El Nombre de la Rosa y su efecto en la memoria |
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El Nombre de la Rosa y su efecto en la memoria

Guillermo de Baskerville, el fraile franciscano con cualidades de investigador criminalista ideado por Umberto Eco en 1980, fue escogido como personaje protagonista de “El Nombre de la Rosa”.

Esta obra marcó un momento de gran repercusión en la literatura de los años ochenta gracias a la, para mí, extraordinaria adaptación que para el mundo del cine realizó Jean Jacques Annaud. Este fue un director de cine francés que, con su primera película “Negros y blancos en color”, ganó el premio Óscar de la Academia de Hollywood como Mejor Película Extranjera en 1976.

El incomparable Guillermo de Baskerville interpretado por el inconmensurable Sean Connery

 

La novela histórica y de intriga titulada “El Nombre de la Rosa” encumbró a Umberto Eco como novelista de moda en los ochenta, aunque él se consideraba un intelectual fuera de las esferas de influencia del mundanal espectáculo del cine. De hecho, el autor opinaba que:

La cultura audiovisual no acabará con la comunicación verbal
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Umberto Eco fue un semiólogo, filósofo y escritor italiano, autor de numerosos ensayos sobre semiótica, estética, lingüística y filosofía, así como de varias novelas, entre ellas la inigualable «El nombre de la rosa».

 

Eco combina la Semiótica en la ficción con:

*El análisis bíblico

* Los estudios medievales

*La teoría literaria.

Aclaramos que la Semiótica es una rama de la ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos, sus modos de producción, de funcionamiento y de recepción.

Sobre el autor

 

Umberto Eco se doctoró en filosofía y letras en la Universidad de Turín en 1954, con un trabajo muy técnico: “El problema estético en Santo Tomás de Aquino”.

Eco recibiendo el grado de Doctor honoris causa en Arquitectura en 2005, en la Universidad Mediterránea de Regio de Calabria, de manos de su rector, Alessandro Bianchi Imagen

 

Después de su doctorado, Eco trabajó como editor cultural para la RAI, la radiotelevisión pública italiana. También fue profesor en las universidades de Turín, Florencia y Milán (1956-1964). En este periodo entró en contacto con el grupo de artistas (pintores, músicos, escritores) denominado Gruppo 63, que modelaría su futura trayectoria como escritor.

Más tarde, en el año 2000, creó en Bolonia la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, iniciativa académica solo accesible para licenciados de alto nivel destinada a difundir la cultura universal. En 2008 fue nombrado profesor emérito en Bolonia.

El año 1980 fue el que marcó su carrera de éxito en la literatura narrativa con la publicación de “El nombre de la rosa”, novela histórica que da pie a múltiples interpretaciones (como novela filosófica, novela histórica o novela policíaca)

Portada de la novela «El nombre de la Rosa» publicada en España por editorial Lumen en 1982

 

Consecuencias positivas en el mundo editorial italiano, según destaca el crítico y novelista italiano Alain Elkann:

<El nombre de la rosa relanzó la novela en Italia y la literatura italiana en el extranjero. Los escritores italianos se volvieron a traducir>

Eco, nieto de un editor de la pequeña burguesía, contó que empezó a escribir a los 10 años una historia que él mismo editaba.

Eco explicó que llegó tarde a la ficción por <considerar la escritura novelesca un juego de niños que no tomaba en serio>.

 

La trama de “El nombre de la Rosa”

El libro versa sobre la investigación de una serie de crímenes que suceden en una abadía benedictina en los Alpes italianos en 1327.

Se trataba de misteriosos crímenes que los frailes del monasterio relacionaban con el Apocalipsis y con un castigo de Dios. Involucrados en este sangriento maremágnum, se hallaban tanto los emisarios discrepantes enviados a la abadía por el Papa Juan XXII desde Aviñón, como la orden franciscana. Ambos grupos debían discutir las arriesgadas acusaciones de los franciscanos sobre la falta de la Iglesia cristiana por no seguir el voto de pobreza de Cristo. A la reunión estaba convocado fray Guillermo.

