Naturaleza, rutas y escritura.

Hola, os presento mi aportación al Vadereto de este mes de junio que organiza nuestro amigo José Antonio Sanchez en su blog Acervo de letras.

Se trata de imaginar qué ocurrirá cuando traspases las cortinas de una caseta de feria, la guarida de la Pitonisa, la Adivinadora.

 

Espero que disfrutes con mi relato y te hago saber que tu comentario es muy valioso para mi. Déjalo por favor al final del texto.

 


 

Un futuro no imaginado

 

El recinto que albergaba la feria impresionaba ya a lo lejos. Desde el aparcamiento observé la cascada de luces y los destellos de la noria inflamada de luz. Mientras me acercaba a la entrada percibía la mezcla de olores característica. Churros de rosca, los rellenos de crema o chocolate y horneados diversos extendían la presencia de la fritanga por todas partes.

Yo sentía en mis entrañas aquel bullir de personas con niños o en pareja, de grupos de fiesteros con su botellón ambulante, personas degustando toneladas de palomitas solas o acompañadas… Otros devoraban a pie quieto las delicias de la bocatería “El gigante de los bocatas”, ya fuera acodados en la barra del bar o sentados ante alguna mesa.

Los paseantes se detenían a probar suerte en los puestos del “Pato Abajo”, “Tiro al globo” o los dardos de ventosa que debías arrojar sobre dianas mínimas prácticamente inalcanzables.

La atracción de “El ascensor” parecía que fuera a estrellarse desde cincuenta metros de altura, como el «Barco Pirata» con su balanceo imposible desde su posición vertical. Esa proa apuntaba al suelo con temeridad suicida y nunca he montado en ella.

“El mejicano” ejecutaba un sube y baja que hacía sobrepasar a algunos pasajeros de elevado tamaño las barras de seguridad. Cada vez que realizaba un movimiento de ascenso, un sonido como de platillos de orquesta gigantes invadía el ambiente.

Los asadores transformaban kilos y kilos de carne en suculentos platos a la brasa. Los puestos de bebidas reunían a su alrededor a un conjunto de aficionados al mojito y otras especialidades que no tardaban en producir su efecto etílico. Paso junto a un lugar donde están asando lonchas de panceta que desprenden aromas invencibles y te obligan a librar una batalla contra el apetito desaforado.

Un niño intenta mantener en equilibrio una bandeja con una bebida y una patata cocida extra-grande rellena de salchichas y salsa de tomate. Antes de que ocurriera lo inevitable le ayudo a sostener su carga con el agradecimiento de sus padres.

Me encuentro con unos vecinos que van agarrados unos a otros como si quisieran bailar el Sirtaki, aquella danza griega creada ex profeso en 1964 para la película Zorba el griego. Intercambio con ellos unos saludos de rigor y un par de bromas y continúo mi ruta hacia el único lugar al que deseo acudir.

“El cubil de la pitonisa” era una carpa no muy grande elaborada con lonas blancas dotada de una ventana de plástico translúcido. A través de ella compruebo que la vidente Rosaura, como se hace llamar según reza el cartel de la entrada, se encuentra sola en esos momentos.

Abro las cortinas de la entrada y me presento.

–Hola, soy Anselmo ¿adivinas el futuro?

–Para eso estoy aquí, no tengas duda –aseguró el oráculo.

El cubil de Rosaura estaba decorado de forma sencilla. Junto a una mesa redonda donde reposaba un mazo de cartas del Tarot y una bandeja con sándalo humeante, había una estatua de madera oscura representando una efigie de lo que podía ser un dios africano. Los rasgos de este eran muy marcados, con un rostro definido por grandes surcos. El semblante de Rosaura era de facciones suaves, pálido y aparentaba no más de treinta años. El velo que cubría su cabeza dejaba despejada la frente, adornada con un colgante de piedras coloreadas engarzadas con un hilo plateado. Los ojos de la mujer reflejaban oscuridad y profundidad, quizá acentuada por la escasa iluminación del recinto, alumbrado tan solo con tres o cuatro luminarias distribuidas en las cercanías de la mesa.

Me fijé en su vestido sedoso, que parecía formado por varias capas de velos algodonosos que me produjeron un impacto onírico, como si ese encuentro estuviera teniendo lugar en las entrañas de un sueño.

