La metamorfosis

La metamorfosis

Tiempo de lectura: cinco minutos

 

Claro, cuando acudí a ellos para llevar a cabo la reforma del suelo de mi casa no cabía imaginar que aquello podía haber acabado en una debacle de semejantes dimensiones.

Las puertas de todas las habitaciones colgaban de cualquier manera apoyadas precariamente en cualquier lugar con centímetros libres de invasión. Hacinábamos cajas y más cajas de cartón para proteger del zafarrancho todo tipo de objetos que fuesen víctimas potenciales del afán de los operarios que contratamos para el festín reformador.

Al principio, la ilusión inundaba nuestros corazones y ofrecíamos todo nuestro apoyo a los amables empleados de la primera empresa que localizamos en los resultados de búsqueda por internet.

“Somos su mejor elección”, rezaba la frase clave de su web. Lo cierto es que me recordaba a algún antiguo anuncio de la tele relacionado con la virilidad.

A los pocos días empezaron la obra de la Capilla Sixtina en lo que a suelos se refiere, es decir, había que cambiar un tipo de parquet por otro.

Mi actitud sufrió una degeneración progresiva que amenazaba con convertirse en obsesión por cancelar el compromiso. Elaboré una lista con todo lo que no me gustaba y se lo recordaba a diario a Julio, el jefe del equipo.

El rodapié quedaba suelto en varios tramos, el paso entre habitaciones estaba dificultado por tiras adhesivas de separación por “desnivel de suelo”, la limpieza había decidido emprender una huida sin retorno aparente… Cables, herramientas y restos de todo tipo poblaban mi casa de cualquier manera.

–No podemos avanzar rápido si nos paramos ahora en los detalles –argumentaba Julio con aparente naturalidad.

–¿Y por qué tenéis tanta prisa? –preguntaba yo en buena lid.

–Es que tenemos otras contratas, no creas que este es el único trabajo.

–Tendréis que terminar bien esos trabajos para tener contentos a los clientes ¿No crees? Y ese no es mi problema.

 

Pero lo que más me dolió fue verme obligado a vaciar estanterías y grandes espacios que mi mujer y yo dedicamos a guardar nuestros queridos libros del alma. Nunca los he contado, pero son el resultado de muchas décadas de afición por la literatura y la escritura que no merecen el desdén, ni mucho menos ser despreciados. Me daba la sensación de que habíamos contratado a un grupo de gente insensible a la palabra escrita, que además me obligaba a manipular los libros como mercancía; parecía que les daba igual si se trataba de accesorios del cuarto de baño, cacharros de cocina o cualquier cachivache.

Mi mujer y yo nos obligábamos a trasladar nuestro tesoro con la mayor delicadeza, aunque el resultado fue que acumulamos innumerables columnas de libros en el suelo y en cualquier rincón donde cupiesen. Nuestro infortunio llenaba mi alma a toda presión.

 

Ahí estaban “El alma está en el cerebro”, de Eduardo Punset, “Guía del Valle de Arán” de Editorial Pirineo, ‘El Corazón de las Tinieblas’ de Joseph Conrad, ‘El gran Gatsby’ de Francis Scott Fitzgerald, ’El camino del tabaco’ de Erskine Caldwell, ‘Hijos del ancho mundo’ de Abraham Verghese…

Incluyo las colecciones de Noah Gordon o Anne Holt, con ‘La doctora Colt’ o ‘Castigo’ como ejemplos respectivos; ‘Marea Incierta’ de Anne Perry, ‘La Rosa de Alejandría’ de Manuel Vázquez Montalban o ‘Viaje al Centro de la Tierra’ de Julio Verne junto a sus ‘Obras completas’.

También caídas por el terraplén del despropósito se hallaban ediciones curiosas como ‘Lágrimas Socialdemócratas’ de Santiago González, ‘La ruta de las Vidrieras’ de Pedro Terrón Marín, ‘Cuando éramos seres vivos’ de Nathalie Kuperman (la crónica de una decadencia individual y colectiva según la propia editorial) o ‘El hombre anumérico’, de John Allen Paulos, que versa sobre el analfabetismo matemático y sus consecuencias que, dicho sea de paso, pensaba yo que poco importarían a esos reformistas.

Mis estanterías guardan ejemplares como ‘La mujer que escucha’, testimonio de un padre en duelo, del autor Pedro Alcalá; ‘Bioquímica, 500 preguntas y respuestas’ o el discurso de Pilar Manjón ante el Congreso de los Diputados.

Lo que para mí son auténticas joyas como los seis ejemplares de la saga ‘Dune’ de Frank Herbert, sufrían ahora el peso de otros diez libros situados encima.

Ninguna de estas publicaciones representaba valor alguno para los aparentes ‘No Sapiens’ que poblaban mi casa con intenciones apresuradas de reformas imposibles.

Me resultó sencillo llegar a la conclusión de que cualquiera que fuera la circunstancia personal, sus múltiples clientes acabarían alcanzado muy pronto la decepción.

Y llegó el momento crítico de llamarles la atención de forma algo más precisa.

