Mensajero del pasado. Cuarta parte

Mensajero del pasado

 

RESUMEN

 

En el pueblo mediterráneo de Alabarca se suceden una serie de desapariciones que están siendo investigadas por Mauro y Alonso en colaboración con la Brigada 22, formada por miembros de la Policía y de La Guardia Civil.

En el pasado reunieron información que hoy resulta valiosa para intentar averiguar lo sucedido. Algunas clínicas oncológicas están relacionadas con los casos. En paralelo, un circuito inquietante de tráfico de sustancias bioquímicas está en marcha.

Ver tercera parte

 


 

Mauro y Alonso habían visitado las dos clínicas donde habían estado hospitalizados el niño y la niña desaparecidos ese mismo año. Tras su estancia en el hospital oncológico Virgen del Prado, los padres de Lauren decidieron que debían cambiar al niño de Centro y trasladarlo a la Clínica privada que su seguro médico les permitía, una de las más prestigiosas del país. Ubicada en la misma franja costera que Alabarca, Clonam Clinic era toda una referencia de eficacia y éxito en el tratamiento de tumores del Sistema Nervioso Central.

Su director médico, el doctor Reyes, regentaba con mano de hierro la entidad. Tenía fama de imponerse con su carácter a cualquier desavenencia con el equipo médico, conflictos con proveedores o emergencias sanitarias. Era capaz de atender varios frentes abiertos y los combatía sin cesar hasta que lograba superarlos.

–¿Qué desean averiguar, inspectores? –preguntó abiertamente a Mauro y Alonso tras las salutaciones de rigor. Se hallaban en una de las magníficas terrazas de Clonam Clinic, contemplando las hermosas vistas a los jardines.

–Bueno, no somos inspectores de policía. Colaboramos con ellos en esta labor de búsqueda de los niños desaparecidos en Alabarca –dijo Alonso mientras limpiaba sus gafas de acetato de montura negra.

–Tenemos una autorización del teniente Germán Galiano –aclaró Mauro–. Desearíamos conocer qué plazo de tiempo transcurrió entre la fecha del alta médica dada a Lauren y el día en que se produjo su desaparición.

–Pues tendré que echar un vistazo al expediente. Lo tengo aquí delante, un momento –avisó el doctor–. Fue el día dos de junio cuando le dimos el alta –confirmó con la voz ronca y profunda que le caracterizaba.

–La desaparición ocurrió al día siguiente –apuntó Alonso–. Como en el caso del último niño, Faustino Calas, qué curioso…

–Y dígame doctor Reyes, ¿Cuál era el estado de salud de Lauren? ¿Respondía bien al tratamiento? –inquirió Mauro.

–Para ser sinceros, el linfoma se había extendido demasiado. Sus padres estaban al tanto y tenían asumido que en cualquier momento…

Una mujer ataviada con un traje-chaqueta de color beige hizo acto de presencia en la terraza con una bandeja de aperitivos. Su aspecto era más de ejecutiva que de sanitaria.

–Disculpen la interrupción ¿Les apetecen unos snacks? –preguntó con voz cantarina.

–Oh, sí, por favor déjalos aquí, Lorena. Les presento a Lorena Fernández, del departamento de relaciones con los medios. No falta a ninguna rueda de prensa . –El doctor dijo esto con una pincelada de humor.

–¿Y dan muchas? –quiso saber Alonso con aire distraído.

–Hombre, estamos a la vanguardia de los ensayos clínicos en el tratamiento de linfomas –dijo ella–, por lo que solemos convocar a los medios para informar de nuestros avances. En el presente año hemos desarrollado tres nuevos tipos de anticuerpos monoclonales muy eficaces.

–Disculpa Lorena, no te he dicho quienes son –indicó el doctor–. Mauro y Alonso , dos colaboradores de la policía en el caso de la desaparición de Lauren y de esa niña…

–Patricia, si, lo leí en prensa en su momento –aclaró Lorena. Su melena negra teñida con unas mechas de color vino tinto descansaba sobre unos hombros muy bien formados que llevaba al descubierto. Alonso dedicaba toda su atención a esa estampa.

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–Encantada de conocerles. Precisamente celebraremos mañana una reunión con periodistas para anunciar los resultados de los últimos tratamientos médicos. Si les interesa…

–Se lo haremos saber, por supuesto –dijo Mauro sonriendo cortésmente.

–Y ahora si no les importa, les dejo con el doctor Reyes. Debo atender otra visita.

Alonso no perdía de vista los gráciles movimientos de cadera de la responsable de relaciones públicas. Mauro miraba de reojo a su compañero.

 

–Bien, amigos –continuó Reyes–, les estaba diciendo que el estado de salud del niño Lauren era terminal. Aquí en Clonam nos enfrentamos a muchos casos así por desgracia. Los tratamientos son cada vez más avanzados, pero no dejan de ser agresivos para unos organismos tan jóvenes, no sé si me explico –aclaró innecesariamente el doctor–. Por otra parte créanme que, si yo no estuviera a la cabeza de esta entidad, la clínica no dispondría en verdad de los últimos desarrollos existentes en oncología. Hay que perseverar e insistir mucho con los equipos de investigación para que no se salten ninguna etapa.

–¿Quiere decir que ustedes investigan en esta clínica los nuevos quimioterápicos o los traen de fuera? –inquirió Alonso mientras tomaba de la bandeja uno de los mini sándwiches que acababa de dejar Lorena.

–Alternamos las dos vías. Le aseguro que lo que conseguimos en Clonam es siempre puntero. Estamos a la vanguardia de…

Alonso le interrumpió sin más.

–Lo más puntero, si, no me cabe duda ¿Y cómo es que el niño desaparecido recibió el alta médica si se encontraba tan deteriorada su salud? ¿Lo normal no es seguir atendiendo al paciente dentro del hospital?