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Un fotograma más de la película «El Nombre de la Rosa». Imagen

 

Fray Guillermo era un auténtico experto tanto por su inconmensurable cultura como por su capacidad para la deducción intelectual, por lo que el abad del monasterio le había llamado para resolver una serie de misterios. Entre otros, contó con la colaboración de su joven acompañante y discípulo Adso de Melk. Este oficia de narrador a lo largo del film de Jean Jacques Annaud, ya en su vejez, rememorando los pormenores de la historia.

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Adso de Melk, el narrador de la historia, interpretado por Christian Slater

 

Adso es el hijo pequeño del Barón de Melk y, al comienzo de la historia, es novicio de la orden de los Benedictinos. Tras la llegada de Guillermo de Baskerville, encomendaron a Adso como su discípulo. Asistimos al fiel relato del joven Adso siguiendo el destino de su maestro por sus viajes cruzando Italia hasta la abadía de los crímenes.

El trasfondo es religioso, filosófico y espiritual, lo que para mí supuso el descubrimiento de una nueva dimensión dentro de la narrativa.

La merecida fama

 

Decir que “El Nombre de la Rosa” fue un éxito editorial no haría justicia al fenómeno que supuso en el mercado. Se estima que el libro ha vendido más de 50 millones de ejemplares hasta la actualidad.

La novela fue publicada en Italia por Bompiani y en España por la editorial Lumen en 1982.

Desde su aparición en Italia en 1980, la novela tuvo el reconocimiento de la crítica y de los lectores. Diarios como The New York Times o Le Monde la consideraron como uno de los libros fundamentales del siglo XX. Además, obtuvo premios como el Strega (máximo galardón de la literatura italiana) o el prestigioso Médicis étranger (reconocimiento a una novela de autor extranjero publicada en francés).

Los libros miniados que elaboraban los monjes en los «Scriptorium» de las abadías eran resultado de un trabajo de varios años. Confeccionados mediante hojas de pergamino, tenían un gran tamaño y peso, por lo que no eran fácilmente manejables. En su realización intervenían al menos dos personas: los copistas, encargados del texto (monjes) y los ilustradores, parece ser que eran clérigos y firmaban sus obras.

 

Mucho se ha especulado con los significados ocultos en la novela «El Nombre de la Rosa», empezando por su título

 

Según esta fuente, Eco le decía al periodista del diario Clarín Antonio Gnoli que aquellos quienes «en la ‘rosa’ encontraron una referencia al verso de Shakespeare «a rose by any other name» (una rosa con cualquier nombre), se equivocan».

Y continúa:

Mi cita significa que las cosas dejan de existir y quedan solamente las palabras. Shakespeare dice exactamente lo opuesto: las palabras no cuentan para nada, la rosa sería una rosa con cualquier nombre

Es quizá ese afán mundial por desvelar los misterios e interpretar los mensajes que encierra “El Nombre de la Rosa” lo que más contribuiría al éxito de la obra

 

Y en el centro mismo de toda la historia está presente un libro perdido que desapareció en la noche de los tiempos: el segundo libro de la Poética de Aristóteles, centrado en la comedia, y que al ser leído por los monjes les provocaba una risa incontrolable… y mortal.

Dios creando el mundo, de las Crónicas de Núremberg (1493), obra de Hartmann Schedel, Imagen

 

Umberto Eco se convirtió en una estrella literaria internacional. Ha explorado las conexiones entre la filosofía, la fantasía y la realidad en otras novelas superventas que recibieron una calificación crítica diversa, incluyendo El péndulo de Foucault (1988), La isla del día anterior (1994), Baudolino (2000), «La misteriosa llama de la Reina Loana (2004)» y El cementerio de Praga (2010).

Umberto Eco también escribió textos académicos, libros para niños y ensayos.

La novela fue traducida a muchos idiomas y llevada al cine en 1986 como ya hemos dicho por el director francés Jean-Jacques Annaud.

