Parálisis colectiva. Episodio 4

EPISODIO 4   

(Ver EPISODIO 3 y anteriores).

 

Parálisis colectiva. Episodio 4

 

Resumen de lo sucedido hasta ahora

 

Un extraño mal invade nuestro planeta. Hasta este momento, los cuerpos de más de cien millones de personas de todas las naciones han quedado paralizados en medio de las calles, de los comercios, oficinas, lugares vacacionales, colegios o universidades.

Los medios de comunicación también lo están sufriendo pues los presentadores y todo tipo de colaboradores quedan impedidos para continuar sus trabajos cuando sufren la paralización total de sus cuerpos. Estos permanecen latiendo con una frecuencia de 30 pulsaciones por minuto, lo cual les permite ser conservados con vida en un estado latente.

Para ello se han creado millones de las veneradas “cápsulas de vida” por todo el mundo, operación que ha conseguido enriquecer a más de un centenar de fabricantes sin escrúpulos que especulan con precios y tratos de favor con todo gobierno que se pone a tiro.

Uno de los ricos más poderosos es Vladislav Borisov, amigo interesado de muchos y enemigo natural de muchos más.

La doctora en vacunología Carmen Estepa trabaja en Coral Farmacéutica en estrecha colaboración con su amigo y colega Kwan Yung, del Centro de investigaciones bioquímicas y medioambientales Almavita en Seúl, Corea del Sur.

Ambos investigan la síntesis de la vacuna rVSV-CORALVITA, que ha superado ya hasta la última fase de aprobación por las agencias internacionales de salud. Esto es posible gracias al desarrollo de otra vacuna de la misma familia que fue diseñada en el año 2015 por Seong Nam, jefe del equipo investigador al que pertenece Kwan Yung y que colabora con Carmen.

Un grupo muy numeroso de infiltrados de La Sombra opera en todo el mundo para tratar de dilatar lo más posible el desarrollo de la vacuna.

Entre tanto, La Sombra, capitaneada por El Observador y formada por quienes controlan la evolución de todo el proceso de encapsulado de las personas latentes, va a iniciar hoy, el día veinticinco desde que dio comienzo la tragedia, un evento sin precedentes. Se trata del traslado a otro estatus de la existencia para los cuerpos yacentes en las cápsulas de vida.

Fin del resumen.


Parálisis colectiva. Episodio 4

 

El Consejero Mayor Vermis, a quien todos conocen como El Observador, guarda un proyecto secreto que nadie debe conocer hasta el último momento. Desea fervientemente poder desconectarse de su máquina de control vital para poder disfrutar de una vida plena, libre de restricciones y que no lo mantenga expuesto a sus enemigos. Estos, en cualquier momento pueden sabotear la máquina y dejarle morir entre los más espantosos estertores de sufrimiento. Con el fin de evitarlo, ha diseñado una solución definitiva con la ayuda de su fiel consejera Zoas, experta en alteraciones genéticas producidas por un virus muy particular.

De momento, el Consejero Vermis mora en un habitáculo encapsulado que recuerda a aquel mensajero de la Cofradía Espacial de la novela “Dune” de Frank Herbert. Dichos mensajeros eran conocidos como navegantes para el transporte interestelar que guiaban a las naves de forma segura de un sistema solar a otro. Esos seres exaltaban sus capacidades con «la especia» de modo que podían ver el futuro y ello les permitía trazar la mejor ruta, pero solo podían vivir en un tanque repleto de especia diseminada en gas naranja.

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El tanque de Vermis era más sofisticado y contaba con comodidades exclusivas, como un panel de control diseñado por su gabinete de ingenieros somáticos cuya especialidad radicaba en desarrollar modos de vida alternativos para aquellos privilegiados que podían pagarlo.

Dicho panel mostraba en tiempo real las escenas que tenían lugar en todo el mundo según la selección que el menú ofrecía en su campo temático. Este clasificaba los asuntos de interés en una miríada de opciones de modo que nada podía escapar al control de Vermis.

