Un crimen impune | MARCOSPLANET | Descubre la magia de viajar
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Un crimen impune

(Ver capítulo anterior)

Un crimen impune se revela entra escamas de nieve. Eran las seis de la tarde de un lunes particularmente frío. Los copos caían sin cesar desde hacía varios días acumulándose en tejados y ventanas. Transeúntes atentos caminaban con cuidado por las calles heladas, quedando expuestos a los desprendimientos de escarcha. Esta se precipitaba desde los colmados  aleros.

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Un peatón permanecía de pie sobre la acera esperando a que el semáforo le permitiera cruzar la calle. El hombre protestó cuando una porción compacta de masa helada cayó sobre su hombro. Miró hacia arriba y comprobó que procedía del alféizar de una ventana que alguien había abierto en la tercera planta del Instituto Biomédico, el edificio situado a su espalda.

En la sala de juntas, dos hombres observaban circunspectos el semblante demacrado de Vladimir Penko, lo que evidenciaba que probablemente se había pasado la noche entera en vela.

–Bien, Vladimir –dijo Scropoff–. Nos tienes intrigados. Tu llamada de anoche a última hora y toda esta ceremonia de convocarnos en la gran sala…

Penko miró a los dos con el rostro inexpresivo.

Su palidez contrastaba con el oscuro traje de lana que parecía haber estrenado para la cita.

Al hablar lo hizo con voz desprovista de emoción.

–Sabéis que en las últimas semanas me he visto afectado por esa interminable serie de pruebas que alguien me esta haciendo llegar con un motivo que desconozco. Más de una vez he intentado restarle credibilidad a tal cantidad de evidencias sobre vuestra confabulación, pero ha llegado el momento en que el vaso de mi paciencia se ha desbordado.

 

Un crimen impune

 

Los dos hombres que tenía frente a él se miraban inquietos.

–Olvídate de eso. Es un podrido montón de inmundicias… –dijo Scropoff con un reflejo de nerviosismo en la voz.

–Tengo pruebas suficientes para acabar con todo esto, apreciados amigos –afirmó Penko con el rostro desencajado.

– ¿Acabar?  ¿A qué te refieres Vladimir? –inquirió Antonov.

Penko desenfundó la nueve milímetros parabellum que guardaba en el bolsillo interior de su chaqueta, apuntándole directamente a la cabeza.

–Nn–no estás en tus cabales… –gimió Antonov, mientras en un torpe intento por levantarse empujaba el armatoste de silla en la que se había sentado cayendo ambos al suelo, con su corpachón medio encajado entre las patas de madera.

–Ya te hemos dicho mil veces que te están manipulando –chilló desde su cómica postura el antiguo miembro de la Duma. Una mancha de humedad empezó a oscurecer la lana de sus pantalones a la altura de la entrepierna.

Qué bien le habría ido si nunca hubiera abandonado la vida política.

Vladimir Penko  pronunció su sentencia:

–Ya no tendrás que insistir más –dijo. Y descerrajó un tiro que penetró limpiamente en la frente del ex ministro.

Scropoff se agachó para intentar auxiliar al amigo que se desplomaba a su lado. Su nuca quedó expuesta ante el asesino.

Un segundo disparo perforó el hueso occipital del cráneo de Scropoff, quien tras una sacudida cayó al suelo sin llegar a articular el “no” que pugnaba por salir de su garganta. Dos, tres espasmos más y dejó de existir.

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Dos cadáveres yacían uno frente al otro mirándose mutuamente, como si sus ojos intentaran aún encontrar una explicación. El triunfo de un crimen.

A continuación, Vladimir Penko introdujo el cañón en su propia boca y apretó el gatillo.

Se desmoronó sobre el suelo como un muñeco de trapo, notando cómo un hilo de luz se desvanecía en su interior hasta apagarse completamente. En menos de tres minutos exhaló su último aliento.

 

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Un crimen impune

Esta fase de eliminación llevó a Eric un mes de tiempo. La jugada milimétricamente calculada desencadenó el progresivo desmantelamiento de la red tejida por los rusos, quedando interrumpida la producción de embriones en los distintos centros de su influencia.

En poco más de un año, Rocco y Eric se hicieron con el control en la red más oscura del crimen. Fue como si en un circuito eléctrico se hubiera interrumpido el paso de corriente para volver a fluir tras un breve lapso de tiempo. Cada contacto en el circuito reanudó su actividad. La mayoría de los centros de producción retornaron pronto a su labor y aunque algunos cerraron sus puertas y no las volvieron a abrir, otros nuevos se unieron al proceso.

La red experimentaba un lento crecimiento. Eric y Rocco le dedicaban buena parte de su tiempo, conscientes de que aquello acabaría engrosando de forma abundante sus beneficios.

Cada vez se hallaban más cerca del objetivo. Con crimen o sin él.

 

Continuará en el próximo capítulo.

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Si quieres ver dónde empieza esta historia y seguirla paso a paso pulsa aquí.

5 Comentarios
  • Jose Ant. Sánchez
    Posted at 14:09h, 09 noviembre Responder

    Muy interesante e intrigante, aunque tengo que ponerla en contexto con el resto de capítulos.
    A ver si encuentro un huequito en mi poco tiempo y les pego un repaso.
    Enhorabuena, Un abrazo.

    • marcosplanet
      Posted at 18:18h, 09 noviembre Responder

      Muchas gracias, Jose Antonio! Espero que te agrade también el resto de esta historia.
      Saludos cordiales.

  • Ainhoa
    Posted at 15:10h, 09 noviembre Responder

    Que intriga! Nada, que me quedo en el blog para leer más

    • marcosplanet
      Posted at 18:17h, 09 noviembre Responder

      Muchas gracias por tu interés. Ya me contarás si te gustan también los anteriores capítulos.
      Un cordial saludo!

  • Tinta en las olas
    Posted at 21:33h, 09 noviembre Responder

    Tengo que leer los otros capítulos, me pasaré y podré hacer un comentario a la altura. Un abrazo.

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