Negocios turbios en la fiesta del lago Leman. El primer clon Ep.13 |
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Negocios turbios en la fiesta del lago Leman. El primer clon Ep.13

Hola a todos! Tanto en el anterior capítulo de El Primer Clon como en este, las imágenes que los acompañan son de mis viajes por algunos de los escenarios donde se desarrolla la acción. Conozco la mayoría de los lugares que describo en esta novela que escribí hace ya unos años y que he dividido en episodios. Pero hasta ahora no habían aparecido sitios de los que guardara imágenes.

Bueno, espero que os esté interesando el relato. Os invito a dejar vuestra opinión en los «Comentarios» del final. Y gracias por compartir.

Click aquí para ver el episodio anterior.

Negocios turbios en la fiesta del lago Leman

–Te lo pongo en bandeja, Eric –decía Lisa minutos después de la reunión con el turco–. No me pongas reparos sobre lo que te pienso pagar. Has de valorar que no tendrás que preocuparte por colocar esa suma de dinero en algo legal, pues ya lo es. El Fortius Cell está homologado por el Ministerio de Sanidad como antioxidante celular con aplicación clínica, para restaurar o activar los potenciales de defensa inmune y antitumoral del cuerpo humano. Y los embriones que utilizo proceden de animales. Nadie sospechará que los que vas a suministrarme son de origen humano. Buen chollo has encontrado conmigo para dar salida al exceso de existencias de Marzens.

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–Yo no lo veo así, Lisa. Tienes una habilidad especial para deformar las cosas según te convenga. Pero recuerda que estás hablando conmigo.

Lisa se acercó a él poniendo las manos sobre sus hombros y le rozó los labios con los suyos.

–Lo sé. Alguien de quien me enamoré hace años y no fue capaz de renunciar a nada para corresponderme. Nunca tenías tiempo –susurró recorriendo el rostro de él con la mirada–. Tus preciosos negocios priman sobre todo lo demás. Pero no insistamos en lo que no tiene remedio.

Negocios turbios en la fiesta del lago Leman

 

–Lisa, no me estás regalando nada. ¿Te resulta familiar el nombre Dubergé SAF?

La mujer experimentó un ligero sobresalto–. Claro, es mi proveedor de disolución embrionaria…

–… con la que elaboras el preparado celular «rejuvenecedor».

–Eso es ¿Qué intentas decirme?

–Como si no lo supieras. Dubergé ha cesado en su actividad y ahora te encuentras desamparada, pues no existe un suministrador alternativo.

–Bah. Eso no es exactamente así… hay otras fuentes…

–Soy la solución a tu problema –sentenció Eric. Nos conocemos, Lisa. No cometas el error de ocultarme nada. Es mejor que colaboremos. ¿De acuerdo?

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Ella no quiso alargar la discusión. Sacó de su bolso un pintalabios y aplicó la barra color corinto sobre su boca.

–Bien. Ya tienes la soga alrededor de mi cuello. Sólo espero que no aprietes demasiado.

Un camarero se acercó a la pareja con una bandeja bien surtida de cócteles. Cada copa llevaba un adorno de papel en el que se podía leer «Sans Frontieres», uno de los muchos detalles con los que Lisa había engalanado su fiesta; como el grupo orquestal que interpretaba música de cámara o los menús elaborados in situ por personal de «La Polette», especialmente seleccionados para la ocasión.

– ¿Un cóctel de frutas, Lisa?

Eric tenía ganada la partida. Lisa cambió de tema.

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– ¿Cómo le va a la Marzens Corporation? ¿Has avanzado algo en aquello de la clonación en serie?

–Más de lo que cabía esperar. Ya sabes que el entorno internacional no es favorable. Sin embargo, la fuga de científicos americanos y de otras nacionalidades hacia países europeos, ha favorecido la aparición en éstos de clínicas de fertilización. Las ayudas económicas son ahora mayores.

–Eso habrá acelerado la legislación sobre clonación en Europa. Cada vez serán más permisivos. No tardará en aparecer el primer clon humano. ¿No es así?

–No exactamente. El efecto del parón de la investigación con embriones en Norteamérica, incluso para fines terapéuticos, se ha dejado notar –Eric dio un sorbo a su copa y tragó haciendo un gesto como si algo raspara su garganta–. Tengo que actuar de forma clandestina, Lisa. Un comité formado por los científicos americanos que se han manifestado contra la clonación, ha puesto todas las trabas del mundo para que no continúen las investigaciones en otros países. Alegan apropiación de información que pertenece a las entidades americanas que las ampararon. Con eso lo que quieren es interrumpir los proyectos para que se vean obligados a partir de cero. Llevará tiempo a los cerebros fugados ponerse al día, te lo aseguro.

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Eric dejó su copa en la bandeja que acercaba un camarero y cogió otras dos. Lisa se apresuró a decir –. No, gracias. Tengo todavía…

–No, querida. No es para ti, sino para mi amigo Fabio, ¿Qué tal un “bourbon” especial?–preguntó mientras ofrecía la bebida al siciliano, quien acababa de unirse a ellos.

–Magnífica sugerencia ¿Cómo estas Lisa? Bonita fiesta. No será una casualidad que hayas reunido a tanto pez gordo por aquí.

–Sarcástico como siempre. Tienes buen aspecto, Fabio. Veo que sigues siendo fiel a “Armani”. Podrías variar un poco; en Francia hay buenos modistos, créeme–. Mientras hablaba, Lisa contemplaba con secreta admiración el azul océano de aquellos ojos que siempre la habían cautivado. El porte del italiano había atraído su atención desde que se conocieron en la residencia de verano de Eric en Marbella. Desde aquel momento, en cada encuentro Lisa y Fabio se entregaban el uno al otro con pura atracción carnal.

–Estábamos hablando sobre el futuro mercado legal de embriones clónicos –aclaró Eric–Tenemos abonado el terreno para atraer la mayor parte de la demanda, así que nos interesa que se legalice.

–Y además querido socio, la Marzens ha conseguido algo que los demás no tienen –afirmó Fabio.

 

– ¿Ah, sí? ¿Y qué hallazgo es ese? –preguntó Lisa intrigada–.

–Se refiere a los nuevos equipos instrumentales –intervino Eric con rapidez–. Nos ha costado una inversión de siete cifras en dólares, pero se puede decir que estamos… a la vanguardia tecnológica en Ingeniería Genética. ¿Cierto, Fabio?

–Cierto… sí –. Fabio quería haber comentado abiertamente que habían puesto en práctica la vía de clonación rápida, pero la actitud de Van Möeller le contuvo.

–Inversiones de siete cifras… –apuntó Lisa con cierta ironía–. Ya veo que andas muy bien de fondos querido. Lo que has de procurar es mantener alejado al fisco. Esos huelen la pasta a kilómetros.

–No te preocupes. Los tengo a raya –sonrió Eric.

Hasta ellos llegaba el sonido de una pieza de Bach interpretada inmejorablemente por la orquesta. El ruido de los motores y la algarabía de la fiesta añadían aún más mérito a la pericia de los músicos.

–Eric, tienes amigos próximos al Parlamento europeo ¿No puedes influir para que den un empujoncito al Proyecto de Ley? Seguro que ya has pensado en algo… –aventuró Lisa.

–Hay que esperar a que lo aprueben. De momento no me preocupa –mintió Eric.

 

Continuará en el siguiente episodio.

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