Canción de amor

Canción de amor

 

CANCIÓN DE AMOR

 

Fabian Oforte está grabando su canción favorita, aquella que le ha costado tanto escribir. Porque tiene el corazón roto por un amor perdido en el tiempo. Le ha costado sacar de dentro sentimientos encadenados a una celda donde caben pasión, celos, frustración… Quiere ofrecer su composición musical a todos sus futuros fans y a los que aún no lo son. Está convencido de que acabarán siéndolo. El planeta entero alabará su arte.

La canción comienza con prosa recitada, encadenando frases acompañadas por una música épica, pausada, con coro de ángeles; niños y niñas juntan sus voces en una armonía excelsa para los oídos.

El autor hace alarde de una voz con tantos matices como las tonalidades de un arco iris en primavera. Se sumerge en su obra respirándola, amándola, sintiendo hasta en el último rincón de su alma lo que quiere transmitir.

—Es mi composición maestra, mi poema preferido y tan deseado. Esta es la ocasión dorada para lanzarme a triunfar. Iré de cabeza a ese programa…

 

Con su melena dispuesta en tiras rizadas a propósito para parecer diferente, el músico acarició la pianola. Piensa en las escasas visitas que tenía su canal pero eso era algo que nunca le había preocupado. Necesita oírse a sí mismo y flotar en un colchón de plumas en medio de un mar de nubes. Ese escenario y la imagen de su cuerpo levitando, producto de su febril capacidad creadora, le permitían crear música y también letras salidas del corazón, pero que tan solo unos pocos comentaban.

—A partir de mañana me escucharán, sí. Mi voz ha evolucionado increíblemente bien. Siento que puedo con todo tipo de canto. Nadie conoce esta progresión, yo mismo no puedo creerlo, pero mañana es la prueba definitiva para “Canta conmigo”.

 

Tania Silva entraba en la sala de audiciones con un gran vaso de café diluido, a la americana. Degustaba con placer de gourmet aquellos momentos especiales en los que los candidatos habían pasado ya la criba inicial.

Era “su” momento, su disfrute particular, íntimo y personal.

Saborear el café pensando en cómo le sorprendería tal o cual candidato la trasladaba a sus tiempos de niña aficionada a imitar voces de cantantes famosos. Parecía esperarle un futuro de éxitos como grabar discos con contratos a alto nivel pero no fue así.

Sin embargo, ahora se sentía orgullosa de haber llegado hasta donde se encontraba, trabajando para la cadena de mayor audiencia del país, aunque estaba cansada de luchar en esa corporación de codiciosos, harta de aguantar la jerarquía. como tantos otros.

Tania hace una seña a su ayudante. Esta habla por un intercomunicador que sobresale de una de sus orejas y le devuelve un gesto con el pulgar hacia arriba.

—A ver, número 522, puede entrar ya. Número 522…

Se abre un cortinaje y aparece un hombre de abundante pelo castaño rizado en algunas zonas, lo que impacta en Tania nada más verlo.

El candidato aclara la garganta y se acerca al micrófono. Mira hacia la mujer delgada y de facciones duras que tiene delante. Esta asiente con la cabeza.

Suena la música de acompañamiento. El número 522 inicia una suave entonación que va creciendo en intensidad, llega a los tonos medios con una tesitura muy particular, diferente.

La voz alcanza un tono más agudo, que el cantante utiliza a modo de coro, subiendo muchas octavas. Pero se detiene sin traspasar la barrera que lo separa de la música lírica. No quiere porque la canción escogida impone sus limitaciones. Él la eligió para no destacar demasiado.

Pero con Tara delante, con su oído fuera de lo común, Fabián no pudo impedir que la seleccionadora de voces quedara impactada ante el portento que tenía ante sí.

Fabián termina su intervención registrando un sonido vocal con una tonalidad que a ella no le pasó desapercibida.

—Oye, tienes algo muy especial en esa garganta, lo sabes, ¿verdad?

