04 Nov Las voces de Pennywise
Las voces de Pennywise
La casa se escondía detrás de la iglesia de Santa Cecilia, ocupando uno de los terrenos de la última hilera de viviendas. Al otro lado, un lago profundo bañaba la longuera del pueblo. La mayoría de las familias habían abandonado sus casas esa mañana para ir a pescar a la Presa de las cien gotas, que remansaba las aguas del caudaloso río cinco kilómetros más arriba.
Como casi siempre, Rodrigo había preferido quedarse a leer un libro, el último de Stephen King sobre “It” en compañía de su vecina Aurora. Ambos se habían criado juntos y disfrutaban leyendo novelas de terror, su género favorito. Se reunían para comentar episodios concretos de las historias, recrearse con las escenas más sangrientas o consultar las dudas que apuntaban en sus agendas escolares.
Tanto él como ella habían decorado sus habitaciones con posters de películas, imágenes impresas sacadas de internet sobre sus personajes preferidos y objetos de todo tipo que ocupaban sus estanterías como auténticos tesoros.
Al entrar en la habitación de Aurora, lo primero que veías era una reproducción en 3D del payaso Pennywise, el personaje ideado por Stephen King en su última entrega de “It”. Esta se convertiría con seguridad en el argumento para una nueva película.
Cuando los dos alumnos de secundaria decidían quedar para hablar de sus lecturas lo justificaban de varias maneras, no todas convincentes para los padres. Al final los dos amigos del alma solían salirse con la suya. Habían compartido un pasado que les había marcado para siempre y eso facilitaba a los padres su actitud condescendiente.
El padre de Aurora encontró a la madre con la mandíbula desencajada, sentada en su sillón favorito sobre un charco de orina. Diagnóstico: fallo cardíaco ocurrido entre las 11 y las 12 horas de la noche. El televisor estaba encendido y retransmitía un espectáculo de circo para niños.
La madre de Rodrigo falleció en un accidente de moto mientras cruzaba el puente de la Presa de las cien gotas. El cadáver destrozado de la mujer apareció entre unos arbustos espinosos. Sus hojas quedaron ensangrentadas por la perforación que una rama le produjo en una pierna. La caída tuvo lugar desde una altura de unos sesenta metros.
Dos muertes en menos de un mes eran algo insólito para un pueblo tan tranquilo como Fresno del Toro, donde las aguas briosas del río Bullaque y las aves de ribera constituían el único acontecimiento que interrumpía el silencio. Ir a pescar a las orillas del río cercanas a la Presa reunía a grupos que en ocasiones rompían el sosiego de aquel entorno donde la naturaleza orquestaba el piar de los mirlos, estorninos y verderones.
El día que los dos adolescentes quedaron solos, los pájaros callaron. Tan solo algunos ruiseñores lanzaban su melodía, pero sonaban como un gorjeo apagado.
Rodrigo acababa de leer un párrafo de “It”. El gran King describía una escena bajo las calles de la ciudad ficticia de Derry en Maine, Estados Unidos.
—No sé por qué, Aurora, pero me pone triste leer esta novela, es como… es como si algo en mi interior me avisara que no debo continuar.
—¿Ah, si? ¿Y eso te extraña? Hay muchos miedos concentrados en las historias que cuenta el libro, y nosotros tenemos miedos, ¿verdad, Rodrigo?
—¡Eh?, pues… bueno yo, claro, por supuesto que sí; debe ser por la cantidad de libros que leemos, Auri. Nos gusta el terror.
—Ya, pero lo que pasa es que nos acordamos de nuestras madres ¿verdad? Ellas nos protegían, nos queríamos muchísimo y…
—No vayas por ahí, amiga, de verdad, es que me cuesta creer lo que sucedió después del… accidente de mi madre. Lo hemos hablado otras veces, tu propia madre sufrió un infarto pocas semanas más tarde… Eso es, cómo sería la palabra…
—Desconcertante, sí, pero lo es todavía más la desaparición de Maike y Tania, ¿no te parece? Mira, es mejor que…
Algo perturbó la conversación de los dos adolescentes, un sonido como de un motor que se ahoga y se apaga, algo que duró un par de segundos. Rodrigo continuó su diálogo.
—Vino todo de seguido, es algo increíble que tampoco estén entre nosotros. Creo… creo que las muertes están relacionadas con las dos desapariciones. ¿Qué opinas, Auri?
