Carta escrita a la sombra de un palmeral, junto a playa Numute, Islas Fiyi.
«Tú y yo sabíamos que algo estaba naciendo entre nosotros nada más vernos en Vanua Levu, esa ciudad-puerto donde naciste que siempre me pareció sacada de una novela de aventuras exóticas. Las trescientas islas Fiyi no fueron espacio suficiente para separar nuestros destinos, porque algo impulsaba a que nuestros caminos se cruzaran en aquel muelle del puerto, cayendo ya la tarde ¿Recuerdas? No había ningún pasajero para transportar a la isla excepto yo, el extraño con mirada nostálgica que llegaba dispuesto a cambiar de vida».
»»Vaya, lo siento» –balbuceé ante tu cara de piel brillante como la arena de coral que cubre la playa–. No es buen momento para navegar. Mañana probaré…
»Nada de eso, hace buen tiempo y el horizonte está limpio. ¡Nos vamos! –dijiste con esa voz cantarina que contagia entusiasmo y frescura. El resto es ya parte de la historia que me abruma.
»Espero cada día con la misma ilusión la llegada de la canoa correo que hace el servicio por estas islas, para entregar mis escritos al simpático Kanuk. Sé que te pareceré ingenuo o quizá algo ridículo, pero te envío cartas como esta pensando en recuperarte. Creo que así podré recomponer mi corazón dividido en mil pedazos desde que decidiste regresar a tus orígenes, al lugar que te había visto nacer».
»Después de las maravillosas semanas de vacaciones que compartimos, yo creía que nuestros sentimientos eran más fuertes que las rocas que rodean esta isla. Pero tuviste que caer en manos de aquel viejo romance que acudió hasta aquí en forma de ese tal Norberto, a quien decidiste recuperar para reconstruir tu futuro. Ya sé que lo nuestro fue breve, tan fugaz como una centella en comparación con la relación que habías mantenido con aquel tío tan elegante. Ahora sé que tus aspiraciones son mejorar tu vida de la mejor manera que crees posible. Tu trabajo guiando a turistas en el barco a motor hacia cualquiera de estas islas perdidas te aleja de ese futuro que anhelas, conectado a una gran ciudad del continente».
»Bien sabes que lo que yo busco está aquí, en un lugar perdido del Pacífico Sur donde pueda olvidarme de mi pasado. Quizá debí hablarte de lo que me atormenta, de qué estoy huyendo, pero aún no puedo compartirlo contigo.».


27 respuestas
Es un buen comienzo para una novela de thriller en un entorno paradisíaco. Saludos
Gracias Federico. Lo malo es que tengo ya una docena de proyectos, pero recojo la sugerencia, claro que sí.
Saludos.
Un final en diferido de una historia de amor Por otro lado a mi propuesta sin enlace a tu blog no existe por qué la informática se me resiste Un abrazo
A veces la informática forma parte de ese selecto grupo de las ciencias ocultas.
Un abrazo.
Que intriga..
¿Tendrá oportunidad este romance frustado o prevalecerá la relación que ella quiso reconstruir?
Bien contado.
La solución en el siguiente episodio…
Me imagino que el desengaño en una relación amorosa, en el marco de rosa isla maravillosa, sería más llevadero o quizás agravará su falta.
Un abrazo.
Puede ser…
Muchas gracias por comentar.
Un abrazo.
Parece que el es mayor que ella y que ella se va a hacer lo que el ya hizo. A repetir su historia fea en la civilización rabiosa. Así que como todo vuelve a sus raíces parece probable el reencuentro, aunque quizás tarde, o peor aun vuelva demasiado tarde.
Un texto muy sentido, que transmite más pena que dolor.
Abrazoo
Muchas gracias por tu comentario, Gabiliante. Creo que el que haya reencuentro o no, depende de lo que el autor decida a continuación. Puede que le dé continuidad ya que algunos de vosotros me lo habéis sugerido.
Otro abrazo para ti.
Un bello texto Marcos. Esa carta llena de nostalgia que espera incunable una respuesta…Un abrazos!
Historia epistolar que merece extenderse en forma de novela, quizás?. Un abrazo, Marcos
Ayyy Marcos que belleza de carta, me ha llegado al corazón, esa nostalgia, ese amor, un pasado misterioso, una isla, que mezcla de sensaciones, dan ganas de saber más de esta historia… Besos por ahí!