Fabián nota que está ahora muy cerca del plató televisivo. Siente cómo le invade el orgullo. —Pues no es nada especial. Es más, estoy algo nervioso y…

—De nervioso nada. A mi no me puedes engañar. Tienes una voz con un potencial extraordinario y dominas muy bien la escena. Que sepas que has pasado ya a ser candidato en plató ¿Qué tal te sientes?

—¡Vaya! Es fantástico. Todo un sueño cumplido. Muchas gracias, Tania.

La jefa de casting hace un gesto afirmativo a la sala de control y una persona que está de pie en su interior alza los dedos pulgares hacia arriba.

El candidato recibe un papel con unas instrucciones para leer más tarde. Se despide de Tania con un saludo que la hace sentir un cosquilleo por todo su cuerpo.

—Como jefa de casting jamás he experimentado algo semejante —comenta a sus compañeros mientras toman un refrigerio —. Hoy he escuchado a treinta y dos candidatos. Él era el último y los ha superado a todos.

Uno de los presentes será uno de los miembros del jurado cuando tengan lugar las audiciones públicas televisadas. Ha decidido pronunciarse con gesto irónico.

—Bueno, bueno, ya veremos quién se lleva el gato al agua.

Es un individuo de aspecto impecable, que parece salido de la presidencia de algún Consejo de administración.

—Os diré por experiencia que los nervios pueden jugar malas pasadas a los pobres candidatos. Es como jugar al parchís, cuando crees que es fácil meter fichas en la meta van y te comen. Sin piedad…

 

Ya fuera de la cafetería de la sala de audiciones, Tania comenta con Jimmy, su confidente principal entre la maraña de trabajadores de la cadena.

—Será antipático, creído, babuino, ególatra inmisericorde…

—Venga, calma —aconsejó Jimmy, acercando su voluminoso cuerpo al de ella—. Todo el mundo sabe lo que puede dar de si el gran Rosendo, el productor menos fiable de toda la tele. Ya sabes la influencia de su familia en esta casa. Ha colocado a su hija Clara entre los candidatos elegidos, así que…

—Yo no estuve en el casting ese día. La única vez de todo el año que me cojo una gripe y mira.

—En fin, si quieres que quedemos a tomar algo a la salida… Ya sabes que eres mi amorcito del alma, compañera.

Tara ríe y agradece el apoyo de Jimmy quien, como siempre, está de su lado para lo que haga falta.

—Venga, acepto esa cita. Pero no te hagas ilusiones ¿eh, compañero?

 

Fabián Oforte daba gran importancia a su nombre y apellido musicales. Los escogió en honor a un cantante de un grupo vocal de los años cincuenta.

Tenía los nervios más templados que nunca, siempre los había controlado, en cualquier circunstancia. Su trabajo de conserje de un edificio residencial del madrileño barrio de Salamanca le había proporcionado una forma inmejorable de conocer la naturaleza humana.

—Aún no he alcanzado la cima, pero me falta poco.

Había entregado al director de músicos de acompañamiento la partitura con los acordes de su canción, para que la interpretaran más fácilmente. Él se encargaría de hacerla brillar, no, mejor destellar.

Llega el gran momento, la ocasión de oro para quedarse en el concurso o quedar marginado.

Tras una espesa cortina, escucha los preparativos del escenario, la prisa de los técnicos, al regidor dando instrucciones a un cámara, una grúa rodante que cruza por mitad del plató…

Recibe la señal de un miembro del staff portador de unos auriculares. Se abren las cortinas.

Una lluvia de luces cubre a Fabian.

Lo que sucede a continuación figuraría en las crónicas de decenas de diarios, digitales y en papel. Una musicalidad embriagadora se introdujo en la mente de los telespectadores y del público que asistía al programa y repiqueteó en sus conciencias, invadiendo rincones remotos de su subconsciente.

A partir del momento en que Fabián empieza a recitar ante el micrófono, la sonoridad de su voz se hace notar.

 

«Es como yacer en la cumbre del mundo, amar sin límites, sobre olas de pasión, cabalgando el océano, surcando cielos. Es como observar la Tierra a vista de águila, cuando inesperadamente se cruza tu mirada, desde esos espejos de humildad que son tus ojos. Contemplarlos es lo que da sentido a mi ser, a mis palabras, a mi pasión desatada».

