Naturaleza, rutas y escritura.

 

En este diálogo, dos grandes hombres intercambian su visión sobre su paso por la vida. Si lo deseas, dime qué opinas al respecto.


 

¿Qué le diría Einstein al rey Leónidas de Esparta?

 

–Es algo increíble que tenga yo el honor de charlar contigo, muertos como estamos los dos, Leo. Para mí es un honor.

–¿Y cómo?,¿cómo ha sido posible este encuentro, Albert? ¿Hay algún pasadizo especial que nos comunique a ambos?

–Creo que habrá resultado posible gracias a una cuestión relativa. Relativa al espacio-tiempo, más bien. Dimensiones paralelas del mismo mundo que nos han trasladado a los dos hasta aquí.

–Esto es una especie de tierra de nadie, Albert. El paraje se parece a mi queridísima Esparta, con esos acantilados próximos al mar Egeo, en cuyas paredes escarpadas de roca vieja anidan aves rapaces manteniendo el ciclo de la vida. Junto a los despeñaderos, tierras de pastos extensos nos permiten criar grandes rebaños de cabras y ovejas. Es proverbial la capacidad que tienen nuestros pastores para resistir largas jornadas  de…

–Bien, bien, Leónidas, no te esfuerces en detallar cosas menores, pues el paraje que nos rodea fue decisivo para provocar tu derrota. No hace falta saber Física cuántica para averiguar que hubo un traidor entre esos pastores que iba a jugártela a base de bien, o de mal, según se mire. Si, ese tal Efialtes que os salió al encuentro pidiendo combatir en vuestras filas y que rechazasteis porque no fue capaz de sostener el escudo, pues eso habría puesto en peligro vuestra falange de combate.

–¿Te refieres a ese momento de la marcha hacia el desfiladero de las Termópilas en que mi ejército de griegos y espartanos desfilaban marcialmente para enfrentarse al ejército de Jerjes, el persa que al mando de más de cien mil hombres quiso conquistar toda Grecia?

–¡Qué pregunta más larga, gran Leónidas! Pero si, te diré que aciertas. Era el mismo Jerjes Primero que prometió al traidor Efialtes grandes riquezas si le ayudaba a venceros y así poder entrar en vuestras sagradas tierras del Peloponeso.

–Me da la sensación de que bromeas con mi triste final y eso no es justo, Albert Einstein, gran rey de eso que llamáis Física Teórica, que en tu juventud tuviste dificultades de aprendizaje y acumulabas suspensos en exámenes sencillos.

–No me adaptaba al nivel de esos exámenes pues yo siempre andaba divagando. Daba vueltas a teorías y más teorías. De todas formas, eso ha sido un golpe bajo, rey Leónidas.

–Está bien, disculpa, pero yo soy ante todo un guerrero perteneciente a un pueblo luchador que superaba con creces a cualquier otro, que entrenaba a sus vástagos para que el enemigo les temiese como a bestias abominables.

–Mira, ahora lo veo más claro. El hecho de que estemos los dos aquí, en esta especie de tierra de nadie, se debe a la proyección de mi Teoría de la Relatividad que dice que en este espacio-tiempo es donde tienen lugar todos los sucesos físicos del Universo. El espacio y el tiempo no pueden ser independientes. Ambos compartimos un punto coincidiendo en un mismo lugar.

–Hablas con palabras espesas para mi, gran Albert. Pero parece que tu sabiduría te ha llevado por derroteros de gloria allá en la época en que viviste y dejaste de hacerlo, en un futuro que ahora es presente para ambos gracias a esa relatividad de la que hablas. Debiste ser un hombre ilustre.

¿Qué-le-diría-Einstein-al-rey-Leónidas-de-Esparta?

–Bueno, eso lo dices tú y agradezco tus palabras, es algo que en mi boca sonaría a engreimiento. He de confesar que podría sentirme orgulloso después de mis 62 nominaciones al Premio Nobel de Física, la inmensa mayoría por la Teoría de la Relatividad, entre 1910 y 1921. Sin embargo, todas esas candidaturas fueron rechazadas.

–¡Vaya! ¡Qué desilusión!

–Un tal Gullstrand, Nobel en medicina diez años antes de que yo fuese galardonado con el Nobel en Física, se encargó de complicarme la vida.

–Sí, eso me sucedía a mí con los éforos del Oráculo de Delfos, que deseaban fastidiarme con sus malos augurios para no enfrentarme a Jerjes. Estaban pagados por él.

–Aprecio tu analogía, pero en mi caso nadie impidió que me concedieran el premio Nobel de Física en 1921 por mis aportes a la Física Teórica, y en especial por descubrir la ley del efecto fotoeléctrico. Bueno, sin restarte mérito, gran Rey. Tu hazaña en las Termópilas quedó grabada eternamente en las crónicas de Heródoto y Diodoro Sículo.

