ANTEQUERA, UNA FORTALEZA SURGIDA EN LA NOCHE DE LOS TIEMPOS.

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Por su situación privilegiada en la inmensidad de una reserva natural antiquísima, Antequera es llamada “el corazón de Andalucía”. Asentada en un corredor del paisaje que discurre entre el litoral mediterráneo y el Valle del Guadalquivir, enclave estratégico que ha influido en su historia milenaria, Antequera guarda en su regazo valiosos restos históricos de culturas muy diversas. Y cuenta con espacios naturales protegidos trascendentes, junto con espléndidos olivares y viñedos.

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Arco de los gigantes. Data del siglo dieciséis y fue añadido a una antigua puerta nazarí. Incorpora figuras e inscripciones romanas que atestiguan sus orígenes ancestrales, junto a inscripciones latinas en recuerdo a los asentamientos próximos a la Anticaria romana, como Osqua, Arastipi o Nescaria.

Para acceder al recinto de la Alcazaba entramos bajo el Arco de los Gigantes o Puerta de Hércules, que se levanta en 1585 en sustitución de la puerta musulmana conocida como de Estepa o de La Villa.  Disponía de una gran hornacina flanqueada por dos aletones, y hasta el s. XIX estuvo presidido por una enorme estatua romana de Hércules. La jarra de azucenas junto al castillo y el león de la cornisa, conforman el escudo de la ciudad.

Esta construcción es muestra del interés de la ciudad por legitimar sus orígenes en la época renacentista, recuperando su esplendor clásico a través de los vestigios de la civilización romana. Aunque el legado árabe la hace única e irrepetible.

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El Recinto Monumental de la Alcazaba de Antequera se construyó en un pequeño monte integrado en la medina islámica, sobre antiguas edificaciones de lo que fue la Anticaria romana y visigoda, un preludio de los asentamientos de musulmanes a mediados del siglo VIII. Los árabes la llamaron Antaqira, “la Antigua”. Son testigos del paso de los siglos por Anticaria los importantes yacimientos prehistóricos, de la Edad del Bronce, como los dólmenes de Menga, Viera y el Romeral, considerados el conjunto dolménico más importante de Europa.

La Alcazaba de Antequera fue iniciada en el siglo XI aunque gran parte de las murallas y las torres conservadas datan de la primera mitad del siglo XIV.20180418_141031

Es la torre del Homenaje, de planta angular, la más importante de todo el recinto. Está considerada como la de mayor anchura de las torres musulmanas andaluzas. Sobre ella se construyó, en 1582, un templete campanario para alojar  la campana mayor de la ciudad cuyo sonido regulaba los riegos de la vega.  Es conocida popularmente como la Torre de Papabellotas, por haber tenido que vender la ciudad un alcornocal para sufragar los gastos ocasionados al construirla. En el siglo XVI se instaló un reloj cuyo mecanismo se puede observar desde el interior.

La historia de la Alcazaba se remonta a la época romana, pero fue durante la ocupación árabe cuando adquirió una gran relevancia en el reino andalusí.

Desde este templete se puede disfrutar de impresionantes vistas tanto de la localidad y sus destacados monumentos como del paisaje donde se halla enclavada, una cordillera constituida por una cadena de sierras calizas del Jurásico agrupadas en tres sectores separados por el Valle de Abdalajís y el Puerto de las Pedrizas.

Unida a la Torre del Homenaje por una cortina de muralla encontramos la Torre Blanca. Reforzada por dos contrafuertes, sorprende por la perfecta alineación de sus muros.

Desde la Torre Blanca partía una segunda muralla hacia el sur, donde se construyó la Puerta de Málaga. Tras la conquista cristiana esta torre fue utilizada como ermita y la llamaron “Virgen de la Espera”.

Unas notas musicales nos trasladan a esos tiempos pretéritos, donde la grandeza de las culturas se expresaba a través del  arte y construcciones casi imperecederas:

Subimos las dos plantas de la Torre Blanca y admiramos las estancias cuyos techos terminan en bóvedas de ladrillo iluminadas con troneras y ventanas de herradura. Estaban destinadas al uso de armamento neurobalístico (anterior al descubrimiento de la pólvora). La planta baja se dedicaba a la defensa de la torre pero la segunda se utilizaba como residencia.

En este recinto amurallado de la Alcazaba de Antequera también descubrimos otras torres y vestigios importantes como la Torre de Albarrana de la Estrella, la Torre Torcida, Puerta del Agua, la Puerta Cristiana o el Algibe.

La Torre de la Bisagra, descubierta en el año 2000 y restaurada, se denomina así por ser el lugar donde se unen por un lado las murallas que protegían a la población de la ciudad y por otro las murallas del primer recinto fortificado.

Al pie de la demolida Torre del Quiebro está la tumba romana del Siglo I d.C., una estructura funeraria colectiva donde se albergaban las cenizas de los difuntos.

El Patio de Armas, destinado al acuartelamiento y adiestramiento de las tropas nazaríes, contaba con un aljibe de almacenamiento de agua para abastecer a los usuarios. En él se halla una mazmorra subterránea musulmana donde se abandonaba a los prisioneros.

En el paisaje encontramos encinas, quejigos, serbales o arces. Las formaciones de espinares y zarzales suelen cubrir gran parte de la sierra, con madreselvas, arbustos y plantas de la orla forestal: espino, sauco, zarzamora, rosal silvestre… Por la belleza de las formas que origina en combinación con la roca llama la atención la hiedra, muy abundante en el Torcal Alto.

Dejamos para otro post el Torcal, un paraje natural con gran riqueza de flora y fauna y unas formaciones rocosas kársticas espectaculares.

Las Barbacanas: son una estructura defensiva medieval que servía como soporte al muro que rodeaba cualquier fortificación, construidas como parapeto o antemuro exterior y se situaban sobre una puerta o un puente.

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Pertenecen a la época nazarí (1232-1410), cuando se realzaron las torres con mampostería para adaptarse a la nueva maquinaria de asedio. Constituyen un muro de más de 700 metros, que se antepone a la línea defensiva de la muralla en los puntos más débiles para mejorar su defensa.

Las murallas de levante eran el cierre oriental del primer recinto defensivo, en época almohade (siglo XII).

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La Alcazaba de Antequera fue declarada el 22 de Junio de 1993 Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico de España.

La fortaleza forma parte del casco histórico de la ciudad, junto a la Real Colegiata de Santa María y las Termas Romanas.

Durante la visita a La Alcazaba también se visita la Colegiata.

Visitas y horarios: Andalucia Turismo

SOBRE ANTEQUERA.

En el año 1410 Antequera fue reconquistada a los musulmanes por el infante Don Fernando, que fue rebautizado por ello como “el de Antequera”. Curiosamente, en las dependencias de la Alcazaba se celebraban las Cortes de Aragón, donde el rey Alfonso V trataba los asuntos de mayor importancia que afectaban al Estado. Será con la proclamación del Califato de Córdoba (912-1016 d.C) cuando Antequera se convertiría en un núcleo de carácter pacificador y ámbito estatal.

