LA RUTA MÁS SEGURA PARA VISITANTES SIN PRISAS
Nos alojamos en el Gran Hotel Montañés siendo las dos de la madrugada. La razón de una hora tan intempestiva era que la nieve abundante se había acumulado en la carretera que nos conduciría a nuestro hotel en una urbanización cerca de la Estación de esquí.
Hay quien prefiere dedicarse a practicar esquí alpino, otros se buscan las pistas más blandas de Sarriós o Anayet pero yo me entrego al senderismo. El pirineo aragonés ofrece picos maravillosos como los de Monte Perdido en el Parque Nacional de Ordesa, que son el paraíso en la tierra.
El caso es que el Gran Hotel me gustó por su ambiente montañés, haciendo honor a su nombre, con mucha madera de pino y cedro por todas partes, museo-exposición de trineos y esquíes antiguos en la antesala para captar la atención del viajero y una zona próxima a los ascensores que olía a ternascos y otros asados, con una mezcla de esencias de maderas bien barnizadas.
Al pasar junto a una doble puerta abatible vi salir de allí a un camarero que desplazaba su carrito con viandas destinadas a alguna de las múltiples habitaciones, a pesar de la hora.
Un señor entrado en los cincuenta, de nutrida barba y completamente calvo, se dirigió a Carla y a mi junto a las primeras puertas de ascensor. Iba acompañado de una mujer de la misma edad, de una belleza deslumbrante, sí, esa es la palabra que mejor la describe. Su conjunto montañero de marca resaltaba su atlética y elegante figura.
No voy a relatar aquí la historia completa, dejo eso para otra ocasión. Sí os diré que mientras Carla y yo nos alojamos en el hotel trabamos amistad con un matrimonio de Madrid que quería descubrir el pirineo. Marian y Narciso de Bernardis nunca lo habían visitado.
Resultó que todos éramos aficionados al senderismo en lugar de al noble pero arriesgado deporte del esquí, o al menos esa es la impresión que yo tengo. Conocimos a otros clientes del hotel para salidas ocasionales, pero con los madrileños llegamos a entablar sincera amistad.
Al cabo de unos días de estancia en aquel paraíso, tras algunas rutas por la pradera de Ordesa siguiendo el curso del río Arazas, decidimos hacer planes sobre nuestra próxima aventura por las pasarelas de Panticosa para contemplar la magia del cañón del río Caldarés.
Los cuatro éramos los últimos expedicionarios que íbamos circulando con los visitantes de ese día por la garganta montañosa. Además, nuestros flamantes amigos se habían adelantado más allá de cien metros respecto a nosotros sobre la pasarela que bordeaba el cañón. Parecían tener prisa. No pude evitar fijarme en ella, en la ligereza de su caminar incluso con su mochila a la espalda. En un momento dado, giró en un recodo del camino y perdimos de vista a ambos. Todavía no habían alcanzado al resto del grupo, que discurría por el puente metálico sobre el valle de Tena.
Cubrimos la distancia que nos separaba de ellos en no más de 3 o 4 minutos. Cuando nos reunimos con Narciso… la gran decepción, el momento gris, el vacío, la desesperanza, una inquietud que penetraba en mi cerebro me lo confirmó: ella había desaparecido.
El rostro de Narciso era una máscara contraída por un miedo atroz, lo reflejaba a cada instante; había enmudecido marcado por el desamparo. Ella ya no estaba.
© 2026 Marcos Manuel Sánchez. Todos los derechos reservados.
Nota: quizá dé continuidad a este relato, completándolo a mi manera, sin límite de extensión. De ser así, habrá una próxima entrega en breve.
Con esta historia participo en el reto literario de este jueves día 2 de abril, que organiza con mano diestra Neogéminis en su magnífico blog. Hay que intentar que no exceda las 350 palabras, por lo que me disculpo al no haber cumplido exactamente con la norma, aunque se permite extenderse algo más si es necesario por exigencias del guion. Las normas están aquí.
HISTORIA PARA UN PAISAJE
Hay que elegir uno de los paisajes y ambientar allí la historia que se nos ocurra. Yo he elegido esta imagen entre las que propone Neo:
¡¡Hasta la próxima, amig@s!!


Un comentario
Marcos, que lindo deve ser esse hotem bem de acordo com o que idealizamos para perto da neve. Bom fazer amizades assim, mas me surpreendeu doi o triste final com o desaparecimento da parceira de Narciso. Dá bem para imaginar o que por lá apos isso aconteceu! Triste!
Bela participação! abraços, chica