Cartelera de la película. Imagen

 

La última novela de Eco, “Número cero”(publicada en 2014) es un relato policial contemporáneo centrado en el mundo de la prensa.

La metamorfosis de la obra literaria llevada al cine

 

Es este aspecto de adaptación al cine de “El Nombre de la Rosa” el que quiero analizar en este post.

Nunca antes un autor (si exceptuamos a Stephen King, con perdón de los puristas de la literatura universal) había representado tanto para mí en cuanto a la divulgación de la literatura creando un relato legible, entretenido y extraordinariamente bien ambientado.

“El Nombre de la Rosa” fue una historia decisiva en los años ochenta para señalar el camino a otros autores que luego decidieron ambientar sus películas partiendo de una obra de corte intelectual. Entre ellas caben destacar:

  • “Lolita “de Nabokov (1997)
  • El Padrino (1972)
  • El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001)
  • Doctor Zhivago (1965)
  • Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011)
  • Carrie (1976)
  • Psicosis (1960)
  • Mystic River (2003)

 

Curiosidades del film

Para rodar los interiores de la abadía, el equipo de Annaud se trasladó a Alemania. Concretamente, a la abadía de Eberbach, fundada en el siglo XII por San Bernardo de Claraval. Para los exteriores, el director francés prefirió edificar un enorme plató en las cercanías de Roma, que fue considerado como el decorado europeo más grande de la historia. Para grabar imágenes de los subterráneos utilizaron el sótano de un restaurante de la “ciudad eterna”.

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Bodega de la Abadía de Eberbach, donde se rodaron escenas de interior de «El Nombre de la Rosa».

Dormitorio de los monjes en la Abadía, donde se rodaron las escenas del scriptorium para la película El nombre de la rosa. Imagen

 

La recreación del incendio en la biblioteca consiguió ser muy impactante pues en realidad fue filmada apresuradamente y sin tomar medidas de seguridad. Sean Connery tuvo que echarse al suelo y rodar sobre sí mismo al prenderse su hábito.

En general, todo el equipo pasó muchos apuros. Es de destacar la valentía del anciano actor de 81 años Feodor Chaliapin (Pedro de Burgos), quien estuvo a punto de sucumbir bajo el golpe recibido en su cabeza por una viga caída del techo. Tras recuperarse, sorprendió a todo el equipo diciendo: “Yo tengo 81 años y moriré pronto. ¿Ha salido bien la toma?”.

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Jorge de Burgos, interpretado por Feodor Chaliapin, de 81 años. Según Umberto Eco, el personaje de Jorge debía ser español no solamente por su admiración hacia Jorge Luis Borges. También por haber sido el territorio español la fuente de las miniaturas y comentarios más famosos del Medioevo relativos al Apocalipsis. Imagen

 

En los créditos de la película, Annaud anunciaba que era ‘un palimpsesto sobre la novela de Umberto Eco’, o sea un texto escrito sobre una página ya utilizada. De este modo el director francés aportaba un “sabor” medieval a la presentación de su obra, pues en la Edad Media era un sistema de aprovechamiento de pergaminos muy utilizado.

Aparte lo anterior, el director conseguía protegerse de posibles discrepancias del autor debidas a los cambios hechos en la adaptación de la novela. Para Umberto Eco no pasó desapercibida la astucia de Annaud. Así pues, la reacción del escritor el día del estreno fue tolerante: ‘Soy un espectador sospechoso y debo callar”.

Umberto Eco y su influencia en mis años jóvenes

 

Hay historias y autores que no caducarán jamás y Umberto Eco es uno de ellos. Francamente reconozco que no fui capaz de terminar su “Apocalípticos e integrados” o “El péndulo de Foucoult”,

Pero “El Nombre de la Rosa” supuso para mí el reflejo imborrable de una época maravillosa (la de estudiante universitario de los años ochenta) y de una afición a los libros capaz de mantenerme leyendo sin tregua durante horas a diario.