–A ver, durante los casi tres meses que lleváis haciendo esto he aguantado un estrés innecesario, os habéis pasado mucho con vuestras prisas, con las quejas de que el suelo de la casa no está bien nivelado, haciéndolo todo sin orden ni rematar nada. O cambiáis la forma de trabajar o lo dejamos aquí y volvéis por donde habéis entrado.

Tras soportar un aluvión de excusas que intentaban justificar cada uno de sus errores, intenté parar el sinsentido.

–No sois dueños de mi voluntad. Y mi voluntad es que esta semana tiene que estar todo acabado y rematado. Me disteis un plazo de dos semanas y ¿cuánto llevamos sin ver el fin? ¡Tres meses! ¿de acuerdo en eso, ¿no?

El silencio hizo por fin acto de presencia, y vi una ocasión para intentar apoyar mi causa.

–Mira Julio ¿ves esas torres de libros apiladas de cualquier manera por el suelo de toda la casa? Pues se trata de lo que más valor tiene para mí. He tardado años en coleccionar toda esa expresión de la cultura. Hazte una idea del trabajo que ha supuesto a las personas que han escrito esas obras, porque tengo de todo: filosofía, ciencia, novelas de todo tipo, ensayos… Una muestra así del ingenio de la gente requiere un respeto, y también quien ha conseguido reunir ese talento durante décadas ¿no crees?

Julio había cambiado por completo el semblante y la actitud.

–Pues tienes razón, la verdad es que yo no tengo nada de tiempo para leer y tan solo para trabajar a destajo todo lo que me permiten mis fuerzas. No doy más de sí, me siento ajeno a ese interés por la lectura y el conocimiento, lo reconozco. No recuerdo el último libro que leí, pero sería en el instituto para algún examen de Lengua.

–Pues eso va a tener fácil solución, Julio –le dije. A continuación, alcancé una columna de no menos de treinta ejemplares de la saga de Agatha Christie publicada por Editorial Molino.

–Te entrego los cinco primeros ejemplares de esta colección de la autora que muchos consideran la mejor en novelas de intriga ¿Te parece bien que le echarles un vistazo? Y si te gusta el primer libro pues…

La cara del hombre esbozó una sonrisa reveladora de un recién nacido interés. En su interior estaba despertando algún tipo de semilla que el menos representaba un intento de cambio.

–A lo mejor esto me sirve también para cambiar otras cosas y dejar de pensar tanto en mis trabajos –comentó con cordialidad.

–Si decides continuar con esta colección me lo dices y si no, pues no te preocupes.

No pude dejar de pensar que tenía ante mí a alguien dotado de una sensibilidad hasta ahora desconocida, sin pasarme desapercibido que manejaba bien el lenguaje, aparte de lo que parecían ser otras cualidades.

–La frase que me has dicho antes me ha gustado –añadió Julio–.

–¿A cuál te refieres? –pregunté con curiosidad.

–“No sois dueños de mi voluntad”. Me parece profunda y se me ha quedado grabada.

–Es algo que leí del filósofo Aristóteles. Amigo Julio, me da la impresión de haber adivinado ya qué tipo de libros van a ser tus favoritos.

 


 

Y eso es todo amig@s. Dando «like» sobre el corazoncito de más abajo me haría ilusión y si dejáis vuestro comentario os lo agradeceré pues considero muy valiosa vuestra opinión.

Muchas gracias.

¡Salud y suerte en la vida!

 

Nota: las imágenes donde no se indica otro origen pertenecen a la página Deviantart.com

19 Comentarios
  • Miguelángel Díaz
    Posted at 08:03h, 24 enero Responder

    Hola, Marcos.
    Un relato que parte de una de esas pesadillas que todos tenemos como es la de hacer reformas en casa y que deriva en una propuesta sorprendente. Confío en que la reacción de Julio no sea igual a la que tiene el protagonista con la reforma.
    Un fuerte abrazo 🙂

  • El Demiurgo de Hurlingham
    Posted at 22:07h, 22 enero Responder

    Son algo para perder la calma.
    Por lo menos, Julio tenía alguna inquietud literaria.
    Saludos.

  • Io
    Posted at 03:08h, 16 enero Responder

    Querido Marcos
    Tu has hecho conmigo, lo mismo que el protagonista con Julio …..aunque me gusta leer, pocas veces he sacado tiempo suficiente como para sumergirme en un libro, pero gracias a ti y tus relatos, si consigo sacar un ratillo para disfrutar de estos momentos de lectura y reflexión que nos regalas y que tanto me gustan.
    Muchas gracias Marcos. Un fuerte abrazo

    • marcosplanet
      Posted at 17:51h, 16 enero Responder

      Esa ayuda a la lectura que comentas, para mi no tiene precio. Me alegro mucho Io.
      Abrazote.

  • Federico
    Posted at 14:37h, 15 enero Responder

    Se me ponen los pelos de punta si pienso en reformas de la casa. Saludos

  • eliom
    Posted at 21:19h, 14 enero Responder

    Muy bueno Marcos, me encanta todo lo que escribes, un saludo y te voy siguiendo.