Contaba con conexión directa a cada sistema individual de transmisión de cada infiltrado, sea cual fuere el destino asignado. Médicos, personal sanitario, responsables de cualquier nivel, directivos, operarios o presidentes de corporaciones farmacéuticas estaban a su servicio en todo el planeta.

Los infiltrados como médicos y sanitarios en hospitales administran a los pacientes en las campañas globales supuestas vacunas contra la gripe o de otro tipo (sarampión, paperas, rubéola, varicela), pero en realidad están inoculando variantes de interferón, proteína de bajo peso molecular producida por células de los animales vertebrados, que, al entrar en contacto con un virus, actúa impidiendo la entrada y la proliferación de cualquier otro virus. Es una proteína “amable” que ayuda al sistema inmunitario del cuerpo a combatir infecciones y otras enfermedades, como el cáncer.

Pero La Sombra obtuvo una variante consistente en una proteína que al entrar en contacto con las células sanguíneas producen células-espejo, es decir, aquellas que son la imagen especular de las sanguíneas, pero llevan en su ADN el código para reproducirse como células cancerosas, con el mensaje genético de bloquear la circulación de los hematíes, ralentizándola.

Los infiltrados introducen el interferón en la fase final de envasado de los viales de las vacunas, como empleados que son de los distintos laboratorios fabricantes.

Y este es el cometido muy bien guardado por Filipo Prendes, Jefe del equipo investigador de vacunas de Coral Farmacéutica. No en vano había añadido el interferón a miles de viales de vacunas de todo tipo que el laboratorio fabricaba como parte de su actividad principal.

Esto sucedió pocos meses antes de darse los primeros casos de la parálisis colectiva mundial.

Él lo consideraba todo un éxito, pues el implante de borrado de memoria debidamente insertado por los siervos de La Sombra había transformado por completo su personalidad.

Vermis sonreía satisfecho desde su burbuja de vida.

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–Mañana comienza el traslado –pensaba con regocijo–. Un éxodo que permitirá a este colectivo reconstruir una civilización en ruinas, pero además me devolverá a la vida que añoro, aquella que la enfermedad truncó… hace tanto.

El Consejero Mayor Vermis gustaba de contemplar la bóveda celeste en la medianoche, momento elegido para recargar su máquina vital. Eran instantes de gozo que aprovechaba para recrearse en la infinitud del espacio exterior dejando que su vista alcanzara el confín de un horizonte iluminado entre el violeta y el malva. Era su momento de inspiración para hacer frente a las intrigas del Consejo y a las malas intenciones de Croor, que Vermis conocía gracias a sus informadores en el Consejo: las bellas Zoas y Proas.

Reflexionaba mientras observaba una escena en tiempo real sobre cómo se deshacían de los cuerpos latentes en pleno mar en un país sin recursos para adquirir más cápsulas de vida.

–Ese Croor tiene sus días contados. Si por mi fuera lo mandaba eliminar ahora mismo, pero no quiero crear tensiones con sus partidarios, sobre todo con el joven Korus que tanto gallea en las sesiones del Consejo. Es un brazo armado poderoso para Croor, a quien aporta cada vez más seguidores, no sé cómo lo hace.

Acto seguido presiona un sensor dentro de la burbuja que habita. La imagen de una mujer pelirroja de especial belleza le sonríe casi al instante.

–Buenas noches Consejero Mayor ¿Cómo se encuentra? –preguntó Zoas en su tono más cordial. Su voz era una herramienta básica entre sus habilidades para embaucar audiencias.

–Esperanzado por el traslado que iniciaremos mañana en todo el planeta –dijo en un tono distendido nada frecuente en él–. Tuvo que limpiarse la comisura de sus carnosos labios debido a esa enfermedad que le perseguía sin tregua. Su sistema nervioso no podía controlar todos los procesos metabólicos y eso le causaba muchas incomodidades que la burbuja donde vivía ocultaba perfectamente.

–Dígame que necesitaba, Consejero –apuntó Zoas con esa premura que era marca de la casa en su familia. Sus padres y abuelos habían formado parte del Consejo en puestos de asesores personales del Consejero Mayor de turno. El gen de la persuasión imperaba en ella.