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La Peña de los enamorados

Según la leyenda, un cristiano cautivo en Granada de nombre Tello, se enamoró de la mora Tagzona, decidiendo escapar hacia los parajes cristianos de Antequera. En su huida, fueron descubiertos por el padre de la joven quien ordenó a sus saeteros que los detuviesen. Treparon los amantes por la Peña que hay a medio andar entre Archidona y Antequera y, viendo que iban a ser capturados, decidieron que preferían morir unidos a vivir separados, por lo que engarzados en un último abrazo se lanzaron al vacío desde lo alto de aquella roca, bautizada desde entonces con ese nombre. “De la tajada peña se arrojaron y en el aire las almas dejaron” (Carvajal y Robles).

LA COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR.

Esta iglesia es un excepcional alarde de proporciones donde admiramos ejemplos de estilo gótico y elementos decorativos del renacimiento italiano emergente en esa época. La construcción se estima que data de los años 1514 – 1550.

Los bloques de piedra arenisca calcárea con los que se edificó procedían de la ciudad romana de Singilia, en el noroeste de Antequera.

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La fachada exterior es grandiosa. Cuenta con tres magníficas puertas y una ornamentación que se va separando del gótico tardío.

El templo no se dedica al culto, sino a acoger conciertos y exposiciones itinerantes. Se nos presenta como un bello salón de imponentes columnas de estilo jónico sobre las que se disponen cinco arcos de medio punto decorados con perlas.

La Capilla Mayor está cubierta con bóvedas de estilo gótico-mudéjar dibujando dos grandes estrellas, de seis y ocho puntas. Es muy luminosa gracias a las elegantes ventanas de tipo florentino, tan sólo una muestra más de la influencia italiana presente en otras zonas del interior.

El resto de las capillas de esta Colegiata comunicadas con las naves laterales reflejan tipos y épocas diferentes.

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A los pies de la Real Colegiata de Santa María La Mayor, se pueden contemplar unas excavaciones arqueológicas que corresponden al primer yacimiento urbano descubierto en el casco histórico de Antequera. Son las Termas Romanas descubiertas en 1988 y que sirvieron para demostrar la existencia del asentamiento romano de Antikaria.

Por último decir que la visita a Antequera, altamente recomendable, necesita más de un día para ver todos sus monumentos y lugares de interés: Iglesias, conventos, ermitas y palacios civiles construidos entre los siglos XVII y XVIII enaltecen su barrio viejo, situado a los pies de una elevación natural del terreno coronada por la sin par Alcazaba.

En la imagen, un paisano posa junto al homenaje en bronce a dos de los hijos más ilustres que tuvo Antequera durante el siglo XX: el célebre poeta José Antonio Muñoz Rojas, Premio Nacional de Poesía en 1998 por la obra “Objetos Perdidos”, y el polifacético José María Fernández, intelectual responsable de algunas de las investigaciones más destacadas sobre el Patrimonio Histórico y Artístico de la ciudad.

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GASTRONOMIA ANTEQUERANA.

Uno de los platos más conocidos de la gastronomía antequerana es la porra, que se elabora fundamentalmente con pan, aceite, ajos, tomates y pimientos. Otros primeros platos típicos son: el ajoblanco, el pimentón, el gazpachuelo, las migas y algunas ensaladas, como la de cardos.

Mención de honor tienen en este espacio los MOLLETES DE ANTEQUERA, incomparables, tiernos, recién horneados, para saborear tranquilos, sin apreturas de tiempo ni espacio:

Para empezar el día con buen pie, lo mejor es degustar un buen mollete con aceite y jamón ibérico. El mollete es un pan de origen árabe, blanco, blandito y riquísimo. Lo puedes tomar con muchas cosas: jamón, tomate, pringá, zurrapa, chicharrones…

Composición de la pringá: picadillo de las carnes de los cocidos y las berzas de la tierra, con magro, falda, tocino, pollo, morcilla, panceta y lo que ese día hubiera caído en el puchero. Tropezones que se desmenuzan para untar medias tostadas calientes y crear la peor de las adicciones, la más duradera. Es indiferente que se unte en molletes, bollitos, o medios panecillos candeales por ejemplo. Delicia de dioses.

El bienmesabe: un postre con base de almendras, bizcocho y canela. Y está para no dejar ni una miga.  Aquí unas notas para preparar un excelso bienmesabe.

Dónde comer en Antequera: http://turismo.antequera.es/donde-comer/restaurantes/

En un próximo post hablaremos de El Caminito del rey, una vivencia absolutamente única en lo que se conoce como turismo experiencial.

RONDA, LA SERRANÍA EMBRUJADA DE MÁLAGA.

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En la llanura elevada y en los valles del norte, la esencia de Ronda son el encinar y la dehesa, son vegas sembradas de campos amplios y cordones de montañas; en los valles sureños es tierra de castañar, encinares, pinares y de frutales que se extienden en las riberas de ríos como el Guadalhorce. Desde Ronda y su atalaya privilegiada se contemplan las lindes de Málaga. Cien kilómetros las separan.

Cuando los árabes dominaban la península, contaban en Ronda con una muralla natural por la excelente posición de la ciudad elevada sobre “el Tajo” de Ronda, una garganta excavada por el río Guadalevín que nos asombra con 500 m de longitud y 100 m de profundidad. Los límites de la medina musulmana los completaban las murallas de la ciudad: las situadas al Sur, Levante y Poniente.

Ronda refleja un completo cruce de culturas. El historiador Plinio ubica ya a Ronda en la historia cuando en uno de sus escritos se refiere a la Arunda del siglo VI a.C., habitada por los celtas bástulos, mientras que apunta a los íberos como fundadores de la cercana Acinipo. Después la conquistaron sucesivamente y con distinta extensión en el tiempo los fenicios, los griegos, los cartagineses y la imperial Roma. Los romanos la denominaron Laurus y levantaron el hoy desaparecido Castillo del Laurel, desde donde podían observar los movimientos de las tribus celtíberas, enemigos asiduos. Pero el más relevante fue el municipio de Acinipo y no Arunda, como lo demuestra el hecho de que Acinipo llegó a acuñar moneda.

Y es que entre los siglos IX y VIII a.C se asentaron los fenicios en la urbe pero con la presencia romana en Acinipo a partir del año  206  a.C.  llegaron  grandes  cambios,  tales  como  la  construcción  de  edificios monumentales  y  la  acuñación  de  moneda  propia con imágenes de  espigas  y  racimos  de uvas,  símbolos  de  la  prosperidad  de  la  ciudad donde, más tarde, a mediados del siglo I d.C. se construyó el teatro que es lo que hoy se encuentra en mejor estado de conservación.

Las ruinas de Acinipo se encuentran a 20 kilómetros de la actual Ronda, en el Partido rural de Peñacerrada, Carretera MA-7402, km 11,8. y son visitables todo el año.

El título de ciudad le fue otorgado por el emperador Julio César en el siglo I a.C. sobre las ruinas del mencionado asentamiento celta de Arunda.

