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San Bonifacio y el árbol de Navidad

Obispo y mártir, San Bonifacio fue un monje nacido en Inglaterra bautizado con el nombre de Wifrido (Winfrid), hacia el año 680, en la localidad de Kirton en Wessex, uno de los siete reinos principales que precedieron al reino de Inglaterra.

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San Bonifacio era ante todo un misionero. En el año 731, Bonifacio o Winfrido es designado apóstol misionero de Alemania por el Papa Gregorio II.

 

Recibió del papa Gregorio II el nombre de “Bonifatius” (de “bonum facio”, hacer el bien, el bienhechor). Esto fue debido a su labor haciendo el bien en sus misiones atrayendo fieles a la Iglesia, logrando la conversión de miles de paganos nórdicos.

 

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Gregorio II lo nombró “Predicador apostólico” y le otorgó autoridad para predicar en territorios germanos. Winfrid llegó hasta Baviera y de ahí pasó a Turingia, en donde la religión cristiana casi había desaparecido, ante el regreso de las costumbres paganas.

Bonifacio contaba con la confianza de los papas, y el santo nunca les defraudó, obteniendo gran éxito en la difusión del cristianismo, una evangelización arriesgada en muchos casos. Pero él se mantenía firme en su fe cristiana:

“Mantengámonos firmes en la lucha el día del Señor, ya que han venido sobre nosotros días de aflicción y angustia […]. ¡No seamos perros mudos, no seamos centinelas silenciosos, no seamos mercenarios que huyen del lobo! Seamos pastores solícitos que vigilan el rebaño de Cristo, anunciando el designio de Dios a los grandes y a los pequeños, a los ricos y a los pobres”, manifestaba en una de sus cartas.

 

 

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En la historia de su vida (hagiografía), se afirma que el santo cortó un roble considerado sagrado por el pueblo pagano germánico del siglo VIII. Del roble había brotado un abeto tomado como símbolo del mensaje del Dios cristiano. Esta leyenda pudo haber sido el origen de la costumbre de adornar abetos para decorar el interior de los hogares.

 

Dice la tradición oral sobre la vida de San Bonifacio que a los cinco años de edad solicitó entrar a vivir en un monasterio, sin la aprobación paterna. Debido a este conflicto enfermó, pero Winfrid pudo cumplir su sueño. Algunos años más tarde, ingresó en la orden de San Benito, en el monasterio de Exeter. A los 30 años de edad se consagró sacerdote.

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Llamado «apóstol de Alemania», San Bonifacio nació en Crediton, Devonshire, en el seno de una buena familia. Desde niño manifestó su deseo de entrar en la vida monástica.

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Abadía de San Bonifacio en Münich (Alemania). Pertenece a la congregación bávara de la Confederación Benedictina. Imagen

 

A los catorce años, Wifrido se trasladó al monasterio de Nursinling, diócesis de Winchester, en calidad de religioso benedictino de la Orden. Se formó académicamente y obtuvo el título de Maestro en Teología. Tras cursar todos los estudios exigidos en aquel tiempo, solemnemente fue condecorado como Maestro en Teología.

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Fachada de la Abadía de San Bonifacio en Münich. Imagen

 

Wifrido se hallaba en disposición de llevar a cabo la gran obra que el Señor le tenía preparada: una labor de evangelización y de coronamiento desde el martirio. En aquella época solían partir desde Inglaterra valerosos misioneros que cruzaban las más diversas partes del mundo difundiendo el Mensaje de Jesucristo. En aquellos años gozaba de renombre el misionero que abarcaba toda Holanda, entonces Frisia, llamado Willibrordo.

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Imagen del vestíbulo del Salón Sixtino de la biblioteca vaticana, de la que fue bibliotecario supervisor el Papa Gregorio II

 

Gregorio II envió a San Bonifacio-Wifrido-Wilfredo a Frisia, una de las 12 provincias que constituían el Reino de los Países Bajos. El objetivo de aquella misión consistía en continuar la obra comenzada por San Willibrordo, predicando la palabra de Dios en idioma anglosajón. La realidad golpeó con dureza la misión, viéndose esta interrumpida por la guerra entre el soberano del reino de Austrasia llamado Pipino el Breve y Radbol, rey de los frisones.

Pipino y Carlomán continuaron la labor de su padre apoyando a San Bonifacio en la reforma de la Iglesia franca y en la evangelización de los sajones.

Pipino reformó la legislación de los francos y continuó las reformas eclesiásticas de Bonifacio. En esta época, a San Bonifacio, evangelizador de Germania, se le consideraba como dirigente de los obispos. “El Breve” se hace coronar por san Bonifacio en el campo de mayo en Soissons, Francia.