–Dime qué sabes acerca del jovencito Korus y su capacidad para reclutar adeptos de Croor ¿Este le paga con servicios especiales?

–Nada de eso, Consejero Vermis. Mi colega Proas le ha estado investigando muy de cerca y ha visto que cuenta con una red de colaboradores ocultos en clubs de alterne donde se informan sobre los problemas que tienen nuestros infiltrados.

–¿A qué problemas te refieres, Zoas?

–Son el día a día de su trabajo en los centros donde inoculan las vacunas, en las calles donde asisten a los paralizados por nuestro interferón o en los lugares de almacenamiento de las cápsulas de vida. Está complicándose la situación en muchos países debido a dos problemas graves: el espacio para almacenar las cápsulas y el número de estas, que empieza a escasear de forma alarmante. Los precios están aumentando y como usted sabe, esto ha obligado a países sin recursos suficientes a abandonar en el océano o en enterramientos olvidados a multitud de latentes.

–Sí, acabo de ver escenas dantescas. Pero eso a nosotros nos debe importar poco ¿O tienes problemas de conciencia a estas alturas, querida? –inquirió con escalofriante ironía El Observador.

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–No, en absoluto. Pero ha generado una inestabilidad que no nos conviene y hay que poner coto. Nuestro acuerdo con Vladislav Borisov debe aumentar o bien debemos dirigirnos a otros fabricantes de cápsulas. Pero ya le adelanto Consejero que están saturados y no dan más de sí. Esto tiene que dar un giro a nuestro favor y consiste en una táctica muy atrevida pero que usada de forma inteligente puede hacernos matar varios pájaros de un tiro.

Vermis muestra una actitud complaciente y espera con avidez lo que tenga que aportar su interlocutora.

–Sorpréndeme, Zoas.

–Se trata de convencer a Korus de que su amo Croor no es la opción ganadora, que usted cuenta con el apoyo mayoritario de la Cámara y que ese mal nacido de jefe que se ha buscado solo puede abocarle al fracaso.

–Pero eso es mucho pedir ¿Qué armas tienes para convencerle?

–Las mejores. Por un lado, la habilidad de mi compañera Proas para persuadir a la pareja de Korus. Es una mujer acostumbrada a las intrigas y que ha confesado a Proas que su amado Korus no va por el buen camino, que le puede su carácter impulsivo y le conduce a tomar decisiones precipitadas.

En ese momento les envuelve el sonido de las alertas sónicas que avisan de un evento inminente.

<<–Les habla la sección de transportes organizada por el servicio de Eventos. Recordamos la importancia que para todos tiene el traslado que comenzará mañana. Traeremos los primeros millares de cuerpos latentes que vamos a recuperar para una nueva vida. Todo está organizado en detalle, aunque habrá imponderables que entorpecerán el proceso. Por ello llamamos la atención de todos los implicados con el fin de minimizar los riesgos. Quedan activadas las alertas individuales para los dispositivos de receptores de los infiltrados que se encuentren aquí.

Gracias por su colaboración>>.

Tanto Vermis como Zoas asintieron en silencio y continuaron la conversación.

–Bien, Korus es inestable y su mujer, Yagosta, permitirá que accedamos a él para convencerle… así como así –ironizó Vermis.

–Le ofreceremos algo que desea más que nada y que tiene mucha prisa en obtener: poder. Si le parece bien Consejero Mayor, le ofreceremos el rango de asesor del Consejero Mayor.

–Pero el pérfido Croor no debe sospechar nada ¿Tienes eso controlado?

–Así es. Esa será una de las condiciones para llevar a cabo el nombramiento de Korus.

–¿Crees que accederá fácilmente? ¿Cómo garantizamos que no va a acudir a su jefe en cuanto hayamos realizado nuestra propuesta?