–Si, pero debo decir que fui un arrogante y un tozudo. Mi enojo fue desaforado y pequé de soberbio, pues incumplí la ley espartana. Esta consistía en ser militarista, igualitaria y aislacionista. Se basaba en costumbres y leyes que buscaban la eunomía o buena ley y la pacificación del territorio. Bien, no deseo arrebatarte tiempo, doctor. Así que tu teoría dice que todo es relativo ¿no es así?

–Bueno, mi teoría afirma que el espacio-tiempo se vuelve dinámico y adquiere curvatura.

–¡Oh!, me confunde tu comentario, Albert. Sea como sea yo estaba condenado al fracaso, tanto si el oráculo me hubiera desaconsejado acudir a la guerra como si no. El ejército de Jerjes acabó arrasándonos a mis hombres y a mí. De modo que enfrentarme al mayor ejército del mundo fue de una épica indiscutible, pero de una capacidad de raciocinio relativa ¿verdad? Los persas acabaron dejando un rastro de destrucción.

¿Qué-le-diría-Einstein-al-rey-Leónidas-de-Esparta?

–No soy yo quien deba juzgar tus actos, Leo. Pero fíjate en que, gracias a tu hazaña ejemplar, los griegos protegieron el Peloponeso de la conquista persa. Grecia pudo armar sus tropas para enfrentarse a los persas en las batallas de Salamina y Platea, donde los griegos les derrotaron definitivamente.

–¡Ya veo la relación, Albert!, tú libraste tu batalla personal contra el poder de lo tradicional, representado por ese tal Gulstrand, con unas consecuencias que llevaron a la Humanidad a grandes avances ¿no? Y eso fue bueno.

–Bien, pero ¿Cómo te explico yo ahora que mis estudios allanaron el camino para fabricar un arma que podría acabar con todo el ejército de Jerjes en un instante de nuestro espacio-tiempo?

 

 


 

Bueno, y eso es todo amig@s. Dime tu opinión en los comentarios. Seguro que será bien recibida.

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19 respuestas

  1. Muy bonito y original, dos personajes muy diferentes hablando de su trabajo y dos épocas debatiendo. Imposible dejar de leer. Son como dos divagaciones enlazadas, que se enriquecen la una a la otra. Una reflexión entre sabiduría y heroismo, Me ha encantado.
    Un saludo

  2. ¡Qué genialidad, Marcos!
    Sin dar más vueltas a la Teoría de la Relatividad, no hay que justificar cómo se han podido encontrar estos dos personajes: Simplemente has sido tú quien los ha juntado en tu mente y ha creado este maravilloso y surrealista momento, salpicado con algunas dosis de información y unas gotas de sentido del humor. Creo que has abierto un camino interesante para traer personajes diversos y las reflexiones que podrían haber cruzado entre ellos.
    Un fuerte abrazo 🙂

    1. Muchas gracias por tus palabras, que aprecio mucho. El momento surrealista ha dado pie a otras historias entre personajes que iré alimentando poco a poco, como «¿Qué le diría Rafael Nadal a Alejandro Magno?».
      Un fuerte abrazo, Miguel Ángel.

  3. ¡Bravo, Marcos! Qué maravilla de texto nos has regalado. Original, inteligente y lleno de una ironía fina que se disfruta línea a línea. Tu encuentro imaginario entre Albert Einstein y el rey Leónidas de Esparta no solo es una genialidad narrativa, sino también un cruce brillante entre la épica clásica y la ciencia moderna. Logras que dos figuras tan distantes dialoguen con naturalidad, sin que ninguno pierda su esencia.

    Los contrastes entre la lógica matemática de Einstein y la visceral pasión guerrera de Leónidas están trazados con maestría. Además, ese sutil humor que atraviesa el texto (como los reproches mutuos, los guiños históricos o los malentendidos entre ciencia y guerra) le da una frescura que atrapa.

    Gracias por ofrecernos una conversación tan improbable como profundamente humana. Has conseguido que el lector se detenga a reflexionar, sonría y admire la conexión imposible entre dos mundos… que en tu relato se vuelven uno. ¡Enhorabuena, Marcos! Que sigan los diálogos imposibles.

    1. Muchas gracias por tu completo análisis y valiosa opinión. El puente entre dos mundos es a veces una pasarela espacio-temporal indefinida que sirve de nexo para que hablen los dos personajes. Habrá más entregas te lo aseguro.
      Muchas gracias por tu tiempo y tus descripciones del texto, que agradezco muy sinceramente.
      ¡Un abrazo!

  4. Hola Marcos, muy bueno este diálogo entre estos dos personajes tan disímiles y que logran intercambiar tantos criterios sobre diferentes temas, me hicieron reír en muchos momentos,, eso es algo para agradecer en estos tiempos, que el humor y que no sea el negro esté presente para alivianar al alma de su cotidianidad. Abrazo más que grande

    1. Me encantan tus palabras, Themis. Gracias por tu tiempo y comentario tan atinado. Es verdad que un poco de humor no viene nada mal en esta era apocalíptica en la que parece que vivimos.
      Un fuerte abrazo.

