Hoy traigo a este espacio dos frases del gran escritor, poeta y dramaturgo irlandés, el sarcástico e incomparable:
Oscar Wilde
[blockquote text=»Experiencia es el nombre que damos a nuestros errores» show_quote_icon=»yes»]
[blockquote text=»Las cicatrices no son más que otro tipo de memoria» show_quote_icon=»yes»]
Interpreto la primera de estas frases como una invitación a vivir la vida tal cual viene, sin renuncias constantes, pero con unas limitaciones básicas. No podemos desvincularnos de nuestros errores. Nos tienen que permitir aprender. Si es así, tu mente estará preparada para cometer menos imprudencias, faltas de responsabilidad o de cualquier otro tipo que te hayan inducido a errar en tu comportamiento.
Dos vías deberían marcar nuestra trayectoria vital: por un lado unas normas cívicas mínimas y por otro la ética, la moral y el cuidado de uno mismo.
Y esto entronca con la segunda frase, «las cicatrices no son sino otro tipo de memoria». Hay recuerdos que nos previenen del riesgo que conlleva repetir un comportamiento que resultó peligroso para nuestra vida tiempo atrás. De las malas experiencias han quedado señales imborrables en nuestro cerebro. Este, con objeto de preservar nuestra vida mediante un aprendizaje duradero, necesita almacenar recuerdos a largo plazo.
Como ya dije en mi artículo «Cerebro y memoria. Tu vida grabada en un pendrive«, el sistema límbico del cerebro es el principal responsable de la vida afectiva. También gestiona el almacenamiento de la información reciente en la memoria a largo plazo y asigna espacio y tiempo a cada recuerdo. Si los recuerdos son amargos, cuando se vuelvan a producir situaciones similares a esas malas experiencias, la reacción será intentar evitarlas.
¿Qué hechos pueden haberte dejado malos recuerdos en tu vida?
Problemas graves de trabajo, familiares o de salud, podrían pesar unos mas que otros, pero todos dependen de la capacidad de aguante del individuo, de su valor para afrontar los malos vientos.
Y ese aguante y ese valor son vitales para el aprendizaje de nuestros errores, un aprendizaje al que debemos anclarnos para que sea útil la experiencia.
Y ahora entramos en el ámbito de las decisiones. Llevamos a cabo una media de 35.000 decisiones al día y solo tomamos consciencia de una parte ínfima. El cerebro humano realiza el 99,74% de las decisiones de manera automática.
Esto nos lleva a pensar que la probabilidad de cometer errores debe ser elevada.
Hay factores que inducen a cometer errores y por tanto a tomar una decisión incorrecta:
-La tensión mental excesiva o inadecuada.
-La cantidad de información que vas a manejar resulta mayor o menor de lo que eres capaz de procesar.
-Las decisiones se toman apresuradamente.
-Que nadie te ayude en situaciones en las que te falta experiencia para resolverlas.
-Estás atrapado por tus hábitos y estos te condicionan demasiado en una dirección.
-No consideras necesario aplicar una tarea o una acción preventiva y eso te lleva al fracaso.
-El menosprecio de las normas y procedimientos.
También es cierto que el ser humano es el único animal que tropieza dos (o más) veces en la misma piedra, pero es ahí donde juega un papel primordial nuestra habilidad para capear temporales. Aunque cometamos el mismo error varias veces llegará el momento en que podamos evitarlo y vanagloriarnos por el éxito conseguido.
Eso si, a unos les costará más que a otros, como todo en esta vida.
¿Y tú qué opinas?
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Breve semblanza de Oscar Wilde
En la década de 1880, Oscar Wilde dio conferencias en Estados Unidos y Canadá sobre el renacimiento inglés y después regresó a Londres, donde se dedicó con ahínco al periodismo. Era el último tramo de la época victoriana (años 1837 a 1901).
Conocido por su inventiva mordaz, su estrambótica forma de vestir y su brillante conversación, Wilde es considerado como una de las mayores celebridades de su tiempo.