A partir del siglo III d.C. Acinipo entró en decadencia y donde se ejercieron las funciones administrativas fue en la cercana Arunda (la actual Ronda). Tras la desintegración del Imperio Romano, Ronda y Acinipo sufrieron las invasiones germánicas, y esta última urbe estuvo ocupada también por los bizantinos, que la abandonaron definitivamente en el siglo VII, cuando en Ronda entran los visigodos ¡Un auténtico crisol de pueblos!

El lugar invita a escuchar una melodía acorde con esta ciudad y su pasado:

Los visigodos dieron continuidad a la actividad de Ronda como urbe hasta la llegada de los musulmanes, quienes la afianzaron como capital de la comarca y le dieron entidad como ciudad: Arunda se convierte así en Izna Rand Onda (“la ciudad del castillo”). En el año 711 el jefe bereber Zaide Ben Kesadi El Sebseki ocupa la ciudad sin encontrar resistencia, motivo por el cual esta fue una plaza entregada pero no conquistada, nombrándose los jefes y administradores entre sus ciudadanos, quienes sólo debían pagar un impuesto llamado capitación.

Desde mediados del siglo VIII hasta la primera parte del s.XI hubo disputas entre los propios musulmanes, lo que condujo a que el jefe bereber Abu Nur Hilal entrara en la ciudad y fundara el Reino de la Taifa de Ronda (reino independiente). Así, Abu Nur  fue el primero en ocupar el trono entre 1015-1053. En esta época se edifica la mayor parte del patrimonio monumental del casco antiguo de Ronda.

Desde el siglo VIII al XV Ronda fue una de las fortalezas más importantes de Andalucía. En esa época Ronda es la capital de una de las Kuras (Provincias) en las que se dividió al-Andalus (la de Takurunna). Su emplazamiento facilitó la defensa de la ciudad y le permitieron el dominio de los pasos y caminos hacia la Baja Andalucía. Si se suma esto a la diversidad de tierras para la labranza se entenderá la importancia histórica de este enclave.

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El origen de El Tajo o garganta del río Guadalevín, que separa en dos zonas el municipio, se remonta a cinco millones de años. El río discurre encajonado en un desfiladero cuando atraviesa la ciudad y el valle se ha abierto formando la conocida Hoya del Tajo, que se puede contemplar desde los balcones de la Alameda o el Puente Nuevo.

Hay pocos accidentes geológicos tan llamativos como el Tajo de Ronda. Según Vicente Pimentel y Miguel Montes, ambos profesores de Biología y Geología del I.E.S Pérez de Guzmán en Ronda: ”… Hay relieves en España que se pueden parecer, como los cortados en Cuenca, los Mallos de Riglos en el Prepirineo de Huesca, y los conglomerados de Montserrat. En Málaga, las formaciones de Setenil de las Bodegas son de la misma naturaleza que el Tajo de Ronda y en el Cañón del Colorado ha ocurrido lo mismo, aunque con otra entidad y otras peculiaridades”.

En este artículo se resume la formación del Tajo de Ronda.

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El Parador nacional de Turismo de Ronda asomado a “La Caldera”, una hondonada circular de la garganta excavada por el río Guadalevín.

 

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Tres puentes fueron levantados en distintos momentos de la historia para cruzar la garganta del río Guadalevín: el Puente Nuevo, el Puente Viejo o de Santa Cecilia y el Puente Árabe o de las Curtidurías, obras que marcan con carácter la idiosincrasia de Ronda. El Puente Árabe de Ronda o puente Romano se encuentra a pocos metros de los famosos Baños Árabes de la ciudad. Se accede bajando desde el Puente Viejo.

Escuchemos una melodía que nos acompaña con los acordes épicos de un coro celestial:

La construcción del Puente Nuevo se llevó a cabo en treinta y cuatro años, entre 1759 y 1793.

Después de no haberlo conseguido los árabes, los cristianos intentarían construir un puente que salvara el acantilado que forma El Tajo. El aumento rápido de la población por la prosperidad de Ronda requería un puente nuevo que complementara al antiguo.

Se intentó construir un puente en el s. XVI  pero la dificultad técnica era tal que no resultó posible.

En 1735 durante el reinado de Felipe V, se edificó un arco de 35 m de anchura pero se vino abajo cinco años después acabando con la vida de casi 50 personas.

No fue sino en el s. XVIII cuando el genial arquitecto José Martín de Aldehuela consiguió llevar a cabo esta monumental y magistral obra que es el Puente Nuevo.

José Martín de Aldehuela (Teruel, 1729 – Málaga, 1802) llegó a Málaga requerido por el obispo (Molina Larios) para construir los cimientos de la catedral de la ciudad pues le precedía la fama por sus excelentes trabajos en la catedral de Cuenca.

Haciendo una comparación con el protagonista de Los pilares de la Tierra, la novela de Ken Follet, José Martín ejerce su labor desplazándose de una catedral a otra. En Málaga proyectó, además del Puente Nuevo, el Acueducto de San Telmo, para asegurar el suministro de agua a la ciudad, y la Casa del Consulado de Málaga, declarada hoy Monumento Histórico Nacional.

Y ahora llegamos al Puente Viejo  en nuestra ruta por estas calles de Ronda tan bellas, empinadas y cargadas de historia. El Puente Viejo se hizo para comunicar la antigua medina islámica con el nuevo barrio que surgió tras la conquista de la ciudad en la zona del Mercadillo, y que hoy es el Barrio de Padre Jesús. Está situado entre la Iglesia de Nuestro Padre Jesús y la Fuente de los Ocho Caños.

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Los jardines de Cuenca o Jardines de la Mina se encuentran situados junto al Puente Viejo en la cornisa del “Tajo”  y se crearon en 1975 con motivo del hermanamiento de la ciudad de Ronda con la ciudad de Cuenca. Es curioso el gran parecido con el corte kárstico de la Serranía de Cuenca:20180408_104856 modified

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Imágenes de Cuenca. Un karst es una forma de relieve originada por la disgregación de rocas como la caliza o el yeso, compuestas por minerales que se van disolviendo en el agua por la acción de los ríos o las lluvias.

Otra imagen del Puente Viejo:

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Ronda es una de las ciudades más antiguas de España. Sus orígenes datan del período Neolítico, según los descubrimientos arqueológicos efectuados en su casco antiguo. Pero hay pruebas de presencia humana en una serie de yacimientos localizados en cuevas, entre los que destaca la Cueva de la Pileta, una de las mejores muestras de arte rupestre procedentes del Paleolítico andaluz.

Otros ejemplos son restos prehistóricos como las necrópolis megalíticas: Dolmen de El Chopo o el dolmen de Encinas Borrachas, entre otros.