–Yagosta, la mujer de Korus, lo tiene todo dispuesto. Allanará nuestro camino con sus muchas habilidades. Ejerce sobre su marido el mismo efecto que un domador sobre sus fieras. Mi amiga la consejera Proas está segura y confío plenamente en ella, como bien sabe, Consejero Vermis.

El Observador se quedó pensativo durante un par de minutos que Zoas no osó interrumpir. Vermis contemplaba la bóveda celeste con especial atención, como si pretendiera proyectar su pensamiento hacia el espacio exterior y capturar en el éter una señal que le permitiera aceptar el plan propuesto. Dos puntos luminosos aparecían unidos por una estela brillante. Le recordaban a una constelación que le gustaba contemplar desde su infancia, cuando la enfermedad aún no se había apoderado de él. Lo interpretó como la conexión que necesitaba.

–Está bien consejera, luz verde para tu atrevido plan. Una última cuestión ¿Tienes prevista alguna alternativa por si esta sale mal?

–En efecto. En la red de contactos que utiliza Korus para obtener la información que luego trasmite a su jefe, hay muchos que no le aprecian en absoluto. Proas conoce a varios de ellos que estarían dispuestos a persuadir a Korus con métodos más drásticos ¿Le convence?

Vermis respiró todo lo profundo que le permitían sus pulmones y terminó asintiendo con una leve sonrisa.

–Nada más, consejera. Descanse para poder coordinar el evento de mañana. Ese traslado de latentes es vital para nosotros. Nada puede salir mal.

 

Las cápsulas de vida fabricadas por Vladislav Borisov no eran idénticas a las que salían de las cadenas de producción de otras factorías. Las elaboradas por el ruso contaban con un sistema de nutrición parenteral protegido por una especie de conducto acorazado que resistía muy bien los golpes y maltratos que podrían sufrir en su traslado.

Este detalle servía a Borisov para elevar de entrada su precio de venta. Ante todo, era un negociador y no iba a sacrificar por nada del mundo una ocasión de mejora de márgenes.

Angel Melero, el ministro de Sanidad español, contaba con esos añadidos en el presupuesto destinado a sufragar los abusivos costes de las cápsulas.

Había otras alternativas, otros proveedores a quienes acudir, pero el negocio era también uno de los objetivos clave de ese gobierno. Iban a permanecer en el poder muy poco tiempo más.

El presidente Rupérez había diseñado una estrategia de huida a alguno de los países del norte extremo del planeta pues sabía de un informe del Mando Central Coordinado, creado por la Unión Europea para gestionar la crisis. Decía el estudio que en las regiones más frías del hemisferio norte la parálisis colectiva apenas tenía incidencia. Era un fenómeno digno de ser analizado a fondo y el Mando Central estaba intentando organizar un equipo investigador, pero la lentitud del mastodonte europeo era proverbial. Como si para dar un solo paso, ese mamut gigantesco necesitara el empuje adicional de un centenar de máquinas quitanieves.

Nada iba a salir de ese comité como no fueran unas cuantas comidas pantagruélicas bien cargadas de mejillones de Zelanda al vapor con frites, costillas de cerdo y mucha carne estofada a la cerveza.

Nada sobre el destino de las cápsulas de vida o de las personas de su propio entorno íntimo importaba un ápice a Rupérez. El resto de ministros alojaba aún en su interior un hálito de esperanza por sus familias y amigos, para que el mal que asolaba el mundo dejara de dañarlos.

Para Rupérez representaba un traslado a una latitud donde el frío le molestaría a buen seguro, acostumbrado como estaba a las actividades acuáticas tropicales.

Así pues, Angel Melero llegó a un acuerdo magnífico para Vladislav Borisov. Este recibió privilegios para suministrar a toda España las cápsulas de vida en exclusividad, así como varias concesiones en solitario de terrenos costeros en primera línea de playas deshabitadas que previamente habían sido propiedad del Ejército español pero que, debidamente recalificadas por los siervos de Rupérez, habían obtenido licencia urbanística inmediata.

Ya habría tiempo de acudir al ruso para que, una vez pasada la pandemia, reservara a todo el equipo de gobierno los mejores terrenos.

