Más Platón y menos engaños

VADERETO DE MARZO 2024


Más Platón y menos engaños

 

Hoy recibo una carta en un sobre de buena factura. Está confeccionado en papel de alto gramaje dotado de un relieve de aguas que aporta elegancia unida al misterio del perfume, sin duda masculino, que impregna los poros del mismo.

Extraigo el manuscrito escrito en papel pergamino de un tono amarillo pálido que aporta aún mayor distinción al conjunto y leo lo siguiente:

<<Por la presente quedas invitado a cenar en El Bastión esta noche a las 20 horas. Debes llevar un libro y una flor para facilitar nuestro encuentro.

Aprovecha la ocasión que te brindo y no faltes porque será la gran oportunidad de tu vida>>.

Firmado: R

 

La letra es cuidada, con una grafía selecta, que revela un tinte intelectual en el escribiente.

Me pregunto quién demonios puede ser o de qué se trata. No hay ningún evento en mi horizonte cercano, nada de celebraciones o bromas de los amigos. ¿Por qué se arriesga el remitente a citarme esta noche? ¿Qué le hace suponer que voy a poder acudir?

¿Se trata de una entrevista de trabajo que sigue algún moderno método de selección?

Si así fuera, tomaré mi dosis de fenobarbital para calmar los nervios. No hay nada que peor me siente que una entrevista inesperada y mi ansiedad podría conmigo. A ver esas pastillitas…

Total, no tengo nada en mi agenda hasta la semana que viene, así que. ¿Por qué no afrontar el riesgo? Salir de la monotonía es una sana actividad.

Y comer en El Bastión siempre me ha resultado inalcanzable. Aunque solo sea por eso…

 

A las ocho en punto entro en uno de los restaurantes más caros de la ciudad. Su dueño es un emprendedor procedente de Argentina que vino buscando trabajo para establecerse en España. Su ilusión consistía en convertirse en un chef de fama y lo consiguió, no sin esfuerzo, no sin luchar trabajando como pinche de cocina, camarero, recadero y limpiador de muchos suelos de restaurantes de poca enjundia a cambio de sueldos no escritos en ningún contrato.

A día de hoy regenta siete restaurantes por todo el país ensalzados por la crítica internacional. Asistir a esta cita, por tanto, merece la pena sea cual sea el desenlace o al menos eso me dicta el sentido común.

 

Decido llevar un tulipán blanco que representa el perdón. Y eso es porque mi anfitrión estará disculpado aunque la cosa no prospere. La invitación a cenar en el mejor restaurante de la ciudad será resarcimiento suficiente.

El libro que elegí es: “Más Platón y menos Prozac”, por Lou Marinoff (Ediciones B- Bolsillo 2009).

El restaurante huele a salsas sobre carnes bien marinadas, imagino que sometidas a tratamientos culinarios que solo conocen los grandes maestros del oficio. Me da igual, estoy dispuesto a disfrutarlo, y mucho.

El vestíbulo de la sala cuenta con un mostrador para la recepción de comensales dotado de una barra de bar donde supongo que puedes pedir cualquier bebida y acompañarla con algún selecto aperitivo. Yo soy de los que prefieren no darle mucho preámbulo al condumio, pero en sitios así no me importaría alargar el prólogo.

No hay muchos clientes todavía. En las mesas aparecen dos personas o tres como máximo, de aspecto bastante corriente, pero con algún añadido que revela un toque de distinción. Un anillo llamativo, quizá de brillantes, un signo excéntrico como una pajarita de color chillón sobre un cuello sin camisa o alguien con medallón de oro sobre blusa y pantalón vaquero.

Los peinados de alta peluquería ofrecen looks muy variados, desde damas que parecen patricias de la antigua Roma hasta cabelleras de hombre o mujer con mechas de mil colores.

Al fondo del salón principal y a cada lado del mismo se disponen varias mesas, más separadas entre sí que las otras. En una de ellas encuentro al que sin duda es mi anfitrión. Por fin veía al gran convidador, el escritor de breves misivas encriptadas, el creador de atmósferas que huelen a promesa y emprendimiento de hazañas que cambiarán mi vida…

Enseguida extiendo mi mano y le saludo cordialmente, no hay motivo para no hacerlo.

–Hola, soy Manuel ¿Qué tal?

–Yo soy Raúl, encantado.

Ante mí, encuentro a un señor de unos cincuenta años, más bien bajito, con un rostro redondeado y rosado cubierto por una barba incipiente.

