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MEGACITY. La nube carmesí.

 

Los incendios más devastadores han arrasado espacios naturales colindantes con grandes y pequeñas ciudades, devorándolo todo, aniquilando cualquier tipo de vida o haciéndola huir. Desde sus cómodas estancias, una parte privilegiada de los habitantes de conglomerados urbanos contemplan el espectáculo televisado mientras desayunan, comen o cenan, intercambiando impresiones de estupor ante lo que resulta ser noticia recurrente en los noticiarios.

Para otra parte de la población, sobrevivir entre las ruinas de los que anteriormente habían sido sus barrios residenciales se había convertido en una prioridad diaria. Los efectivos del nuevo ejército del gobierno de Esguria campaban por las calles buscando objetivos que abatir si fuera el caso, como sucedía cada vez que las bandas de colores se enfrentaban.

Un despliegue de vehículos militares de todo tipo, junto a las temidas tropas Trom, desfilaba entre los escombros de aquellas zonas que en su día fueron urbanizaciones de gente de clase media que nunca habría imaginado la ruina social y material en la que acabarían transformándose.

A nadie en Esguria resultaba ajeno que el manto natural que cubría los suelos de sus bosques llevaba años sin limpiarse, ni se realizaban podas que garantizaran mínimamente la oxigenación de los árboles en su primer crecimiento. Entre la masa forestal se había desarrollado un depósito leñoso que abarcaba miles de kilómetros cuadrados. El combustible perfecto para crear el infierno en la Tierra.

 

Paralelamente, de los despachos de los políticos fluía un número cada vez mayor de presupuestos aprobados para crear parques eólicos de energía verde y sostenible como alternativa a los combustibles fósiles. Han transcurrido más de veinte años desde que los grupos sensibles al cambio climático obtuvieron algo más que el eco social, logrando llenar la naturaleza de especies y espacios protegidos por doquier.

Leyes de inmediata aplicación mediante trámites acelerados que nunca tuvieron éxito en otros campos de influencia social, veían la luz con gran facilidad. La fertilización de los campos quedó prohibida, lo que ocasionó la presencia de parásitos de todo origen que atacaban cualquier especie de árbol y cultivo, ya fuera extensivo (mayor necesidad de tierras y poca tecnología) o intensivo (menor necesidad de tierra y aporte tecnológico); de secano (aporte natural de agua) o de regadío (aporte artificial de agua).

Un tipo de gusano desconocido hasta entonces, el Taladro de las Choperas, ejerció una transformación radical sobre el material leñoso de los chopos en un principio y posteriormente sobre cualquier especie arbórea o vegetal. Este parásito transformaba químicamente la savia de los árboles desde la plantación del esqueje, de modo que el ejemplar crecía con una calidad de madera que nada tenía que ver con sus genes. La materia leñosa había mutado a un material que al arder formaba nubes muy tóxicas para la vida animal y humana.

Las especies adultas que no habían sido invadidas por el parásito, ardían sin producir toxicidad alguna dada la composición tradicional de su madera, pero esta servía de combustible ideal para propagar los incendios provocados por la mano de aquellos siervos del régimen de gobierno sometido a los dictados de las subvencionadas energías alternativas. Cuantas más áreas forestales despejadas de vegetación hubiese, mayor número de parques eólicos permitirían construir, con gran beneficio para unos pocos políticos.

Las energías sostenibles representaban tan solo el dos por ciento del aporte energético que necesitaba Esguria, pero el presupuesto destinado por la Alianza Europea para su instalación hacía muy goloso el negocio ante los ojos de los gobernantes esgurios.

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La primera “nube roja”, como la llamaban los ciudadanos europeos, fue avistada un día de primavera en que el resto del mundo mantenía su pulso con total normalidad.

El mal no solo se había extendido por el país esgurio, cuyo clima mediterráneo había facilitado la labor al gusano en un tiempo record. Toda Europa a lo largo de sus cuatro puntos cardinales había sido contaminada por la nube tóxica. Las fronteras con los países limítrofes eran los puntos más sensibles para estos, pero a medida que pasaba el tiempo el peligro se iba diluyendo. Los afectados, sin embargo, contabilizados en más de un millón de personas, sufrían desde hacía años las consecuencias que la nube había dejado en sus cuerpos. Enfermedades respiratorias de todo tipo en distinto grado de nocividad, afecciones de la piel o el temido envenenamiento de la sangre, formaban un rosario de efectos que en muchos casos llevaban a la muerte.

En este escenario, Lorena y Aitor conversaban junto al antiguo depósito de aguas, ahora derribado por las continuas contiendas entre grupos urbanos. Los nombres de piedras semipreciosas habían pasado a ser la denominación oficial de bandas enfrentadas de forma encarnizada en guerrillas sin fin. Cuarzos contra Granates, Ópalos frente a Circones, Topacios enemigos de Circones y Cuarzos… La lucha callejera estaba a la orden del día, pero no era ese un asunto que preocupara especialmente al Ministerio de la Seguridad.