 

La vacunóloga Carmen Estepa hace acto de presencia en una reunión informal para la que ha sido citada en el despacho del presidente de Coral Farmacéutica, Leonardo de Luca. Asiste a la misma Luciano Ferrero, investigador del equipo de Coral e inversor asociado de Leonardo.

El jefe de equipo Filipo Prendes está presente, por el puesto que ocupa y también como infiltrado que es de La Sombra, entidad que controla El Observador Vermis desde su cúpula violácea ubicada en un lugar remoto.

–El objeto de este encuentro informal –anuncia el presidente Leonardo– es intercambiar impresiones sobre todo lo que atañe a nuestro contrato de suministro con el Ministerio de Sanidad.

Marcia Silván, directora de Salud Pública y amante del ministro, ha anunciado a Leonardo que queda suspendido el protocolo de fabricación de la nueva vacuna rVSV-CORALVITA hasta nuevo aviso.

–Nos enfrentamos a una repentina cancelación del primer lote de fabricación de la vacuna. El motivo que alega Marcia es vago y poco creíble–continúa Leonardo–. Me da la impresión de que otro laboratorio ha podido colarse por ahí y nos va a dificultar sobremanera el contrato.

–Pero sigue en vigor ese contrato –apunta Filipo el infiltrado–. Lo que han hecho es aplazarlo, nada más.

–¡Y nada menos! –exclama Luciano en su tono vehemente de combate–. Mira Filipo, no parece que seas un miembro más de esta empresa sino alguien que no valora el trabajo durísimo que este equipo se ve obligado a hacer todos los días del año ¿O tú has descansado los fines de semana y fiestas de guardar?

–Es una pregunta retórica, Luciano –responde el infiltrado–. Cálmate y modera tu ánimo hombre. Aquí remamos todos.

–Bueno, amigos –interviene Carmen Estepa–. Estoy segura de que todo tiene una explicación que nos podrá aclarar Marcia Silván. Como directora de Salud Pública ha cumplido con creces con su puesto. No es tan política como buena profesional. La conozco porque compartí con ella los tres últimos cursos de Bioquímica aplicada. Su expediente académico es muy bueno.

–Imagino que también lo es su expediente amoroso –dijo sin ambages Luciano. Le gustaba hacer gala de su temperamento y carácter directos, que impactaban en el interlocutor como una bala.

Ante las caras extrañadas de los presentes excepto del presidente Leonardo, Luciano aclara.

–A ver, tengo mis contactos de pasillo en el Ministerio y me dicen que entre el ministro Angel Melero y ella hay bastante más que una relación de trabajo. Les han visto compartir coche, comer juntos en un cenáculo cercano al ministerio y en alguna ocasión les han pillado en un tierno arrumaco.

–¡Qué barbaridad, Luciano! –exclama Carmen cruzando los brazos– ¿Tienes un equipo del CNI a tu servicio?

–No, porque quien lo dirige es alguien opuesto radicalmente a mi tendencia política, que si no… –exagera el investigador e inversor.

El presidente ha permanecido callado, pero también se manifiesta.

–Bueno, yo añadiré que no es solo un rumor. Mis visitas al despacho del ministro me han hecho ver que esa relación existe. En fin, vayamos al tema que nos ocupa. Esta situación va a cambiar, la vamos a cambiar.

Un gesto de sorpresa acompaña los rostros de todos los asistentes a la charla.

–Comenzaremos el protocolo de producción tal y como estaba previsto –añade el presidente–.  Las partidas de la vacuna que vayan siendo empaquetadas serán enviadas a los depósitos del ministerio diseminados en varios polígonos de las afueras. Es tal la complejidad de la logística y el papeleo que conlleva que creedme si os digo que tardarán mucho esos funcionarios en percatarse de que el material que llega a los almacenes y es facturado con órdenes de pronto pago, lleva instrucciones de no haber sido fabricado.