Me alegra mucho que te haya gustado tanto, Mari. Pues igual le doy continuidad, si. Lo complicado en estos casos de retos de relatos muy cortos es que queda esbozada una idea, la escribes en forma de historia y mientras tanto se te van ocurriendo cosas y personajes que no puedes introducir en la historia por su extensión limitada. Eso da lugar a que el lector desee una continuación. Supongo que a ti te habrá pasado igual en ocasiones.
Muchas gracias.
Un fuerte abrazo.
Hola Marcos, me gustó mucho esa carta, y todo lo que encierran esas palabras.
Sin dudas es un lugar soñado tal cual lo muestra la imagen, para vivir el amor, pero el destino se interpuso y los separó.
Un abrazo.
PATRICIA F.
Muchas gracias Patricia. Eso es, escribí el relato desde un punto de vista nostálgico y anhelante de recuperar una relación que ya estaba perdida.
Un abrazo.
Hola Marcos, un muy buen relato donde nos contagias de ese sentimiento de búsqueda del amor y la desolación que da el no tener la respuesta que quisiéramos. Me gustó mucho como lo has escrito con tanta sensibilidad. Saludos.
Gracias a ti por tus palabras, Ana. Me encanta que la historia haya sido de tu agrado.
Saludos.
Qué texto tan exquisito! Una historia de amor envuelta en la búsqueda de dos futuros distintos, uno quiere borrar su pasado y el otro quiere cambiar su futuro. Al final me quedo con un poco de intriga. Pero me ha encantado leer este relato que siento como prosa poética, con un final no tan lindo ni esperado.
Un abrazo
El amor… tan intenso como el mar a veces, tan solitario como una isla otras… ¡Pero cuanto nos gusta vivirlo! Sin embargo, no deja de escribir cartas esperanzadoras, pienso que porque en el fondo, aunque no les llegue, aunque no sean contestadas, esas cartas algún día serán leídas por alguien y su sentimiento no será olvidado, si no que permanecerá escrito en la eternidad.
Un relato precioso…¿Quién no se ha sentido alguna vez, al estar enamorad@ y no ser correspondido, como si estuviese en una isla alejado del mundo? Esa impotencia de sentir tanto amor en nuestro interior y por mucho que se intenta exteriorizarlo…a nadie le importa, ni si quiera al ser amado.
¡Un saludo!
Cuanto más intentas exteriorizar ese sentimiento más difícil se hace ser escuchado por la otra parte. Comparto contigo esa impresión de que el amor de una parte despechada se sienta como una isla desierta. La falta de entendimiento es una causa de separación y alejamiento que quizá el paso del tiempo pueda arreglar.
Muchas gracias por tu aportación y por tu tiempo.
¡Saludos!
Hay amores que aunque sean fugaces dejan una huella imborrable, al menos en esta ocasión fue a él, ella no lo vivió de ese modo, porque pensaba en su otro amor.
Cuando los intereses son diferentes, la distancia se aleja y el amor vuela.
Un Saludo, feliz semana, anfitrion.
Así lo veo yo también, Campirela. Muchas gracias por compartir tu opinión.
Feliz semana para ti también, Campivampi.
Hola Marcos, transmites de manera nostálgica y reflexiva la historia de un amor fugaz en un entorno exótico, donde las emociones están profundamente conectadas con el paisaje. Es fácil sentir la intensidad de las semanas compartidas, así como el dolor que lo embarga al rememorar cómo se desvaneció todo frente a la llegada de una antigua relación.
Su tono melancólico refleja el peso de un amor que se creía firme y sólido, pero que resultó ser tan efímero como el escenario paradisíaco en el que ocurrió. El resultado es un relato sobre el desencuentro, el desamor y la búsqueda de identidad en medio de un paisaje tan hermoso como inhóspito. Muy profundo. Un abrazo
Me alegra y anima mucho leer tus comentarios, Nuria. Muchas gracias por tu análisis que comparto plenamente. Es era la intención del relato.
Un fuerte abrazo.
«Las trescientas islas Fiyi no fueron espacio suficiente para separar nuestros destinos».
¡Qué bonito!
Un amor que parecía nacido del Libro de los Sueños, contra las inexorables leyes de la naturaleza y las vulgares costumbres de los hombres.
Pero al final unas y otras, tozudas, se acabaron imponiendo.
Así es, amigo mío. La naturaleza y las a veces irrefrenables costumbres humanas se acaban imponiendo caprichosamente.