El palacio de Mondragón alberga el Museo Municipal de Ronda. Es un antiguo palacio árabe del siglo XIV ubicado en el casco antiguo, decorado con mosaicos de filigranas y cuidados jardines. Contiene tres patios: a la entrada vemos el patio del pozo, que es del siglo XVIII y presenta una galería con arcos de medio punto. El segundo es el patio Mudéjar del siglo XVI, aunque mezcla los estilos gótico, renacentista y mudéjar. Desde el tercer patio nos asomamos a una balconada con vistas a las sierras embrujadas de Ronda:

La Parroquia Santa María la Mayor, construida sobre las ruinas de una mezquita, muestra estilos de arquitectura que van del gótico al renacentista. Esta Iglesia se encuentra en la Plaza Duquesa de Parcent. Construida por orden de los Reyes Católicos donde antes estuvo la mezquita principal, es de estilo gótico aunque las naves y el altar mayor son renacentistas. Dentro esconde una joya: la Biblia de San Luís, un libro que encargó Doña Blanca de Castilla al Obispo de París para transmitirle la enseñanza del Evangelio a su hijo, el futuro rey Luís IV de Francia.

“Un hombre no es de donde nace sino de donde elige morir”
Orson Welles

Las cenizas del director de cine descansan en Ronda por su expreso deseo.

Los restaurados Baños Árabes del siglo XIII son una adaptación musulmana de las antiguas termas romanas y constan de las mismas partes (sala fría, templada y caliente, hipocausto y caldera y sala de recepción), pero a diferencia de los romanos, en los que los baños se realizan por inmersión en grandes piscinas, los musulmanes los dedicaban a baños de vapor y desde ellos podían contemplar amplias bóvedas con tragaluces en forma de estrellas.

Ya hemos visto que la Serranía de Ronda, formada por 23 pueblos, cuenta con un sorprendente legado histórico, pero su patrimonio natural es igualmente impactante: ricos ecosistemas e impresionantes formaciones geológicas. Es una comarca dotada de  un gran número de espacios naturales protegidos, como los tres Parques Naturales: Sierra de Grazalema, Sierra de las Nieves y Los Alcornocales. Aquí coexisten auténticas joyas del la fauna y flora peninsular como el pinsapo (un tipo de abeto), el águila real o el buitre leonado, en un entorno que invita a practicar el senderismo, la escalada, la espeleología o que incita a la sana e inspiradora observación de la naturaleza.

En la Sierra de Grazalema, las lluvias aparecen con frecuencia elevada regando de esplendor y vida todo cuanto tocan. Mágicos acordes nos inspiran:

Otro espacio protegido de extraordinaria diversidad es el Paraje Natural de los Reales de Sierra Bermeja, allá en el suroeste de las Sierras, donde abundan los pinos marítimos, enebros, alcornoques y arbustos como las coscojas, cuyas bellotas alimentan al ganado porcino. Entre la fauna, la presencia de la cabra montesa y el corzo es habitual, mientras que aves rapaces como el águila calzada, el halcón común y el búho real se enseñorean de los cielos.

En las cumbres de la Sierra de las Nieves hace años se conservaba en pozos la nieve durante el invierno para distribuirla en el verano por los pueblos de la provincia. En la crónica de una cacería celebrada en el Coto de Doñana, en la primavera de 1624, ofrecida por el Duque de Medina Sidonia a Felipe IV, a la que asistieron 1.200 invitados, se dice textualmente.”Tráiganse cada día seis cargas de nieve de Ronda en cuarenta y seis acémilas”.

Las tropas francesas al mando del propio José Bonaparte, invaden Ronda en 1810 generando un inesperado movimiento guerrillero en toda la serranía, rebelión que permaneció viva incluso después de que el ejército napoleónico abandonara la ciudad en 1812; esto condujo a la aparición de los grupos de bandoleros más conocidos de toda la España del XIX.

Durante este siglo y el siguiente se oirán con frecuencia nombres tan famosos como Juan José Mingolla Gallardo “Pasos Largos” o José Ulloa “Tragabuches”. Alguno acabó reintegrándose en la sociedad de la época, como Joaquín Camargo Gómez “El Vivillo”, quien dada su pericia montando a caballo adquirida en tareas de contrabando por la Serranía, terminó sus días como picador de toros en la cuadrilla de Morenito de Alcalá.

En el siglo XVIII Ronda afianza su presencia en la región de Andalucía: se construyen la Plaza de Toros y el Puente Nuevo, lo que aporta a la comunidad rondeña una imagen romántica de la mano de sus Sierras, donde el universo creado por las leyendas de bandoleros y la tauromaquia atraen a buen seguro a los viajeros. Los dibujos de artistas como Lewis, Roberts, Blanchard, Charles Davillier o Gustav Doré compañeros de viaje por tierras andaluzas, dedicados a retratar las costumbres, paisajes y ciudades de la región convierten a Andalucía y a Ronda en una maravillosa ilustración, en la que comparten artes y destrezas el bandolero, la maja serrana y el valiente torero.

LUGARES DE RONDA QUE NO SE OLVIDAN:

El conjunto denominado murallas de Levante es el más importante de las murallas de Ronda y se compone de una doble línea defensiva: la muralla de la Cijara y en el exterior la Primera Línea defensiva. En esa doble línea se extendían los arrabales, donde se hallaban los Baños Árabes. En el extremo norte de su trazado destaca la impresionante puerta de la Cijara.

De los vestigios de las antiguas murallas de Ronda, la muralla y la puerta de la Cijara son unos de los que mejor se conservan.

La muralla de Ronda ofrece tres frentes: la Muralla Sur, las Murallas de Levante y las Murallas de Poniente o de la Albacara.

De la Muralla Sur llaman la atención sus Puertas, de aspecto imponente y que en su día permitían controlar y fiscalizar el acceso a la ciudad.

Hay que destacar la Puerta de Almocábar:

Es una de las entradas principales de la ciudad, construida en el siglo XIII y reestructurada en el XVI, durante el reinado de Carlos I. Almocábar deriva de <Al-maqabir>, cementerio, pues la puerta era colindante con la necrópolis principal. Esta majestuosa entrada permitía acceder al Barrio Alto y a la medina musulmana. A mediados del siglo XVI se añadió otro cuerpo de acceso, consistente en un arco de medio punto con portada renacentista terminada en el escudo del rey Carlos I enmarcado por el águila imperial.

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Otro lugar digno de ver es el Palacio del Rey Moro, donde encontramos el jardín de Forestier y la Mina de agua. La planta de la casa es irregular y laberíntica, con abundantes escaleras y pasillos que sirven para salvar los desniveles.

La mina de captación de agua es una compleja obra islámica que desciende al fondo del Tajo donde discurre el Río Guadalevín. Se construyó aprovechando una grieta natural vertical donde se desarrolla una escalera tallada en la roca con más de 200 peldaños y que desciende en vertical unos cien metros. En su interior se localizan una serie de estancias, desde aljibes a habitaciones, que fueron utilizadas como polvorín y depósito de grano.

Tras bajar la interminable escalera por la galería interior excavada en la montaña, se llega a una plataforma al aire libre donde nos espera este paisaje:

GASTRONOMÍA EN RONDA:

En cuanto al aceite de oliva virgen, en Ronda se combinan elaboradas técnicas de extracción de la oliva, obteniéndose un aceite puro, de muy baja acidez, con un matiz dorado que espejea con ligeras tonalidades verdosas, de entrada al paladar plena de sabor y de gran fragancia. Un fruto de la comarca que se obtiene con mucho mimo.