Otro asunto representaba un peligro desde hacía más tiempo del que quisiera el ministro Antúnez, a quien no gustaban nada los contratiempos. Se trataba de la Sección 88 y su grupo de insumisos encabezado por Lorena y Aitor.

 

–Esta devastación va avanzando como un tumor y pronto se extenderá a nivel mundial, ya lo verás –apuntaba Aitor en tono lúgubre–. Y nosotros somos una minoría. Si perdemos la esperanza, lo que quedará del planeta serán las ascuas de… –. Lorena le interrumpió sujetándole una mano con las suyas.

–No es ese el camino, Aitor, fíjate en lo que hemos avanzado. Nosotros creamos la Sección 88 hace ya cuánto ¿dos años? Y desde entonces no hemos dependido de ninguna de las exigencias de las bandas de colores. No hacemos guerrilla entre nosotros sino contra el sistema imperante, contra ese credo en que se convierten las ideologías de cualquier clase llevadas al extremo.

–No de cualquier clase sino de la impuesta por ese bloque defensor de causas imposibles que no llevan a ninguna parte buena –dijo Aitor–. Mira a qué nos enfrentamos por aquellos que decidieron proteger a los lobos. Ahora esas criaturas deambulan por las calles de las ciudades como bestias siniestras a las que hay que eliminar. Transmiten sarna y parvovirus y son mucho más agresivos porque no están en su medio natural.

–Sabes de sobra que me refiero al espíritu que nos anima a los que formamos parte de Sección 88. Somos la esperanza para esta parte del mundo que es Europa y para otras regiones que pueden quedar afectadas en el futuro inmediato. Porque como bien sabes, entre las enfermedades que ha producido la nube tóxica hay algunas muy contagiosas. Los controles fronterizos de salud se han hecho obligatorios en la mayoría de naciones.

–La fuerza de las bandas de colores es grande en comparación con nuestra sección, Lorena –aseguró Aitor mientras escalaba una pared semiderruida, como tantas otras en todo el recinto–. Necesitamos mayor presencia en las calles y más medios de combate. Las fuerzas Trom del gobierno acaparan suministros militares de todo tipo. Nosotros vamos al mercado negro y cada vez con menos dinero ¿Has pensado cómo financiaremos Sección 88 para los próximos meses?

Junto a los restos del antiguo depósito de agua había una estructura de hormigón que antaño había sido una nave industrial donde fabricaban colchones de todo tipo. Del edificio original quedaban barras de hierro oxidado embutidas entre los escombros y la maleza que verdeaba alrededor, como si aquello fuera un nuevo tipo de plantación eco-urbana.

Restos de vehículos cubiertos por una vegetación espesa habían quedado dispersos por los alrededores. Era el resultado de tantos años de efectos de la nube roja sobre la población.

–Contestando a tu pregunta –respondió ella– te diré que para luchar contra las Trom necesitaremos equipos por valor no inferior a 20 kilos y más personal dispuesto a luchar. Sé que no es fácil localizar esa cantidad de oro, pero tengo mis recursos.

Lorena era una mujer agraciada de veintitantos años, de largo cabello castaño que sabía conservar brillante y sedoso y con unos ojos azules como el zafiro. Se enamoró de Aitor cuando juntos decidieron crear Sección 88 para combatir a las fuerzas Trom ante la inoperancia de las bandas.

–Si consiguiéramos reunir a Cuarzos, Granates, Ópalos, Circones y Topacios y formar una sola columna junto a la Sección 88, dominaríamos Capitalia y Transalia, los dos baluartes principales del gobierno –afirmó ella mientras observaba cómo Aitor se le acercaba tras su escalada por las ruinas.

Aitor representaba una parte importante de su vida, el aliento que necesitaba para terminar de dar forma a sus planes e inquietudes, para conseguir esa unión tan necesaria que habría de conducirles a un nuevo orden social que sustituyera al poder de un gobierno tiránico.

 


 

Y hasta aquí hemos llegado, amigos. Muchas gracias por hacer click en el corazoncito de más abajo y por dejarme vuestro valioso comentario.

¡Salud y buena vida!

 

Nota: las imágenes de este post pertenecen a la página bing.com/images/create/ La portada es de Andree Wallint en Deviantart.com

20 Comentarios
  • AMAIA LARRREA
    Posted at 09:23h, 20 marzo Responder

    Wow, esa nube roja se me ha quedado impregnada.
    Y el nuevo orden social que no es más que un gran retroceso…
    Aplausos, como siempre genial.
    Abrazo grande

    • marcosplanet
      Posted at 16:04h, 21 marzo Responder

      Así es, muy bien descrito por tu parte: «un nuevo orden social que no es más que un gran retroceso»…
      Gracias por tu amabilidad al comentar y por tu tiempo.
      Un fuerte abrazo.