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Pipino el Breve fue el hijo menor de Carlos Martel, y padre de Carlomagno. Fue el primer carolingio en convertirse en rey.

 

Los benedictinos de Holanda quieren nombrar Abad a San Bonifacio, pero él lo rechaza y por ello vuelve a Roma para solicitar al Papa que le envíe en misión evangélica a Alemania. En el año 719 es nombrado por el Papa <Misionero apostólico y Legado en Alemania>:

<<... Ve a llevar el reino de Dios a cuantas naciones halles en tu camino, y que, en espíritu de virtud, sobriedad y caridad evangélica, derrames en las almas la predicación de los Testamentos>>

Ya establecido Wifrido en Roma, el Papa Gregorio II lo ordenó obispo y cambió su nombre de pila por el de Bonifacio, trasladando su misión posteriormente a Germania para evangelizar a aquellos pueblos, donde consiguió un gran número de acólitos. Wifrido fue regente de la sede de Maguncia (Mainz) y, hacia el final de su vida, visitando a los frisios en Dokkum, sufrió martirio a manos de unos pocos paganos.

San Bonifacio – Vitral de la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Alfonso, Montevideo

Patronazgos

 

San Bonifacio es patrono de Inglaterra y de Turingia, así como de varias diócesis en Alemania y los Países Bajos. También se le atribuye ser el patrón de los cerveceros, de los sastres y de los petroleros, así como el patronazgo de la archidiócesis de Ibagué, en Colombia, donde goza de especial devoción en una parroquia que lleva su nombre.

Miniatura del Evangelario de la abadía de Fulda. Es un manuscrito iluminado del período carolingio. Este libro del Evangelio se conserva hoy en la biblioteca  de la Universidad de Würzburg, estado federal de Baviera.

 

Winfrid predicó en la región oriental del reino de los francos. De ese modo, al cabo de unos veinte años, San Bonifacio había edificado una vasta y sólida cristiandad en los territorios sometidos a los francos. Pero todavía habría de culminar esa obra. Extendiendo su labor constructora de la estructura eclesiástica, fundó muchos monasterios. Algunos lograron un importante desarrollo hasta alcanzar categoría de centros culturales tomados como referencia en muchos países.

San Bonifacio fundó además los obispados de Salzburgo, Freising, Passau, Ratisbona (Regensburg), Würzburg, Eichstätt y Erfurt, y él mismo se convirtió en obispo de Maguncia (Mainz).

Estatua de San Bonifacio en Fulda (Alemania). Imagen

 

Hacia el año 720, en el territorio alemán de Hesse, Bonifacio fundaba el convento de Fritzlar. En la misma época presidió un concilio donde se encontraba Carlomán, hijo de Carlos Martel y tío de Carlomagno, quien le ofreció su solidaridad en toda su labor cristiana. En el año 737, de nuevo en Roma, el papa lo nombró arzobispo de Maguncia. Wifrido/Bonifacio agrupó a su alrededor a muchos colaboradores. Por ejemplo, acudieron desde Inglaterra multitud de mujeres para colaborar en la conversión de Germania, país con el que conservaban importantes lazos de sangre. Entre las colaboradoras son dignas de mención Santa Tecla, Santa Walburga y una prima de Bonifacio, Santa Lioba.

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Miniatura del Libro de horas de Carlos VIII de Francia, manuscrito iluminado en pergamino del siglo XV, f.º 13v. Representa a Luis XII orante y tras él, de pie, Carlomagno. Imagen

 

Este es el origen de los conventos de mujeres. Bonifacio y sus seguidores desarrollaban un sistema misionero propio, consistente en buscar el apoyo de los reyes y de los influyentes, aunque sin endeudarse con ellos. Para impulsar la evangelización de forma eficaz fundaban monasterios destinados a hombres y mujeres, auténticas escuelas de civilización, donde se enseñaba la obra de Jesucristo y disciplinas como la agricultura y las artes.

Llegó un momento de su vida en que este anciano predicador que ya había llegado a los ochenta años, deseaba regresar a Frisia (región del norte de la actual Holanda) pues tenía noticias de que los convertidos habían acabado renegando de su fe. Le acompañaron cincuenta y dos religiosos. Después de un largo recorrido desembarcaron cerca de Dokkum y bautizaron a miles de Frisios.