Los vinos de Ronda se hallan bajo la denominación de origen Sierra de Málaga. En la etiqueta figura el nombre Serranía de Ronda. Es mucho el trabajo y el estudio que hay detrás de este tesoro líquido de Ronda. A finales del siglo XX, una plaga del insecto filoxera atacó el viñedo y este quedó prácticamente extinguido, tardando casi 100 años los viñedos en regenerarse. Desde el año 2004 se producen magníficos vinos blancos, rosados y tintos.

La tradición en esta cocina nos ofrece delicias como las calabazas rondeñas, las migas con chorizo; las gachas elaboradas con pan moreno, harina candeal, anís verde y rematadas con un toque de miel de caña;  las habas con tomate hechas con rebanada de pan cateto, comino y pimentón, las judías con morcilla o magro de cerdo y las sopas de almendras y de alcachofas o el queso de cabra de raza malagueña, con notas lácticas a leche fresca. El gazpacho a la serrana, la tortilla rondeña y  la caldereta de chivo lechal no nos dejarán indiferentes jamás.

Y cómo no mencionar la excelente miel de esta sierra embrujada, procedente de colmenares alejados de  la actividad humana, cuyas abejas liban por los parajes de la Cueva del Gato, los Molinos del Tajo, el Llano de la Cruz y los Frontones, en la Serranía de Ronda.

Esta Serranía nos conmueve al permitirnos experimentar sugestivos reencuentros con el pasado. Restos de anfiteatros romanos, señoriales castillos, atalayas y palacios, junto al legado de los baños árabes, o  cuevas primitivas que permitieron alojarse a los bandoleros, se ofrecen a la mirada cautivada del visitante para transportarle a un viaje en el tiempo.

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En próximos posts hablaremos del extraordinario espectáculo visual que es el Caminito del Rey, unas pasarelas construidas sobre el abismo en las paredes del desfiladero de los Gaitanes, en Málaga. Y os enseñaremos un precioso recorrido por la luminosa Antequera, donde el recinto monumental de la Alcazaba y la Real Colegiata de Santa María la Mayor nos sorprenderán con velados secretos.

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Rutas de senderismo en la Serranía de Ronda.

 

 

 

 

PASAJES DE SAN JUAN, DONIBANE DE LOS PESCADORES.

A los pies del monte Jaizkibel, un entramado de casas asentadas en la parte oriental de la bahía de Pasaia conforman lo que se conoce como Pasai Donibane (Pasajes San Juan en castellano). Situado en la zona nororiental de la comarca de San Sebastián, Donibane nos recrea con su bahía natural inalterada por el paso de los siglos.

El municipio de Pasajes lo conforman cuatro distritos: San Pedro, San Juan, Pasai Antxo y Trincherpe enclavados en el curso del cauce fluvial del río Oyarzun, que se ha fundido con las aguas del Cantábrico dando lugar a la preciosa ría.

IMG_20160720_120916IMG_20160720_121530IMG_20160720_121553IMG_20160720_121921Hay que olvidarse del coche y dejarlo en el aparcamiento situado a pocos minutos de la entrada a la parte antigua del pueblo. Es la mejor opción para respetar la tranquilidad de sus calles cargadas de historia. Enseguida vemos un vestigio de la chimenea de la antigua fábrica de cerámica del siglo XIX, muy cerca del Palacio Arizabalo, relacionado con una de las primeras familias que habitaron el lugar.  La entrada a  Pasai Donibane discurre por una única vía que embelesa, a la que se unen entrañables calles adoquinadas donde hay tramos que no dan cabida a un paisano y un coche al mismo tiempo.

Los distritos de Pasajes Trincherpe y  Pasajes Ancho son realmente una prolongación de los barrios orientales de la ciudad de San Sebastián. Estamos en el casco antiguo de Donibane, que se inicia en el barrio Bizkaia y se extiende hasta la cala de Alabortza.

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Encontramos casas que lucen fachadas en piedra donde los geranios se asoman y refulgen por las ventanas. La iglesia de San Juan Bautista, un templo del siglo XVII con fachada herreriana y planta de cruz latina, nos muestra una hornacina con una escultura del santo y patrón. Sobre ella un llamativo rosetón y el campanario coronando todo.

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Frente al templo se alza el ya mencionado palacio Arizabalo, actual ayuntamiento, edificio barroco del siglo XVII. Una vez pasado este templo nos recibe la Casa Platain, un edificio atribuido al siglo XVI que forma parte de un conjunto de edificios históricos adosados. Nos sorprenden arcos en piedra y pasadizos bajo las casas dibujando el mapa del pueblo.

Es un buen momento para escuchar la evocadora música de Celtic Women:

Resulta encantador sumergirse en las entrañas de Donibane y su variedad de construcciones de origen perdido en el tiempo. El casco antiguo contiene edificios como la Casa Miranda, de estilo renacentista, que exhibe dos escudos de linajes nobles. Junto a ella, la conocida Casa Victor Hugo, con acceso directo a la Bahía, fue construida en el siglo XVII y en ella se alojó el poeta y novelista Victor Hugo durante su estancia en Pasaia en 1843.

A modo de homenaje permanente, ofrece la exposición “Victor Hugo, viaje a la memoria”, con un valioso legado entre dibujos y escritos. El dramaturgo dejó testimonio de las impresiones que le conmovieron por su incomparable paisaje y costumbres en la obra “Los Pirineos” publicada en 1890.

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Uno de los muros lleva grabado este escrito: “Cuando dormitamos a la orilla del mar, todo mece y acaricia el oído, el ruido del viento sobre las olas, el ruido de las olas sobre las rocas. Oímos, a través de nuestros sueños, los lejanos cantos de los marinos”.

Podemos imaginar la inspiración que para este amante de la literatura pudo suponer la contemplación de las bellas aguas de la bahía de Pasajes, reflejada en sus magistrales textos y grabados allá por el verano de 1843. Él lo describió así: “un pequeño edén resplandeciente…, más célebre si estuviera en Italia”.

IMG_20160720_143348IMG_20160720_143746Se dice que Orson Welles también cruzó la bahía en ocasiones, siempre en otoño, para comer y estar un rato leyendo en paz en el restaurante Casa Cámara.

En el embarcadero vemos el Humilladero de la Piedad, que guarda un altar y la Imagen de Nuestra Señora de la Piedad. Y al lado, el Palacio Villaviciosa, que cuenta con una placa conmemorativa en su fachada, la salida del Marques de Lafayette, en 1777, hacia la guerra de la independencia americana.

La ermita de Santa Ana domina desde un cerro la bocana del puerto y la bahía. En su interior da cobijo a la imagen de Santa Ana (1573) transportada desde Flandes por mar hasta Pasaia.