–No necesariamente –aclaró el doctor dejando patente que el tal Alonso le resultaba molesto–. El tratamiento pueden recibirlo en casa a petición de los padres, lo que sucede la mayoría de las veces.

–Lo que llama la atención –intervino Mauro– es que, aparte de Lauren, también el niño Faustino Calas estuviera deambulando por el río al día siguiente de salir del hospital. Una cosa es dar un simple paseo y otra que su padre adoptara el riesgo de hacer una ruta.

–¿Y lo de Lauren también fue una ruta? –quiso saber el doctor.

–Fue un paseo matinal acompañado por sus padres. Para los efectos, lo mismo –sentenció Alonso, pensativo.

 

El teléfono móvil del doctor Reyes sonó en ese momento con la sintonía “Entre dos aguas”, esa rumba instrumental inolvidable a manos del genial Paco de Lucía.

El oncólogo se separó unos pasos de sus contertulios y bajó el tono de voz.

–Sí, adelante, dejáis el pedido donde siempre y ya lo recogerán… ¿Cómo? ¿Qué dices?

Tras unos momentos en que el rostro del médico mudó al color de la ceniza, dio por terminada la conexión.

–Si necesita resolver algo, por nosotros no se preocupe, nos vamos ya –aclaró Mauro.

–¿Hemos terminado? Se lo agradezco señores. Siento no poder acompañarles hasta la puerta –dijo el director de Clonam Clinic visiblemente preocupado.

Alonso y Mauro abandonaron las instalaciones de la clínica y pidieron un taxi.

–¿Te has fijado que quien llevaba la voz cantante todo el tiempo era ella? –comentaba Alonso a su amigo.

–¡Vaya! Cualquiera diría que solo te fijabas en su anatomía, Alonsito… Bueno, creo que Lorena Fernández es algo más que relaciones públicas de Clonam. Es probable que ejerza influencia sobre el doctor Reyes, desconozco la razón.

–Lo mismo son pareja. En fin. Él me ha parecido endiosado e insoportable, pero al menos sabemos que las desapariciones ocurrieron el día después del alta médica. No dejo de darle vueltas a eso en mi cabeza.

 

Una vez solo, el doctor Reyes devolvió la llamada a quien acababa de contactarle. El pulso le temblaba.

–Oswaldo, explícate ¿Qué leches es eso de que os han asaltado? ¿En la cueva? ¿En serio?

La respiración agitada de Oswaldo, casi al borde de un colapso, apenas permitía entenderle.

–Unos… extraños enanos, sí, eso, eran enanos vestidos de verde ¡O de color verde! No lo tengo claro aún…

–¿Estás bajo los efectos de algún alucinógeno, amigo? –. El médico se había visto obligado a cambiar a un tono más conciliador por el estado de nervios que percibía en su interlocutor.

–¡Nada de eso! No sabes a qué nos hemos enfrentado. Después de… dejar las… lanchas… Hemos perdido a Lucas y Lolo. Han quedado atrapados dentro.

–Como no te expliques más vas a conseguir que esta sea la última vez que hablemos, Oswaldo ¿Dentro de dónde? Cálmate y habla despacio. Tranquilo.

Reyes se dirigía a su interlocutor como si fuera uno de los caballos que el médico montaba en su finca de las afueras.

–A Lucas y Lolo se los ha tragado la cueva, entre unas piedras grandes, bajo el río. Yo les acompañaba cuando decidieron deslizarse por ese hueco, de donde procedía una luz dorada muy brillante. Entramos por el orificio bajando unos escalones y… allí estaban. Unos… seres que parecían… gnomos.

 


 

Esto es todo, amigos. En el siguiente episodio encontraréis la continuación. Muchas gracias por hacer click en el corazoncito de más abajo y por dejarme vuestro valioso comentario.

¡Salud y buena vida!

 

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11 Comentarios
  • AMAIA LARRREA
    Posted at 21:35h, 27 febrero Responder

    Deseando ver cómo avanza la historia. Una muy buena historia.
    Abrazo grande

  • Arenas
    Posted at 16:12h, 20 febrero Responder

    ¡En esa cueva hay más peligro que entre las caderas de Lorena Fernández!
    El tal Alonsito deberá estar más pendiente de tus estupendos giros de guión y menos de las mechas de color vino tinto de las protagonistas de tu relato.
    Estupendo todo.
    Esperando la quinta parte con ansia viva.

  • Federico
    Posted at 14:32h, 20 febrero Responder

    Aparecen seres fantásticos. Eso es lo que me gusta. Espero ansioso el siguiente episodio. Saludos

  • Rosa Fernanda
    Posted at 08:23h, 20 febrero Responder

    Estoy expectante esperando el próximo capitulo. Magnifica historia Marcos

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 02:45h, 20 febrero Responder

    Hola Marcos, la desaparición de los niños está dando un giro lleno de fantasía. El médico parece sospechoso, pero quién sabe. A ver cómo avanza la historia. Me encanta. Un abrazo.

    (Tenemos una conversación pendiente para la escritura colaborativa.)

    • marcosplanet
      Posted at 21:47h, 20 febrero Responder

      Muchas gracias por tus palabras Nuria. En lo referente a la escritura, nos comunicamos por Bloguers o email, como prefieras…
      Un fuerte abrazo.

  • Rovica
    Posted at 17:23h, 19 febrero Responder

    Tu Blog me gusta Marcos, Me parece realmente muy, muy interesante todas las secciones que lo forma. No dudes que volveré a visitarte. Un abrazo amigo.

    • marcosplanet
      Posted at 21:48h, 20 febrero Responder

      Muchas gracias por tu tiempo y opinión Rovica.
      Un fuerte abrazo.

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