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Desecho inesperado

 

Desecho inesperado

 

Ese día de verano acabábamos de salir de la piscina donde mi familia y yo habíamos aplacado el calor de agosto. El agua estaba en su punto de sal pues es de esos alberques que no están tratados con cloro sino con el preparado de sal correspondiente que parece estar imponiéndose.

Hice varios largos muy cómodos, el ejercicio justo que me permiten mis articulaciones y con el gasto energético adaptado a lo que me esperaba a continuación, que era jugar en el agua con una de mis nietas debiendo hacer alarde de movimientos y chapoteos que cada vez se alejan más de mis capacidades.

Ahora tocaba bucear, después ascensos e inmersiones a razón de una por segundo, risas, sofocos, disfrute en general. La mañana transcurría placentera e invitaba a tumbarse al sol “a la pata la llana” como decimos por aquí.

Lo único que perturbaba mi ánimo de relajación y no hacer nada eran los gritos de la piscina de niños donde los hermanos mayores estallaban de entusiasmo jugando al balón.

Es natural, los críos necesitan expansión, en medio de este maremágnum de prisas que siempre nos rodea.

Alguien de la familia decidió que era ya la hora de ir abandonando el recinto, por lo que emprendimos la marcha no sin antes permitir a un joven apresurado que nos rebasara con un caminar que era casi una carrera. El caminante portaba una bolsa de baño llena a rebosar con prendas húmedas de todo tipo mezcladas con toallas.

Nosotros salimos al exterior del recinto en comitiva, con cochecito de bebé incluido.

Nos detuvimos en un paso de peatones y allí nos encontramos con el joven apresurado, que esperaba para cruzar. Emprendimos la marcha todos al mismo tiempo pero el veloz muchacho enseguida se distanció a grandes zancadas, tan grandes eran que no reparó en algo estrujado y húmedo que cayó al suelo desde su atestada bolsa de baño.

El regalito quedó allí enmarcado sobre la amplia acera, donde destacaba como algo informe de aspecto hediondo evidenciando su uso. Eran unos calzoncillos usados con saña, donde se veían con demasiada claridad unos restos orgánicos resecos, aunque humedecidos en parte por el contacto acuoso con el contenido de la bolsa piscinera; un despropósito de cara a la buena imagen pública de todo ciudadano de bien. Creo que aquella imagen rebasó todas nuestras expectativas de repulsa de aquel día, incluso de todo un mes.

Eso sí, cumpliendo con nuestros deberes cívicos llamamos la atención del joven para que recogiese semejante ofrenda a los dioses del inframundo y no permaneciera más tiempo del necesario mostrando una cara que no debería haber salido nunca de las más íntimas sombras.

 


 

Deja por favor tu comentario, para mi más valioso de lo que creéis. Si queréis, un click en el corazoncito tampoco vendría mal.

 

Esta es mi aportación a la convocatoria literaria de los jueves, que en esta ocasión organiza Patricia en su blog para el jueves 16 de enero.

 

La propuesta se titula: SOUVENIR

 

Consiste en relatar alguna anécdota en donde te hayan dejado «un souvenir», como el que describe Patricia en su blog: alguien tiene la osadía de sentarse a tu lado en un banco del parque después de haber sudado por los cuatro costados haciendo footing y decide cambiarse de medias de deporte y de zapatillas justo a tu lado. Después de la exhibición, el personaje deja las medias tiradas en el banco.

Lista de participantes.

 

Nota: la imagen de portada de este post la he realizado utilizando una IA.

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