El olor a sándalo había anegado mi capacidad olfativa cuando me hizo la pregunta.

–¿Qué te preocupa del futuro?

No me pude sustraer a la cadencia de su voz bien templada pero profunda, inquietante, que en mi imaginación sonaba como si perteneciera a alguien cargado de experiencias que un simple mortal jamás llegaría a alcanzar.

–Me gustaría saber si tendré éxito con la tienda de surf que acabo de inaugurar.

Tras el ritual de rigor, Rosaura me dijo que escogiera carta del mazo dispuesto boca abajo. Al voltearla con parsimonia vi reflejada en sus ojos una expresión de pánico. La segunda y tercera cartas puestas al descubierto fueron suficientes para ella. El diagnóstico sobre mi futuro la debió impresionar más de los esperado. Cruzó ambas manos sobre el pecho y me miró a la cara compungida.

La pitonisa predice que en esos momentos ve cómo cruzará el cielo minutos más tarde un meteorito de gran tamaño que acabará estrellándose contra la feria. No ve más que horror y drama a su alrededor. Nadie se va a salvar. No estamos a tiempo de hacer nada, solo esperar el final ineludible.

un-futuro-no-imaginado

Me horroriza pensar en qué maldito momento se me ocurrió pasarme por allí, cuando nunca había sentido atracción por que me leyeran el futuro. El miedo más tenaz se impone a mi escepticismo, se apodera de mi y no me suelta. Cuando oigo los gritos de la gente en el exterior, la sensación de parálisis es persistente, me rodea, me oprime, es una angustia que no puedo compartir con nadie. Me desespero por la incertidumbre, salgo de la tienda para ver por dónde va el horrendo meteorito. Veo una intensa luz en el cielo tachonado de estrellas, pero ese cuerpo celeste brilla más que ningún otro de los presentes en el firmamento.

Viene hacia mí, está enfocado en esta feria, seguro. Veo a la gente señalando al cielo con estupor, nos miramos los unos a los otros destilando incertidumbre y miedo, un miedo cerval que recorre mis huesos hasta la médula. Me estoy congelando por dentro, la sangre parece haberse detenido en mis venas, no puedo más. Ese monstruo de roca y fuego destruirá la feria y toda la ciudad, no hay duda. Me encomiendo al Altísimo una y otra vez. Observo que hay mucha gente rezando, unos se abrazan entre sí, otros han salido corriendo en estampida sin saber qué camino tomar. Atrapados, estamos atrapados en un agujero negro que nos absorbe sin remisión.

 

La pitonisa sigue encerrada en su tienda, que yo sepa. Vuelvo a entrar en su santuario y compruebo que se halla sentada con el cuerpo erguido, echando las cartas del Tarot sobre la mesa. Gira lentamente la cabeza hacia mí y me dirige una sonrisa que… me parece… reconfortante.

–¿Por qué sonríes así Rosaura? ¿Sabes algo que yo no sepa?

–Las cartas me indican que al fin quedaré libre. Al estrellarse este cuerpo celeste mi alma se desprenderá de mi cuerpo enfermo. Tengo una enfermedad terminal y me quedaba muy poco de vida. Lo lamento por todos los que van a caer con el meteorito, pero yo quedaré vigilante desde allá arriba para cumplir con mi misión, que es seguir velando eternamente por el conocimiento del futuro de aquellos que se inquietan por él. Mi alma entrará en el cuerpo de otra adivina y le otorgaré el poder de la adivinación.

–¡Estás chiflada, Rosaura! –chillé a pleno pulmón. Era como si mis oídos percibieran el choque inminente del meteorito, como si se hubiera producido ya un impacto que hubiera comenzado a repartir sus efectos de devastación y muerte.

Atolondrado por la neurosis que sufría salí corriendo de la tienda y volví a mirar hacia arriba. Entonces comprobé la magnitud del cambio. El cuerpo celeste estaba cambiando su trayectoria por segundos, de forma que ahora había enderezado el trazado deslizándose en paralelo a la superficie a varios cientos de kilómetros sobre el suelo. Por un motivo desconocido y providencial, el objeto de monstruoso tamaño se dirigía hacia el mar, el amplísimo mar que delimita la línea costera hasta mezclarse con aguas oceánicas.