  • Estrella Pisa
    Posted at 11:36h, 14 enero Responder

    Un relato de lo más sorprendente, Marcos.
    Las reformas se sabe cómo empiezan, pero nunca cómo ni cuándo van a acabar.
    Es curioso cómo, por un lado, se excusan en que no tienen tiempo para pulir los pequeños detalles, pero por otro, eternizan el trabajo con otras excusas de lo más variopintas (falta de materiales, problemas que surgen y con los que no se contaba, etc). Qué casualidad y qué poco tacto.
    Los relatos también sabemos cómo empiezan, pero no cómo ni cuándo van a terminar. Porque la creación literaria tiene el alma libre y quienes escribimos sólo somos un instrumento en sus manos invisibles.

    Muy buen trabajo.
    Un fuerte abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 12:29h, 14 enero Responder

      Muchas gracias Estrella por tu completo comentario. Así parece, que estamos sometidos al capricho de aquellos en quienes depositamos confianzas no merecidas la mayoría de las veces.
      Otro fuerte abrazo para ti.

  • Rosa Fernanda
    Posted at 23:37h, 12 enero Responder

    Me encanta la historia, y de cómo de un hecho tan familiar para muchos como es una reforma, consigues crear un argumento interesante ….Como tambien me gusta cada vez mas, leer los comentarios de los lectores., donde se establece un clima de especial entendimiento , una atmósfera íntima, casi mágica diría yo…

    • marcosplanet
      Posted at 07:31h, 13 enero Responder

      Si, Rosa, esta comunidad lectora son gente maravillosa y sus opinión me ayuda mucho.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un abrazo.

  • Xuan
    Posted at 09:32h, 12 enero Responder

    Vaya, me consuela que no soy el único que vive entre el caos de los libros

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 01:32h, 12 enero Responder

    «El alma está en el cerebro”, de Eduardo Punset» ‘El Corazón de las Tinieblas’ de Joseph Conrad, ‘El gran Gatsby’ de Francis Scott Fitzgerald, De Noah Gordon he leído bastantes libros, y de Anne Holt, ‘La doctora Colt’ y ‘Castigo’ . También he leído ‘Marea Incierta’ de Anne Perry, ‘La Rosa de Alejandría’ de Manuel Vázquez Montalban o ‘Viaje al Centro de la Tierra’ «Moby Dick» 40.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne… Etc, etc. Porque si añado la colección de Agatha Christie, Stephen King, Pesadillas, y Robin Cook, y Hitcok, no acabo nunca.

    Espero que la obra acabara pronto y todos los libros regresarán a su lugar. Nunca es tarde para empezar a leer y desde luego nadie es dueño de tu voluntad.

    Un abrazo

  • Arenas
    Posted at 19:21h, 11 enero Responder

    Nada en este mundo como tener buenos amigos. Y los que juntan letras son los mejores. Mi padre me lo decía siempre: hazte amigo de los mejores de la clase, de los ajuntaletras, que algo sacarás.
    Tú sabes que seguí a pies juntillas su consejo. Como también lo debió hacer Julio. Por eso, lo que no fue capaz de conseguir él, lo logró su buen amigo el Aristóteles.

    • marcosplanet
      Posted at 08:38h, 12 enero Responder

      Muy acertado tu comentario querido amigo, en lo referente a Aristóteles. En cuanto a los juntaletras, al menos en mi caso, intento crear historias que dejen algún regusto por seguir leyéndolas.
      Un abrazo!

  • Mayte López
    Posted at 13:10h, 11 enero Responder

    No has podido hacer mejor homenaje a la literatura. Me encanta cómo has transitado de una odiosa y tediosa reforma, con los inconvenientes y problemas que conlleva, y qué muchos entendemos y hemos sufrido, a fomentar la lectura. Ese tránsito convierte el relato en una tierna y esperanzadora historia de alguien que no ha leído pero qué tiene interés por leer y aprender, dejando todo tipo de prejuicios atrás. A veces, con sólo prestar o regalar un libro se opera el milagro de la literatura.
    Felicidades, Marcos, ha sido un placer leerte.
    Un abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 15:15h, 11 enero Responder

      Muchísimas gracias Mayte por haber captado la esencia del relato.
      Como sabes, yo también disfruto mucho leyéndote.
      Un abrazo.

  • Luis Alberto Serrano
    Posted at 12:33h, 11 enero Responder

    Que bueno… me encanta la verdadera realidad de este cuento. La gente que no lee no tiene edad para empezar a hacerlo. Eso sí, una vez que descubren como empiezan a cambiar muchas cosas en su vida, ya no pueden dejarlo.

    Por cierto, lo de la obra (en nuestro caso fue la instalación eléctrica) que dijeron dos semanas y estuvieron TRES MESEEEES, la viví en primera persona. jajaj. Le prohibí a mi madre que les hiciera natillas, porque pasaban más tiempo hablando que tirando cables, jejeje.

    Abrazooooo

    • marcosplanet
      Posted at 15:16h, 11 enero Responder

      Te entiendo perfectamente, Luis Alberto. Muchas gracias por tu valiosa opinión y por tu tiempo.
      Un fuerte abrazo!

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