una sociedad en decadencia.

    Excelente Marcos, como siempre, ahora bien, perdona mi decepción con la especie humana.

    • marcosplanet
      Posted at 16:08h, 15 diciembre Responder

      Gracias por expresar tu opinión, constructiva como siempre, Ric.
      saludos!

  • eliom
    Posted at 11:46h, 15 diciembre Responder

    Marcos, increíble como siempre, me encantó tu relato, Pensar que hay personajes así, es terrorífico, Claudio un padre y un ser despreciable.
    Gracias por compartir tu creatividad.

    • marcosplanet
      Posted at 16:09h, 15 diciembre Responder

      Gracias a ti por compartir tu valiosa opinión. Y por tu tiempo.
      Saludos!

  • Carmen en su tinta
    Posted at 12:44h, 14 diciembre Responder

    Hola, Marcos. Gracias por compartir tus relatos. Una vez más ha sido un gustazo leerte y admiro tu creatividad. Un saludo.

  • ARENAS
    Posted at 10:30h, 14 diciembre Responder

    Excelente, como siempre.
    En este momento no sé precisar a quién me recuerda este tal Guillermo.
    Miedo da caer en las garras de alguien así.
    Quiera Dios, y que nunca nos ocurra…
    .

    • marcosplanet
      Posted at 10:44h, 15 diciembre Responder

      El caso es que si me resulta vagamente familiar.
      Un abrazo.

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