Bajando las escaleras pasamos bajo otro arco que nos abre el paso a la plaza de Santiago. Aquí contemplamos casas tradicionales que guardan historias de mar. La decoración de las fachadas nos pinta imágenes coloridas con un encanto sinigual, creando un ambiente que invita a la relajación y al optimismo. Cuando el sol ilumina en su totalidad la plaza de Santiago parece que nos hayamos en un pueblo de cuento, rodeados de un monte irisado de luz que dibuja el entorno con trazos de ensueño.

La vigorosa atracción de esta música, nos envuelve al contemplar la bahía:

Nada más abandonar esta plaza tenemos la Basílica del Santo Cristo de la Bonanza, primera parroquia de Pasai Donibane, construida en el siglo XVII, que sigue la advocación de San Juan de la Ribera. En su fachada Oeste, la puerta denominada “Lintxua” constituía un lugar idóneo para guarecerse en los días de mal tiempo, mientras las familias esperaban el regreso de los pesqueros o embarcaciones mercantes.

IMG_20160720_120921IMG_20160619_102745IMG_20160720_120829En el interior, la figura del Santo Cristo de la Bonanza, encontrada en el mar por pescadores, preside el altar mayor del siglo XVII.

Tomamos el  Paseo de Puntas, un sendero perfectamente cuidado que nos conduce siempre mirando al mar hasta la misma bocana del puerto. Encaminamos los pasos hacia las ruinas del Castillo de Santa Isabel, fortaleza construida en 1621 por orden del emperador Carlos I para proteger el puerto de Pasaia.

Los toques con embrujo de unos acordes de sirenas nos acompañan:

Desde cualquier parte que miras ves embarcaciones de remeros entrenando para las regatas de traineras famosas en el municipio. La del remo es una tradición que se conserva en Pasajes desde que los vecinos de San Pedro y San Juan entraban en competición por descargar antes el pescado. Los clubes de remo de San Pedro (Sanpedrotarra A.E.) y San Juan (Koxtape A.E.) celebran la rivalidad cada año en el mes de septiembre, coincidiendo con las Regatas de la Bahía de la Concha en San Sebastián, y es cuando las calles de Pasajes se cubren de morado y rosa, colores representativos de los seguidores de San Pedro y San Juan.

El magnífico Paseo de Puntas se ve embellecido en todo el recorrido por los montes Ulia y Jaizkibel que protegen el pueblo con sus laderas poderosas. El Cantábrico espera imperturbable al fondo.

Paramos en la maravillosa Kantina Alabortza, donde tomamos pinchos y bolas de queso mirando a las aguas de la bahía. Aunque el calendario puede cambiar, la cantina permanece abierta todos los días entre el 1 de junio al 30 de septiembre, así como las dos semanas de la Semana Santa.

El final del paseo es el Cresterío de Punta Artxina, pero nos quedamos en un mirador semicircular que se asoma a un calita arropada por los montes.

IMG_20160720_132037IMG_20160720_132439IMG_20160720_132618IMG_20160720_132716Este paseo es parte del sendero Talaia, que une los pueblos de Pasai Donibane y Hondarribia. Se puede andar en unas nueve horas, con la posibilidad de desviarse por cualquiera de sus tres variantes en las zonas de Mitxitxola, Azabaratza y Gaztarrotz, perpendiculares, muy poco concurridos, por una zona que tradicionalmente alberga caseríos y pastoreo.

Nada más indicado ahora que estos sones de música inspiradora:

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En este tramo de la ruta Talaia, caminamos entre oropeles de rododendros violáceos sembrados en el piedemonte y que jalonan un sendero estrecho al que se accede en paralelo desde el camino principal del paseo de Puntas. Entre la ladera y el litoral, transcurre un trazado envolvente mientras percibimos el aroma de los pétalos y de cuando en cuando atisbamos entre la floresta escenas de la bahía que antes permanecían ocultas a la mirada.

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Pasamos a Pasajes de San Pedro, mediante el buen hacer de los barqueros de la motora y cruzamos desde San Juan (en otro tiempo esto se hacía con bateleras a remo) con idea de visitar las instalaciones de Albaola, la factoría marítima Vasca. Aparte de construir embarcaciones históricas, llevan a cabo exposiciones sobre el pasado marítimo de Euskadi y se dan clases de navegación, representaciones teatrales, y diversas actividades de ocio.

Pasado el astillero nos dirigimos por una ruta trazada hacia el faro-fortaleza de la Plata. Merece la pena subir a lo más alto del promontorio para admirar las vistas sobre el inmenso acantilado. Desde aquí se puede tomar el sendero GR-121 rumbo a San Sebastian. A lo largo de este trayecto el tipo de vegetación que acompaña es la landa, flora compuesta por argoma (Ulex) entreverada por ejemplares de pino marítimo (Pinus pinaster) y algunos rebrotes de marojo, planta muy parecida al muérdago pero con los frutos de color carmesí.

Una referencia muy recomendable de este tramo es  el Faro de Senokozulua, un lugar encantado, donde hay que parar y contemplar, dos verbos de poco uso en los tiempos que corren. El océano y la vegetación de ladera comparten espacio en este rincón único de la costa vasca. La bahía de Pasaia se enseñorea ante nosotros, exhibiendo su magnífica bocana natural que invita a volver a entrar en el puerto del municipio.

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GASTRONOMÍA:

Pasai Donibane es el distrito más antiguo del municipio, estrechamente unido a la bahía de Pasajes que ofrece al visitante una tradición gastronómica enraizada con la actividad pesquera.

A la hora de comer se pueden degustar las mejores merluzas, rapes, anchoas, besugos, rodaballos o bogavantes, fresquísimos todos, cogidos en la bahía.

Cómo no, haciendo honores a esa gran cocina vasca encontramos magníficos chuletones o solomillos a la brasa. Las setitas de temporada, recolectadas con mimo de la misma falda de los montes adyacentes enriquecen muchos de los guisos tradicionales. El codillo asado con salsa de manzana o la merluza rellena de Txangurro (centollo) no pueden faltar. Mejor aún si se remata con una buena botella de sidra artesanal o de Txakoli de Getaria, el famoso vino blanco de la región.

Restaurantes:

http://www.ziabogapasaia.com/es/menu,la-carta/

http://ontziolajatetxea.com/

http://www.restauranteizkina.com/es/

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LAS BATUECAS-SIERRA DE FRANCIA: REINOS PERDIDOS DE EXTREMADURA

 

En el post anterior hablaba sobre la ruta hasta Riomalo de Abajo, en lo más profundo de la comarca de Las Hurdes. Tras salir de Riomalo nos dirijimos hacia Las Batuecas, un valle encantado al sur de Salamanca, ubicado en las estribaciones occidentales del Sistema Central. Sus picos más cercanos a formaciones nubosas son las cumbres del Hastiala (1.735 m) y de la Peña de Francia, donde desde 1.723 m se domina el conjunto de la comarca.

