07 Jul La dama de las aguas
La Dama de las Aguas
Él circulaba con su Range Rover 4WD por la carretera local LU-162 en Valadouro (Lugo), siguiendo indicaciones hacia Ferreira/Alfoz. Atravesaba las entrañas del bosque de acebos, carballos y abedules, recreando su imaginación con leyendas propias de la zona, como hacía siempre.
La leyenda de la Dama de las Aguas aparecía en su mente de forma instantánea cada vez que conducía el Range Rover por aquel reducto de la naturaleza.
Ruperto Bruces adoraba su coche, tanto como descubrir rincones perdidos de los bosques más espesos. A su mujer le atraían los senderos y todo eso del abrazo a lo natural, pero no compartía el mismo entusiasmo. Gorgia se ponía los cascos para escuchar música de cualquier estilo que la evadiera del miedo a perderse que tanto la acechaba cada vez que acudía con Ruperto a la llamada del bosque.
Ahora el aventurero viajaba solo en medio del atardecer de un incipiente mes de julio, apenas a una semana de haber dado comienzo el verano.
El conductor del Range Rover se había pasado todo el mes de junio carreteando por el corazón de A serra do Xistral para completar el estudio biológico que le había encargado un organismo oficial.
Las primeras sombras del crepúsculo vespertino comenzaron a caer sobre el bosque y por la estrecha carretera que daba paso a Ruperto.
“Pondré la radio” —pensó, mientras contemplaba los helechos que trepaban por las cunetas.
«¡Aquí el concurso de las siete, oyentes descontrolados! Os convoco a un receso mental que abrirá un paréntesis en vuestras vidas» —decía el locutor de un popular programa—. «Venga, que hoy toca algo fácil. Habrá premio para la primera llamada que acierte nuestra pregunta».
Animado por una corazonada, Ruperto marcó el número, que tenía almacenado en la memoria del móvil desde que se había suscrito al programa.
«A ver, querido amigo, ¿Cómo se llama mi primer concursante de hoy?».
—Ruperto Bruces. Me encanta “El concurso de las siete”.
«Bien, Ruperto, hoy tenemos prisa, por eso iremos directamente al grano. Hoy tocan preguntas sobre… Biodiversidad. Ya sabes que para evitar búsquedas en internet, que no están permitidas, no tendrás más de cinco segundos para responder ¿de acuerdo? Bien, ahí va la pregunta:
»¿Qué especie es el Quercus Robur?
—Pues nuestro querido carballo, el roble clásico.
«¡Fantástico! Eres muy rápido, Ruperto. Venga, que solo te quedan dos más para llevarte el gran premio de esta tarde».
»Dinos al menos dos nombres de árboles cuyas hojas sean de color rojo en otoño.
—El Arce rojo y el Liquidambar.
¡Maravilla de las maravillas! Nuestro gran Ruperto es …
En ese momento la conexión simplemente se desvaneció. El aventurero de la carretera se quedó como atontado, pues pasó de la excitación del momento a la decepción casi inmediata. Probó a recuperar la llamada pero sin éxito.
“Ya me llamarán ellos” pensaba, bastante molesto.
Ninguna señal volvió a aparecer en la pantalla de su móvil. Se fijó en que no hubiera problemas de cobertura. No los había.

Resignado, continuó su viaje sumergido en una especie de ensoñación. La leyenda de la Dama de las Aguas volvió a su memoria, esta vez con una nitidez brillante. En un momento dado, la imagen vaporosa de una mujer de cabello rubio que relucía como el oro se formó delante de él. Se vio obligado a frenar, como si tratase de evitar un atropellamiento.
La mujer permanecía frente a él suspendida en el aire, moviéndose como si este agitara su figura al igual que lo harían las aguas del estanque de aquella ondina de leyenda.
Estaba tentado de llamar a su mujer para ver si aportaba una dosis de cordura a sus visiones. Para ello quiso detener el Range Rover, pero otro raro fenómeno se añadió a la aparición de la Dama. El coche no obedecía a la conducción de Ruperto y una fuerza intangible tomó el mando.
Una vez hubo parado del todo, el conductor bajó del coche y se vio junto a un precioso estanque en medio de un claro donde la Dama de las Aguas se sumergía y volvía a aparecer tal como uno se imagina que haría una sirena.