Le hago entrega de mi libro “Más Platón y menos Prozac” a lo que responde con un gesto de sorpresa.

Sin una clara intención de donármelo, él me muestra “Cara de Luna y otros relatos”, de Jack London (Ediciones 29, Barcelona, 1990). Se ve que es un ejemplar usado, con un doblez en una de sus esquinas.

Lo acompaña de un tulipán morado.

–Los tulipanes en tonos morados y púrpura –explica mi barbudo convidante– tienen un significado de dignidad, orgullo y éxito. También transmiten apoyo en un momento de duda o de miedo…

–Bueno, la incertidumbre que me ha traído hasta aquí no ha rebasado aún esa frontera–dije yo con buen talante.

–¿Qué frontera? –pregunta él mientras llenaba dos copas de vino.

–La del miedo –aclaro. Confieso que ese tipo empezaba a desconcertarme un poco–. Yo aporto un tulipán blanco. El color blanco se asocia a la pureza, a la admiración y a los nuevos comienzos, por eso lo elegí.

–Ah, muy bien. Los buenos comienzos –indica mi anfitrión con aire soñador–. Este es en cierto modo el motivo que hay detrás de la cita, amigo mío.

–Bien, pero primero contéstame ¿Qué sabes de mí? ¿Por qué me has elegido para esta cita?

–En la empresa que dirijo deseamos que inicies una nueva etapa. Te gusta escribir, ¿verdad?

 

 

El individuo me recordaba a un antiguo compañero de bachillerato: Gabriel del Pozo. Era un tipo peculiar pues daba la sensación de tratarse de un ser despreocupado, que lo tenía todo en la vida, con todos los posibles problemas resueltos, como así resultaba ser gracias a su papá.

Cuando yo era un estudiante de tercer curso universitario y carente de cualquier experiencia laboral como suele ser común en esas circunstancias, propuse a Gabriel que me consiguiera una cita con su padre para pedirle un trabajo relacionado con su negociado de empresas, entre ellas un par de restaurantes, salones de belleza y algún trasiego de productos de importación. Mi inquietud se inclinaba por un empleo de tipo comercial para aumentar resultados de venta, y tal fue mi propuesta. Al cabo de un par de meses de insistirle, Gabriel me emplazó para entrevistarme con el gran amo.

El día señalado entré en un macro despacho que no había visto ni en película, donde una cornamenta de ciervo de once puntas presidía la sala. “El Pozo” era un mesón grande, con platos corrientes, pero con éxito de público. Un lugar para saciar el hambre que contribuía en gran medida a engrosar las cuentas bancarias del padre de Gabriel.

Mi exposición duró casi lo mismo que el adiós de mi amigo. Su padre se limitó a negar con la cabeza y exclamar:

–No te veo en ninguno de mis negocios.

Yo estaba dispuesto a insistir al preboste para que al menos me proporcionara alguno de sus múltiples contactos, pero nada. Salí de allí con cajas destempladas.

Nunca entendí aquella reacción del papá prepotente y mucho menos la de mi compañero de clase, quien supongo que recibió mi propuesta con el mismo interés de las vacas pastando que ven pasar un tren.

–¿Cómo sabes que soy escritor? –pregunto con una trémula llama de esperanza que acaba de formarse en mi mente.

–He visto tus obras colgadas en páginas de internet y confieso que me parecen auténticos alardes de buena literatura, escritos de calidad. Por eso, en la editorial que dirijo, hemos pensado que debemos contratarte, y con todo tipo de ventajas para ti.

No puedo dar crédito a lo que estoy oyendo ¡Por fin me hacen caso! ¡Tienen en cuenta mi obra! Reconocen mi valía…

–Qué sorpresa tan agradable –consigo decir balbuceando apenas.

–Sí, sí, no te quepa duda. Mira, haremos todo lo necesario para promocionar tu obra. Organizaremos ruedas de prensa, presentaciones en salas conocidas, aseguraremos una distribución completa de tu libro en miles de librerías de forma física y virtual, entrevistas en radio y en algún canal de televisión… Somos una editorial mediana, pero podemos ofrecerte todo eso y más.

Mi voz se niega a manifestarse de ninguna manera, por lo que decido apurar la primera copa de vino, un tinto “Delicia de Baco” con evocación de trufa negra, de bodegas Señorío de Villarrica. Mis sentidos flotan en un océano de agradables sensaciones.

–Entonces, ¿Quieres contratarme como escritor? –conseguí murmurar.

