Mensajero del pasado. Segunda parte

 

Mensajero del pasado. Segunda parte

(Ver episodio anterior).

 

Las dependencias de la Brigada Especial 22 se hallaban en las cercanías de un polígono industrial que había conocido tiempos mejores. La actividad principal en el pueblo se basaba en el turismo playero, la restauración y poco más, de modo que el servicio de investigación especial que ofrecía la Brigada parecía excesivo y hasta fuera de lugar para un pueblo de veinte mil habitantes. Eso sí, en época estival la población se multiplicaba llegando a superar los cien mil.

–Buenos días, caballeros, soy el teniente Galiano. Agradezco su rápida respuesta. Como saben, el hecho de que estén aquí se debe a la antigua relación que tuvieron ustedes con el caso de Laura Rielves, sucedido en 1982. Escribían en esa gaceta del instituto…

–El noticiero de Alabarca, sí –confirmó Alonso–. La policía de entonces, el inspector Román en concreto, nos contactó por la cantidad de información que habíamos acumulado acerca de la desaparición de Laura. Aquí traemos el dossier, por si no dispone de una copia.

–Quiero ir al grano pues nos enfrentamos a una situación que está tomando el color de una emergencia –aseguró el teniente recogiendo la copia.

Mauro y Alonso se miraron un tanto desconcertados.

–¿Ha habido otra desaparición? –preguntó Alonso mientras recolocaba sus gafas sobre el puente de su nariz.

–Aparte del niño y la niña que han protagonizado el presente año en un plazo de cinco meses, de quienes nada sabemos, ayer hacia las ocho de la tarde nos llamó el padre de Faustino Calas, un niño de siete años que se encontraba a escasos metros de él. Todo debió ocurrir muy rápidamente.

–Imagino que empezarían ustedes la búsqueda de inmediato ¿no? ¿Qué han dicho los buceadores? –inquirió Mauro.

–En efecto, la unidad GEAS, el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil, inició la búsqueda hacia las ocho y media de ayer y a estas horas aún no han encontrado rastro del cuerpo.

–Con la fuerza de “las tres aguas” será muy difícil encontrar nada –aseguró Mauro mientras abría una de las carpetas del dossier–. Tengo aquí una copia del mapa de rastreo que confeccionaron los buceadores en 1982. No sé si hoy servirá de algo pero…

El teniente esbozó una sonrisa de reconocimiento.

–Agradezco su celo, Mauro. Es cierto que la zona de la desaparición coincide con la junta de los tres afluentes del río Goblin. Pero hoy disponemos de ecógrafos que nos marcan el fondo subacuático, aparte de la fotografía infrarroja y otros avances.

–Disponen de gran ayuda técnica pero no vale para mucho ¿no? –apuntó Alonso, volviendo a sujetarse las gafas.

–Eh…, no, hasta el momento. El padre está desesperado, como podrán imaginar. Tan solo quiere recuperar el cuerpo de su hijo y eso conlleva mucha presión. Trabajamos con todos los medios a nuestro alcance.

–Bueno, entonces ¿qué información quiere revisar con nosotros? –preguntó Alonso con vivo interés.

–Se trata de curiosas coincidencias. Tomen asiento, por favor, se las resumo a continuación.

–¿Nos podemos tratar todos de tú, señor Galiano? –preguntó Alonso sin más.

–Claro, mi nombre es Germán.

Acto seguido, el teniente proyecta sobre una pantalla de tela la imagen procedente de una presentación de PowerPoint guardada en su ordenador portátil con el título COINCIDENCIAS.

*La hora de las desapariciones ronda las ocho de la tarde.

*Se trata de niños o niñas menores de nueve años.

*Al menos uno de los padres se encontraba muy cerca de la zona de la desaparición.

*El lugar coincide con la unión de las tres corrientes afluentes del río.