  5. Me ha gustado mucho el poner a dialogar a dos personajes en principio tan opuestos e incluso tan distantes en el tiempo, y hacerlo de una manera tan estudiada, destacable, curiosa y al mismo tiempo amena. De hecho he dado una vuelta por tu web y me ha dejado asombrado, por lo que la he añadido a la columna de enlaces de interés de mi blog para estar siempre al tanto de las cosas que vayas poniendo. Un fuerte abrazo.

  6. Toda una lección de historia en los diálogos y datos sobre tus personajes en tan interesante encuentro más allá de las cadenas del espacio tiempo. Dos personajes y sus analogías para iluminar y enriquecer nuestro conocimiento sobre ellos, con detalles que solo los eruditos manejan. Un placer leérte y feliz fin de semana

  7. Entretenidísimo relato y genial idea, la de hacer coincidir esos dos personajes tan dispares. Me ha encantado tu escritura y hasta se me ha hecho corta, aunque en verdad has tenido la habilidad de saber dejarme, o dejarnos, con hambre, con ganas de seguir leyéndote. Muchas gracias, Marcos.

    1. Muchas gracias a ti por tus palabras, Juan Carlos. Me alegra mucho que te haya entretenido unos minutos. Me encantaría que leyeras más historias mías y las comentaras.
      Ah, suscríbete l blog. Es lo mejor para recibir lo último publicado.

  8. Que cultura tienes!!
    Me impresiona tantos nombres y hechos que casi desconocía.

    Veo en tu fantastica relación, unos hechos que coinciden en estas dos grandes personas!!
    Las dos personas son grandes luchadores… pero que eclipsaron por la aparición de dos personas «normales»…

    Todas las murallas del mundo, por muy grandes que sean, siempre han sido inútiles a la contención que debían dar… porque siempre hay una puertecita por donde pasar para librar la muralla.

    Grandes, muy grandes, esas murallas pero no supieron contener esas entradas por las puertecitas pequeñas.
    Grandes pueden ser las murallas, los genios o cualquier persona normal… pero no podrán evitar que otras personas arruinen sus empresas.
    Pero… como dices, a mi entender es lo mejor que puede suceder… porque, de no ser así…acabarariamos encerrados en grandes murallas el resto de la humanidad!!

    Me ha encantado tu pensamiento.

    Un abrazo muy grande, mi querido amigo!!

    1. Muchas gracias a ti, Javier, por tu reflexión tan acertada. Siempre ha habido y habrá personas que eclipsan, por su «normalidad» a otras que son grandes, pero la verdad se abre camino.
      Un fuerte abrazo!

  9. Ya es una genialidad, poner en conversación a dos grandes personajes a los que les separa más de 2000 años…
    Así más, el contenido del relato que mantienen entre los dos
    Me encanta!!

  10. ¡Marcos, me ha encantado!

    Desde la primera línea ya me tenías enganchado:
    «Es algo increíble que tenga yo el honor de charlar contigo, muertos como estamos los dos, Leo. Para mí es un honor.»

    Esa entrada es simplemente brillante. Directa, con humor sutil y un toque surrealista que deja claro que lo que viene será especial. Pero lo que más me ha gustado es cómo juegas con la relatividad del tiempo y el espacio para unir a dos personajes que, en principio, no podrían tener nada en común… y, sin embargo, ahí están, conversando como si hubieran coincidido en la misma taberna.

    Y luego están esas comparaciones que me han sacado una risa más de una vez. El momento en el que Einstein se queja de Gullstrand y Leónidas le responde con los éforos del Oráculo de Delfos… ¡es oro puro! Esa manera de conectar sus dificultades, como si fueran problemas administrativos del mismo nivel, es brillante.

    El contraste entre la lógica implacable de la ciencia y la épica de la guerra está construido de manera ingeniosa y bien equilibrada . Einstein con su relatividad y Leónidas con su destino inevitable hacen que el diálogo no solo funcione, sino que se sienta natural dentro de su propio absurdo. Y ese final, con la sombra de la bomba atómica sobre el legado de Einstein… ahí dejas un gancho filosófico de los buenos.

    Un texto que no solo entretiene, sino que también invita a pensar. ¿Quién hubiera dicho que un guerrero espartano y un físico teórico podían compartir tanto?

    ¡Un abrazo y enhorabuena por este texto tan original!

    1. Muchísimas gracias por tu análisis tan detallado, Miguel. Me dan muchos ánimos tus palabras y tu forma de examinar el texto, por partes, enriqueciendo cada una de ellas con tu capacidad para apreciar detalles sutiles. ¡No se te escapa una!
      Un fuerte abrazo, aliado de las buenas palabras.

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Marcos

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