–Tu obra no merece menos, Manuel. He aprobado la decisión ante el comité de lectura esta misma mañana. Creemos que “Misterio en la orilla del Ganges” es un magnífico relato.

–¿Cómo? ¿Estás hablando de publicarme un solo relato? Pero si no tiene más de cincuenta páginas –exclamé totalmente cogido por la sorpresa.

–Eso es, amigo mío, con la cantidad de relatos que tienes podemos publicar docenas de libros, y ya verás con qué éxito.

–Esto es inaudito ¿A qué precio saldrá a la venta? Será baratísimo.

–Es para la colección de Narrativa Breve –afirmó el convidante sin inmutarse–. Cada vez me recordaba más a mi antiguo compañero de estudios Gabriel del Pozo. Esa cara redondeada con la barbita a medio crecer, la expresión aniñada. ¿Sería el efecto del fenobarbital? Dicen que a veces produce alteraciones visuales pero llevo años en tratamiento y nunca las he tenido ¿Será él?

–Mira, Raul, antes de continuar tengo una pregunta que hacerte, para mí es importante.

–Venga, dispara –dijo en un plan graciosillo que no le encajaba en absoluto.

–¿Viviste en algún momento de tu vida en Valdemoro?

–Eh, pues sí, así es. ¿Tú también?

–Sí, es que me resultas familiar pero no consigo ubicarte.

–Bueno, tampoco estuve tanto tiempo. Al terminar el bachillerato, mi padre me metió en sus negocios de restaurantes y salones de belleza, pero lo que a mí más me gustaba era el comercio internacional, importación, exportación y esos temas. “El Pozo”, que así se llamaba el primer mesón que abrió mi padre, se convirtió en mi aula de aprendizaje.

¡Ya está! todo aclarado, el tal Raúl era el mismísimo Gabriel en persona, yo ya no tenía duda. Esperé a que llenara de nuevo las copas y levanté la mía en un brindis.

–Por los nuevos proyectos –dije.

–Por los buenos proyectos –concluyó.

–¿Y de cuánto dinero estamos hablando? ¿Qué porcentaje me llevaré de beneficio? –me atrevo a preguntar.

–El porcentaje sobre ventas se determinará sobre el contrato en firme. Lo que puedo decirte ahora es que solo tendrás que adquirir 200 ejemplares del libro a precio de coste y con eso la editorial puede empezar a trabajar. Serán unos 1800 euros.

–¿Cómo? Pero eso es autoedición pura y dura, ¿estás bromeando?

–Nada de eso. Esta es la forma de funcionar que tenemos ahora las editoriales. Pensaba que estarías al tanto de lo que se cuece actualmente en el mundillo. No encontrarás a ningún editor que te proponga algo si no es pagando previamente. Los costes no son soportables para las empresas del libro hoy en día, ja,ja,ja.

Achaco la risilla del individuo al efecto del tinto, pero no me queda la menor duda de que me hallo ante el mismo ser que me decepcionó profundamente en los tiempos de “El Pozo”.

¿Se había vuelto a burlar de mí?

–Si me permites, voy un momento al servicio –me dijo aún sin terminar de reír.

La indignación que siento en mi interior es como un volcán en pleno borboteo de lava fundida. Es como si la roca incandescente pugnara por salir de mi boca. Me palpo inconscientemente el bolsillo y localizo la caja de fenobarbital. Una idea repentina se abre paso en mi mente y cuenta con la inmediata aprobación de mi voluntad.

Arrojo con saña varios comprimidos en la copa de vino del maldito editor, sintiendo que libero mi ansiedad con cada pastilla que cae a esa copa.

Todo lo que le puede pasar es somnolencia, mareos o alteraciones visuales. Suficiente para que tengan que llamar al Samur. Así aprenderá a no citar a la gente a ciegas.

 

Mi predilección por las obras de Platón me trae a la memoria una de sus frases:

 

“Un hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre.”

 

 Así que ahora que se ha revelado el gran misterio de esta cita nocturna, estoy en condiciones de pensar que tengo derecho a vengarme por esta segunda experiencia humillante. El recurso de pensar en Platón me ha animado mucho en este caso.

Raúl, Gabriel o como quiera llamarse regresa de su escapada al lavabo.

–Bueno, amigo, –le digo–. Olvidemos este tema. Yo me tengo que despedir aquí. Brindo por la literatura y por todos los autores de este mundo que a lo largo de la historia han decidido luchar contra viento y marea para sacar a la luz sus obras.