El sonido ahogado se dejó oír de nuevo. Esta vez no dejó indiferentes a los dos amigos.
—Eh, para, Rodrigo, lo has escuchado, ¿verdad? Es la segunda vez.
Ambos permanecieron en silencio hasta que el motor se manifestó de nuevo.
—¡Mira, Auri! Esas luces, junto a la chimenea…
Un carrusel de lucecitas daba vueltas sobre sí mismo, como un tiovivo. El repicar de unas campanillas flotaba en el aire.
—¡Venga Ya, Rodri! Esto lo has preparado tu para impresionarme… o acongojarme.
—Vaya palabras raritas que salen de tu boca, eres más empollona de lo que pensaba. Pues no, yo no he preparado nada de nada. Oye, es mejor que salgamos de aquí ¿no crees?
Desde que había hablado por última vez, Aurora había permanecido callada frente a la exposición de luces. Miraba embobada la escena y sin mediar palabra se giró hacia su amigo con una sonrisa que lo paralizó. El rostro de Auri comenzó a experimentar un cambio lento pero radical. Ahora era la cara del payaso Pennywise de las películas de cine. Giraba la cabeza de un lado a otro a una velocidad vertiginosa que mareaba a Rodrigo. Este seguía sin poder moverse, atrapado en lo que le parecía una ensoñación peliculera.
—No…no eres tú, ¿verdad? Dime que es una broma siniestra, Auri, ¡para! ¡para ya!
Por toda respuesta, su compañera se acercó a él hasta ocupar todo su campo visual. La aparición consistía ahora tan solo en un rostro que gesticulaba deformando sus gestos, cambiando entre rictus y estertores macabros que habían atrapado a Rodrigo sin permitirle mover ni una pestaña.
—Estáass, estáas cagado de miedo ¡¿VERDAD, AMIGO?! Eso es lo que busco, eso es lo que deseo. Me alimento del miedo, sobre todo del miedo de los niños. Son los humanos más sensibles a los sustos y las visiones. Y os creéis todas esas historias de la televisión y el cine. Es un campo bien abonado.
Rodrigo consiguió emitir sus primeras palabras, balbuceando. Una baba espesa empezó a gotear de su boca formando un grueso cordón sanguinolento. Con los ojos desorbitados, miraba directamente a aquella imagen que era únicamente un rostro sin cuerpo.
—Eres una pesadilla, Pennywise, ¡fuera de mi casa! Lárgate y no… vuelvas…
Una sonrisa que mostraba más dientes que un cocodrilo atravesaba de oreja a oreja la cara de aquel Pennywise. La voz del payaso sonaba distorsionada, como si un dragón bramase desde el interior de una profunda cueva.
—Soy una criatura cósmica que existe antes del universo ¿acaso crees que me puedes echar así como así de este cuchitril húmedo que es tu casa?
—De cuchitril húmedo nada de nada, estúpida y vieja araña ¿Crees tú que no conozco bien lo que eres? He leído todo sobre ti.
Una araña monstruosa apareció en el lugar que antes ocupaba el rostro flotante. Su caparazón rozaba el techo de la habitación de Rodrigo. Con una de sus patas, el bicho le dio un empujón. Allí ya no había rastro de Aurora, había desaparecido como sus compañeros Maike y Tania.
Rodrigo se armó de valor y se enfrentó con el monstruo portando un bate de beisbol que decoraba la estancia. Se subió a lo alto de un armario y asestó un golpe certero en la boca de la araña, que le agarró por la cintura pretendiendo estrujarle contra su cuerpo peludo. Rodrigo golpeaba sin parar la cabeza de aquella aberración, negra como el peor de los presagios.
—¿Qué has hecho con mi amiga? ¿Dónde está, monstruo idiota?
Acto seguido, Pennywise lanzó al muchacho contra la pared y cambió de forma. El cuerpo de Aurora, sangrante y desfigurado, surgió ante el crío de la nada. La araña ya no estaba allí.
—¡No, bicho asqueroso! ¡No voy a creerme otro de tus trucos! Esa no es Aurora. Todo es un teatro que te montas para asustar a los niños, es tan solo una visión que ahora confunde mi cabeza.