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Portada de «El péndulo de Foucoult» de Umberto Eco

 

Era la misma década en la que me subyugaban las obras de Tolkien como “El Silmarillion” o “El Señor de los Anillos”, ciertamente que mucho antes que a la mayoría de los mortales (ya tengo bastante edad para reconocer este hecho).

Me refiero a una etapa de añoranza en la que vivía en casa de mis padres, protegido por el trabajo paterno, los cuidados de una madre y un entorno benévolo con quienes mostraban inquietudes intelectuales, como era el ambiente de trabajo de la Universidad, donde yo desarrollaba una tesina titulada <Síntesis de alfa imino cetonas a partir de enolatos de litio derivados de esteres>.

En el transcurso de mis estudios universitarios de ciencias, yo era como una isla dedicada al culto a la literatura en general, ya fuera de corte fantástico, sociopolítico o de ficción

 

Era bastante ecléctico gracias quizá a la gran dosis de imaginación de que he dispuesto siempre, muy probablemente debida a un legado genético.

La obra de Umberto Eco tuvo infinidad de seguidores en el mundo. Imagen

 

Los primeros años ochenta fueron para mí un descubrimiento constante, un espacio de aventura y adentramiento en zonas más o menos oscuras, más o menos intelectuales. Pero siempre avaladas por mi afán de aprender la vida libremente.

En 1980, cuando Umberto Eco publicó “El Nombre de la Rosa”, yo seguía en la radio el programa “Champú, peine y brillantina” presentado por Rafael Abitbol, una historia musical de Pop-Rock. DEe ese programa lo que más me gustaba era escuchar música de los años 50¨y 60¨. También me dedicaba a adquirir discos de Lionel Richie, The Commodores, Kool and the Gang, Doobie Brothers, Alison Moyet o Van Morrison. Por la parte española: Los Secretos, Radio Futura, Loquillo o Duncan Dhu.

Las películas que yo veía eran “El hombre elefante” de David Lynch, “El Resplandor”, esa adorada (excepto por el doblaje) obra basada en la novela de Stephen King y dirigida por Stanley Kubrick. También cómo no disfruté muchísimo visionando “Blade Runner” (1982) según una historia de Philip K Dick de 1968; para mí, el thriller de ciencia ficción por excelencia de Ridley Scott.

Entre esas pelis privilegiadas está cómo no “Regreso al Futuro”, dirigida y escrita por Robert Zemeckis y producida por Steven Spielberg…

 

Un film inolvidable como casi todo el cine de Spielberg, el de George Lucas y tantos otros que me convirtieron (nos convirtieron, supongo) en más que simples espectadores.

Otros emblemas del cine para mi fueron:

“La cosa” (El enigma de otro mundo) del director: John Carpenter (1982) que marcó un antes y un después en el modo de hacer “un cine fantástico realista al mismo tiempo” (sí, eso es posible si es de excelente factura). Y además estaba ahí, enriqueciendo el ámbito futurista, la incomparable “Terminator”, dirigida por James Cameron en 1984 .

Robocop, Tron, Dune (dirigida por David Lynch)… fueron creaciones de huella imborrable en mi memoria

 

Pero también era yo un asiduo lector de las aventuras de “El Mercenario” del ilustre historietista valenciano Vicente Segrelles Sacristán. Para mí, el mejor ejemplo de comic ilustrado, realizado todo él mediante pintura al óleo (resulta increíble). Según este artículo:

<En 1998 Segrelles probó el uso del ordenador para la ilustración, sistema que le entusiasmó y desde entonces lo emplea habitualmente ya que le permite intervenir personalmente en todo el proceso de edición. El primer volumen que incluyó imágenes digitales es El Mercenario 10: Gigantes, mientras que el volumen 11 está completamente realizado con esta técnica>.