–Ya veo –apunta Carmen mientras juguetea con su bolígrafo preferido–. Recuerdo que en una ocasión cuando hablabas con el ministro, este daba instrucciones a su secretario diciéndole que tomara nota para ordenar que los pagos del ministerio fueran hechos todos a 90 días de plazo. Cuando saliste del despacho escuchaste involuntariamente al secretario reírse de dicha instrucción con un compañero.

–Así es, –confirma Leonardo–. El secretario le comentó sin bajar siquiera la voz algo así como: “Otro temita que va a la carpeta del olvido. Aquí cada cual paga como le da la gana, porque es el propio ministro quien decide en cada operación de compra cómo hacerlo según sus propios intereses”. El compañero le preguntó, divertido: “¿Entonces, lo archivamos en la carpeta azul?”. Y el secretario asintió manteniendo la risa.

–¿Por eso has comentado antes lo de que serán facturados los lotes de vacunas por pronto pago? –quiere saber Filipo el infiltrado ¿Has conseguido que sea así?

–Le he dicho a nuestro administrador que incluya ese modo de cobro en nuestras facturas a Sanidad, porque sé de buenas fuentes que es lo habitual en bastantes operaciones de compra del ministerio y que no extrañaría a nadie. Así que tenemos buenos motivos para continuar con ilusión el proceso de síntesis ¿no os parece?

Tras intercambiar unas cuantas miradas y gestos como acariciarse el cuello o las mejillas, los presentes decidieron dar su aprobación con un unánime aplauso.

–Bien, presidente –se apresuró a mentir Filipo Prendes–. Estaba deseando transmitir a La Sombra su mensaje de traición. Había que iniciar una maniobra de sabotaje inminente.

 

El gran evento que La Sombra llevaba preparando durante los últimos meses, el “traslado”, consistía en preparar el transporte del primer millón de cápsulas de vida que serían recogidas de todos los lugares de almacenamiento por multitud de sofisticados artefactos voladores de enorme tamaño dotados con escudo de invisibilidad. El despliegue consistía en una maniobra descomunal que terminaría en un punto de destino remoto que nadie localizaría jamás.

La decisión tomada por el colectivo mayoritario de países, que habían optado por almacenar los cuerpos latentes en el interior de múltiples galerías excavadas en la montaña o en el interior de minas abandonadas, facilitaría sobremanera la labor de los enviados por La Sombra.

El Observador Vermis controlaba todo desde su burbuja acristalada, ese espacio íntimo que le insuflaba vida ante la agresión sufrida por su enfermedad. Su espíritu rebosaba alegría por la perspectiva de curación debida a la fórmula ideada por su aliada y consejera Zoas, experta en modificaciones genéticas. Habían localizado un virus que era la clave del proceso curativo y lo guardaban a muy buen recaudo. Tan solo necesitaban esperar a que el proceso de transición de los cuerpos latentes fuese completado en esta primera fase de traslado.

–¿Cómo llevaremos a cabo la transición, Zoas? –preguntaba Vermis en una reunión a solas con su consejera favorita–. Conozco algunos pormenores, pero deseo entrar más en detalle.

–Bien, pues es más sencillo de lo que parece, Consejero Mayor. Hemos dispuesto más de un millón de máquinas de control vital para situar en ellas a todos los latentes trasladados en esta primera fase, que son alrededor de un millón.

–Un momento, ¿Cuánto tiempo nos llevará proveernos de otro millón de máquinas? Las necesitaremos para la segunda fase de traslado.

–Evidentemente. Pero entre ambas etapas necesitaremos como mínimo un año, así que en ese plazo nuestro amigo Vladislav Borisov contribuirá a abastecernos debidamente.

–¿Confías en él?

–Su fiabilidad se mide en euros, Consejero. En este caso se trata de mil millones por cada millón de cápsulas de máquinas.

–Más otros mil por cada millón de cápsulas de vida que también nos fabrica.

–Esas nos salen por la mitad –ataja ágilmente Zoas.

–Bien, una vez que hayamos introducido a los latentes en las máquinas de control vital ¿Cuánto tardará en suceder la resucitación?