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Martirio del Santo

 

Bonifacio y sus cincuenta y dos compañeros habían preparado la celebración de una confirmación en el campo de Dokkum en la provincia de Frisia. El 5 de junio de 754, cuando esperaba a los nuevos cristianos para administrarles este sacramento, sufrieron el ataque de paganos fanáticos y martirizaron al santo junto a los cincuenta y dos compañeros.

Durante un momento de lectura, Bonifacio oyó un fragor de gente que se aproximaba.  Salió de su tienda creyendo que serían paganos recién convertidos, pero se trataba de una multitud enfurecida que quería acabar con él y los misioneros. Atacaron a estos con lanzas y espadas.

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Martirio de San Bonifacio. Obra de Jacobus van Dijck. Museo de Amsterdam.

 

Y Bonifacio clamó:

 

 <<Dios salvará nuestras almas>>

 

Uno de los asaltantes se abalanzó sobre el viejo arzobispo, quien por toda defensa interpuso el libro del evangelio. La espada desgarró el libro y la cabeza del santo. Esto sucedió el 5 de junio del año 754.

Entierran a san Bonifacio primeramente en Utrecht, siendo trasladado más tarde a Maguncia para finalmente depositar sus restos mortales en Fulda.

La abadía de Fulda o Principado Abadía de Fulda fue un monasterio benedictino fundado el 12 de marzo de 747 por San Esturmio, discípulo de San Bonifacio. El monasterio está considerado como cuna del cristianismo de la Alemania central, un vivero de las ciencias y de las artes que sirvió de fuente civilizadora muy conocida en la Edad Media por su fabulosa biblioteca. La abadía de Fulda sirvió para recuperar con posterioridad parte de la literatura clásica perdida en los siglos oscuros (años 476 hasta el año 1000). Este fue un período caracterizado no solo por la carencia de literatura escrita en latín, sino por la falta de historia escrita contemporánea, la decadencia demográfica y la limitada actividad cultural en general.

Desempeñó un papel decisivo en la cristianización de Europa central. Con su celo, como dijo Benedicto XVI, “promovió el encuentro entre la cultura romano-cristiana y la cultura germánica.

 

Bonifacio se convirtió en uno de los creadores verdaderamente destacados de la primera Europa, por los tres roles que desempeñó: actuó en calidad de apóstol de Germania, reformador de la iglesia franca y fue el principal fomentador de la alianza entre el Papado y la Familia carolingia (se refiere al linaje de reyes y emperadores francos que gobernaron Europa Occidental entre los siglos VIII y X).

El roble de Thor

 

En su amplia labor misionera, Bonifacio tuvo que vérselas con costumbres paganas muy enraizadas, como era el culto que se celebraba junto al Roble de Thor.  donde, entre otros rituales, se realizaban sacrificios humanos.

Se trataba de un legendario árbol sagrado para los pueblos nórdicos, en concreto para la tribu germánica de los Catos (Chatti), habitantes de la zona y antepasados de los hessianos, El rito gozaba de gran relevancia y arraigo para estos pueblos.

Muchas de las sociedades europeas precristianas apreciaban propiedades milagrosas a los animales y plantas. Los árboles de hoja perenne estaban dotados de una potente simbología dada su capacidad de sobrevivir al invierno. Imagen

 

En el año 723 el misionero Bonifacio llegó a la zona donde se alzaba el mítico Roble de Thor, ubicado en el norte de lo que hoy en día es Hesse (estado federado del centro de Alemania). Durante uno de los sacrificios que iba a ser perpetrado con un hacha bajo el árbol sagrado, el santo se dirigió hasta allí y se apoderó del hacha ante los atónitos participantes, liberó a la víctima y propinó múltiples golpes de hacha al adorado roble. Lo cierto es que el santo no conocía los ápices de verdad que puede contener la mitología nórdica reflejada en las Eddas, las compilaciones históricas de la mitología nórdica.

Los presentes se quedaron estupefactos, a la espera de que Thor pulverizara a Bonifacio con el poderoso martillo o con uno de sus famosos rayos… pero nada sucedió. Los paganos quedaron convencidos de que el Dios que predicaba Bonifacio era más potente que Thor y consintieron en bautizarse en ese mismo sitio. Ese lugar dio origen a la primera diócesis constituida fuera de las fronteras del antiguo Imperio romano.

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Representación del reino o mundo de Asgard, morada de los dioses Aesir gobernados por Odín, padre de Thor. Imagen

 

Solo un apunte más: Bonifacio apreció la presencia de un pequeño abeto junto a las raíces del roble dedicado a Thor. Acto seguido se dirigió a los germanos que le rodeaban diciéndoles que se trataba de un regalo del verdadero Dios, un árbol cuyas hojas nunca caen y que se conserva indemne bajo la crudeza del invierno, que sus cuyas ramas se alzan hacia el cielo. Además, sus hojas se mantienen siempre verdes, como el amor de Dios. Por esto se afirma que el pueblo germano introdujo el abeto en sus hogares para celebrar la Natividad del Señor, simbolizando su amor.