 

–Recuerdo un detalle que me llamó la atención en el caso de Laura Rielves –dijo Mauro–. Lo he localizado en uno de nuestros artículos donde Alonso y yo entrevistamos a los padres de la niña. Nunca agradeceremos lo suficiente al inspector Leonardo habernos autorizado a realizarla.

–¿Y qué detalle es ese? –dijo Galiano mientras pasaba a la siguiente página de su PowerPoint.

–Continúa tú, Alonso, me están llamando al móvil.

–Mauro se refiere a un comentario de la madre de Laura Rielves, diciendo que la niña la llamó a voz en grito minutos antes de la desaparición, para anunciar que, y leo textualmente, “Aquí hay una luz amarilla, mami, es rara. Ven a ver esta luz…”. Y eso fue lo último que consiguió decir.

–Sí, es algo que pasó desapercibido al antiguo equipo de investigación. Los de la Brigada 22 hemos revisado toda la documentación palabra por palabra y hemos hallado otros aspectos que llaman la atención ¿Se os ocurre algo que hayáis podido recordar o que figure en vuestro dossier? Podemos contrastarlo con lo que os comentaré ahora.

–Laura Rielves estaba enferma de cáncer –comentó Mauro–. Llevaba un año tratándolo en Madrid en un hospital oncológico y este la había enviado a su casa, aquí en Alabarca, hasta la siguiente revisión. Sus padres solían llevarla a jugar con sus amigos y a dar paseos junto al río. Aquella tarde en que desapareció se encontraba especialmente animada según nos dijeron en su momento.

Sin decir palabra, el teniente Galiano cogió un papel de la mesa y les mostró el contenido.

–Dice que el niño desaparecido ayer, Faustino Calas, también estaba ingresado en el oncológico. Le habían diagnosticado leucemia.

El equipo de buceadores rastreaba aún el primer kilómetro del río. Desde que habían empezado la tarea la tarde anterior, la búsqueda no había dado ningún fruto.

–¡Eh!, ¡los de la orilla! –avisa uno de ellos mientras se aferra a una de las abundantes rocas que cubren el lecho fluvial– ¡Mirad esto!

–¿Qué nos traes Mario? –pregunta a voz en grito el jefe de equipo, fatigado por permanecer atado junto a tres compañeros más que tiran de una cuerda sin descanso. Sujetan a Mario mediante una línea de vida.

–¡Os paso esto por el deslizante! –grita Mario con esfuerzo para hacerse oír. La corriente hacía rugir las aguas, empeñadas en llevarse a su paso cualquier objeto cuya base no se hallara bien aferrada al lecho.

–El jefe de equipo recibe con sorpresa el envío. Sus ojos reconocen el objeto. Una gorra con una inscripción: “Indiana Jones y el dial del destino”.

Hace un gesto a un compañero que se encuentra enfundándose el traje de buceo para reemplazar a Mario. El buzo traslada la prueba al furgón.

Cuando Mario alcanza la orilla, el jefe y los que le acompañan en la línea de vida se sueltan de ella y se reúnen a descansar. La tarea les ha agotado y pedirán que otros les reemplacen para sujetar al segundo buceador.

–Decidle a Jaime que venga, por favor.

–Sí, jefe, ya he visto la gorra. La llevaba puesta el pequeño cuando se lo tragó el río.

–Óyeme bien, te va a tocar algo que nunca se ha hecho y es explorar hasta donde puedas la base de “las tres rocas”. Todo el mundo les saca fotos como atracción principal que es, pero alrededor de ellas se remueven las aguas con un apetito voraz. Ya sabéis que ese punto entre las rocas es lugar habitual para encontrar restos de animalillos y pájaros arrastrados por la violencia de las aguas. Formaremos dos líneas de vida.

–Una de ellas deberá ir atada a una de las tres piedras, en paralelo –advierte Mario.

-Así es, muchacho, ahora tomaremos un bocado y en media hora regresamos a esas aguas infernales.