Antecedentes de un entusiasta de las buenas historias

 

Cuando eres universitario puedes echarte al coleto intelectual un sinnúmero de libros, pelis y eventos musicales como si fueses un crisol donde se funde el oro del conocimiento. Cualquier novedad, en el aspecto literario en concreto, pasaba por tus manos, que después la rechazarían o no según tus preferencias. Pero lo que leías, la música que escuchabas y los recursos limitados al mundo escrito y audiovisual (sin interferencias del inexistente internet) alimentaban tu sed de cultura. Esta sed de conocimiento la compartías con tu gente cercana y ese conglomerado te hacía disfrutar de un sano intercambio cultural. Era un compartir físico en realidad. Nada que ver con ese mundo virtual irreal al que nos fuerzan las redes sociales y otros medios hoy en día.

De esa pureza del conocimiento surgía el interés por visionar películas como “El nombre de la Rosa”, y más cuando ya habías leído la novela. Esto supuso para mí un deseo especial por ver la transformación de una historia de elevado nivel literario en su adaptación al cine.

Existe un discurso a lo largo del film de “El Nombre de la Rosa” dirigida (reitero) por Jean Jacques Annaud, (que dirigió también “La Guerra del Fuego”, “Siete años en el Tibet” o “Enemigo a las Puertas”), que implica a un nuevo héroe.

Se trata del mencionado fraile franciscano de nombre Guillermo de Baskerville.

Qué directa evocación de “El perro de los Baskerville” de Sir Arthur Conan Doyle

 

Y Guillermo, interpretado por un ejemplo de buen hacer cinematográfico como es el actor Sean Connery (premio BAFTA al mejor actor del año 1986 por este papel), resulta ser el arquetipo de héroe intelectual.

Con su mente analítica realiza una labor de indagación criminalista al mejor estilo de los detectives clásicos (Hércules Poirot, Auguste Dupin, Miss Marple, Pepe Carvalho o Philip Marlowe).

Continuaremos hablando en la siguiente entrega sobre esta maravilla de historia sabiamente elaborada y de su adaptación bastante acertada según lo veo yo, al mundo del cine.

No os lo perdáis!

5 Comentarios
  • Anónimo
    Posted at 16:10h, 30 octubre Responder

    Increíble obra y pelicula El Nombre de la Rosa, me gustó mucho la forma en que la presentas y toda la información que das de ello, gracias por hacerlo y abrir más el panorama de este escritor y de los realizadores del film, un abrazo grande

  • LinaD
    Posted at 19:59h, 28 octubre Responder

    Hola, Apasionante tu artículo. Umberto Eco a veces se me atraviesa, pero eso es porque cuando estudiaba tuve que leer Obra Abierta. Sin embargo el Nombre de la Rosa es una obra que te vuelve a enamorar del autor. Y ya la peli, con esos súper actores, me encanta. Felicitaciones por el artículo.

    • marcosplanet
      Posted at 09:15h, 29 octubre Responder

      Muchas gracias por tu tiempo y comentarios. Yo no terminé de leer por ejemplo «Apocalípticos e integrados» pero El Nombre de la Rosa implica tal cantidad de interpretaciones y misterios, influencias literarias (soy aficionado a la escritura) y evocaciones para mí de un pasado feliz (años ochenta) que siempre estaré agradecido a Umberto Eco.
      Saludos cordiales.

  • Doctor Krapp
    Posted at 13:56h, 28 octubre Responder

    Soy de las personas que leyó Apocalípticos e integrados antes del éxito rotundo de El Nombre de la Rosa.
    Apocalípticos e Ies un ensayo excelente, excepcional, sobre la relación entre alta y baja cultura y de cómo diferentes sectores usan ese argumentario para atacar a la otra parte. Eco proponía una síntesis de ambos en pleno advenimiento de la cultura popular en el mismo tiempo en que Warhol, Lichtenstein, Hockney y otros proponían lo mismo desde el arte.
    Cuando Eco público El Nombre de la Rosa vi que quería llevar a la práctica muchos de los conceptos que había teorizado con anterioridad.
    Una novela extraordinaria que ha dado un nuevo sesgo a la novelística de misterio pero creo que el corpus literario del autor la trasciende. La película es meritoria pero inferior al original literario.
    Buena entrada, muy buen ilustrada.
    Mis felicitaciones
    Saludos

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