–Unas horas, dependiendo de cada cuerpo. Para provocar el despertar lo inducimos con otro tipo de interferón, antagonista del primero que les inyectamos. Lo importante es que las máquinas están dotadas de un sistema de alarma que avisará cuando la reactivación de los latentes suceda. Acto seguido, les aplicaremos los implantes de borrado de memoria y les ingresaremos en las Academias de formación para su restauración. Así podrán facilitar la repoblación que tanto deseamos.

Vermis observaba complacido el arco celeste desplegado ante él. Iban a asistir al comienzo de una nueva era, al resurgir de un nuevo mundo. Y él resurgiría completamente renovado a una vida de salud plena en la que no dependería nunca más de una máquina.

–Muy bien Zoas, has cumplido.

 

Los primeros cuerpos latentes trasladados al destino remoto son alojados ágilmente en las gigantescas salas de resucitación mediante un impresionante despliegue de miles de robots que colocan en lugares específicos a los recién llegados. El orden es establecido de forma precisa y las máquinas de control vital empiezan a realizar su función.

Sin embargo, los latentes manifiestan reacciones inesperadas tras el despertar. Los robots les han inyectado un tipo de interferón que actúa como “antídoto” para contrarrestar los efectos del que les ha provocado su estado de parálisis.

Dicha mezcla les está produciendo el indeseado efecto de activarles una potente capacidad de visión del futuro que les convierte en breves instantes en un peligro grave para La Sombra. Esta, organizada por el Gran Consejo, está desconcertada y por primera vez cunde la alarma entre sus miembros. No es para menos.

En cuestión de horas, una horda de cientos de miles de resucitados abandona agresivamente sus máquinas de resucitación con el solo propósito de vengarse de quienes, arruinando sus vidas anteriores, les habían conducido hasta allí.

 

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Y hasta aquí hemos llegado por hoy, amigos. espero que os haya gustado esta cuarta entrega. Si es así, por favor dar «like» en el corazoncito de más abajo y publicar vuestro comentario. Valoro mucho vuestras opiniones.

¡Salud y suerte en la vida!

Las imágenes que aparecen en este post  han sido generadas por la IA  Leonardo

6 Comentarios
  • ARENAS
    Posted at 08:22h, 30 noviembre Responder

    Tu ¨Parálisis colectiva» alcanza en esta cuarta entrega unas proporciones descomunales. Estupenda distopía que bien pudiera servir para el posterior guión de una película o serie de televisión.
    Me maravilla la nómina de personajes con que trabajas. Llevarás tal vez fichas descriptivas de los rasgos definitorios de cada uno de ellos, porque si no ¡madre mía!
    Se perfila ya claramente una estupenda novela de largo recorrido, que me trae a mí a las mientes el gratísimo recuerdo de tu primer clon.

    • marcosplanet
      Posted at 09:40h, 30 noviembre Responder

      Pues si, amigo mío. Esta es una historia de muy largo recorrido que pienso materializar en novela, gracias a comentarios de gente como tú, que me han animado muchísimo.
      Llevo un control de personajes, desde luego. Si no sería inabordable.
      Un fuerte abrazo y gracias de nuevo por dejar aquí tus valiosísimas opiniones.
      Un fuerte abrazo.

  • Federico
    Posted at 18:58h, 27 noviembre Responder

    Después de leer tu relato cada vez pienso más en teorías dela conspiración con el Covid. Saludos

    • marcosplanet
      Posted at 22:16h, 27 noviembre Responder

      Pues si que tiene comparación, cómo no. Lo cierto es que por mi imaginación pasan muchas ideas, lógicamente influenciadas por mis vivencias.
      Gracias por pasarte y comentar, Federico.

  • Noelia Cano
    Posted at 18:00h, 26 noviembre Responder

    Me maravilla tu creatividad, Marcos.
    Gracias por incluir mi blog en tu post de recomendados.
    Un abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 19:49h, 26 noviembre Responder

      muchas gracias por tus palabras, Noelia. Lo de los blogs recomendados es lo menos que podía hacer.
      Otro abrazo para ti.

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