13 Jul Un crimen de diseño. Cap. 16 de «Sangre entre los escaños»
Mi amigo Arenas y yo os presentamos el capítulo 16 de «Sangre entre los escaños».
En el capítulo anterior vimos cómo el director de CRONOS TV recogía un pendrive con un vídeo donde quedó grabado el asesinato de dos personas. Una de ellas era el mediador Luisín, amigo de nuestros periodistas de investigación Mateo y Ploteo. La otra víctima era Milagros Mercé, la hasta ese momento excelente presentadora del programa de entrevistas de mayor audiencia de la televisión.
En esta ocasión, el turno de escritura es de:
(Marcos)
Un crimen de diseño
El ex Comisario Jefe de la Interpol y ahora directivo del CNIA José Arnedo, conversaba con Hipólito Espejero, el infiltrado en el grupo terrorista “Batallón Armado de Liberación Nacional”. Ambos contemplaban admirados la belleza de las cálidas aguas de la isla de Vanua Levu, una de las más representativas de las paradisíacas Fiji. La puesta de sol vista desde la terraza enmaderada en caoba, hechizaba los sentidos de Hipólito, quien lamentaba no hallarse en compañía de su amante favorito Amadeo Grosso, segundo al mando del grupo terrorista donde Espejero se hallaba infiltrado.
A quien tenía a su lado en cambio era a José Arnedo, un cincuentón con acusada alopecia que le estaba resultando especialmente cargante en su insistencia por darle clases sobre destreza en técnicas de asesinato.
–El presidente Nadal ha sido claro en su deseo, Hipólito. Debes librarte del presidente geruso con total sigilo, que parezca que ha sido debido a su afección cardíaca.
–Eso ya lo tengo claro, José. Me gusta ir al grano y no necesito que me repitan las cosas. El método lo conozco por mi dominio de las artes marciales mixtas. Pasemos al modo de introducirme en el Membrin.
–La sede del gobierno geruso está tan vigilada que solo podrás entrar como miembro de sus fuerzas armadas. Para ello hemos copiado la identidad de un alto mando de las fuerzas aéreas gerusas que tenía algo muy gordo que ocultar, algo que es conocido por nosotros los del CNIA y que a él le espantaría que conociese su presidente Robin.
–¿Quieres decir que será suplantado mediante un clon?
–En efecto, esa es la gran utilidad que tienen nuestras copias biónicas –indicó Arnedo–. A medida que pasa el tiempo van saliendo del laboratorio de síntesis. Ahora hay tres copias en reserva, para emergencias, una de ellas será el doble de Arbidas Sarkov, el alto mando geruso. Su clon dispondrá en su cerebro de toda la información necesaria para representar a la perfección su papel. Nuestros científicos obtuvieron del auténtico Sarkov las células madre necesarias para implantar experiencias y recuerdos fieles en el clon.

–Entonces ¿no hay fisuras?
–Según la experiencia con el clon del presidente, la réplica clónica es un calco del ejemplar primigenio, tanto exterior como interiormente.
–¿Y si algo falla? ¿Habrá plan B? –inquirió Hipólito.
–No podemos considerar fallo a cualquier eventualidad, de modo que si se tuercen algunas circunstancias debemos usar toda la inventiva que sea posible para sortearlas. ¿Estamos?
–Quieres decir que si no me apaño la vida no habrá nadie que lo haga por mí, ¿no es así?
Por toda respuesta, Arnedo encendió un habano Petit Corona, como los que fumaba Nadal, aspiró una buena bocanada de humo y lo soltó a los cuatro vientos nublando por momentos la panorámica que Hipólito registraba ante sus pupilas. La bahía de Savusavu dibujaba un recodo majestuoso de la naturaleza junto al horizonte vespertino. La pequeña ciudad bautizada con el mismo nombre quedaba enmarcada en el gigantesco cuadro natural, cuya hermosura dotaba de un inigualable exotismo al puerto, idóneo para los yates que surcan el Pacífico Sur.
Muy cerca se encontraban la Reserva Natural de Wasali y las cascadas de Vuadomo. Cuánto echaba de menos Hipólito a su íntimo amigo Amadeo Grosso. Seguro que habrían pasado momentos inolvidables buceando en la bahía o en la excepcional Reserva Marina de Namena.