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Estatua de San Bonifacio en Fritzlar que representa al santo con un hacha tras talar el roble de Thor. Imagen

 

La madera del Roble de Thor fue utilizada simbólicamente en la edificación de una capilla dedicada a San Pedro en Fritzlar, convertida posteriormente en un monasterio benedictino.

Decorar el abeto

 

Se cuenta que San Bonifacio decoró el primer árbol de Navidad con manzanas, para simbolizar el árbol del conocimiento del Paraíso, representando las tentaciones humanas.

Posteriormente, además de las manzanas, la gente añadió al árbol otras frutas y dulces de Navidad, incluyendo obleas u hostias consagradas como parte del contenido religioso de dicha decoración.

 

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Bonifacio observando el talado del Roble de Thor, en una pintura de 1737 en la iglesia de san Martín de Westenhofen, en Schliersee, Alemania.

 

Con el avance de la industria y el trabajo del vidrio se fue evolucionando hacia la utilización de esferas acristaladas. Se cree que las primeras bolas de Navidad se usaron hacia 1858 en el pueblo de Goetzenbruck, en la región francesa de Lorena.

 

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La tradición de las bolas de Navidad adornando el árbol; un recuerdo que nos llega a través de San Bonifacio.

 

La sequía extendida en esa época por la zona afectó tanto a la agricultura que no había frutas para adornar el árbol de Navidad; pero en las proximidades de ese pueblo había una fábrica de cristal dedicada a elaborar vidrios para los relojes.

Un soplador de vidrio de Goetzenbruck decidió utilizar residuos de vidrio para fabricar esferas, pintándolas de rojo como si fueran manzanas. De este modo la gente pudo decorar su árbol de Navidad sin malgastar frutas o dulces.

En su origen las esferas del árbol de Navidad sólo eran de 4 colores: Rojo, Blanco, Azul y Dorado, y cada uno simbolizaba una oración a Dios. Las esferas rojas son peticiones, las blancas agradecimientos, las azules de arrepentimiento y las doradas de alabanzas.

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Bola de Navidad en vidrio soplado. Imagen

 

La tradición indica que las esferas navideñas son un símbolo de los dones que Dios concedió a los seres humanos, a saber:

  • Sabiduría
  • Entendimiento
  • Ciencia
  • Consejo
  • Piedad
  • Fortaleza
  • Temor a Dios

 

 

Actualmente el significado de las esferas del árbol de Navidad prácticamente está olvidado y cada cual decora libremente  su árbol.

Con posterioridad al año 1858, cuando las primeras bolas de vidrio adornaron un árbol de Navidad en Francia, los países del entorno europeo comenzaron a unirse a esa cada vez más popular forma de decoración.

En las tiendas, los clientes pedían las esferas para mejorar su decoración y fue entonces cuando en lugar de vidrio, los fabricantes comenzaron a emplear el plástico como más barato y casi irrompible para desplegar un abanico más amplio de producto a los compradores.

Bueno, espero que os haya entretenido la lectura de este post sobre el árbol de Navidad y la vida de San Bonifacio, el santo que dio origen a una de las tradiciones más arraigadas en nuestros hogares cuando llega la Navidad.

Os deseo mucha salud y mucha suerte, amigos.

¡Hasta la próxima!

2 Comentarios
  • María Pilar
    Posted at 18:08h, 17 diciembre Responder

    Qué interesante. Al final lo mataron, pero lo que vivió le cundió tanto, que tenía que tener una fortaleza física y mental para sacar adelante todo lo que hizo. Cuánto viaje de un lado a otro y en aquellos tiempos medievales, con los recursos de entonces. Si yo solo leyéndolo me agotaba. ¡Qué superhombres ha habido en la historia! Para llegar al árbol de Navidad y su decoración. Yo tenía entendido que se debía a Lutero y este San Bonifacio es, con diferencia, anterior.

  • Dr.Krapp
    Posted at 18:12h, 14 diciembre Responder

    Un artículo especialmente sugerente e ilustrado con unas fotos de una belleza descomunal. Muchos de los que hemos hecho la carrera de historia tenemos una especial atracción por ese período de la Alta Edad Media Europea más allá de Bizancio. los godos y Carlomagno.
    Gracias.
    Saludos cordiales

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