El meteorito siguió su camino cuyo final solo conoceríamos los ciudadanos mediante los partes de noticias radiados y televisados esa noche.

–“El objeto celeste ha caído sobre la fosa oceánica, el lugar más profundo donde podía haber detenido su avance destructor. Toda la región ha quedado fuera del peligro que suponía esta amenaza”.

Rosaura había errado, como el meteorito que se desplazaba implacable hacia la feria de las ilusiones para acabar desapareciendo en el abismo líquido.

He recuperado mi vida, es como si la hubiera rebobinado hasta el momento en que entré en esa tienda de la adivinación donde todo son conjeturas, ahora lo sé. También sé que no volveré a visitar a Rosaura. La verdad es que ya no me interesa lo más mínimo adelantarme al futuro, porque por más que intentemos conocerlo, la fuerza que lo dirige se encargará de conservarlo en su sitio, en su lugar en el tiempo y en el espacio. Y eso nada lo podrá cambiar.

 


 

Y hasta aquí llega mi historia para el Vadereto de junio.

Haz click en el corazón de más abajo si te ha gustado y deja por favor tu valioso comentario.

Te deseo salud y suerte en la vida.

Nota: todas las imágenes de este post incluida la portada pertenecen a la página  bing.com/images/create/ a no ser que se indique otro origen en el pie de foto.

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28 respuestas

  1. El protagonista de esta historia, logra introducirte en tantos detalles., que parece que la adivina o pitonisa nos dice que no estemos tan pendientes del futuro y tal vez tenga razón. Para que pensar en algo que no sabes si sucederá. Buen relato. Un abrazo

  2. Hola Marcos, muy buena tu propuesta para el VadeReto. El relato es rico en detalles, nos haces experimentar la feria, y luego cuando se sabe lo del meteorito, podemos sentir la angustia de todos. Aunque al final se salvan, queda claro que no es bueno andar queriendo conocer los hechos venideros, el que busca, encuentra dicen por ahí, y acá el protagonista se vio envuelto en una situación muy delicada. Creo que después de eso debio entender que no hay nada mejor que disfrutar la vida y el presente.
    Saludos Marcos.

  3. Un relato entretenido, con pormenorizados detalles y moraleja incluida. Lo mejor de la vida es vivirla, ya llegará el mañana.
    Buen aporte Marcos. Un abrazo!

  4. Hola Marcos.
    Nos traes un relato pleno de detalles y de sensaciones. En realidad, el protagonista no quería saber taaaanto del futuro. A él sólo le interesaba qué tal iba a resultar su tienda de surf. Pero la consulta fue mucho más fructífera. Le permitió descubrir que lo que realmente quería, era disfrutar de la vida y de su futuro (fuera el que fuera). Que. no le interesaba conocer el futuro, porque de todas formas, llegará y se cumplirá, Y que lo único importante era vivir y disfrutar de cada segundo. ¡Buena reflexión! ¡Buen relato!
    Un abrazo y ¡Carpe diem!
    Marlen

    1. Muchas gracias por tus palabras, Mareía Elena, me animan mucho a seguir con la afición a seguir imaginando historias con alguna moraleja.
      Muy bien captado el tema de fondo del relato.
      Un fuerte abrazo y ¡Carpe Diem!

  5. Intenso relato, que te mantiene enganchado de principio a fin, con un portentoso dominio visual de las escenas.
    Por otra parte, no puedo estar más de acuerdo con tu moraleja. Una de las cosas más bonitas de la vida es no saber qué nos va a ocurrir mañana. Lo que ocurra, va a ocurrir, ¡Pues que ocurra, pero a su debido tiempo! Nunca he entendido ese empeño de algunos por buscar spoilers de la mejor novela que van a leer jamás, que no es otra que la de su propia vida

  6. Vaya un susto y también un alivio, tanto para el protagonista, como para la vidente Rosaura! Y es que este don de ver el futuro ha de ser una pesada y gran responsabilidad!
    Al protagonista se le quitaron las ganas de jugar con el destino! Casi que mejor dejarlo tranquilo en su sitio, y disfrutar de su acabada de inaugurar tienda de Surf! Le deseamos suerte! Un abrazote Marcos!