Las caras del grupo que acaba de abandonar el rugiente río reflejan resignación, pues saben que a pesar de su cansancio deben echar el resto y no bajar la guardia. Encontrar el cuerpo de Faustino es primordial.

–¡Venga, todos a una! –arengó el jefe de equipo.

 


 

Y hasta aquí hemos llegado, amigos. En el siguiente episodio encontraréis la continuación. Muchas gracias por hacer click en el corazoncito de más abajo y por dejarme vuestro valioso comentario.

¡Salud y buena vida!

 

Nota: todas las imágenes de este post pertenecen a la página bing.com/images

12 Comentarios
  • AMAIA LARRREA
    Posted at 20:07h, 22 febrero Responder

    Me encanta. Deseando leer los siguientes capítulos.
    Aquí una fan. ;-D

  • Federico
    Posted at 14:22h, 12 febrero Responder

    Espero haberte servido de inspiración para el nombre del río. Saludos

    • marcosplanet
      Posted at 14:44h, 12 febrero Responder

      Jajajah. Recuerdo tu post, por supuesto Federico.
      Saludos

  • José Ángel Bermejo Urréchaga
    Posted at 19:31h, 11 febrero Responder

    Bueno, pues me quedo con las ganas de seguir la historía, que me ha enganchado.

    • marcosplanet
      Posted at 09:55h, 12 febrero Responder

      La siguiente parte estarás lista entre hoy y mañana. Muchas gracias por tu tiempo y tu opinión.

  • Froi
    Posted at 13:06h, 11 febrero Responder

    Bien ilustrado este episodio, lo que también te empuja a buscar el relato.
    Me falta tiempo, pero intentaré acercame para ver los próximos episodios.
    Un abrazo, Marcos.

  • Nuria de Espinosa
    Posted at 01:43h, 11 febrero Responder

    Tengo la sensación que las desapariciones tienen un punto en común..
    La historia está formándose en cada nueva entrega de una forma clara y sencilla que te mantiene enganchada de principio a fin.
    A ver qué sucede en el próximo capítulo.
    Un abrazo

  • eliom
    Posted at 15:02h, 10 febrero Responder

    ¡Hola! Marcos. He leído tu segunda parte de «Mensajero del Pasado» y debo decir que estoy completamente cautivado. La forma en que desarrollas la trama y los personajes es simplemente fascinante. Me encanta cómo logras crear una atmósfera llena de misterio y suspenso que me mantuvo enganchado de principio a fin. Además, tu estilo de escritura es muy fluido y envolvente, lo que hace que sea difícil dejar de leer. ¡Espero con ansias la continuación y seguir visitando este intrigante mundo que has creado! ¡Gracias por compartir tu talento con nosotros!

    • marcosplanet
      Posted at 18:56h, 10 febrero Responder

      Tus palabras me animan mucho a seguir creando, Eliom, y eso es algo muy valioso y que agradezco de corazón. Me alegra mucho que te gusten mis historias y es por ello que intento poner todo el cuidado a la hora de escribirlas. Precísamente es lo que busco, agradar al lector y hacerle pasar un buen rato. Es muy importante mantener la atención en la lectura.
      Un fuerte abrazo.

  • Arenas
    Posted at 14:00h, 10 febrero Responder

    Me encanta comprobar que Mauro y Alonso siguen siendo lo que siempre quisieron ser. Dos hombres de acción. Y también que sus antiguas aficiones sirven, pasados tantísimos años, como herramienta necesaria para interpretar el presente. Que mantienen la frescura y el interés por la vida de su temprana juventud inmarcesibles. Con gente así da gusto, oiga.
    Venga pronto una tercera entrega cual Heraldo de tiempos pasados que no volverán…
    O sí.

    • marcosplanet
      Posted at 14:40h, 10 febrero Responder

      Va a haber más episodios, sin duda, amigo mío. Tu pregunta final queda en el aire.

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