Lourditas. La llama sigue viva

Lourditas. La llama sigue viva

 

“Al terminar aquella fiesta

te quise hablar, mas tú no estabas.

Cenicienta se marchó

sin darme tiempo ni ocasión

Para hablarle de mi amor”

 

La voz del magnífico presentador de Radio y Showman Antón Arenal resonaba con sus acordes acústicos adornados con el buen timbre que le caracterizaba. Desde el Estudio 3 de grabación, Antón ponía el ímpetu que le era propio.

–<La canción “Cenicienta” del grupo “Fórmula V” alcanzó la cifra de 250 000 ventas.​ Estaba incluida en el segundo álbum de estudio de la banda, titulado “Adelante”. El intérprete anhela el momento vivido con una joven que debió abandonar el baile al sonar las doce campanadas…>.

–“Yo también anhelo a aquella niña que nunca debió abandonar este baile donde participamos todos” –pensaba Antón con una pesada losa de añoranza que presionaba su corazón desde hacía ya cuarenta y ocho años.

–“Yo tenía nueve años. Recuerdo cómo ella dejaba de jugar a la comba con sus amigas, que le regañaban por ello, y se venía conmigo a montar en bicicleta” –me comentaba en momentos de remembranza.

Lourditas era una esencia de aroma singular, pues nada más en la vida podía ocupar la memoria y el corazón de Antón que ese destilado de amor profundo, infantil, heredado de la inocencia, que su Lourditas vertió en él a los siete añitos de edad desde su dulce templo de ternura.

El gran showman y mi amigo desde la infancia Antón Arenal, no había compartido con nadie más que conmigo lo que él describía como una virtud poética de Lourditas hecha canción.

– “Una noche de verano se subió al poyete de la verja del Ambulatorio para cantarme la canción de Fórmula V «Cenicienta», como si estuviera en un escenario, con micrófono imaginario y todo. Y yo me subí a una nube”.

Esta última reflexión de mi amigo ocupa ahora también un lugar en mi propia alma de poeta frustrado.

 

En el Estudio 3 de aquella emisora de radio reinaba el silencio. Antón había terminado su programa de música y entretenimiento. Se encontraba a solas con la única compañía de sus recuerdos.

–“Nunca le dije que la quería, ni ella a mí. En realidad sólo fuimos vecinos y amigos del barrio”.

 

 

Mi amigo Antón y yo (pero él más aún) siempre habíamos sentido pasión por los espectáculos televisivos, programas de entretenimiento o lo que en aquellos finales de los años setenta llamaban “Shows”. Los ejemplos más sonados fueron los de José María Íñigo como ‘Directísimo’ o ‘Fantástico’. Antón llevaba en su alma más madera que yo de maestro de ceremonias televisadas o radiadas, sin duda.

También seguíamos con apasionado afán aquellas series como “La saga de los Rius”, que él estaba disfrutando a sus ya cumplidos quince años en el salón de su acogedora casita en el momento en que sus padres regresaban de un paseo vespertino.

 

–Nos acaban de decir que Lourditas ha sido atropellada por un coche cruzando el paso de peatones de la Iglesia de Santo Tomás –le anunciaron consternados.

 

La contundencia del golpe sacudió las entrañas de Antón como si una insoportable convulsión pretendiera extraerle al instante todos los órganos de su cuerpo.

Asistimos al funeral de Lourditas en un cementerio donde gris y negro prevalecían sobre cualquier color abierto a la esperanza, donde un padre desolado abrazaba entre gritos desesperados el ataúd de su niña como si intentara que su alma no abandonara el cuerpo.

Es curioso cómo la realidad gélida puede aplastar plácidos momentos de paz interior y destruir ese equilibrio estable con el mundo que palpita allá afuera. Porque tu mundo cambiante se vuelve feroz, despiadado y te muerde en la más profunda de tus vísceras, allí donde sabe que el dolor no se apagará prácticamente nunca.

–Una pequeña de siete añitos cantaba, me cantaba a mí –recordaba un Antón melancólico un día en que paseábamos junto a la valla del ambulatorio –. Con una inocencia de pura seda blanca agitada por la brisa dulce de su voz, intentando demostrarme lo perdido que se hallaba su corazoncito por el de otro niño, tan solo dos años mayor que ella.