Rodrigo hizo el esfuerzo titánico de concentrarse en la imagen de su madre, de cómo le había transmitido su cariño a lo largo de su vida. Quería revivir aquellos momentos únicos, y puso en ello todas las fuerzas que pudo reunir.
—¡Aurora! ¡Aurora!, sal de ahí. Ella quiere llevarte a su guarida en las profundidades de Fresno. ¡Sal de ahí ya!
El cuerpo sangrante e inmóvil de Aurora empezó a cobrar vida. Poco a poco fue levantándose hasta quedar de pie, enfrentada de nuevo a la cara flotante de un payaso. El sonido de unas campanillas y unas luces multicolor invadieron la habitación.
Al cabo de tensos segundos de espera ya no quedaba rastro de la presencia del ente que conquistaba a los niños con golosinas y atracciones de feria.
Rodrigo sujetó de un brazo a la chica y la atrajo hacia sí, la proximidad le hizo sentir el calor de su cuerpo, que regresaba de las tinieblas.
Al desvanecerse el peligro se abrazaron como si quisieran formar parte de un solo cuerpo. Aurora besó la cara del chico. Este temblaba aún, pero esta vez se trataba de algo distinto, más íntimo y personal. Ella había cerrado los ojos paladeando cada segundo del reencuentro. Al volverlos a abrir, vio el reflejo de unos ojos rojos como ascuas que los observaban desde el espejo del armario.
© 2025 Marcos Manuel Sánchez. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción, distribución o modificación sin el permiso expreso del titular.
Y aquí termina la historia. Tu opinión nos interesa mucho, así que déjala por favor en la sección de comentarios.
Con este relato participo en el Vadereto de noviembre, que organiza como siempre nuestro amigo José Antonio Sánchez en su excelente blog Acervo de letras.
Se trata de escribir un relato de terror que incluya a uno de los monstruos clásicos de las novelas y el cine de terror.
¡Que lo disfrutéis!

CuasarGrande
Posted at 20:42h, 18 noviembrepuede ser que ese payaso y otros mas son ya parte de nuestra realidad, pero penny es caso interesante diria yo por lo moderno, como una evocacion a un asesino en serie muy famoso, con tematica de payaso, Gacy…. todo eso hiela el alma
marcosplanet
Posted at 10:30h, 19 noviembreLa hiela, desde luego. Estoy pensando en abrir una nueva saga de relatos relacionada con asesinos, no sé si recordando a los famosos o que sean completamente nuevos y sin «referencias».
Marlen
Posted at 13:23h, 16 noviembreHola Marcos
¡Eso no vale! Si le pides ayuda a tu amigo Stephen King, no vale! Porque, desde luego, tu relato es la última obra del Gran Aterrorizador. Y que conste que no suelo leerlo ni ver sus películas porque no me gusta el «género terror». Pero se nota su impronta y tus descripciones son excelentes, logran tu objetivo de acojonarnos.
Comienzas con las muertes tan extrañas de las madres de los dos chicos, que parecen tener un rasgo en común que nos pone sobre aviso. La desaparición de los dos amigos Maike y Tania y el ruido del motor que se ahoga agregan detalles que nos van preparando. Pero la aparición del malévolo Payaso Pennywise y el hipnótico carrusel de luces nos envuelven en el aterrador y disparatado ambiente que los dos amigos creen conocer tan bien.. No hay forma de escapar cuando tu mejor amiga cae en los hilos del gran manipulador del MIEDO, así, con mayúsculas. Puedes luchar con todas tus fuerzas, pero sólo el AMOR, el de tu madre y el de tu amiga pueden vencer cualquier monstruo que se interponga.
Sí, el amor los salva, pero nadie nos asegura que no vuelva a pasar. Y yo te advierto que, si logras el segundo capítulo, no pienso leerlo. ¡Con uno ya tengo bastante! ¡Felicidades! Un abrazo.
Marlen
marcosplanet
Posted at 19:21h, 16 noviembreJajajj, Marlen, qué pasada de comentario. Se nota pasión en tus palabras, me encanta la energía que transmites. Y se nota que has visto bastantes obras de King. En efecto, el AMOR es la única arma que puede ahuyentar al payaso, hasta que su demencia intergaláctica vuelva a llevarle a algún rincón perdido de la vida de alguien.
Un abrazo.