—¿Sabes por qué estás aquí? —dijo ella mientras se acariciaba la preciosa cabellera.
—Pues, confieso que no tengo ni idea, Dama de las Aguas ¿Eres la protagonista de la leyenda?
—Soy un apéndice de tu vida, una prolongación que el destino te ha concedido para que recuperes un perfecto hogar y todo lo que tu mujer representaba para ti.
—¿Qué tiene que ver Gorgia en esto? ¿Y por qué hablas de ella en pasado?
—Ella forma los cimientos sobre los que se edifica tu vida ¿no te has dado cuenta? y me ha transmitido un mensaje en sueños…
—Pero ¿qué mensaje ni qué…? ¿Por qué me veo envuelto en esta locura? ¿Me habré quedado dormido?
—Gorgia me ha dicho que espera tu regreso, que vuelvas a casa cuanto antes.
—Eso es lo que estaba haciendo, Dama de las Aguas. Regresar a casa.
—Pero no podrá ser… ya no.
Una sensación de vacío envolvió a Ruperto, como si una bajada de presión hubiera absorbido todo lo que le rodeaba. Se contempló a si mismo tumbado en el suelo, entre los restos de hierros retorcidos de su coche, con el rostro desfigurado y la mirada ensangrentada, perdida entre los Quercus y los Arces rojos. En su cabeza resonaban las palabras del locutor de radio, preguntando a las ondas que, si Ruperto continuaba allí, que lo intentara de nuevo con la conexión.
—Las distracciones nunca fueron buenas, cariño —oyó decir a Gorgia como si esta le hablara desde el programa de radio—. Siempre te gustó disfrutar del paisaje, querido mío, y siempre te decía que…
—… que parásemos para contemplarlo o que te pusieras de conductora. Si, lo sé. Había alternativas, pero cuando voy solo es otra cosa. ¿Podré volver contigo?
—Claro que si, mi amor, no tengas duda. Te sacaré de ahí, mandaré mi alma a por la tuya.
Un chispazo iluminó entonces el escenario junto a la laguna de la Dama. Esta intervino en medio de un resplandor que asustaba.
—No te vayas, Ruperto, no saldrás de aquí. ¡No mientras yo pueda impedirlo!
La Dama sacó su cuerpo completamente del agua y caminó hacia Ruperto con una expresión de rabia reflejada en sus ojos. Una sombra gélida ocupaba todo su rostro.
—La leyenda me atribuye una huida de mi hogar abandonando a mis hijos y despreciando a mi marido. Pero el destino me condenó a ser la guardiana de estas aguas y no salir jamás del estanque. ¡No quiero eso! Debo volver a tener un hogar, y tu me servirás muy bien en este lado del mundo.
En ese momento, Gorgia apareció y sujetó a su amor con toda su energía. En un instante, todo desapareció de la vista de ambos.
Otro escenario se dejó ver. Entre los restos retorcidos de un todoterreno, una ambulancia del servicio local de salud atendía a Ruperto mediante masaje cardíaco. Al cabo de unos segundos, el accidentado recuperó el conocimiento y reconoció a Gorgia entre los presentes.
—Tienes buen aspecto, cariño mío —dijo él mientras la besaba—. Eres mi salvadora, como siempre.
Ruperto notó el discurrir de las lágrimas bajo sus ojos. Ninguna desfiguración afeaba su rostro. Una pierna rota y heridas en un brazo eran el balance de esta realidad. Quién sabe si la otra fue producto de una distracción o de una llamada de la doliente Dama de las Aguas.
©Marcos Manuel Sánchez Sánchez
Y hasta aquí hemos llegado, amigos. espero que os haya gustado este cuento, un humilde homenaje por mi parte a los hermanos Grimm.


Miguel Ángel Díaz Díaz
Posted at 18:45h, 25 julioMuy interesante el relato, Marcos.
Me recuerda La dama del lago que Walter Scott adaptó del ciclo artúrico y Rossini convirtió en ópera. Tu relato se mueve por esos lugares donde tú tan a gusto te encuentras, así que igual hay alguna sensación personal en el relato.