 

Si nuestro amor se hiciera cuento,

si realidad las ilusiones,

seguirías siendo siempre

desde que te conocí,

cenicienta para mí.

 

No importará el vestido para estar bonita,

ni que no tengas los zapatos de cristal,

me bastará con el calor de tu sonrisa,

y con saber que para siempre me querrás.

 

En un reloj darán las doce,

y llegará la media noche,

las estrellas seguirán

con su brillante resplandor,

alumbrando nuestro amor.

 

 


 

Bueno, esto ha sido todo, amigos. Si os ha gustado dadle ‘like’ al pequeño corazón de más abajo. Y dejad un comentario, que siempre es valioso y bienvenido.

Salud y suerte en la vida.

 

Nota: las imágenes que aparecen en este post pertenecen a la página Deviantart.com

13 Comentarios
  • Io
    Posted at 00:20h, 16 febrero Responder

    Querido Marcos, quién no recuerda su primer amor de niñez?, sueles recordarlo como algo puro y mágico:…..una pena el fatal desenlace para alguien tan joven que queda atrapado en el tiempo y el recuerdo.
    Un fuerte abrazo y gracias por conmovernos y hacernos sentir con tus relatos

    • marcosplanet
      Posted at 07:15h, 16 febrero Responder

      Muchas gracias a ti por tus valiosos comentarios, Io. Los guardo en un rincón especial de mi corazón.
      Un fuerte abrazo.

  • Miguelángel Díaz
    Posted at 07:21h, 08 febrero Responder

    Algunos sueños de juventud se van quedando atrás para permanecer siempre en la memoria, Marcos. Pero en pocas ocasiones de una forma tan despiadada y cruel como en esta historia. También estamos hechos de recuerdos.
    Un fuerte abrazo 🙂

    • marcosplanet
      Posted at 10:24h, 08 febrero Responder

      Gracias por tus entrañables palabras, Miguel. Totalmente de acuerdo.
      Un fuerte abrazo para ti.

  • AMAIA LARRREA
    Posted at 02:28h, 28 enero Responder

    La realidad muchas veces desbarata cualquier cosa que podamos pensar…
    Precioso relato +1 <3

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 23:47h, 24 enero Responder

    Madre mía, la saga de los Rius. A mí me gustaba la verdad. Cenicienta, formula v, que triste. Como siempre un placer leerte. Abrazos

    • marcosplanet
      Posted at 09:52h, 25 enero Responder

      La televisión nos trae muchos recuerdos, unos muy gratos y otros no tanto.
      Muchas gracias Nuria.
      Abrazos.

  • Federico
    Posted at 21:50h, 24 enero Responder

    Un final triste para Cenicienta. La realidad no es un cuento de hadas. Saludos

  • NAVARRETE
    Posted at 12:49h, 24 enero Responder

    Tu amigo Antón debe haberse quedado sin palabras. Describes su triste historia de amor con ese aliento que sólo tú sabes imprimir a las letras. Capturas lo intangible y lo proyectas con emoción y verdad. Es un auténtico lujo tener un amigo como tú. Un tesoro.
    Hablábamos hace unos días del poder mágico de los olores para trasladarte en un segundo a otro tiempo y lugar. Pues no digamos la música. Seguro que para tu amigo el showman aquella vieja canción, emitida a través de su gran programa radiofónico, es mucho más que la canción que pueda escuchar cualquiera cuando suenan sus acordes. Un chute de infancia embelesada.
    Y qué bien que el señor Arenal haya podido dedicar su vida a aquella gran afición de chaval, tan relacionada con los shows televisivos que disfrutabais en los años 70. Muy pocos son los que pueden unir devoción y trabajo en sus vidas. Una suerte que tu gran amigo lo haya logrado. Tus escritos obran siempre el milagro.

  • Pascual Herrera
    Posted at 04:47h, 24 enero Responder

    Conmovedora, triste, evocadora…

    • marcosplanet
      Posted at 09:20h, 24 enero Responder

      Si, es una historia que pretende llamar a las puertas del corazón.

  • Rosa Fernanda
    Posted at 23:02h, 23 enero Responder

    Una historia al igual que un cuadro, son buenos desde el momento en que logran conmover…de lo contrarío no tendría sentido.
    Muchas gracias Marcos por compartir el gran trabajo que estás haciendo

Publica un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »
Share This