También profundizó en la fe católica, a la que se convirtió en su lecho de muerte. Su madre se había sentido atraída hacia el catolicismo e iba a Misa con frecuencia. Cuando Óscar era niño, ella le pidió al sacerdote local que instruyera a sus hijos en la fe católica. Pero Wilde no se consideraba a sí mismo un católico convencido.
Mientras estudiaba en Oxford, Wilde estuvo muy cerca de convertirse al catolicismo, e incluso de ser sacerdote. Curiosamente, en esos momentos ya pertenecía a la institución de los masones.
Wilde apuntaba sobre la Iglesia Católica en tono irónico que:
[blockquote text=»Solo es para los santos y pecadores. Para la gente respetable bastará la iglesia anglicana» show_quote_icon=»yes»]
En París en 1891 escribió Salomé en francés, pero su representación fue prohibida porque en la obra aparecían personajes bíblicos. Imperturbable, escribió cuatro «comedias divertidas para gente seria» a principios de la década de 1890, convirtiéndose en uno de los más exitosos dramaturgos del Londres victoriano tardío.
En el apogeo de su carrera (1895), mientras su obra maestra La importancia de llamarse Ernesto seguía exhibiéndose en el escenario y al haber sido acusado de homosexualidad por el padre de su amigo y amante Alfred Douglas, Wilde presentó demanda contra el padre por difamación.
La homosexualidad era ilegal en Inglaterra por aquel entonces. Tras un largo juicio público lo declararon culpable y lo condenaron a dos años de trabajos forzados
En prisión, escribió De Profundis, una larga carta que describe el viaje espiritual que experimentó tras sus juicios, lo que chocaba frontalmente con su anterior filosofía hedonista.
Una vez obtenida la libertad viajó a Francia, donde vivió varios años miserablemente alcoholizándose poco a poco.
En 1900, Oscar Wilde padeció una meningitis cerebral. Cuando se apercibió de que su gran amigo estaba próximo a su muerte, su íntimo amigo Robbi Ross llamó a un sacerdote. Oscar murió a los 46 años de edad en un cuarto del Hotel d’Alsace, en el barrio latino de Paris. Sus restos descansan en el cementerio de Père Lachaise, en la capital francesa.
Jorge Luis Borges dijo sobre Oscar Wilde:
“Los largos siglos de la literatura nos ofrecen autores harto más complejos e imaginativos que Wilde; ninguno más encantador”.
Wilde es recordado por sus epigramas, sus cuentos o sus obras de teatro. También lo es por su única novela, El retrato de Dorian Gray (1891), que causó gran polémica ya que la obra fue tachada de inmoral, pero obtuvo todo un éxito de ventas y su fama la llevó al teatro. En ella, Wilde expone temas tan controvertidos como la decadencia de los valores morales y éticos del ser humano. Habla del bien y el mal, de la hermosura y la decrepitud, del implacable transcurrir del tiempo, de la culpa, el deseo, la necesidad de ser perdonado o la búsqueda de la felicidad.
Y aquí termina esta semblanza de un autor fuera de su tiempo, como otros tantos genios de la palabra escrita.
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Te deseo salud y suerte en la vida.
Nota: las imágenes de este post han sido obtenidas de wikipedia.org


7 respuestas
Interesantes reflexiones que sacas de estas frases de un escritor genial como pocos, Marcos.
Un fuerte abrazo 🙂
Me alegra que te hayan gustado. Es un aliciente para mí.
Un abrazo, Miguel Ángel.
¡Fantástico artículo, Marcos!
Me han gustado mucho las reflexiones que haces sobre las frases de Oscar Wilde y la breve pero interesantísima biografía que has escrito sobre él.
He puesto un enlace de tu artículo en Alianzara ????. Dime si te parece bien.
Un abrazo!!
Perfectamente, sin problema alguno.
me alegra mucho que te haya gustado.
Abrazos
Aunque el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Tan solo tienes que echar un vistazo a la situación actual. Saludos y buen finde.
Saludos, igualmente.
Un gran escritor. Sus frases siguen muy presentes hoy en día. Un placer leerte. Abrazos