Un fuerte abrazo
marcosplanet
Posted at 09:23h, 31 julioBueno, me gusta crear escenarios en mis historias, ya sean de ficción o reflexiones sobre la vida.
Otro abrazo fuerte para ti, Miguel.
Themis
Posted at 17:22h, 13 julioEl relato engancha desde el inicio, te va llevando por diferentes escenarios que se van entrelazando, fantasía, realidad se vuelven una, un concurso que muestra un momento en el tiempo reloj, otro la carretera, el desplazamiento y la imagen onírica de esa Dama de las aguas, que va alcanzando nitidez, todo se vuelve uno, y desaparece, para resurgir sin nada que lo entorpezca, logró una nueva oportunidad para vivir junto a esa mujer de verdad capaz de dar todas sus fuerzas y su ser para salvarlo de ese fantasma que se lo quiere llevar. Gracias, abrazo más que grande
marcosplanet
Posted at 18:25h, 14 julioMuchas gracias por tus valiosas palabras, Themis.
Un abrazo gigante.
Io
Posted at 17:37h, 08 julioQue bonito relato Marcos y como tantas veces, dejas una moraleja o reflexión. Me ha encantado lo bien ligados que están el mundo mágico y mítico con la vida real.
Que maravillosas son las segundas oportunidades que nos da la vida, aquellas que nos hacen reflexionar y encontrar el verdadero sentido e importancia de la vida…..cuando eres tocado por una situación en la que te debates entre la vida y la muerte, todo se te pone del revés y es entonces cuando encuentras el verdadero sentido de la vida, es cuando la empiezas a apreciar y a disfrutar plenamente de ella.
Un placer leer un relato tan mágico y brillante M.arcos.
Un abrazo
marcosplanet
Posted at 08:17h, 10 julioMuchísimas gracias, Io, por tus preciosas palabras y por esa reflexión que da que pensar. Cuando la vida se te pone del revés te da otra perspectiva que ayuda a entenderla y apreciarla. Así que ¡manos a la obra!
Un abrazo.
Tarkion
Posted at 15:29h, 07 julio¡Marcos!
Después de leer «La dama de las aguas» sigo dándole vueltas a lo bien que construyes el puente entre dos mundos. Consigues que algo tan cotidiano y moderno como un concurso de radio y algo tan ancestral como una leyenda del bosque no solo convivan, sino que se necesiten el uno al otro para que la historia funcione. Esa es la verdadera magia del relato: cómo lo que podría ser una simple anécdota de carretera se carga de una resonancia mítica y profunda.
El hilo del concurso de radio, que al principio parece solo un detalle para darle color al viaje de Ruperto, es un anclaje a la realidad que usas de una manera muy inteligente. Se convierte en el catalizador de la tragedia (la distracción) y, al mismo tiempo, en el contenido de su viaje onírico. El giro final, donde todo encaja, funciona a la perfección precisamente porque has sembrado esa semilla desde el principio, y eso demuestra un gran dominio de la estructura narrativa.
Y luego está ese detalle que para mí es el corazón de todo, el anclaje simbólico: la pregunta sobre el Quercus Robur. Que Ruperto, como hombre de ciencia, conozca el nombre técnico y, a la vez, el alma del «carballo», nos dice que es una persona que entiende el bosque en todas sus capas. Lo conectas con una sola respuesta al mundo racional y al mítico, y por eso es creíble que sea él quien pueda «ver» a la Dama en ese umbral entre la vida y la muerte. Es una sutileza fantástica que sostiene toda la historia.
Es un relato que se lee con intriga, que deja una atmósfera que perdura y que cierra de una forma muy satisfactoria y coherente. Se nota el cuidado en cada detalle.
¡Un fuerte abrazo, compañero!
marcosplanet
Posted at 11:18h, 08 julio¡Vaya, Miguel! me has dejado con la boca abierta tras este análisis tan detallado y completo que haces de mi historia sobre la dama y un protagonista amante de la naturaleza. No puedo hacer más que agradecerte el tiempo que has dedicado a darle forma a tu comentario y que hayas sido tan generoso en las descripciones.
Un fuerte abrazo, compañero de letras encendidas por la imaginación.