  7. El peligro de que caiga un meteorito es real. Con los medios actuales se pueden controlar los de gran tamaño que pueden suponer un peligro. Y no hace falta pitonisas. Saludos y buen finde.

  8. Hola, Marcos, tu relato aparte de ser muy visual en cada escena, está narrado de forma magnífica. Nos dejas una muy buena reflexión; el futuro es cambiable a cada instante, con cada acción, palabra, pensamiento… Rosaura bien pudo estar acertada en su pronóstico, pero evidentemente, «algo» ajeno a ella lo cambió, también veo su arrogancia o prepotencia, el creer que una vez muerta podría seguir ayudando…. pero el universo siempre tiene ya establecidos sus planes, y, para ella, sería seguir cuidándose, su hora de partir no había llegado. Muy bueno, te felicito, yo, desde luego (con todo respeto), si me pierdo, que no me busquen en ninguna Rosaura.

    Un abrazo 🙂
    Mila Gomez

    1. Muchas gracias por tu amable comentario. Me anima mucho. Lo mejor que puede hacerse, en mi opinión, es mantenerse alejado de estos ‘adivinadores’ que lo único que consiguen es confundirte, más si la cabeza no la tienen bien puesta en su sitio.
      Un abrazo, Mila!

  9. El futuro es cada instante presente puesto que el acontecimiento de unos segundos atrás ya es pasado. Un relato sobre el que meditar sobre pitonisas, gurús y encantamientos. Sorprendente y mágico. Enhorabuena.

  10. Hola, Marcos.
    Un relato tremendo, lleno de intensidad e inquietud. Con dos personas muy interesantes.
    Por un lado, una adivina que ansía un final destructor para su propia regeneración; por otro, un ciudadano corriente que, como muchos, desea conocer el futuro antes de vivirlo.
    La moraleja que nos dejas es también muy didáctica, como dijo alguien que no recuerdo: «No te preocupes por el futuro, él llegará a ti irremediablemente».
    Buen relato, con una narrativa que domina el ritmo y la emoción. Enhorabuena.
    Muchas gracias por ofrecerlo al VadeReto.
    Abrazo grande.

    1. Muchas gracias a ti, José Antonio, por sugerir un tema de fondo tan atractivo y presto a muchas historias relacionadas. Escogí la opción de la pitonisa demenciada y un señor corriente, junto a una catástrofe inminente que ampliaba el ámbito de la historia para dinamizarla.
      Un fuerte abrazo.

  11. Lo de ver el futuro es algo complicado. Primero, porque si hubiera alguien así, jugaría siempre a la lotería con el número ganador. Me diréis: pero no se ve el futuro de esa forma, con tantos detalles. Entonces, siempre queda la duda de si todo el cuadro que pinta el adivino es cierto o no, porque como dicen «el demonio está en los detalles».
    El relato es muy interesante porque habla sobre una posibilidad que no se considera mucho: lo que dijo la adivina es lo que a ella, en su locura, le convenía que ocurriese. Luego están los que dicen lo que piensan que su interlocutor quiere oír: sí, va a encontrar el amor, le va a tocar la lotería va a encontrar un trabajo nuevo, etc. Pero hay gente que no entiende que, si te está viendo, está percibiendo tu comunicación no verbal; y, en caso contrario, está diciendo lo que un número alto de sus espectadores quieren oír. Por eso, hay quienes piensan que no es que hayan visto el futuro sino que te condicionan para que acabe pasando lo que han «adivinado».
    Saludos cordiales.

  12. Sabia reflexión. A veces nos empeñamos en conocer el futuro sin poner en valor el presente y nos olvidamos de vivir.
    Me identifico con el protagonista de esta historia, que sin duda, nos invita a pensar si la ignorancia hace la felicidad.
    Muchas gracias por compartir tu creatividad con nosotros y materializarla en estos relatos que bien podrían ser parte de un libro de fábulas ¡Enhorabuena por el valor y la dedicación!

  13. Sorprendente historia, Marcos
    Has logrado introducirme en el ambiente festivo y hacerme sentir los aromas.inconfundibles de una feria, a la vez que la angustia de la inminente tragedia.
    Gran desenlace !.
    Aprendamos a vivir el presente,

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Marcos

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