KARONDEL. LLEGÓ EL RENACER
Karondel, el gran héroe incomprendido de la blogosfera, se dispone a inmolarse una vez más en aras de un mundo mejor, para poder recibir la gracia de los comentarios constructivos de la gente.
«¡Ala!, sumérgete en la nada, otra vez», —masculló su conciencia, apagándose.
»Voy camino de una perdición moral que ni yo mismo entiendo.
»Estoy atrapado en una trampa para ratas, un atolladero lleno de desperdicios de moral truncada, de corrupción interior. Otra vez caigo en la alcantarilla de la insinceridad, esa rampa que me desliza imparable hacia el cieno, el lodazal de pensamientos que no encuentran eco en ningún ser humano».
Karondel clama a los cuatro vientos mientras resiste una gigantesca tormenta de arena en el desierto rojo de Cunialar, un planeta inventado por él, sobre el que está intentando escribir una novela. Este es en realidad su gran reto, cumplir con objetivos propios, que satisfagan su necesidad creativa mucho más allá de los simplismos que ofrecen las plataformas de blogs y los comentarios publicados en estos.
»Yo, Karondel, intenté en una ocasión reunir a los míos en una convención. Poco aforo y mucha palabra hueca. Me pareció chocante que resultase tan difícil obtener respuestas del mundo.
Como resultado de ello, en cambio, se manifestó por primera vez una forma oscura que había estado planeando como un buitre hambriento durante mucho tiempo sobre el blog de Karondel.
Este, autor de mil relatos, vocea con rabia desatada en medio de la tormenta roja. Cunialar muestra su furia a través de un temporal que no cesa. El combatiente creador de historias hilvana sus pensamientos en un telar donde desea urdir algo completamente nuevo, fuera de sus pasados errores.
«No he sido capaz de resistirme a la fuerza intangible pero demoledora de los retos literarios. No me encuentro a gusto con la forma en que utilizo el tiempo. Me empujan para que me introduzca en un maremágnum de igualdad, y esto es lo que me saca de quicio.
La tormenta bramaba en girones de polvo denso que oscurecía la luz del Astro Rey hasta terminar por hacerla desaparecer. Karondel se debate entre la batalla interna frente a su culpa y la lucha contra la fuerza que intenta tumbar a su caballo, pero no se baja de él.
»Debo ser respetuoso en las formas en que me dirijo a los demás —piensa—, debo contenerme, cumplir con lo políticamente correcto, dedicar mucho tiempo, pero que mucho, a cumplir las sacrosantas normas que otros han establecido pero que casi nadie secunda.
Con la boca escupiendo arena, Karondel consiguió articular una frase:
«Woody estaba en lo cierto: Querer agradar a todo el mundo es un fracaso seguro».
El héroe combate ahora contra fantasmas surgidos de su rencor en pleno estallido de nubes de arena. Los granos de polvo son ecos vacíos de comentarios forzados. Los vientos de Cunialar le atenazan y nunca le sueltan, como los relatos que ha de leer obligatoriamente.
»El toma y daca literario se produce siguiendo caminos inciertos, algunos incluso aún por descubrir.
»Así que ¿para qué seguir perdiendo el tiempo?
Se acabó…
Karondel desconectó su portátil.
El desierto desapareció en él.
Y esto es todo, amigos. Gracias por haber llegado hasta aquí. Vuestro comentario será muy bienvenido.
Participar es bueno para el alma.


2 respuestas
Se dice que, generalmnete, muchos autores de relatos y novelas tienen a su alter ego como protagonista, o se han basado en experiencias personales a la hora de narrar una historia. Sospecho que este podría muy bien ser el caso de este texto. ¿O me equivoco? Un escritor, que se siente «héroe» por afrontar con valentía las dificultades para que su labor se vea apreciada y recompensada, debe sentirse dolido o incomprendido al no ver satisfecho su deseo. La blogosfera, especialmente, es un campo de batalla donde suele darse este caso, digo yo, je, je.
Un abrazo.
Ay, ay, Josep, Josep…
Abrazos