El canto de GX88

El canto de GX88

 

El canto de GX88

 

—¿Qué hacemos todos aquí? ¡¿Alguien sabe qué demonios pintamos en este arenero?!

Esta es la primera frase que conseguí decir ante un coro de rostros deformados por restos de peleas prolongadas y de una incertidumbre aún más dolorosa.

Tan solo escuché un silencio quebrado por el frotar de manos sucias sobre ropas medio rotas.

Pero poco duró la tregua.

—¡Vaya, ha entrado el señorito! Qué limpio te veo.

—Déjale en paz, Brotei —sancionó un joven pelirrojo de rostro simpático—, recuerda que tu entrada fue de órdago ¡parecías todo un pimpollo con ese traje!

Unas carcajadas desacompasadas cubrieron el aire caluroso que nos rodeaba, cargado de nervios e incertidumbre.

—¿Qué… hacemos aquí? —repetí por segunda vez—. Al entrar en el juego no me dijeron las reglas.

Brotei y dos más, formando un trío pintoresco, me abordaron con expresión inquietante.

—En eso consiste parte del programa que ellos diseñan según aquello que quieras conseguir. Lo definiste bien, estamos en El Arenero. En este infierno cada uno tiene una cualidad… especial, parece ser —indicó un miembro del trio, hombre delgado, con el torso desnudo y sudoroso poblado de hematomas.

—¿No es demasiado pronto para hacerle la vida fácil a este gafillas sin nombre? —inquirió burlonamente Sahi, cuya melena llevaba recogida en una gruesa coleta.

—Esto es un pago macabro que hemos aceptado. Quién sabe si es resultado de una disposición del gobierno de chiflados que nos domina, para concedernos deseos mientras nos obligan a humillarnos —explicó Brotei mientras se secaba el sudor con un pañuelo de lunares blancos ensangrentados—. Sólo sabemos que hemos sido elegidos por nuestro talento.

Otra carcajada colectiva acompañó estas palabras. Algunos trataban de aguantar la risa agachándose y colocando las manos sobre las rodillas.

—Creo que debemos ilustrar al novato —dijo el hombre delgado de los hematomas—. Llevamos aquí el tiempo suficiente como para habernos conocido en algo. A ver, esa de ahí es Plétora, experta en ecuaciones diferenciales aplicadas al crecimiento poblacional y la propagación de enfermedades. Ese que parece un jugador de la NBA es Jotajota, un diseñador de jardines en altura que lleva trabajando muchos años para constructoras de rascacielos. Esos cinco que ves allá al fondo son médicos, cada uno especialista en lo suyo, ellas tres en terapias de la conducta y traumatología, creo; ellos dos en medicina interna. Aquella chica desgarbada de rostro interesante es Johanna, ingeniera de caminos, canales y puertos, número uno de su promoción, que consiguió acortar en dos años…

—Lo pillo —conseguí pronunciar en medio de tanta confusión—. No estamos quienes debemos estar.

Parece que mis palabras consiguieron descolocar un poco a mis oyentes.

—Bueno, de eso se trata tal vez —intentó aclarar el del pelo de fuego—. Hemos sido elegidos por el criterio que sea. Igual para ellos somos todos unos frikis, vete tú a saber.

—¿Y por qué nos hacen pelear, si parece que todos seamos expertos en ciencias, medicina o ingeniería?

—¿Cómo te llamas? —me preguntó la chica desgarbada esbozando algo parecido a una sonrisa.

—Aragorn, mi nombre es Aragorn.

Un silencio de tres segundos precedió a las risotadas que se desataron entre los presentes.

«¡Si claro, y yo soy Arathorn, tu padre!»

«No te has fijado bien, yo soy Smeagol, el bipolar cabezón de ojos enormes que anda a cuatro patas ¡Ja,ja,ja!»

«¡Y yo soy la elfa Galadriel!»

«¡Y yo la hija de Théoden, rey de los Rohirrim! ¡La que te hacía ojitos, Aragorn!»

 

—Es Arathorn II, no Arathorn a secas el nombre del padre del héroe Aragorn.

—¡Ah, usté perdone , Monsieur! —dijo Brotei en tono jocoso. Su pequeña estatura y el rictus de su sonrisa lo hacían aún más divertido.

—Bueno, ya está bien, mis padres me pusieron este nombre porque adoraban la literatura y el mundo de Tolkien en particular.

—¡Ah! ¿Y por qué te han seleccionado para estar entre nosotros… Aragorn? —Todavía se escapaban algunas risitas por ahí.