Tras el párrafo de introducción, la garganta de Fabián emite un torrente de notaciones melodiosas crecientes, alcanzando un nivel de musicalidad muy del agrado de los oyentes.

Ahora suena la composición musical con oboes y pianola electrónica.

 

««Te perdí, mi amor, y deseo que vuelvas, mi lucero.

Los recuerdos me estorban, me llenan de anhelos,

mi pulso se acelera: eres tú y el halo azul de tu pelo.

Quererte sin fin es mi único deseo.

 

Cada vez que te toco, añoro una vida junto a ti, eres tú:

un paraíso que habitar,

una forma loca de amar.

 

Porque mi amor eres tú.

Y la alegría me desborda,

alcanza mi corazón

con infantil ilusión,

lo transporta.

 

Pierdo la cordura por ti,

lleno de soledad y emoción.

Mi corazón va pendiente abajo, corre con pasión,

le nutre mi deseo de ti.

 

Esperando que al final,

sin más dilación,

tras el último escalón,

contigo en el paraíso habitará»».

 

Al finalizar la actuación, el público se pone en pie al unísono reventando de entusiasmo al aplaudir, como fanáticos de una gran estrella de la canción.

Al día siguiente, la gente comenzó el día tarareando la canción de Fabián, en muchos hogares y situaciones. Senderistas que caminaban hacia cualquier lugar, atravesando bosques, cruzando ríos por añosos puentes, se paraban en ellos para contemplar el discurrir de las aguas mientras entonaban la canción de amor.

El fenómeno musical atrajo la atención de las principales productoras del sector, proponiendo a Fabián acuerdos comerciales. Un conocido fabricante de bebidas le entregaba a primera hora una propuesta de contrato publicitario para la televisión con la promesa de aparecer también en redes sociales y alimentar su canal de Youtube con millones de visitas…

 

—Por fin. El momento ha llegado. Soy una estrella —pensaba el cantante lleno de ego—. La cadena de televisión me ha dicho que firme un compromiso de aparición en diversas entrevistas y que ya estaban buscando compositores para producir un disco a la mayor brevedad ¡Están locos! Quieren retratar mi vida fotograma a fotograma, grabar en mi casa, husmear en los detalles más íntimos de mi vida sentimental… —Una risa carcajeante asomó al rostro del artista—. Nada de eso sucederá. No lo permitiré.

 

La jefa de casting Tania Silva se acercó a él cuando ensayaba en la sala de audiciones para la siguiente fase del concurso. Quedaban varias actuaciones más hasta alcanzar la deseada corona de oro de imitación que otorgaba el programa al ganador.

—Te dije que guardabas algo extraordinario en tu garganta. Ya ves el éxito que has tenido solo en tu primera intervención.

—No sé asimilar aún qué pasa, cómo he conseguido llegar a la cumbre de algo que no puedo controlar. Estoy desorientado y sin embargo, deseando hacer nuevas cosas, componer y cantar, que es lo mío. Lo que está sucediendo, por las ofertas que recibo cada día, no me lo esperaba… al menos no lo esperaba así, de golpe y todo el mundo queriendo que hagas cosas para ellos. Me da la sensación de estar encerrado en una jaula dorada.

Tara se acercó a él a menos de un metro de distancia y le habló en un tono bajo, confidencial.

—Desde el momento en que pasaste la última prueba quise proponerte algo. Soy dueña de una pequeña productora junto a mi gran amigo Jimmy. En total somos cuatro y nos dedicamos a buscar talento por ahí, en redes sociales sobre todo. ¿Te apuntarías a mi proyecto para grabar tus canciones y promocionar tu primer disco? Sería algo sin ataduras. Quedarías libre de tomar tus decisiones, componer y grabar cuando lo estimases oportuno. Desconozco los beneficios que sacaríamos pero eso sería lo divertido, ir viendo cómo crecemos. ¿qué te parece?