–No vas a estar desatendido o desamparado –respondió Arnedo–, aunque pienses que va a ser así recuerda que un sistema de vigilancia permanente seguirá tus huellas y nos enviará información en tiempo real. Te acompañaremos virtualmente, pero como si fueran los latidos de tu corazón.
–¿Cuándo conoceré al clon de Sarkov? ¿Entraremos juntos en el Membrin?
–Hay prevista una reunión pasado mañana a las 15:00 a.m. hora gerusa, en el aeropuerto de Ostinoff. Allí detallaréis lo necesario y ambos entraréis juntos en la sede del gobierno geruso.
–El Membrin es impresionante por su tamaño y controles de acceso, imagino que el clon…
–No tienes que preocuparte por nada más. Desde vuestra entrevista en el aeropuerto, el clon y tú seréis uña y carne siendo él quien se encargue de todo hasta que os encontréis fuera del edificio de nuevo.

–Bueno, ¿y la documentación, tarjetas de seguridad, permisos de acceso… ¿el clon será instruido para utilizarlos?
–Lo tiene todo en la cabeza, porque es la misma que la de Sarkov. No puede fallar, Hipólito ¿estamos?
Cada vez que oía esa coletilla, a Hipólito Espejero le bullía un enjambre de abejas en el estómago.
–Te recuerdo las condiciones pactadas con el presidente Nadal –apuntó el futuro asesino de Robin Vladivostok–: seis millones en una cuenta en Gibraltar, casas-refugio en distintos lugares del mundo, un inhibidor del … –. José Arnedo le interrumpió con gesto de impaciencia.
–… del sistema Teseus de espionaje para telecomunicaciones. Y no me olvido tampoco de tu flamante coche mensual que recibirás siempre de manos del mismo conductor, por seguridad. Como verás, estoy al tanto. Mañana recibirás veinte mil euros para gastos y todo lo demás cuando termines la misión.
–Hay una cosa que no me queda del todo clara. ¿Por qué no puede el clon encargarse del asesinato?
–En primer lugar porque no sabe de artes marciales, que es la única arma con la que podemos contar para no levantar sospechas de ninguna clase. No podemos permitir que la investigación de armas blancas o de fuego, huellas y/o venenos puedan dar pistas a los gerusos.
–¿Y en segundo lugar?
–Pues nos enfrentamos a los principios éticos del propio clon, que podrían impedirle actuar con violencia para provocar la muerte. ¿Te sirve?
Hipólito Espejero asintió a los pocos segundos.
Guillermina Conrado, comisaria jefe de la Policía Nacional en Madrid, observaba desde la sala de masaje tailandés el panorama de edificios desplegado a lo largo del Paseo de la Castellana. En su mente se sucedían imágenes de sus encuentros carnales con el ex showman Jose María Índigo allá en el hotel de la Castellana que tanto éxito tenía entre los miembros destacados de la sociedad española.
Desde que Índigo perdió su mansión de la Sierra Madrileña por el incendio cuyos autores seguían sin identificar, el presentador de shows de la sala Florida Park se había visto obligado a residir en una habitación del Flamingo Star, lo más selecto de Madrid. Hacía varias semanas que Índigo había decidido retomar su relación con la inspectora Guillermina, de quien se hallaba alejado debido a su otra relación con Olivia Turner, novia del periodista de investigación Ploteo Hermida.

Guillermina había engordado ostensiblemente desde que Josemi la apartó para encamarse con la Turner. Aparte de la indecisión de esta sobre si abandonaba o no a Ploteo, a Índigo no le gustaba el rechazo de Olivia hacia las sesiones sado maso que organizaba Anselmo Coello Puello, el directivo de la cadena CRONOS TV. Esas experiencias al límite entre la dignidad humana y el comportamiento de las bestias suponían para Anselmo una válvula de escape vital para soportar las tensiones inherentes a su trabajo.
Y Josemi Índigo participaba como el que más en aquellas bacanales, donde el alcohol y las viandas más exquisitas adornaban la fiesta. La inspectora Guillermina era también asidua a la comunión orgiástica organizada por Anselmo y allí se conocieron, en la mansión sado maso del director de Cronos.