—Supongo que porque soy escritor ¿Alguno de vosotros o vosotras lo sois también?

Nadie hizo intención de confirmarlo.

—Vale, ya sabemos nuestras aplicaciones laborales y todo eso ¿queréis decirme ya que coño estamos haciendo aquí? ¿Se supone que tenemos que pelearnos y tal?

Nadie abrió la boca hasta que una figura de mediana estatura, corpulenta, con músculos a la vista adaptados al ejercicio físico de potencia, apareció de entre los presentes. Su voz cruzó el aire espeso y sofocante como si fuera una ráfaga de frescor inesperado.

—Hola, Aragorn, soy… GX88. Tengo un nombre, pero quienes me metieron aquí me asignaron un código, como a todos los demás, solo que ellos han querido conservar los auténticos. El suyo míralo como un acto de rebeldía, aunque yo veo el mío como un gesto de aceptación del cambio con la cabeza muy alta. Cuando El Eco se dirige a nosotros lo hace siempre con nuestros códigos. Apréndete bien el tuyo.

—¿Y cómo lo sabré —pregunté con cara de bobo?

—Mira sobre tu hombro.

Los dígitos AW61 estaban cosidos allí.

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Hola, soy GX88. El día en que descubrí a AW61 me encontraba como un andrajo en medio de perros atacados de rabia. Algo en mi interior cambió tan solo al comenzar a contarle los antecedentes de quienes llevábamos en El Arenero más tiempo que él.

—Cuando entras aquí te dan un código alfanumérico, como los que te tocan cuando solicitas tu número de orden en una visita al médico ¿verdad? Bien, pues si pasas esta prueba, para la que necesitas haber vencido a la mitad más uno de los contendientes, entras a formar parte de la siguiente, en la que durarás más o durarás menos, como en todas, según te vayas desenvolviendo por ti mismo.

—Somos su rebaño fiel, ¿verdad? —inquirió Aragorn en tono conversador—, sin cuestionar nada, calladitos y felices de tener un techo donde cobijarnos, un sueldo a fin de mes y unas vacaciones de una semana seguida un par de veces al año. Sí, lo entiendo. Yo estoy aquí para conseguir un billete para dos hacia las Maldivas.

—Y yo para hacerme rico. No sé si me permitirán pasar todas las pruebas pero ¡allá que voy! Sin dudarlo, no les daré esa satisfacción. Debo confesar que detrás de mi hay un afán por retar al poder establecido y para eso debo jugar con sus mismas cartas. ¿Y qué mejor manera que haciéndome rico? Eso me servirá para acopiar poder y medirme a la misma altura que este gobierno maldito.

Veo que Aragorn pone un gesto raro, creo que me debo contener más porque no todos me entienden.

»Ahora suena el altavoz que anuncia el inicio del combate —comenté—. Debes ponerte en fila y seguir instrucciones según el grupo que te haya tocado.

“A ver, AW61, ZU22, BD40 Y AA56, salgan al Círculo de Arena, por favor. Harán parejas AW61 con AA56 y ZU22 con BD40, claro. A sus puestos, vamos allá”.

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Aquí AW61 contando su crónica. De repente, me veo convocado para el reto, según me ha contado AX88. Al parecer, el enfrentamiento es con las manos desnudas y dejan a nuestro criterio cualquier método de combate a utilizar. Lo descubrí cuando Sahi o AA56, el de la gruesa coleta, me empujó con uno de sus fuertes hombros. No permití que me volviera a coger por sorpresa, así que le di un rodillazo en el estómago que no se lo esperaba, lo que le dejó sin respiración y acabó con el combate, para mi alegría y regocijo.

Los siguientes emparejamientos los gané todos hasta conseguir superar la mitad más uno de las peleas. Desconocía en mi dichas habilidades, pero lejos de darme ligeramente por satisfecho, eso incitó mi afán por conseguir más.

Tras un buen rato de recuperación en una cabina con ducha, pasé a la siguiente prueba, donde me encontré de nuevo con GX88. En esta ocasión había que resolver acertijos relacionados con puertas duplicadas y hallar la salida de un laberinto de setos que parecía interminable. Algunos sufrieron crisis de ansiedad y tuvieron que ser retirados de la competición. GX88 y yo superamos el reto y así fui coincidiendo con él hasta que a mi me sacaron de la que fue mi última prueba. Me dijeron que había conseguido todos los créditos necesarios para un viaje con estancia de una semana en las islas Maldivas para dos personas en régimen de todo incluido.

Después de varios días, quedé a tomar algo en un bar con Brotei gracias a que intercambiamos números de teléfono.

