16 Sep Sorpresas con sabor a campo
Esta es mi aportación al microrrelato del jueves 18 de septiembre, organizado en esta ocasión por Artesanos de la palabra bajo el título:
Un fin de semana diferente
Sorpresas con sabor a campo
Eran demasiados meses seguidos sintiendo la presión. Mauricio pasaba largas horas nocturnas y diurnas escribiendo la novela que la editorial le había encargado. Al principio le dijeron que necesitaban una historia de ficción sobre una catástrofe natural. Después cambiaron a una historia con un tono más romántico que acabara en un final dramático.
Mauricio informaba al corrector de estilo sobre cada giro que daba a la acción. La trama, a su juicio, iba muy bien encaminada y revisaba el texto con frecuencia.
—He tenido que modificar diez párrafos —aseguraba Clodoviro, el asesor ortotipográfico—. No me des tanto curro que tu obra no es la única que pasa por mis manos.
Simancas, el maquetador, azuzaba a Mauricio.
—Que no exceda las 400 páginas, la sangría ha de ser de 2,5 cm, y si te extiendes más nos quedará un tocho demasiado gordo.
—Debe ser una lectura cómoda ante todo —indicaba el editor—. Nada de florituras.
Total, que ese fin de semana Mauricio decidió coger su todoterreno e ir a explorar junto a María la belleza de la campiña salmantina.
—Nos vamos a una casa rural en medio de la nada, a veinte kilómetros del pueblo más cercano.
Al cabo de un par de días de disfrutar del sotomonte, la pareja decidió tomar una ruta senderista que prometía experiencias de aroma, descubriendo arboledas cuajadas de jara, brezo, romero, lavanda y aliaga en los bordes de los encinares.
Cuando aspiraban la fragancia del brezo, dulce, amaderada, a veces con efluvios de caramelo, un toro de enormes dimensiones apareció tras ellos.
La sorpresa fue paralizante al principio, pero a los pocos segundos ya estaban corriendo como gamos buscando un lugar elevado donde ponerse a buen recaudo ante semejante amenaza.
El animal, de planta soberbia, inició una carrera desbocada hacia donde se hallaban los excursionistas, quienes no paraban de correr y mirar a lo que había a sus espaldas.
Al mismo tiempo, unos mugidos procedentes de un lugar indeterminado llegaban a sus oídos, emitidos por otro animal. Mirando hacia su izquierda contemplaron cómo una manada de vacas se hallaba pastando apaciblemente, mientras que el astado atravesaba con su trote veloz el camino que llevaban los senderistas, perdiéndose por el lado donde los bovinos rumiaban sin cesar.
Al parecer, una de las vacas estaba emparejada con el enorme animal que espantó a nuestros protagonistas, el cual acudió presuroso a la llamada mugiente de su amada.
Mauricio y María subieron al todoterreno lanzando un último vistazo a aquella pradera, tranquilos ya tras la sorpresa taurina.
—Mira María, la próxima vez nos vamos al cine.
—¿Y quien nos garantiza que no nos pondrían de los nervios los que rumian las palomitas?
©Marcos Manuel Sánchez Sánchez
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Nota: las imágenes de este post han sido extraídas de freepik.es

Federico Agüera Cañavate
Posted at 12:06h, 10 octubreEs bueno hacer una ruta por la campiña salmantina, claro que mejor no meterse en los campos que están las reses libres. 😂
Miguel Ángel Díaz Díaz
Posted at 17:31h, 23 septiembreHola, Marcos.
Unos verdaderos desconocedores del campo. Seguro que siempre han estado en la ciudad y desconocen lo que no sea urbano. Un relato con susto que acaba siendo simpático y divertido para los lectores.
Un fuerte abrazo 🙂
marcosplanet
Posted at 23:59h, 23 septiembrePues si, les faltaba experiencia campera, pero seguro que después lo recordarían con cariño… o con escalofrío.
🤗
Gabiliante
Posted at 13:11h, 20 septiembreTípico de estos excursionistas urbanistas. Se creen que cuando ellos llegan al campo todo el mundo está por ellos y son centro de atención..
No sé si podrá encajar la anécdota en el libro, pero debería
Abrazooo
Arenas
Posted at 10:02h, 20 septiembrePlanteas un interesante dilema en tu relato.
¿.Son más peligrosas las cornadas de la fiera corrupia, o las coces de Clodoviro Arteaga y el Simancas Pititón?
A saber.. Vivimos sometidos a los caprichosos vaivenes de todo lo que nos rodea, y quizá sea cuando creamos haber escapado de un horror, que nos encontremos otro mayor.
marcosplanet
Posted at 16:35h, 22 septiembreConcuerdo con tus observaciones clodovíricas y pititonas, gran amigo.
😂😂
El Demiurgo de Hurlingham
Posted at 02:59h, 20 septiembreQue carga la de ese escritor, de tener que trabajar con tantas consignas molestas.
Tiene sentido que se haya hecho una escapada con una belleza, llamada María.
Aunque tuvieron un momento de intranquilidad, en que fue útil la velocidad de escape. Justifica la sugerencia de María.
Por otro lado, podría tener material para sumar a la novela.
Saludos.
marcosplanet
Posted at 16:36h, 22 septiembreCompletamente de acuerdo, Demiurgo, completamente.