Atraídos por el esplendor del parque natural de Las Batuecas, extendido por catorce municipios, encaminamos nuestro rumbo hacia la línea que divide dos cuencas hidrográficas: los ríos Alagón, Francia y Batuecas alimentan el caudal del Tajo, mientras que el alegre río Agadón pertenece al Duero.​ La tierra nos provee en esta zona de una riquísima variedad de fauna y flora, encontrándonos con una fuente natural de aceitunas, castañas, uvas o cerezas, pilar económico de muchos pueblos de esta Sierra.

Desde Vega de Coria, la C-512 continúa hasta las estribaciones de Castilla y León, donde el río Alagón es fronterizo y dibuja inimaginables meandros a su paso por las cercanías de Riomalo de Abajo, de belleza y magnitud incomparables, desde donde tenemos acceso a muy atractivas zonas de pesca y senderismo.

A continuación de Riomalo de Abajo, encontramos otra alquería ribereña con el río Ladrillar, la población hurdana de Las Mestas, enclavada en la serranía que limita con Las Batuecas, donde la miel y el polen abundan como productos autóctonos.

A la entrada de Las Mestas se funden el río Batuecas y el río Ladrillar. A escasos metros de esa confluencia el esplendor de la vegetación natural lo coronan el brezo blanco, la brecina, la jara, la zarzamora, el madroño o la madreselva. El gato montés, la nutria o el zorro junto a la garduña, la comadreja o el turón conviven en todo el valle.

Nos rodea en forma de espesa capa vegetal el erizón o aliaga, especie que se encuentra en matorrales almohadillados sobre calizas. Bosques de Rebollo en las zonas de robledal, impregnan el ambiente de aromas primigenios junto a alcornoques, tejos, madroños, lentiscos, enebros y algún almez, entremezclados en la espesura de la jara pringosa.

En los auriculares resuenan acordes mágicos de Anuna, titulado The Raid:

Este espacio protegido perteneciente a la comarca de la Sierra de Francia, es fronterizo con la Sierra de Béjar, de la que se encuentra separada por la gran fosa del río Alagón de 20 km de anchura y es la única conexión natural del Sistema Central aprovechada por el Alagón para captar aguas de la cuenca del Duero y transportarlas al Tajo.

Mapa del Parque Natural Batuecas-Sierra de Francia:

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Entre las rocas dominan pizarras, cuarcitas y las formaciones graníticas en la parte oriental, reclinadas sobre un lecho cristalino que las acomoda en bloques originados por un sistema de fallas. Gracias a eso podemos admirar un relieve único: enormes lomas con cimas suaves y valles muy profundos que nos trasladan a otra dimensión. Grandes depósitos rocosos cubren las partes altas.

Una húmeda cobertura verde protege los picos Colgadizo, Conejos y Diganzales, que parecen vigilar nuestro caminar por sendas solitarias. En la media distancia se distingue algún corzo o jabalí emprendiendo su propia ruta. En tiempos pretéritos, el lince ibérico y el lobo reinaron en estos pagos. Es un conjunto montaraz rodeado por vistas magníficas, como la Sierra de Francia, las Mestas, y una panorámica de 180 grados del Valle de Ladrillar.

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Poema a la Vírgen del Brezo:

El aire huele a promesa,                              y sentimientos sinceros.

a retama y a romero,                                    A quien respira este aroma

por el camino que sube                                se le va llenando el pecho

hasta la Virgen del Brezo.                            de un nuevo estado de gracia

Huele a buenas intenciones,                        que en el alma halla su centro

a fe y arrepentimiento,                                  Es difícil de explicar,

a ruegos, a veces a súplicas,                          hay que sentirlo, no verlo.

hay que venir, hay que estar

junto a la Virgen del Brezo.

La Hispania romana

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Esta es la tierra conocida en tiempos de la Hispania romana como la provincia de Lusitania, que incluía las regiones de Extremadura, Alentejo y centro de Portugal junto con el sur de Salamanca.

Llegó a convertirse en la población más importante de la vertiente occidental del Imperio, en el finisterrarum, y  su colonia principal Augusta Emerita (Mérida) fue la primera capital de la Península Ibérica, tras la reforma de Diocleciano.

Desparramados por los contornos han ido surgiendo de escondites subterráneos valiosos restos arqueológicos de época visigoda como testimonio del paso de este pueblo por la región tras su colaboración con el Imperio Romano. Tres siglos de influencia han dejado huella en basílicas y edificaciones rurales.

No hay que obviar el hecho de que estamos muy cerca de Coria, que en época visigoda (siglo VI) fue Sede Episcopal, además de un escenario de habituales guerras fronterizas donde pugnaban por ganar espacios tanto musulmanes como cristianos, arrebatándose el dominio de las comarcas. La Orden de los Templarios, firmes aliados de los leoneses en las zonas de frontera, da lugar a la fundación de encomiendas (poblados) en territorio extremeño como Jeréz de los Caballeros o Puebla de Alcocer (año 1181). De ahí la huella cultural de cristianos, almohades, órdenes militares de los Templarios o de Alcántara reflejada en casas, iglesias y edificios militares. Serían los dueños de estas comarcas durante siglos.

Anuna sigue deleitándonos con otra composición musical:

Fill, fill a rún:

En cuanto a la artesanía que produce la zona, sobresalen los forjados de hierro y labrados en oro de la localidad de Gata o elaboración de candiles de piedra utilizando lava volcánica como es el caso de Aldehuela y El Gasco.

Pero en estos pagos se dedican sobre todo al trabajo artesano de la madera, desde las conocidas tallas de sillas en Gata a las castañuelas de Casares de Hurdes, Cereza y La Fragosa, donde también fabrican tamboriles mientras que en Asegur diseñan  originales flautas de madera.

Pinofranqueado y Erías son famosos por sus sombreros de bálago hechos de paja de centeno.

Parece increíble que existan 46 especies de mamíferos en la zona, destacando la cabra montés, repoblada con éxito en la década de los 70, que constituyó una especie autóctona desde hace siglos, campando por las cumbres pobladas de roquedales. Es seguro que el tejón, el gato montés, el meloncillo o mangosta común, la garduña, el desmán ibérico, de la familia de los topos y la nutria nos acompañan en el recorrido, aunque no estén a la vista, junto con los Corzos, ciervos y jabalíes, habituales de estas regiones.

A pocos kilómetros y en dirección a la Alberca, pasamos por las puertas del monasterio  contemplativo del Santo desierto de San José de las Batuecas de la orden de los carmelitas descalzos, donde disfrutamos de la muestra de vitalidad y belleza de este profundo valle situado al sur de Salamanca, muy cerca de La Alberca, encajado entre bosques mecidos por los vientos y el susurro de las aguas del río Batuecas y el Arroyo Castaño, un paraje donde el alma se entrega al reposo y la meditación.

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En la fachada del monasterio nos reciben inscripciones de cánticos de San Juan de La Cruz, como este párrafo del Cántico Espiritual:

Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;

la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

San Juan de la Cruz, un hombre preso por su lealtad a la minoría de los reformistas encabezados por Santa Teresa, para describir sus experiencias místicas establece un similitud entre el amor humano y el divino anunciando su visión del alma como el deseo de una joven que busca el amor de su amado, en la figura del dios cristiano.