Luferura
Posted at 14:22h, 14 noviembreHola Marcos,
Magnífico cuento que sigue el Aura de Stefen King, con la diferencia de que la historia se desarrolla en Fresno del Toro (espero que no esté muy cerca de Fresno de Torote) en vez de en Derry y cumple todas las pautas de una historia de terror:
– Crear el ambiente, en que los chicos se quedan solos por una causa determinada que ya nos anticipa con qué se pueden enfrentar.
– El recurso a un hecho del pasadoque parece fortuito y pero que resulta sospechoso, que son las muertes de respectivas madres, aderezadas con la desaparición de dos amigos.
– La aparición del enemigo tras un fenómeno.
– Y la lucha entre nuestros protagonistas y el monstruo.
– Y se deja ese final incierto que anima a una segunda entrega…
Pero no resulta una narración típica ni tópica, engancha desde el principio y aunque Pennywise sea de sobra conocido la historia resulta muy original.
Un saludo
Mercedes Soriano Trapero
Posted at 16:58h, 09 noviembreHola, Marcos, un relato lleno de referencias y de terror, a cada párrafo le sucede otro más tenebroso aún. Has cogido varios personajes icónicos y grandes tópicos del miedo para crear una buena atmósfera, ¡reto conseguido!
Un abrazo. 🙂
marcosplanet
Posted at 09:49h, 10 noviembreMuchas gracias por tus palabras, Merche. Pues si, quería adaptar la historia al modus operandi de King con la manera en que describe a los personajes y los escenarios.
Un abrazo 🙂
Campirela
Posted at 19:15h, 05 noviembreUn relato donde las risas son pocas y el miedo bastante.
Has captado la esencia del personaje del payaso y lo has transmitido muy bien.
Ha habido los últimos renglones que han sido de infarto, esa lucha interior por salvar a su amiga Aurora, y el final es tierno y de héroe…
Superado muy bien el reto del mes.
Un abrazo.
Ana Piera
Posted at 19:05h, 05 noviembreHola Marcos:
Me gustó cómo se conectan el dolor por la pérdida, los libros de Stephen King y las desapariciones misteriosas. El final deja una sensación rara, como si algo siguiera acechando desde el espejo… y eso es justo lo que uno espera de un buen relato de terror: que te haga mirar dos veces antes de apagar la luz.
Buen trabajo, tiene atmósfera, ritmo y un cierre que da escalofríos.
marcosplanet
Posted at 20:25h, 05 noviembreMuchas gracias por tus palabras, Ana. Sabes que me ayudan mucho a continuar juntando palabras en estas historias que me salen de algún rincón del alma.
Abrazos
Jose Antonio Sánchez Cano
Posted at 18:38h, 05 noviembreHola, Marcos.
Has usado magistralmente al personaje más terrorífico de don Estifen King. Como te decía en el Acervo, solo con ver su cara ya te dan ganas de salir corriendo.
Además, haciendo que el payaso juguetón use a la amiga como soporte, le das un doble sentido al miedo: por un lado, el de ese monstruo que el muchacho cree conocer bien; por otro, la pérdida de su compañera y, puede, que algo más. Esto, unido a lo que cree adivinar sobre las demás muertes y desapariciones, hacen un escenario que el propio King te firmaría.
Como ya hemos hablado, el payaso dejó de ser divertido desde que este autor lo transformó en Pennywise. Aunque, a mí personalmente, nunca me resultó divertido el circo. Creo que solo fui una vez a verlo, de niño, y no me gustó el maltrato de los animales desde la primera vista en el exterior de las carpas. Menos mal que en algo hemos avanzado.
Muchas gracias por recordarnos que alguien con la cara pintada no es muy de fiar. X) Felicidades por el cuento y gracias por el susto para el VadeReto.
Abrazo Grande.
marcosplanet
Posted at 20:29h, 05 noviembreAgradezco mucho tu comentario, maestro. Me dejas sin ganas de decir nada más a tu análisis tan positivo y motivador.
Y gracias por organizar estos retos tan edificantes que estimulan la creatividad.
Otro abrazo enorme para ti.
P.S.: a mi tampoco me gustó jamás el circo. Me ha transmitido siempre una sensación de tristeza, por las vidas precarias que me he imaginado que llevaban sus empleados y artistas y por el empeño macabro en utilizar animales en las funciones.