  • eliom
    Posted at 17:48h, 29 febrero Responder

    Un relato apasionante que ofrece una mirada oscura pero reveladora sobre los posibles caminos que podríamos seguir como sociedad. Como siempre excelente Marcos!.

    • marcosplanet
      Posted at 22:44h, 29 febrero Responder

      Muchísimas gracias, Elio. Me gustaría saber la opinión de los lectores sobre si merece la pena hacer una saga de esta historia y darle continuación ¿Qué te parece?

  • Nelson Mochilero
    Posted at 11:41h, 28 febrero Responder

    Truculenta y apasionante historia. Saludos!

    • marcosplanet
      Posted at 09:12h, 29 febrero Responder

      Muchas gracias Nelson, por tu tiempo y opinión.
      Saludos!

  • Anónimo
    Posted at 06:43h, 26 febrero Responder

    Muy interesante. Gracias por compartirlo con todos nosotros.

  • Arenas
    Posted at 20:04h, 25 febrero Responder

    .¿El comienzo de una nueva saga?
    Me maravilla como en tan poco espacio cuentas tanto. El texto no tiene desperdicio, ni una sola frase sobra en él. Torrencial sucesión de imágenes.
    Estupenda conjunción de presente y futuro, en la que en todo momento estás hablando de un país imaginario donde suceden cosas tremendas y lejanas, y en todo momento estás hablando de nosotros, de aquí y de ahora. Genial, como siempre.

    • marcosplanet
      Posted at 22:24h, 25 febrero Responder

      Que bien lo has descrito, no por los calificativos que no merezco sino por lo bien que cuentas la esencia de la historia. Lo de la saga está en mi mente, a ver si puedo. Esta sería ya la novena.
      Un abrazo, amigo.

  • Viajantes
    Posted at 15:42h, 25 febrero Responder

    Esto que describes ya está empezando a suceder, no hay más que ver la Agenda 2030. Pobres generaciones venideras sino se cambia el rumbo, aunque hay que ser optimista y tener fe en la humanidad. Muy interesante artículo Marcos,???? Saludos!! ????‍♂️????‍♀️

    • marcosplanet
      Posted at 16:37h, 25 febrero Responder

      Muchas gracias. Así lo veo también.
      Gracias por tu tiempo y tu opinión.
      Un abrazo.

  • Federico Agüera
    Posted at 12:25h, 25 febrero Responder

    Lamentablemente la situación que describe tu historia podría ocurrir en un futuro próximo. Espero que sirva para concienciar y que pronto se tomen medidas contundentes que frenen este cambio climático. Saludos

  • Ric
    Posted at 10:25h, 25 febrero Responder

    Hola Marcos, excelente post, como siempre.

    Me alegro de ver que algunos ponen en relevancia algo que los humanos no quieren creer, la decadencia de una especie.
    La Tierra tiene millones de años, seguirá existiendo cuando nosotros ya no estemos, ahora bien, la especie humana sigue desarrollando, que no evolucionando, maneras de extinguirse, ¿hasta cuando?

    Un saludo Marcos, ¡nos leemos!

    • marcosplanet
      Posted at 10:47h, 25 febrero Responder

      Muchas gracias por tu participación en los comentarios, Ric. Son muy valorados.
      Saludos.

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 01:19h, 24 febrero Responder

    El nuevo orden social… Te obliga a reflexionar. Después de lo sucedido en Valencia, tu relato me ha provocado desazón. Cómo siempre Marcos un placer leerte. Un abrazo

    • marcosplanet
      Posted at 21:56h, 24 febrero Responder

      Muchas gracias Nuria por tu tiempo y por estar siempre al tanto de mis publicaciones con tus comentarios.
      Abrazos.

  • Maty Marín
    Posted at 00:57h, 24 febrero Responder

    Realmente nos pones a reflexionar sobre.la necesidad imperante de un nuevo orden social. Buen post Marcos, felicidades. Un abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 22:00h, 24 febrero Responder

      Mi intención es precisamente hacer reflexionar al lector y recabar su opinión.
      Muchas gracias por aportarla, Maty.
      Un fuerte abrazo.

  • Anabel Roldán
    Posted at 14:51h, 23 febrero Responder

    Espero que Lorena y Aitor consigan financiación para su Sección 88, que los grupos urbanos limen asperezas para unirse todos y conseguir derrotar al gobierno esgurio.
    Un abrazo fuerte Marcos

    • marcosplanet
      Posted at 20:34h, 23 febrero Responder

      Muchas gracias por tu tiempo y tu comentario Anabel.
      ¡Un abrazo muy fuerte!

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