Levantamos las copas unas cuantas veces más. La mezcla del alcohol con el barbitúrico empezó a notarse claramente en el editor.

Me voy, desaparezco de la vida de ese elemento como el humo del volcán que abrasa mi interior. He saciado mi deseo de venganza en esa noche de engaño y decepción.

Me viene a la mente otra frase del filósofo:

 

“De noche, especialmente, es hermoso creer en la luz”

 

Aquí Platón habla acerca de mantener la fe durante tiempos difíciles. Yo atravesaba una racha, si se le puede llamar así, de veinte años en dique seco o semiseco, pues jamás había conseguido un contrato editorial excepto el que firmé para autoeditar mi primer libro pagando una cantidad indecente de dinero.

Ahora menos que nunca iba a consentir soltar ni un céntimo, aunque habría llegado a hacerlo para poder ver hasta el último segundo de agonía de mi anfitrión.

 


 

Y esto es todo amig@s. Dadle click al corazoncito de más abajo si os ha gustado y por favor dejad un comentario. Eso es muy valioso.

Esta es mi participación en el Vadereto del mes de marzo convocado por nuestro querido amigo José Antonio.

Salud y suerte en la vida.

 

Nota: todas las imágenes de este post incluida la portada pertenecen a la página  bing.com/images/create/

17 Comentarios
  • Lola Romero
    Posted at 13:16h, 01 abril Responder

    Hola, Marcos!
    Muy buen relato, con unas descripciones estupendas y un desenlace que no me esperaba. Enhorabuena, un abrazo!

  • Anónimo
    Posted at 09:21h, 22 marzo Responder

    Buen relato Marcos que desgraciadamente se ajusta a la realidad. Bien descrito el ambiente del Bastión, casi se huele…Saludos!

    • marcosplanet
      Posted at 20:10h, 25 marzo Responder

      Muchas gracias por tu tiempo y por tus palabras. No he podido identificarte ¿podrías hacerlo?
      Saludos

  • Ana Piera
    Posted at 02:40h, 22 marzo Responder

    Hola Marcos, sin duda un gran aporte para el VadeReto. Un relato actual y muy plausible, toda vez que ahora muchas editoriales funcionan así. Te encandilan con que te van a publicar y después resulta que en realidad tienes que poner bastante dinero para que eso pase, como tú bien dices, eso es autoedición, que no tiene nada de malo, pero sí el engaño, el anzuelo con el que «pescan» estas empresas.
    Tu relato logra picar la curiosidad y es muy fácil llegar hasta el final. Creo que todos los que escribimos nos identificamos con el protagonista y sus sentimientos. Saludos.

    • marcosplanet
      Posted at 20:11h, 25 marzo Responder

      Me alegra mucho que te haya gustado, Ana. El mundo editorial es complicado y exige mucho a los autores. Veremos si el tiempo cambia un poco la situación a favor de estos.
      Saludos.

  • Merche
    Posted at 19:25h, 19 marzo Responder

    Hola Marcos, vaya, en nuestros dos relatos para el acervo estaba la edición de los libros, jeje. Yo prefiero Amazon que no te cobra un duro. Un buen relato para el reto.
    Un abrazo. 🙂

  • Marifelita
    Posted at 14:31h, 11 marzo Responder

    Tremenda venganza la del escritor! Y es que el mundillo editorial está cada vez más complicado! Un abrazote!

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 15:04h, 08 marzo Responder

    Hola Marcos, cómo muchísimos autores Manuel estuvo a punto de caer en la trampa del editor. Y no porque la autoedición sea una mala elección, porque hay muy buenas editoriales de autoedición que se vuelcan en publicitar la obra con bastante éxito, pero también las hay que se aprovechan de la ilusión del escritor que empieza para beneficiarse a su costa. Sobre todo porque si se contase la verdad de lo que cuesta la edición de un libro edición blanda con solapas, nos quedaríamos boquiabiertos. Muy buen relato. Un abrazo

    • marcosplanet
      Posted at 15:19h, 08 marzo Responder

      Tienes toda la razón, Nuria. Gracias por aportar tu opinión y por tu tiempo.
      Un abrazo.

  • Rosa Fernanda Sánchez
    Posted at 08:27h, 08 marzo Responder

    No tengo más que unirme a los comentarios del resto….Me ha trasladado a experiencias similares, vividas por personas cercanas.
    Qué sabrosa esa venganza!!.
    Bravo Marcos!