—¿Sabes qué fue de AX88? —me preguntó después de darme los buenos días. Al ver mi cara no esperó contestación para empezar el cotilleo—. Pues al cabo de la prueba número veinte o así para hacerse rico, se salió de los decorados con los ojos desorbitados y atacó a todo bicho viviente que ocupara un despacho, aunque fuese una silla de regidor o similar. Y lo hizo emitiendo un canto desesperado, como un grito de guerra.

Después de oír eso se me quitaron las ganas de volver por aquel lugar que podía acabar con cualquier deseo más o menos loable de un simple ciudadano ¿o quizá no?

 

©Marcos Manuel Sánchez Sánchez


 

Y eso es todo, amigo. Coméntanos qué harías tu para conseguir un piso más o menos grande, un coche más o menos caro, el viaje de tu vida o cualquier cosa que quepa en tu imaginación.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

6 Comentarios
  • Miguel Ángel Díaz Díaz
    Posted at 19:31h, 16 julio Responder

    Hola, Marcos.
    Un relato que da que pensar. Esos personajes que están recluidos sin saber más nos representan en una sociedad que nos oculta los lazos de los distintos poderes. Al menos el protagonista has hecho que salga bien parado de esta situación.
    Un fuerte abrazo 🙂

    • marcosplanet
      Posted at 12:41h, 17 julio Responder

      Coincido con tu comentario y me agrada que te haya gustado.
      Otro abrazo fuerte para ti, Miguel Ángel 🤗

  • finil
    Posted at 09:33h, 26 junio Responder

    Buenas Marcos, esta historia da para mucho filosofeo aunque esta vez no te voy a dar la murga como siempre.
    Yo estoy llegando a la conclusión de que quizás el sistema no es el que tenga la culpa en este sentido, aunque bien nos comen el coco, tanto, que igual nos dedicamos más a competir entre nosotros que en darnos cuenta, (que eso es lo que quieren), de que todo está mal y luchemos contra ellos.
    En realidad lo que nos hace falta es mirar hacia dentro. Nuestros deseos no se van a cumplir más pisoteando a los demás, ni vamos a tener más razón pensando de una manera u otra.
    Igual no es el sistema el que se ríe tanto de nosotros como nosotros mismos, jugando un juego al que nadie nos obliga a jugar. Solo creo que «nos manipulan» porque no sabemos ni lo que queremos ni como conseguirlo.
    Yo traduciría tu piso grande, tu coche caro y tu viaje, en calidad de vida, que es precisamente lo que nos falta. Una casa digna, el coche justo y tiempo para vivir. Se necesita algo mas?. Trabajamos para pagar.. eso es lo que deberíamos cambiar.
    Al final me he ido por la vía de Tarifa otra vez… bueno…
    Me ha gustado tu historia. Ojalá sirva para concienciar a más de uno y cambiemos lo que tenemos que cambiar para poder salir de ese «arenero»
    Un abrazo Marcos

    • marcosplanet
      Posted at 23:54h, 26 junio Responder

      Muchas gracias, Finil, por tu análisis, que sabes bien cuánto valoro. El cambio de la sociedad por si misma es lo que aterra al sistema, no lo dudes. Pero ese cambio lo enfocamos de forma equivocada, pretendiendo llegar a disfrutes y logros materiales como objetivos de vida, cuando el foco hemos de ponerlo como bien dices en mirar hacia dentro y no en cosas que no sabemos bien si son las que nos convienen y si van a satisfacer de verdad nuestras necesidades o a crearnos en realidad un problema: si para conseguir lo que creo que necesito escojo un camino incorrecto, igual encuentro el correcto solidarizándome con los demás y buscando la unión social, desde la base, y no cayendo en la trampa institucional de dejarse hipnotizar por los medios de comunicación de masas manejados por el sistema y su propaganda. Acabo de escribir otro relato que lleva también a lo mismo: medios manipulados que manejan la masa social.
      Un nabraxo.

  • Rosa Fernanda Sánchez Sánchez
    Posted at 08:24h, 21 junio Responder

    Qué fantástico relato, querido Marcos, y que panorama, tan aterrador,…llevándonos al «arenero», de nuestra realidad….
    Y me preguntó… Qué hacemos todos aquí?

    • marcosplanet
      Posted at 11:31h, 21 junio Responder

      Es una buena pregunta, Rosita, muy buena. Quizá esto sea un escenario gigantesco donde cada cual debe lidiar con su lucha personal contra la adversidad.
      Muchos besos.

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