Era corriente encontrar entre los visitantes del lupanar a grandes figuras de todos los ámbitos tanto intelectuales como artísticos, donde empresarios de la más variada extracción se sometían a los caprichos sexuales de un afamado torero, una recatada diseñadora de moda o políticos de actualidad, empeñados en ocultar su conocido rostro con careta de cuero y su voz con tapabocas propios de la actividad del sado.
Muchos personajes no tan expuestos a la publicidad que otorgan los medios frecuentaban también tan libidinoso ambiente, por lo que aquel aquelarre vicioso conseguía reunir a personajes influyentes, algunos decisivos, para obtener prebendas y favores de todo tipo.
Desde su camilla de fisioterapia, Guillermina Conrado acababa de decidir que su obesidad de 130 kilos no iba a resultar inconveniente para disfrutar de todo tipo de excesos en la mansión de Coello Puello. Sobre los asiduos a ese lugar iba a hablar con Josemi Índigo nada más terminar la sesión de masaje.
Tomó una ducha escocesa como colofón a la relajante experiencia y se dirigió al restaurante Kino´s Bar, donde la esperaba Jose María Índigo con su peluca y su mostacho postizo. Ese santuario del buen comer se hallaba cerca de las oficinas donde trabajaban los plumillas Mateo y Ploteo, por lo que al entrar estos poco después para darse un homenaje, ambos reflejaron una gran sorpresa en sus caras al ver al insigne amiguete de copas Josemi en animada charla con Guillermina, la reciente gran colaboradora de los dos periodistas.
–¿Has visto lo que yo, Ploteo?
–Así es –dijo Mateo todavía boquiabierto–. Guillermina conoce a Índigo y parece que no es la primera vez que se ven, desde luego ¿Qué estarán tramando?
–Para mí que esos dos son algo más que amigos. Mira cómo se cogen las manos.
–¿Crees que nos pueden llegar a ver? –inquirió Mateo.
–No creo, estamos en el último rincón del Kino´s, el rincón de las confidencias, ¿recuerdas? Además, hemos entrado por la puerta opuesta.
–La verdad es que el Kino´s es una caja de sorpresas. No me extrañaría ver por aquí a otros personajes de nuestra truculenta historia reciente. Esto se está volviendo cada vez más arriesgado, Ploteo.
A continuación, llegaron las cervezas de malta que habían pedido.
–Brindemos por los viejos tiempos –celebró Mateo–. Los de ahora no parecen un buen presagio.
Ploteo se quedó mirando a su compañero con una sonrisa cómplice.

Guillermina y Josemi charlaban distendidamente en una mesa alejada de los reporteros lo suficiente como para no haber detectado aquellos su presencia.
–Bueno, Josemi, esta comisaria jefe acaba de encontrar el momento para proponerte algo muy lucrativo. ¿Estás dispuesto a lucrarte?
–Vaya, si es por una causa justa… –ironizó Índigo alisándose el mostacho de attrezzo.
–Sii, tan justa como que vamos a dar su merecido a muchos de los que gozan en sus carnes del alivio que les supone el castigo masoquista del que disfrutan en la casa de tu amigo.
–¿Coello Puello está metido en esto?
–En absoluto. Nos reservaremos el beneficio para ti y para mí. Es una operación a dos bandas, no a tres –ratifica la comisaria.
–¿Y en qué va a consistir tan jugosa operación, cariño?
–Extorsionaremos a los personajes, los peces más gordos que aparecen por casa de Coello, mediante imágenes de vídeo que alguien se encargará de filmar. Pero no pararemos solo a cambio de euros sino también de favores y ventajas múltiples en muchos asuntos. ¿Te gustaría ser propietario de bienes inmobiliarios, de terrenos y viviendas en los lugares más revalorizados de nuestra geografía?
–¿Y puestos-chollo para mis familiares o algunos amigos de mi mundillo?
–Cuenta con ello.
–También necesito rehabilitar por completo mi mansión de la Sierra, que ha quedado devastada por el incendio, como sabes…
–Sin duda alguna. Está hecho.
–Pero eso nos llevará mucho tiempo ¿no, Guillermina?
–Nada de eso. Conocemos de sobra a nuestros queridos compañeros de orgías. Sabemos a quién hay que empezar a grabar ¿no te parece?