    • marcosplanet
      Posted at 12:38h, 08 marzo Responder

      Muchas gracias, Rosita. Siempre tan gentil…
      Un abrazo muy fuerte.

  • ARENAS
    Posted at 14:24h, 07 marzo Responder

    La venganza goza en nuestra sociedad de una inmerecida mala fama.
    Es un plato que servido en comedores de lujo, como el de tu relato, puede resultar exquisito, y contribuir sin duda a que el Universo esté un poquito más iluminado.
    Excelente relato, en el que nos haces vivir la peripecia de su protagonista como propia y disfrutar como guarro en un cenaguero de tan merecido ajuste de cuentas.

    • marcosplanet
      Posted at 17:42h, 07 marzo Responder

      Estoy totalmente de acuerdo contigo en tu apreciación sobre la venganza. Abusos de ese jaez hay que tenerlos en cuenta, aunque yo no sería tan drástico como el protagonista, je,je.
      Un fuerte abrazo.

  • Jose A. Sánchez
    Posted at 10:55h, 07 marzo Responder

    Hola, Marcos.
    Un relato muy interesante y con sabrosas reflexiones.
    En primer lugar, tengo que resaltar tu habilidad para situarnos perfectamente dentro de la historia. Tienes ese don para pintar cada detalle de los escenarios y hacernos ver lo que vamos leyendo. Es muy fácil vestirse con los ropajes del protagonista y transitar por sus sentimientos.
    La cita que nos has recreado puede ser uno de los sueños de todo aquel que escribe sus humildes relatos en un blog. ¿Quién no ha pensado que alguna vez los puede leer alguien deseoso de publicarlos por todo lo alto? Incluso yo, que enseguida los he rechazado porque me vendría de maravillas el dinero, pero nunca a costa de la fama; prefiero el anonimato. ????
    Sin embargo, de un sopapo nos bajas de la fantasía onírica a la triste realidad. Si quieres edición, tendrás que pagar primero, y seguro que después de comprar «tus» ejemplares, lo mismo ya no queda presupuesto para una segunda edición.
    No sé lo que harían nuestros amigos y compañeros del blogueo; espero que te lo comenten.
    Además, has incorporado a la historia la típica piedra en el zapato que nos suele recordar malos tiempos pasados, con personas tóxicas que pudieron, para bien o para mal, cambiar nuestro destino. La venganza final que se suele servir en plato frío, tú se la diste con vino, del caro, y, probablemente, le sirvió para relajarse y pegarse un buen viaje al Nirvana pagado por tus pastillas. ????????
    Me encantó el juego de los tulipanes y el título y autor del libro. Últimamente, estoy saboreando a los clásicos y leyendo cositas de filosofía. Entre otros, encontré el libro FILOSOFÍA EN LA CALLE, que te enseña a usar la filosofía, y la sabiduría de los filósofos, para acometer problemas cotidianos. Es bastante interesante.
    Enhorabuena por el relato y muchísimas gracias por regalarlo al VadeReto.
    Abrazo grande, amigo.

    • marcosplanet
      Posted at 17:44h, 07 marzo Responder

      Muchas gracias por tu completísimo análisis, José Antonio. Me encanta lo que dices, que para mi es otro regalo.
      No hago más que responder a tu reto, que siempre es tan acertado sea cual sea el tema de fondo.
      Espero con sumo interés la convocatoria del mes de abril.
      Te mando un fuerte abrazo.

  • María Elena Larrayoz Aristeguieta
    Posted at 10:23h, 07 marzo Responder

    Hola Marcos.
    Disfruté profundamente de la venganza. Porque una cosa es ir de frente, proponiendo el trato «maravilloso» de las editoriales que no arriesgan nada, sino que hacen caer todo el peso de la inversión en los escritores jóvenes necesitados de ayuda para publicar. Y otra muy diferente es presentar el gran negocio (para ellos, claro) como «Aprovecha la ocasión que te brindo y no faltes porque será la gran oportunidad de tu vida» ¡Así es muy fácil hacer negocio!
    Sólo un detalle. En el párrafo:»Achaco la risilla del individuo al efecto del tinto… El Bastión.» creo que es «El Pozo».
    ¡Excelente relato! Me gustaron mucho tus descripciones del ambiente y los personajes.
    Un abrazo
    Marlen

    • marcosplanet
      Posted at 10:40h, 07 marzo Responder

      Muchísimas gracias, Maria Elena. Es un placer leer este comentario, que me anima mucho. Lo que apuntas ya está corregido.
      Un fuerte abrazo.

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