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Las raices del castañar junto al monasterio serpentean semienterradas, dando testimonio del implacable paso del tiempo, que sin embargo no parece que tenga efecto en las personas que meditan entre las paredes de piedra del convento, fundado en 1599 por el padre Tomás de Jesús, Superior Provincial de los Carmelitas Descalzos de Castilla.

En las puertas del monasterio figura insertado en una tabla de madera un mensaje de Fedor Dostoievski:

“Amad todo lo que Dios ha creado. La totalidad y el más pequeño grano de arena. Amad cada hoja , cada rayo de luz divina. Amad los animales, amad las plantas, amadlo todo. Si lo amáis todo os dareis cuenta del misterio divino en todas las cosas.Cuando os hayáis dado cuenta cada día empezaréis a entenderlo mejor y finalmente llegaréis a amar a todo el mundo con un amor que lo abarca todo”.

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Sirva este pensamiento limpio y de hermandad, para cerrar este viaje revitalizante por el inigualable paraíso perdido de Las Batuecas.

Encontrareis una información completa sobre alojamientos en Hospederías de Extremadura.

Próximamente: Peña de Francia.

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MEANDRO DEL MELERO: OASIS DE AGUA Y MIEL

Cuando dejas atrás Zarza De Granadilla camino de Riomalo de Abajo en la comarca de Las Hurdes (Cáceres), se atraviesan zonas adehesadas de vegetación profunda, verde oscuro bajo un azul nítido en el cielo, y uno avista las vacas alimentándose tras las cercas, algunas pastando hasta la misma ladera del monte o algún que otro cervatillo huyendo de nuestra presencia entre el matorral. La montaña se va elevando en la ruta y en un punto dado te asomas a los acantilados desde donde la contemplación de la Sierra de Béjar es un privilegio. Estamos en pleno límite entre las provincias de Salamanca (al Este) y Cáceres (al Oeste).

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Sierra de Bejar

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Los destellos se suceden cambiantes a esa hora de la tarde con cada vista que descubren los recodos del camino. Vamos descendiendo hacia el pueblo de Riomalo y la cercanía del meandro distrae la atención de forma magnética. Hay huecos entre los pinos que son idóneos para retener esa belleza y obtener fotos únicas. Al fondo, la impresionante sierra de Béjar.

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No se puede apartar la mirada de entre las copas de estos árboles, testigos ancestrales del discurrir del río. Las aguas del río Alagón se reúnen unos kilómetros más abajo en el embalse de  Gabriel y Galán, del que se contemplan vistas majestuosas a medida que nos acercamos a Riomalo.

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https://marcosplanet.blog/2018/03/03/meandro-del-melero-oasis-de-agua-y-miel/#miradornatural

Una vez coronado el mirador natural, continuando por la vereda llegas a unirte con una senda más ancha que dirige los pasos hacia Riomalo atravesando colmenares a uno y otro lado y extensos bosques de pinos que descienden hacia la ribera del río Alagón, acompañándole en su curso.

Río Alagón

El gris plateado de sus aguas se va transformando a medida que nos acercamos a la primera curva del meandro, donde una estela de intenso azul aguamarina nos sorprende brillando ante nuestros ojos.

Escuchar unos momentos de música épica nos acerca aún más a la esencia vital que rodea el bosque:

Según la época del año el caudal dibuja un contorno diferente en la curva del meandro, pintándolo con tonos irisados de azul o moteando de claroscuros verdes la ribera.

Río Alagón

Después de un descenso suave llega el que podríamos llamar primer avistamiento: la isla. El trozo de tierra que bordea el río al dibujar el meandro está conectado con el resto de la ribera por un estrecho pasillo natural, como una lengua de tierra.

Mendro-Melero

El Río Ladrillar, que era conocido antiguamente como Río Malo, afluente del río Alagón  discurre placenteramente en unos tramos, saltarín y díscolo en otros, transformando las tierras ribereñas en humedales. Riomalo se sitúa en un paisaje con coloridas vistas del río y de la cercana Sierra del Castillo.

Rio-Alagón

En esta región se han encontrado restos de humildes majadas (paraje para el refugio del pastor y su ganado) y unas minas de la época romana. La parte más elevada del pueblo es la menos habitada, y está atravesada por ramales de calles angostas cuesta arriba jalonadas por construcciones clásicas de la región hurdana, provistas de tejados terminados con lajas de pizarra y paredes aglomeradas con piedra y barro.

Salamanca

En los alrededores hay una poza natural para baños públicos en aguas del río Ladrillar y saliendo por la Verea de pescadores se alcanza el mirador de la Antigua un privilegiado enclave donde se puede disfrutar de una vista casi aérea de los meandros del río Alagón.

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Meandro-Melero
El Meandro crea la ilusión de un lago del que emerge una preciosa isla.

Melero es la persona que tiene por oficio vender miel o negociar con ella. También se refiere al lugar o paraje donde se guarda o conserva la miel. Esta es tierra de colmenas.

A la salida de Riomalo de Abajo nos adentramos por un sendero que discurre entre tupidos pinares, encinas y robles, bordeando la orilla derecha del rio Ladrillar, un lugar apartado de los mundos donde el silencio y la profusa presencia de vida enriquecen el entorno y hermanan con la naturaleza.

Nos acompaña en la experiencia una pieza musical titulada Nostalgias del Origen, de Punto Omega:

En Riomalo nos alojamos en  El Labrador donde una sabrosa carne de caza como es el cabrito hecho a la brasa con madera de encina, deja un regusto inolvidable en el paladar. Las croquetas caseras, de un tamaño fuera de lo común, y el queso de cabra rematan la mesa y sacian al caminante. Para postre ofrecen helado de naranja a la miel, flan de castañas o tarta de cuajada, pero la de queso de cabra es insuperable. En el siguiente enlace podrás saber más sobre gastronomía de la zona.

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Los castaños flanquean el camino con sus copas frutescentes y aportan entramados leñosos que filtran el sol. Entre los brezales respiramos esencias mediterráneas donde amarillea la aliaga, encinares de Carrasca o Chaparra, que cubren las dehesas con pastos de montanera para alimento del cerdo de raza ibérica que tanto nos alegra el paladar. Los alcornocales y pinares se unen creando un paisaje frondoso y feraz.

Estamos en el sector occidental del Sistema Central. Transitamos por zonas aisladas, aldeas de arquitectura montañesa en pizarra, con rumbo al Monasterio de San José de las Batuecas. Nos vigila la atenta mirada de ríos encajados en riberas rocosas que vierten al Duero y al Tajo con sus cañones enclavados en declives escalonados.

En una próxima ocasión hablaremos de la travesía por las sendas de las Batuecas, en la comarca de la Sierra de Francia, un incomparable reducto del paraíso.

SUBIDA-PEÑA-FRANCIA

En una próxima etapa, camino de las Batuecas: La Alberca-Peña de Francia-Salamanca

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Referencias:

Las hurdes destino natural

www.fotonazos.es

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