—Fabián miró a la cara de aquella mujer de cuerpo fibroso por las horas de gimnasio, de rasgos afilados, marcados en su bello rostro por las duras batallas contra los vaivenes de la vida.

Se acercó a ella hasta notar su cálido aliento, olió su perfume y se deleitó con las notas de jazmín que derramaba en el aire. Notó cómo los ojos de ella aceptaban la proximidad y se iluminaban.

Besó suavemente sus labios mientras Tania le recibía con intención de querer seguir, pero coartada por el lugar donde estaban. Se separó de él unos centímetros.

—No es el momento, Fabián. Siento algo por ti, no tengo dudas. Espera un poco, solo eso.

El cantante miró a los ojos a Tania y volvió a besarla con pasión, abrazándola con ternura, dibujando en ella la huella de sus sentimientos.

—Quiero emprender contigo ese camino que se abre ante nosotros. Lo deseo desde la primera palabra que ha salido de tus labios.

Y la tomó de la mano para escapar de aquel escenario de luces, fama y fuegos de artificio a gran escala.

 

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Eso es todo amig@s. Gracias por haber llegado hasta aquí y muchas más si os habéis animado a dar vuestra opinión. Celebraremos con alegría vuestro comentario.

¡Hasta la próxima!


 

♠♠ Nota del narrador♠♠

 

Te propongo este otro final, por si te parece más acertado. Dime cuál te gusta más:

 

««El caso es que Fabián logró ganar el concurso “Canta conmigo”, firmó un contrato extraordinario con una productora musical de las más grandes y apareció en muchas entrevistas en televisión.

Su casa y su vida fueron escenario de varios reportajes, incluidos los de canales de gran audiencia de Internet. Inició una carrera fulgurante pero que se iría apagando a medida que el cantante topaba con las tentaciones típicas de una vida llena de fama y presiones sociales.

Las drogas crearon una dependencia que le resulto casi imposible de superar. A pesar de la victoria final, las secuelas provocaron que su luz se fuera apagando hasta que, con lo ahorrado después de los grandes derroches, acabó subsistiendo en su pequeño apartamento de la calle Diego de León, su residencia de siempre en Madrid»».

5 Comentarios
  • Luis Alberto Serrano
    Posted at 13:24h, 10 noviembre Responder

    El talento y la sensibilidad contra los intereses comerciales. Me suena haber cantado muchas veces esa canción, jajaja.

    Me veo reflejado, en parte, en el personaje de Tania. Siempre intentando ayudar a los que tienen talento. Pero esta semana, en un proyecto que tengo para el año que viene, he decidido trabajar con una empresa que me valora antes que buscar una más grande. Creo que rodeándote de gente que te respete, el camino es más placentero, quizás no llegue tan lejos, pero se disfruta.

    Me encanta el relato, amigo. Abrazoooo. Te respeto.

    • marcosplanet
      Posted at 15:45h, 10 noviembre Responder

      Seguro que ese camino que apuntas es más placentero, no hay duda. Algunos prefieren las mieles del triunfo no obstante, pero habría que ver quién es más feliz a la larga ¡Ánimo con esa empresa que te valora, Luis Alberto!
      Un abrazo fraterno.

  • Luferura
    Posted at 13:35h, 27 octubre Responder

    Me gustan mucho las narraciones de vidas convergentes, en esta resulta especialmente atractivas las circunstancias que rodean a los personajes, generalmente es el chico el que descubre a la chica y la promociona, es él el que disfruta de una situación de presunta ventaja. En esta historia pasa al revés. Me gusta más el primer final, en el segundo no es que desaparezca Tara es que desaparece toda convergencia que en, mi opinión, es lo más bonito del relato.
    El primer final se deja abierto a una aventura conjunta que no sabemos como saldrá, el segundo final concluye un proyecto individual en el que, colmadas las esperanza, todo pierde sentido.
    Enhorabuena por el relato, me ha gustado mucho.
    Un saludo

    • marcosplanet
      Posted at 17:02h, 27 octubre Responder

      Muchas gracias por tu aportación. Como siempre, haces un análisis certero y dtallado.
      Un saludo

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