–¿Y si alguno no quiere colaborar?
–A quien no quiera colaborar –dice Guillermina– le ponemos muestras de droga en sus casas para su escarnio público en los medios y vergüenza de su familia. Sé a quién hacerle el encarguito.
–Pero, en fin, puede que ellos descubran nuestra identidad. ¿Seguro que nunca la has revelado?
–Tengo una especial habilidad para mantener cubiertas las partes del cuerpo más reconocibles. Las otras son más comunes a todos los seres humanos. ¿Tú también estás libre de delatores?
–Siempre he sido exquisito en ese aspecto, no te preocupes. Mi disfraz de peluca y mostacho lo dejo en casa cada vez que vengo. Si alguien me ha visto alguna vez como realmente soy sería incapaz de reconocerme como el showman. Pero hay un escollo, y ese escollo se llama Anselmo.
Guillermina chasqueó la lengua y replicó con tono de superioridad.
–Si llega a convertirse en escollo lo vamos a sortear fácilmente, déjalo de mi cuenta.
–Pero Anselmo nos conoce, y yo soy buen amigo suyo. Es mejor que no se entere de que vamos grabando por ahí a la gente, por favor.
–Para eso tengo a un sicario que lo hará muy pero que muy bien. No te preocupes, amorcito.
Acto seguido, la comisaria sujetó una mano de Jose María Índigo entre las suyas.
–Vamos a esa habitacioncilla tan mona que tienes en el Flamingo Star. Nos está llamando a gritos.
La bella Lucía Canales se esmeraba en su trabajo para CRONOS TV grabando con su gran cámara profesional de televisión, con la que conseguía unos encuadres únicos, aunque tuviera a su alrededor a la marabunta habitual de periodistas y colegas de profesión luchando por un metro cuadrado de espacio. Vivía con su perrita Border Collie en un apartamento de la madrileña ciudad de Alcobendas, donde había conocido a una tal Aminda Pérez, cinco años más joven que ella, profesora numeraria de Física Aplicada en la Universidad de Madrid.
Lucía y Aminda habían cortado su relación desde hacía un año, siendo así que la bisexualidad de Lucía la había llevado a experimentar con parejas de distinto género en ese plazo sin que se sintiera satisfecha con ninguna.
Sin embargo, cuando entró en su vida Ploteo Hermida, descubrió algo en él que la hizo ganar autoestima y sentir algo que no había conseguido nadie más. Ploteo aportaba algo indefinible que la hacía sentirse segura y confiada. Era como un gran amigo (no en vano se conocían desde hacía años) con derecho a compartir lecho y casa durante un par de meses, el mismo plazo transcurrido desde que Olivia había decidido entregarse a Índigo. La relación de Olivia con Ploteo hacía agua por todas partes.
–Entiendo que no quieras hablar de eso, Ploteo –le susurraba ella con dulzura. Ambos disfrutaban del cielo estrellado en una noche de otoño fresca como el rocío mañanero. La terraza del apartamento de Lucía daba a un descampado con una amplia pradera flanqueada por hileras de chopos. La bóveda celeste se enseñoreaba de la noche ofreciendo un brillo inusitado.
–¿Sabes, Ploteo? Me gustaría que lo nuestro fuese duradero. Necesitaba tu compañía. Hace tiempo que mi amiga Aminda me dejó y desde entonces no he encontrado el equilibrio. Creo que yo no daba la talla debido a su elevado nivel de vida. –A continuación, dio un sorbo a su burbujeante copa de cava. Relamiéndose con el sabroso brebaje, hizo una pregunta que pilló por sorpresa a Ploteo.
–Conoces a Eurípides Pascal ¿verdad?
–El ex–Secretario de Estado y ahora presidente del gobierno en funciones, sí. ¿Qué tiene que ver en esto ese individuo?
–Aminda Pérez es su sobrina.
Y hasta aquí llega el decimosexto episodio de esta saga. En breve publicaré el capítulo siguiente.
Haz click en el corazón de más abajo si te ha gustado y deja por favor tu valioso comentario.
Te deseo salud y suerte en la vida.
Nota: todas las imágenes de este post incluida la portada las he elaborado desde la página bing.com/images/create/ a no ser que se indique otro origen en el pie de foto.

No Comments