Saludos
Tracicorrecaminos
Posted at 13:47h, 19 septiembreMe has hecho recordar una merienda campestre de mi adolescencia, que también tuvimos que salir corriendo porque nos dimos cuenta que estábamos rodeados de toros con unos cuernos que nos paralizaban..
Al final las cosas de la juventud, escapamos muertos de risa.
marcosplanet
Posted at 19:57h, 19 septiembreSuele ser así, y se recuerda con gracias y risas…
Karina
Posted at 18:41h, 18 septiembreTremendo susto se llevaron! Menos mal que el toro tenía otro destino.
Muy lindo relato.
Saludos
Luferura
Posted at 09:14h, 18 septiembreUn relato muy bonito e interesante. Me gusta mucho los dos polos del relato, un mundo urbano con normas que condicionan el trabajo (sangría, extensión, correcciones y plazos) para trasladarnos a la naturaleza y descubrir que hay otros condicionantes diferentes. Y el pobre Mauricio un poco marioneta en ambos mundos.
Me ha gustado mucho.
Un saludo
Mónica Frau
Posted at 03:34h, 18 septiembreTal vez la inspiración le llegue a tu protagonista por el lado de los toros jeje. Me imagino el susto que se pegaron esos dos! Un abrazo
Ezequiel
Posted at 00:19h, 18 septiembreMuy buena la historia, con el susto que tuvo Mauricio en el campo tiene material para la novela. El final está muy divertido, es bastante molesto el ruido de los pochoclos, también el de los caramelos.
Saludos
Anónimo
Posted at 20:18h, 17 septiembreMuy bello y divertido
Consuelo
Posted at 18:01h, 17 septiembreNo hay nada como el campo salmantino para ir a meditar. A Mauricio nadie le advirtió que es tierra de toros (y por ende de vacas). Un relato genial y divertido.
Maria
Posted at 17:48h, 17 septiembreExcelente relato, Marcos. El pobre Mauricio se estaba currando pero bien la novela. No me extraña nada que decidiera cambiar de aires, e irse a disfrutar de la belleza del campo de las tierras de Salamanca a una casa rural e ir de senderismo. Qué experiencia más bonita disfrutar al aire libre. Lo peor fue encontrarse con el toro jajaja madre mía qué susto se debieron pegar. Y es que se puede encontrar una de todo haciendo senderismo. Qué bueno que apareció su amada vaca jajaja gracias a ella el toro acudió a su llamado. Me sacaste sonrisas.
De todas formas fue una experiencia bonita. Disfrutar del senderismo, aunque se llevasen el susto en el cuerpo.
Tampoco es mala idea ir al cine, a mí me encanta comer palomitas en el cine jajaja lo mismo si se encuentran conmigo les pondría nerviosos también jajajaj.
Qué bueno tu relato, Marcos, he disfrutado un montón.
Un abrazo enorme.
marcosplanet
Posted at 08:24h, 18 septiembreMe alegra mucho que haya sido de tu gusto, María. Da igual adonde elijamos ir para disfrutar del tiempo libre. Siempre habrá algo o alguien que perturbe nuestro objetivo.
Otro abrazo fuerte para ti.
Nuria de Espinosa
Posted at 14:41h, 17 septiembreHola Marcos, el relato aparte de sacarme unas risas, refleja bien la presión a la que puede estar sometido un escritor cuando trabaja por encargo, con cambios constantes y exigencias de todos lados. Después de tanta tensión, la historia se abre hacia un respiro en la naturaleza, aunque esa tranquilidad se rompa con el susto del toro. Al final, el giro humorístico con la comparación de las vacas y las palomitas me pareció un cierre ingenioso que aplaudo. Un abrazo grande
marcosplanet
Posted at 08:25h, 18 septiembreMuchas gracias por comentar con atención y con interés, Nuria, virtudes que hoy en día tanto escasean.
Un fuerte abrazo.
Froi
Posted at 07:32h, 17 septiembreBuena idea la de tomarse un respiro en una tierra que tanto me inspira. Relato corto con anécdota incluída. Un abrazo Marcos y buena semana.
Artesanos de la palabra
Posted at 21:58h, 16 septiembreHola Marcos, me has hecho reír con ese final inesperado. El bravo toro simplemente andaba enamorado y su carrera no era para embestir a los turistas desprevenidos, sino para llegar rápidamente junto a su vaca enamorada.
Me gusta mucho tu historia pues ese detalle rompe con el tono romántico del paseo de la pareja generando ese humor, realmente muy bueno.
Un abrazo
PATRICIA F.
marcosplanet
Posted at 14:28h, 17 septiembreMuchas gracias, Patricia. Como siempre, tus comentarios son muy valiosos y me alegra mucho leer tus impresiones.
Un abrazo fuerte también para ti.
Cabrónidas
Posted at 15:20h, 16 septiembreA pesar de los sustos que pueda deparar el campo, por salud mental es menester visitarlo con frecuencia. 🙂
campirela_
Posted at 13:55h, 16 septiembreMe has hecho reír, gente de ciudad en el campo no combina jaaa.
Menos mal que apareció la damisela del tremendo toro, si no, mal lo hubieran pasado.
Ya tiene una anécdota para su novela.
Un abrazo., feliz semana.
marcosplanet
Posted at 14:13h, 16 septiembreHola Campivampi! Pues si, la anécdota podría incluirla perfectamente en su novela… con el visto bueno de la editorial.
Gracias por tu comentario y ¡feliz semana!