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Cervantes y su quimera. Microrrelato de los jueves

Reto de los jueves organizado por Neogéminis:

Personaje descontextualizado

 

—¡Pardiez que no tengo idea alguna sobre quien demonios eres! —protestó don Miguel de Cervantes Saavedra ante la presencia de mi persona en su despachito en Madrid.

»Estamos en el mes de noviembre, corriendo el año de nuestro señor de 1615 y en breve mi amigo Juan de la Cuesta publicará la segunda parte de El Quijote, ¡la auténtica, válgame Dios! Así el mundo sabrá que la publicada por ese tal Avellaneda el pasado año no es más que un chiste mal escrito.

»Te advierto, extraño individuo ¡no invadas mi propiedad o te ensartaré con mi daga!

—Me presentaré, don Miguel. Soy Alonso Fernández de Avellaneda, autor de la segunda parte de “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha”.

—¡Voto a bríos! ¿Cómo es posible que estés aquí, ante mí, escupiendo blasfemias de semejante jaez?

—Pues sí, mi editor publicó el año pasado en Tarragona el “Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” y desde ese momento usted me hizo inmortal. Gracias a su obra magna, aunque denostada injustamente por don Lope de Vega y sus colegas, yo he podido continuarla y obtener mi propia obra ilustre.

—¡De ilustre nada! Es una memez y un insulto a la sapiencia que encierra “El Quijote”, una obra y un personaje que intuyo tendrán un tratamiento de creación magistral de la literatura de todos los tiempos. Y tú… ¡tú! No eres más que un mero actor, una invención, una quimera producto de la vileza de mi adversario don Lope, a quien lo de “don” le viene harto grande.

—Don Lope y yo no tenemos nada que ver, se lo aseguro don Miguel.

—Él es responsable de que circule por ahí esa farsa agonizante, como si la continuación de mi obra pudiera ser cualquier cosa. Esa patética historia es de una nimia calidad y me ofende profundamente.

—Voy a confesarle algo que desconoce. Yo vengo del futuro, don Miguel, donde se sigue reconociendo la maestría de su obra. Tan solo pretenden igualarla los británicos con el gran William Shakespeare, pero eso es harina de otro costal.

—He oído algo sobre sus obras teatrales, aunque no tenemos el gusto de conocernos. Así que, tu vienes del futuro ¿no?  Ya, ¿acaso crees que yo mismo adolezco de las visiones exaltadas de mi personaje Alonso Quijano? ¿De dónde sales en realidad? No sé cómo has podido entrar en mi residencia.

—Porque no soy de carne y hueso sino, como bien dice usted, soy una quimera que vuela por su imaginación y que ha tomado forma para comunicarle algo. Deseo fervientemente que firme con mi nombre su segunda parte de “El ingenioso hidalgo…” Así pasaré a la historia como el gran continuador de El Quijote.

—Todos saben que el quijote de Avellaneda es una burda patraña, mentecato miserable.

—Pero si usted, Miguel de Cervantes Saavedra, firma aclarando que Alonso Fernández de Avellaneda es su verdadero nombre…

—Y si no lo hago, ¿qué?

—Tengo el poder de acabar con su vida cuando quiera. No me ando con minucias.

 

Nota final: como es sabido, la segunda parte de «El Quijote» fue publicada el 6 de noviembre de 1615 bajo el nombre del incomparable don Miguel de Cervantes Saavedra.

Cervantes murió unos meses más tarde, el 22 de abril de 1616.

 

©Marcos Manuel Sánchez Sánchez


 

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